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Medicamentos comúnmente prescritos para Sarcoidosis
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: INYECTABLE, 25 mg inyectable 1 mlPrincipio activo: MetotrexatoFabricante: Nordic Group B.V.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 25 mg/0,50 mlPrincipio activo: MetotrexatoFabricante: Accord Healthcare S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 25 mg/ml (2ml, 20ml y 40ml)Principio activo: Metotrexato, MetotrexatoFabricante: Accord Healthcare S.L.U.Requiere receta
En la sarcoidosis el sistema inmunitario empieza a reunir en los tejidos acúmulos densos de células llamados granulomas. No es un tumor ni una infección: la sarcoidosis no se contagia ni se transmite a nadie. Los granulomas pueden aparecer en casi cualquier órgano, aunque lo más frecuente son los pulmones y los ganglios linfáticos del interior del tórax. Por qué el sistema inmunitario se comporta así no se sabe del todo; se supone que en una persona con cierta predisposición hereditaria el proceso lo dispara algo que se respira o una infección pasada. Lo primero que conviene saber es esto: en la mayoría de las personas la sarcoidosis remite sola, y por eso no se trata a todo el mundo.
Cómo se manifiesta
Las manifestaciones dependen de dónde se hayan asentado los granulomas, así que son muy variadas. Con bastante frecuencia la enfermedad no da la cara y se descubre por casualidad, en una radiografía de tórax hecha antes de una operación o por motivos laborales, donde se ven los ganglios aumentados en los hilios pulmonares.
Los pulmones están afectados en unas nueve de cada diez personas. Entonces aparecen:
- tos seca que se prolonga durante semanas y no cede con los remedios habituales;
- falta de aire, primero solo con el esfuerzo y después con esfuerzos cada vez menores;
- sensación de opresión o dolor sordo en el pecho, con menos frecuencia.
Son igual de típicas las molestias generales: febrícula prolongada, sudores nocturnos, pérdida de peso y sobre todo un cansancio muy marcado que no se arregla descansando y que estorba para trabajar. Ese cansancio se atribuye a menudo a cualquier otra cosa, cuando en la sarcoidosis es una de las quejas más frecuentes y más agotadoras.
La piel se afecta en muchas personas: aparecen nódulos y placas firmes, de color rojizo pardo o violáceo, con frecuencia sobre cicatrices antiguas y tatuajes, que de pronto se abultan. Una forma aparte y muy característica es el eritema nudoso: nódulos rojos, calientes y dolorosos en las piernas. También se ven congestión nasal persistente, ganglios aumentados y dolorosos en el cuello y las axilas, dolor articular y óseo, sequedad de boca e hinchazón de las glándulas salivales.
Un comienzo brusco suele ser buena señal
La sarcoidosis se comporta de dos maneras distintas, y distinguirlas importa porque el pronóstico no es el mismo.
La forma aguda empieza de golpe y con estrépito: fiebre, eritema nudoso en las piernas, tobillos hinchados y dolorosos y ganglios aumentados en el tórax en la radiografía. Esa combinación se llama síndrome de Löfgren. Impresiona mucho, pero en realidad es la variante más favorable: en la inmensa mayoría de los casos todo se resuelve en unos meses y no vuelve.
La forma crónica hace justo lo contrario: avanza sin ruido, durante meses, sin un comienzo llamativo. Aquí pueden acumularse tantos granulomas en un órgano que este deja de funcionar como debe, y con el tiempo el lugar de la inflamación se sustituye por tejido cicatricial. Es esta forma la que exige seguimiento y, a menudo, tratamiento.
Cómo se llega al diagnóstico
No existe un análisis único que responda «sí» o «no». El diagnóstico se construye por partes y, en paralelo, el médico está obligado a descartar lo que produce un cuadro parecido: sobre todo tuberculosis, infecciones por hongos, linfoma y enfermedades pulmonares por polvo de origen laboral.
