Otitis media serosa (oído pegajoso)
Detrás del tímpano hay una cavidad pequeña que en condiciones normales solo contiene aire.
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Detrás del tímpano hay una cavidad pequeña que en condiciones normales solo contiene aire. A veces se llena de un líquido espeso y transparente: el tímpano deja de vibrar con libertad y el sonido llega apagado, como si el oído estuviera tapado con algodón. Eso es la otitis media serosa, conocida por lo pegajoso de su contenido como oído pegajoso. No parece una enfermedad al uso: el oído no pincha, no hay fiebre, el niño corre igual que siempre y sencillamente oye peor. Por lo discreto que resulta, quien lo detecta no suele ser el médico, sino el maestro o el cuidador. Se resuelve solo, en la mayoría de los niños en dos o tres meses. Los problemas empiezan cuando se prolonga, porque es justo la etapa en que el niño aprende a hablar y a escuchar.
De dónde sale el líquido
El oído medio se comunica con la parte alta de la garganta por un conducto estrecho, la trompa de Eustaquio. Se abre al tragar y al bostezar y hace dos cosas: deja entrar aire fresco y saca lo que se acumula dentro. Si la trompa deja de abrirse, el aire de la cavidad se reabsorbe, dentro se crea una succión y las paredes empiezan a segregar un líquido que no tiene por dónde salir.
En los niños esa trompa es más corta, más ancha y va casi horizontal, así que falla con más facilidad. Lo habitual es que la culpa sea de:
- los catarros encadenados, cuya hinchazón de la mucosa cierra la entrada de la trompa;
- las vegetaciones adenoideas, que están justo en su desembocadura;
- la rinitis alérgica, con la nariz permanentemente hinchada;
- el humo del tabaco en casa, uno de los pocos factores sobre los que se puede actuar hoy mismo;
- el paladar hendido, el síndrome de Down y otras particularidades de la forma o del funcionamiento de la mucosa: en esos niños el líquido sale peor y casi nunca se reabsorbe solo.
Los adultos lo padecen menos. En ellos el líquido suele aparecer después de un catarro fuerte o de un vuelo, y por lo general en ambos oídos.
Cómo se ve desde fuera
Un adulto dirá que tiene el oído taponado, que algo se mueve dentro o hace clic al tragar, que su propia voz le suena hueca. El niño no lo cuenta: o todavía no sabe, o simplemente ignora que pueda ser de otro modo. Por eso hay que fijarse en la conducta:
- habla más alto que de costumbre y sube el volumen de los dibujos;
- pregunta de nuevo, no responde a su nombre si no le está viendo a usted;
- no oye desde otra habitación, aunque de cerca y de frente lo entiende todo;
- al final del día se irrita y se cansa más de lo normal, porque estar pendiente del oído todo el día agota;
- parece distraído y en las nubes durante las clases;
- el lenguaje avanza más despacio que en los demás niños o han aparecido errores nuevos al pronunciar;
- se ha vuelto torpe y se cae más, porque el oído medio también interviene en el equilibrio.
A veces se suman un dolor leve o una sensación de peso en el oído y un zumbido. La diferencia importante con la otitis aguda es que aquí no hay fiebre alta ni el dolor agudo que deja al niño sin dormir.
Qué pasa en la consulta
El médico mira el oído con un otoscopio, un aparato con luz y aumento. Detrás del tímpano se ve un líquido ambarino o grisáceo, a veces con burbujas de aire o con un nivel bien marcado, y el propio tímpano está deslustrado y retraído. La exploración no duele.
La sospecha se confirma con aparatos, y aquí conviene conocer dos palabras:
- la timpanometría, una comprobación breve e indolora de cuánto se mueve el tímpano. Dura segundos, no exige respuestas del niño y es más fiable que cualquier inspección visual;
- la prueba de audición, adaptada a la edad: en los más pequeños con técnicas de juego, en los mayores y en los adultos con audiometría corriente. Indica cuánto se ha perdido de oído y si se ha perdido algo.
Después lo normal es observar: como en la mayoría de los casos todo se va solo en dos o tres meses, no hay por qué precipitarse. El médico cita para una nueva exploración y una nueva prueba de audición y comprueba si la cosa mejora o sigue igual. Si el líquido persiste más de tres meses en los dos oídos y la audición está claramente afectada, se deriva al otorrinolaringólogo.
Cuándo no hay que esperar
La táctica de esperar tres meses está pensada para el caso corriente. Hay situaciones en las que no sirve.
- Un adulto con líquido persistente en un solo oído y sin causa evidente. Es el motivo principal para no aplazar nada: la trompa puede estar obstruida por un tumor de la parte alta de la faringe, y el oído pegajoso llega a ser su único signo precoz. Alertan además un bulto en el cuello, las hemorragias nasales y una fosa nasal tapada de forma persistente. En ese caso la exploración de la faringe alta es obligada, y es una prueba sencilla.
- Sangre o pus saliendo del oído, o dolor que no deja dormir.
