Saltar al contenido principal

Osteoporosis

En la osteoporosis el hueso pierde densidad y estructura interna: por fuera sigue igual, pero por dentro se parece a una esponja de poros grandes.

Solicita una receta online

Solicita una receta online

Un médico revisará tu caso y podrá emitir una receta si es médicamente apropiado.

Habla con un médico online

Habla con un médico online

Comenta tus síntomas y opciones de tratamiento con un profesional médico.

Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

En la osteoporosis el hueso pierde densidad y estructura interna: por fuera sigue igual, pero por dentro se parece a una esponja de poros grandes. Un hueso así se rompe con una carga que uno sano aguantaría: una caída desde la propia altura, un movimiento torpe, a veces un golpe de tos. La osteoporosis en sí no duele y pasa años sin dar señales, de modo que la mayoría se entera de que la tiene ya en urgencias. No es una parte inevitable de envejecer: hay medicamentos que reducen claramente el riesgo de fractura.

Por qué el hueso pierde resistencia

El hueso es un tejido vivo que se renueva toda la vida: unas células retiran el material antiguo y otras construyen material nuevo. Hasta los treinta años aproximadamente la construcción va con margen y la persona alcanza su máximo de resistencia. Después el equilibrio se inclina hacia la destrucción, y una pequeña pérdida anual es lo normal.

La osteoporosis aparece cuando la destrucción supera a la construcción durante mucho tiempo. En las mujeres esto se relaciona sobre todo con la menopausia: los estrógenos frenan a las células que destruyen hueso, y cuando el ovario deja de producirlos la pérdida se acelera, sobre todo en los primeros años. Cuanto antes llega la menopausia, más largo es ese periodo de pérdida.

Los hombres también tienen osteoporosis, y no de forma más benigna: toleran peor, de media, una fractura de cadera. Aquí pesan más la testosterona baja, los corticoides, el alcohol y las enfermedades crónicas, y en cerca de la mitad de los casos no se encuentra la causa.

Cómo se manifiesta la osteoporosis

El primer signo suele ser una fractura por un traumatismo pequeño. Los lugares habituales son la muñeca al caer sobre la mano extendida, el cuello del fémur y las vértebras, además de las costillas, el hombro y la pelvis. La regla es sencilla: una fractura por una caída desde la propia altura o por un esfuerzo aún menor es motivo para estudiar los huesos, no simplemente mala suerte.

Las fracturas vertebrales son las más traicioneras: la mayoría cursan sin dolor llamativo y se descubren por casualidad. Se pueden sospechar por señales indirectas:

  • la estatura ha disminuido cuatro centímetros o más respecto a la juventud;
  • la parte alta de la espalda se ha redondeado, la cabeza se ha adelantado y cuesta apoyar la nuca en la pared;
  • las costillas empiezan a rozar la pelvis, el abdomen sobresale y la ropa sienta de otra manera;
  • hay dolor de espalda constante y cansancio rápido al estar de pie;
  • cuesta respirar con amplitud y llega enseguida la sensación de saciedad, porque el tórax y el abdomen pierden altura.

Lo que la osteoporosis no hace: no provoca dolores difusos en huesos y articulaciones ni explica un dolor generalizado. Si todo el esqueleto "duele", la causa hay que buscarla en otra parte.

Cuándo no se puede esperar

Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania el número europeo único es el 112) si:

  • tras una caída la persona no puede levantarse ni apoyar la pierna, esta parece más corta y girada hacia fuera, y el dolor en la ingle o en la cadera es intenso: así se presenta una fractura de cadera, que se opera en las primeras veinticuatro o cuarenta y ocho horas;
  • al dolor de espalda se suman debilidad o adormecimiento de las piernas, falta de sensibilidad en la zona genital, retención de orina o incontinencia: son signos de compresión de la médula y de los nervios, y ahí cuentan las horas.

El mismo día, aunque sin ambulancia, conviene ver a un médico si:

  • aparece un dolor de espalda brusco en una persona de más de cincuenta años tras un esfuerzo mínimo: agacharse, toser, levantar una bolsa;
  • el dolor de espalda no deja dormir, empeora por la noche, se acompaña de fiebre o pérdida de peso, o ha habido un cáncer en el pasado;
  • durante un tratamiento prolongado para la osteoporosis surge un dolor sordo nuevo en el muslo o la ingle, sobre todo en ambos lados: es una complicación rara que conviene detectar antes de que el hueso se rompa.