Habitualmente se realizan:
- radiografía de tórax y, si hace falta, tomografía computarizada: muestran los ganglios aumentados en los hilios y los cambios del propio tejido pulmonar;
- pruebas de función respiratoria, con espirometría y medición de lo bien que pasa el oxígeno del pulmón a la sangre. Estas mismas pruebas se repiten después para ver la evolución;
- análisis de sangre: hemograma, función hepática y renal y, obligatoriamente, la cifra de calcio;
- biopsia, es decir, un fragmento pequeño de tejido del ganglio, del pulmón o de la piel para ver los granulomas al microscopio. A los ganglios del interior del tórax se llega con un broncoscopio por la vía aérea, muchas veces guiado por una sonda de ecografía en su extremo;
- electrocardiograma y revisión oftalmológica, que se indican casi siempre aunque no haya molestias, porque la afectación del corazón y de los ojos puede pasar mucho tiempo desapercibida.
Por qué no se trata a todo el mundo
Quien recibe un diagnóstico serio y sale de la consulta sin una sola pastilla suele asustarse y pensar que le han dado carpetazo. No es así, y la explicación es sencilla.
La sarcoidosis remite sola con mucha frecuencia: según distintas estimaciones, en la mitad o más de las personas durante los dos o tres primeros años, y en el síndrome de Löfgren casi siempre. El tratamiento, en cambio, consiste sobre todo en corticoides, que no son inocuos: aumento de peso, subida del azúcar y de la tensión, pérdida de masa ósea, cambios de humor, mayor facilidad para las infecciones. Darlos a todos supondría perjudicar a muchos en beneficio de unos pocos.
Por eso, en las formas leves o sin síntomas, la conducta se llama vigilancia activa, y es precisamente eso, una conducta, no una inhibición. Se le citará con regularidad para exploración, imágenes, pruebas respiratorias y análisis, y en cuanto el cuadro empeore se iniciará el tratamiento. La idea es dar al organismo la oportunidad de resolverlo por su cuenta sin pagar el precio de los efectos adversos.
El tratamiento se inicia cuando la enfermedad amenaza el funcionamiento de un órgano: la falta de aire progresa y las pruebas respiratorias empeoran, están afectados el corazón, los ojos o el sistema nervioso, sube el calcio, se dañan los riñones o el hígado, o el malestar es tan intenso que impide llevar una vida normal.
Lo que cambia la urgencia
Hay unas cuantas situaciones en las que no conviene esperar a la cita programada. Merece la pena conocerlas de antemano, justamente porque a mucha gente no se le pauta tratamiento y queda a solas con su seguimiento.
Los ojos. La sarcoidosis afecta con frecuencia a la úvea. Dolor ocular, enrojecimiento, molestia con la luz, visión borrosa o pérdida de visión, moscas volantes: son motivo para llegar al oftalmólogo en las próximas horas o en un día, no «cuando haya un hueco». Una inflamación intraocular sin tratar puede dañar la vista de forma irreversible, mientras que tratada a tiempo responde bien.
El corazón. Los granulomas en el músculo cardíaco alteran la conducción del impulso y el ritmo. Señales de alarma: desmayos y sensación de que uno se va a desmayar, latidos irregulares perceptibles, episodios de taquicardia, falta de aire que progresa sin explicación e hinchazón de las piernas. Es facilísimo achacarlo al cansancio de la propia enfermedad, y ese es el error más peligroso de esta página: la afectación cardíaca en la sarcoidosis puede provocar una parada cardíaca. Ante un desmayo o unas palpitaciones intensas llame a una ambulancia (en España el número único europeo es el 112); ante síntomas más leves, insista en que le estudien el corazón sin dejarlo pasar.
El sistema nervioso. Preocupan la debilidad o el adormecimiento de un brazo o una pierna, la desviación de la cara, la visión doble, la pérdida de audición, el dolor de cabeza persistente, una sed inusual con orina muy abundante y las convulsiones. Todo ello exige valoración urgente.