- Dolor intenso con fiebre alta, enrojecimiento e hinchazón detrás de la oreja y la oreja despegada. Con el niño decaído se trata de una complicación que necesita atención inmediata; si el estado es grave se llama a una ambulancia, en Europa al número único 112.
- Desviación de la cara, mareo intenso con vómitos, dolor de cabeza fuerte. También de inmediato.
- Supuración maloliente durante meses, o una depresión, un bolsillo en el tímpano que haya visto el médico: así se manifiesta el colesteatoma, un crecimiento que destruye hueso. Eso se trata, no se observa.
- Niños con paladar hendido, con síndrome de Down y aquellos que ya oían mal antes. En ellos el líquido rara vez se va solo, y se derivan al especialista sin esperar.
Qué ayuda y qué no
Empecemos por lo que no conviene hacer, porque ahorra meses y dinero. En la otitis serosa no funcionan los antibióticos, las gotas nasales descongestivas, los antihistamínicos, los aerosoles y comprimidos con corticoides ni los medicamentos que fluidifican el moco. El antibiótico hace falta únicamente si por encima se añade una infección aguda del oído, y trata esa infección, no el líquido.
Lo que sí tiene sentido:
- El tiempo. El remedio más eficaz. La mayoría de los oídos se aclaran solos.
- La autoinsuflación. El niño hincha por una fosa nasal un globo especial, o traga con la nariz apretada, y así abre la trompa. El beneficio es modesto pero real, no requiere medicamentos y hay que repetirlo varias veces al día. A los más pequeños no les sale, porque exige seguir una instrucción, algo que llega hacia los tres o cuatro años.
- Dejar de fumar en casa. No en el balcón, del todo: el humo se queda en la ropa y en el pelo.
- Tratar la rinitis alérgica si la hay: quitando la hinchazón de la nariz, a menudo se ayuda también al oído.
Drenajes, vegetaciones y audífonos
Si pasados tres meses nada ha cambiado y la audición baja lo bastante para estorbar al niño, se plantea intervenir.
Los drenajes transtimpánicos son tubitos minúsculos que se colocan en el tímpano con una anestesia corta. El líquido sale, vuelve a entrar aire en la cavidad y la audición se recupera enseguida, casi siempre el mismo día. El tubo no se queda para siempre: se expulsa solo en seis meses o un año y el orificio se cierra. Entre las consecuencias hay supuraciones ocasionales y, con menos frecuencia, un pequeño agujero que no cierra por sí mismo y cicatrices en el tímpano. La prohibición del agua ya no es tan estricta como antes: el baño normal y la piscina suelen permitirse, aunque para bucear y para la profundidad conviene preguntar a quien operó.
La extirpación de las vegetaciones se añade a los drenajes cuando la nariz está siempre tapada, el niño respira por la boca y ronca, o cuando el líquido vuelve una vez expulsados los tubos. Hacer las dos cosas a la vez reduce bastante la probabilidad de una segunda intervención.
Los audífonos son una alternativa de pleno derecho, no un recurso de segunda. Se eligen cuando la anestesia no conviene, cuando la familia prefiere no operar o cuando se sabe que el problema va a repetirse, como ocurre con el paladar hendido. Se llevan de forma temporal, hasta que el oído se recupera.
Mientras el niño oye mal
Unas pocas costumbres en casa y en clase cambian la situación más de lo que parece.
- Antes de hablar, capte su atención y colóquese de frente: los labios y la cara aportan la mitad del significado.
- Hable con voz normal, claro y sin correr. Gritar deforma los sonidos en lugar de aclararlos.
- Quite el ruido de fondo: apague la televisión y el extractor cuando conversen.
- No le haga contestar de una habitación a otra; acérquese.
- Avise sin falta al maestro y al cuidador. Conviene sentar al niño delante y lejos de la ventana y del pasillo; la falta de atención en clase resulta ser, en estos casos, una instrucción que no se ha oído.
- Si el lenguaje ya va con retraso, no espere a que la audición se arregle sola: pregunte por la logopedia.
Y algo tranquilizador: en la inmensa mayoría de los niños la audición vuelve por completo y el lenguaje alcanza al de sus compañeros. Con la edad la trompa cambia de forma, las vegetaciones se reducen y el oído pegajoso deja de reaparecer.
Consulta en línea
A distancia se resuelve bien la pregunta principal: si es lo que usted ha pensado y si hace falta acudir o se puede observar. El médico repasa cómo se comporta el niño y qué ha notado usted exactamente, explica en qué se diferencia esto de una otitis aguda y de un tapón de cera, revisa la timpanometría y la audiometría ya hechas y dice cuánto esperar hasta la siguiente revisión y con qué señales no se espera más. La consulta en línea sirve también después de la operación, para hablar del cuidado del oído con el tubo, del baño y de la reaparición de las molestias. Mirar dentro del oído y medir la audición a través de una pantalla no se puede, así que la exploración presencial hará falta igualmente; y las señales del apartado urgente no se comentan a distancia en absoluto.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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