Qué aumenta el riesgo

Parte de las causas no se puede cambiar; otra parte, sí:

  • haber tenido ya una fractura por un traumatismo pequeño: es el mejor predictor de la siguiente;
  • fractura de cadera en el padre o en la madre;
  • menopausia precoz, extirpación de los ovarios, ausencia prolongada de reglas por dietas estrictas o entrenamiento extenuante;
  • testosterona baja en los hombres;
  • medicamentos: corticoides en pastillas durante más de tres meses, tratamiento hormonal del cáncer de mama y de próstata, algunos antiepilépticos, uso prolongado de fármacos contra la acidez;
  • artritis reumatoide, celiaquía, enfermedad de Crohn, cirugías gástricas previas: todo lo que altera la absorción;
  • exceso de hormona tiroidea o de paratohormona, enfermedades de la hipófisis, diabetes, enfermedad renal crónica y enfermedad hepática;
  • peso bajo, tabaco, alcohol habitual, sedentarismo y encamamientos largos;
  • caídas frecuentes: mala visión, mareos, fármacos que dan somnolencia.

Qué muestra la densitometría

La densidad del hueso se mide con densitometría radiológica (DEXA) en la columna lumbar y en la cadera. La prueba dura alrededor de un cuarto de hora, no requiere preparación y apenas irradia. El resultado se expresa como índice T, es decir, cuánto se aparta su densidad de la de un adulto joven:

  • por encima de −1: densidad normal;
  • entre −1 y −2,5: densidad baja, osteopenia;
  • −2,5 o menos: osteoporosis.

En mujeres antes de la menopausia, en hombres menores de cincuenta años y en niños se usa el índice Z y no el T: compararlos con un adulto joven sano no tiene sentido. Un índice Z bajo casi siempre significa que hay que buscar otra enfermedad, y no una "pérdida por la edad".

La cifra tampoco es el único motivo para tratar: el médico calcula además el riesgo global de fractura de los próximos años con escalas que tienen en cuenta la edad, el peso, las fracturas previas y los medicamentos. Y al revés: si ya ha habido una fractura vertebral o de cadera con un traumatismo leve, se trata con independencia de la densitometría. Tenga en cuenta también que la artrosis de columna y el calcio en la pared de la aorta elevan falsamente el valor lumbar; en ese caso se toma como referencia la cadera.

Qué análisis descartan otras causas de fragilidad

Un hueso frágil no siempre es osteoporosis, y antes de iniciar un tratamiento de años conviene excluir procesos que se tratan de forma completamente distinta. Suele pedirse una analítica: calcio, fósforo, fosfatasa alcalina, vitamina D, función renal y hepática, hormona tiroidea, paratohormona, hemograma y, en los hombres, testosterona; según el caso se añaden los anticuerpos de celiaquía y el proteinograma. Qué se busca con eso:

  • osteomalacia: reblandecimiento del hueso por déficit grave de vitamina D. Da dolor óseo y debilidad en los músculos del muslo, y se trata con vitamina D, no con fármacos para la osteoporosis;
  • exceso de paratohormona, con calcio alto en sangre, cálculos renales, sed y debilidad;
  • mieloma y metástasis óseas: también rompen vértebras, pero el dolor suele ser constante y nocturno;
  • celiaquía no diagnosticada, exceso de función tiroidea, enfermedad renal.

Conviene separar además dos enfermedades que se confunden continuamente: la osteoporosis es pérdida de densidad del hueso y la artrosis es desgaste del cartílago de las articulaciones. La artrosis duele y cruje al moverse; la osteoporosis calla hasta que hay fractura. Una no se convierte en la otra y el tratamiento es distinto.

Medicamentos que fortalecen el hueso

Unos fármacos frenan la destrucción del hueso y otros obligan a fabricar hueso nuevo; ambos grupos reducen el número de fracturas.