Calcio, vitamina D y riñones
Casi nadie lo advierte y conviene saberlo. Los granulomas de la sarcoidosis fabrican por su cuenta la forma activa de la vitamina D, y el organismo empieza a absorber de los alimentos más calcio del que necesita. La cifra de calcio en sangre sube, el exceso se elimina por el riñón, allí se forman cálculos y, si la situación se prolonga, la propia función renal se resiente.
El calcio alto se sospecha por signos poco específicos pero reconocibles en conjunto: mucha sed, orina abundante, náuseas, estreñimiento, debilidad muscular, apatía y confusión mental, dolor lumbar o un cólico renal. Si esto aparece, hay que medir el calcio en sangre en los días siguientes; si hay debilidad marcada y confusión, de inmediato.
De ahí se deriva una consecuencia práctica importante: en la sarcoidosis no se deben tomar por cuenta propia vitamina D ni suplementos de calcio, aunque «se recomienden a todo el mundo para los huesos» y se vendan sin receta. Aquí pueden no ayudar, sino perjudicar. La situación es delicada porque los corticoides debilitan el hueso y la protección ósea sí hace falta, pero la elige el médico y siempre con control del calcio en sangre y en orina. Por el mismo motivo es prudente no abusar del sol y comentar con el médico la cantidad habitual de lácteos si el calcio ya estaba elevado.
Si finalmente se pauta tratamiento
La base del tratamiento son los corticoides en comprimidos. Se suele empezar con una dosis más alta durante unas semanas y después se reduce poco a poco hasta la mínima de mantenimiento, que se toma durante meses y con frecuencia un año o más. Aquí no hay atajos: el medicamento apaga la inflamación pero no anula la enfermedad, de modo que un ciclo corto casi siempre acaba con la vuelta de los síntomas.
Los corticoides no se dejan de golpe. Con el tratamiento prolongado, las glándulas suprarrenales reducen la producción de su propia hormona, y una retirada brusca puede desembocar en un cuadro grave, además de reactivar la enfermedad. La dosis se baja solo según la pauta que haya dado el médico, aunque uno se encuentre estupendamente. Si se le han terminado las pastillas o ha estado varios días sin tomarlas, contacte con el médico en lugar de decidir por su cuenta.
Cuando los corticoides no bastan o hay que mantenerlos en dosis demasiado alta, se añaden fármacos que reducen la actividad del sistema inmunitario y, en los casos graves, medicamentos biológicos. Si solo está afectada la piel, a veces son suficientes los tratamientos tópicos.
En paralelo hay cosas que ayudan de verdad: dejar de fumar, mantener una actividad física regular y proporcionada —frente al cansancio de la sarcoidosis funciona mejor que el reposo—, vigilar el peso y la tensión mientras se toman corticoides, ponerse las vacunas recomendadas y no saltarse las revisiones, incluida la revisión ocular anual.
Consulta en línea
La sarcoidosis es una enfermedad en la que surgen muchísimas dudas entre una visita y otra. Qué significan las palabras del informe, por qué con semejante diagnóstico no le han recetado nada, cuánto va a durar este cansancio, si se puede trabajar y hacer deporte, qué hacer con los efectos adversos de los corticoides y cuándo bajar la dosis: todo eso se resuelve cómodamente sin desplazarse a la clínica.
En la consulta de Oladoctor el médico repasará con usted las imágenes y los análisis, le explicará qué se está vigilando exactamente en su caso y con qué criterios se decidirá el tratamiento, le ayudará a hacer una lista de lo que debe controlar en casa y le indicará qué síntomas suyos requieren atención urgente y cuáles pueden esperar tranquilamente a la cita programada. Conviene hablar aparte de los suplementos y de cualquier medicamento nuevo: en la sarcoidosis eso no es un detalle menor.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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