Los bifosfonatos son los más utilizados: en comprimidos semanales o mensuales, y también en forma intravenosa una vez al año. El comprimido se toma por la mañana en ayunas con un vaso lleno de agua sola, y después no se puede tumbarse, comer ni beber nada más durante media hora, porque de lo contrario irrita el esófago y se absorbe peor. Puede haber ardor de estómago y dolor abdominal, y tras la infusión, uno o dos días de malestar parecido a una gripe. Complicaciones raras pero conocidas: la muerte de una zona del hueso de la mandíbula (por eso conviene resolver los problemas dentales antes de empezar) y una fractura inusual del fémur, cuyas señales se han descrito arriba. A los tres o cinco años se revisa el tratamiento.

El denosumab se administra bajo la piel cada seis meses. Aquí hay una advertencia importante: no puede abandonarse sin más ni retrasarse mucho la siguiente inyección. Al suspenderlo, la pérdida de masa ósea se dispara y pueden producirse varias fracturas vertebrales, de modo que el paso a otro fármaco se planifica de antemano.

Los fármacos que forman hueso — los análogos de la paratohormona en inyección diaria y el romosozumab una vez al mes — se reservan para densidades muy bajas, fracturas vertebrales ya ocurridas y fracasos del tratamiento previo. El ciclo es limitado en el tiempo y el resultado se consolida obligatoriamente con un fármaco del primer grupo; el romosozumab no se usa después de un infarto o un ictus recientes.

Para las mujeres existen además opciones hormonales: el raloxifeno protege sobre todo las vértebras, pero produce sofocos y calambres en las piernas y aumenta el riesgo de trombosis, y la terapia hormonal sustitutiva tiene sentido cuando hay también síntomas de menopausia.

Movimiento, alimentación y una casa sin caídas

El hueso responde a la carga, así que hacen falta ejercicios en los que el cuerpo soporte su propio peso: caminar, subir escaleras, bailar y, si el estado lo permite, correr y saltar. La natación y la bicicleta son buenas para el corazón, pero apenas cargan el hueso. Dos veces por semana añada ejercicios de fuerza y, sin falta, entrenamiento del equilibrio. Con fracturas vertebrales el programa lo diseña un especialista: las flexiones bruscas hacia delante y los giros con peso están contraindicados.

Con la comida deben llegar unos mil miligramos de calcio al día: lácteos, conservas de pescado con espina, tofu, verduras de hoja verde, frutos secos; los suplementos se indican a quien no alcanza esa cantidad. La vitamina D es necesaria para absorber el calcio: en verano la produce la piel, pero en personas mayores y poco activas eso no suele bastar. La dosis la decide el médico, y las recomendaciones nacionales difieren. También importa la proteína: con una dieta pobre se pierden a la vez hueso y músculo.

Y lo más práctico: la mayoría de las fracturas son consecuencia de una caída. Retire cables y alfombrillas con las que se pueda tropezar, ponga una alfombra antideslizante en el baño, deje luz junto a la cama y en el pasillo, y use calzado estable y cerrado por el talón. Revise la vista y el oído una vez al año, y repase con su médico los fármacos que le provoquen mareo.

Consulta en línea

En línea es cómodo aclarar si necesita estudiarse. El médico preguntará por fracturas, por su estatura de joven y ahora, por la menopausia, por los medicamentos que toma, por enfermedades del intestino y del tiroides y por las caídas del último año, y dirá si está indicada una densitometría y qué análisis conviene hacer antes de la visita presencial.

El formato sirve igual de bien para revisar resultados ya obtenidos: qué significa un índice T de −2,7, por qué con una densitometría normal se ha indicado tratamiento, en qué se diferencian los fármacos, cómo tomar correctamente el comprimido, qué hacer con los efectos secundarios y cuándo toca el siguiente control.

Lo que no puede hacerse en línea es medir la densidad ósea, explorar después de un traumatismo y confirmar una fractura. Si tras una caída no logra apoyar la pierna, o el dolor de espalda se acompaña de debilidad en las piernas, no hace falta una consulta: hace falta una ambulancia.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

Recibe actualizaciones y ofertas exclusivas

Sé el primero en conocer nuevos servicios, actualizaciones de la plataforma y promociones exclusivas para suscriptores.

Síguenos en redes sociales