En esta página
- Qué siente una persona con los nervios dañados
- Qué daña los nervios con más frecuencia
- Molestias parecidas con otra cosa detrás
- Cómo se busca la causa
- Signos con los que no se puede esperar
- El tratamiento principal es corregir la causa
- Los fármacos para el dolor neuropático y cómo tomarlos
- Cuando los nervios descolocan la tensión, el estómago y la vejiga
- Unos pies que han dejado de sentir
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente prescritos para Neuropatía periférica
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: CAPSULA, 60 MGPrincipio activo: duloxetineFabricante: Laboratorios Francisco Durban S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: CAPSULA, 30 MG/CÁPSULAPrincipio activo: duloxetineFabricante: Laboratorios Cinfa S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: CAPSULA, 60 mgPrincipio activo: duloxetineFabricante: Aurovitas Spain, S.A.U.Requiere receta
La neuropatía periférica es la lesión de los nervios que van desde la médula espinal hasta los brazos, las piernas y los órganos internos. La palabra no designa una enfermedad, sino un resultado: la fibra deja de transmitir bien las señales y la persona nota adormecimiento, quemazón, hormigueo o debilidad. Las causas son más de cien, y de cuál se encuentre depende casi todo: si la lesión es reversible y qué aliviará el dolor. Por eso el trabajo principal aquí no está en elegir un analgésico, sino en buscar la causa. A continuación, cómo se manifiesta la neuropatía, qué hay detrás, cómo se confirma, qué calma el dolor y cuándo no se puede demorar.
Qué siente una persona con los nervios dañados
El cuadro depende de qué fibras se hayan afectado, y por lo general se afectan juntas.
- Fibras sensitivas. Adormecimiento, hormigueo, sensación de algodón o de arena bajo la planta, quemazón, descargas como calambrazos. A menudo se altera la percepción del dolor y de la temperatura: uno no nota la piedrecita dentro del zapato ni percibe que el agua quema. También ocurre lo contrario: el roce de la sábana se vuelve doloroso.
- Fibras motoras. Calambres, sacudidas, debilidad, adelgazamiento de los músculos de la pantorrilla y de la mano. El pie deja de levantarse al andar y la punta se engancha con el suelo.
- Fibras autónomas. Mareo al ponerse de pie, sudoración donde y cuando no toca, piel seca en los pies, pesadez después de comer, estreñimiento o diarreas nocturnas, dificultad para vaciar la vejiga.
La forma más frecuente tiene un orden reconocible: se afectan primero los nervios más largos, así que todo empieza en los dedos de los pies y sube «en calcetín»; cuando llega a media pantorrilla se suman las yemas de los dedos de las manos, «en guante». La simetría y ese avance de abajo arriba son una pista importante. Si en cambio se adormece una sola mano o un solo pie, se trata de la lesión de un nervio concreto y la causa se busca por otro lado.
Qué daña los nervios con más frecuencia
La causa se identifica en unas tres cuartas partes de las personas; en el resto se llama no filiada, y eso es un resultado reconocido del estudio, no una excusa.
- La diabetes es la causa número uno. Los nervios sufren no solo en la diabetes establecida, sino también en la prediabetes, cuando la glucosa en ayunas es aún casi normal; por eso se mide también la hemoglobina glicosilada.
- El alcohol, tanto por acción directa sobre el nervio como por la falta de vitaminas del grupo B.
- El déficit de vitamina B12. Una de las pocas causas que puede corregirse por completo si se detecta a tiempo; el daño avanzado se recupera mal. Las reservas se agotan con una dieta vegana estricta sin suplementos, con enfermedades y cirugías del estómago y con el uso prolongado de metformina y de fármacos que reducen la acidez.
- Medicamentos. Quimioterapia, amiodarona, fenitoína, isoniazida, tandas largas de metronidazol o de nitrofurantoína. Aparte, el exceso de vitamina B6: a dosis altas no cura los nervios, los daña, y esas dosis se alcanzan con facilidad con los «complejos para el sistema nervioso».
- Enfermedades del tiroides, del riñón y del hígado, y también infecciones: herpes zóster, enfermedad de Lyme, VIH, hepatitis.
- Enfermedades autoinmunes: síndrome de Sjögren, lupus, artritis reumatoide, celiaquía, vasculitis, y la polineuropatía desmielinizante inflamatoria crónica, importante porque responde bien al tratamiento.
- Una proteína anómala en la sangre, en la gammapatía monoclonal, el mieloma y la amiloidosis. Se piensa en ello si junto al adormecimiento hay pérdida de peso, dolores óseos o alteraciones en los análisis de riñón.
- Neuropatías hereditarias, como la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth. Pistas: molestias desde la infancia, puente del pie muy alto, pies parecidos en la familia.
- Tóxicos —plomo, mercurio, arsénico, disolventes— y las lesiones traumáticas de un nervio.
Molestias parecidas con otra cosa detrás
El adormecimiento y el dolor de piernas no vienen solo de los nervios periféricos, y eso hay que aclararlo antes de indicar un tratamiento.
- Compresión de una raíz nerviosa en la columna. El dolor y el adormecimiento bajan en franja por la pierna, arrancan de la zona lumbar, cambian con la postura y con la tos, y suelen afectar a una sola pierna.
- Estenosis del canal lumbar. El adormecimiento y la debilidad aparecen al caminar y ceden al sentarse o inclinarse hacia delante.
- Atrapamiento de un nervio concreto. El síndrome del túnel carpiano adormece los tres primeros dedos y medio de la mano, despierta por la noche y mejora al sacudir la mano; el atrapamiento del nervio cubital afecta al meñique y a la mitad del anular.
- Enfermedad arterial de las piernas. También da pies fríos y heridas que no cierran, pero se añaden el dolor en las pantorrillas al caminar que cede al pararse y la ausencia de pulso en el pie.
- Un problema en la médula espinal. Alertan un límite neto de la sensibilidad en el tronco, la rigidez y los reflejos vivos en las piernas y las alteraciones de la micción: eso exige estudio urgente y resonancia.
- Síndrome de piernas inquietas. Las sensaciones desagradables aparecen en reposo y por la tarde y se alivian de inmediato al moverse; en la neuropatía el movimiento no funciona así.
Cómo se busca la causa
La exploración vale aquí más de lo que parece: el médico comprueba la sensibilidad con monofilamento y con diapasón, valora reflejos, fuerza, marcha y equilibrio, revisa los pies y la forma del puente, y busca los pulsos del pie.
- Análisis de sangre: glucosa y hemoglobina glicosilada, vitamina B12, función del tiroides, del riñón y del hígado, hemograma, marcadores de inflamación, proteinograma en busca de proteína anómala. Este conjunto cubre la mayoría de las causas corregibles.
- Electroneuromiografía: estudio de la conducción por los nervios junto con la valoración de los músculos. Muestra si hay lesión, dónde está y de qué tipo: si sufre la cubierta del nervio o la propia fibra.
- Según el caso: resonancia de la columna si el cuadro apunta a una raíz o a la médula; estudio del líquido cefalorraquídeo ante la sospecha de neuropatía inflamatoria; biopsia de piel para valorar las fibras finas; pruebas genéticas.
Una salvedad importante: una electroneuromiografía normal no descarta el diagnóstico. Esta prueba solo ve las fibras gruesas. Existe la neuropatía de fibra fina, en la que la persona sufre quemazón y dolor al roce mientras el aparato da un resultado normal, y es justo en esa situación donde más se oye que «está todo bien». Si las molestias son típicas, el estudio continúa por otros caminos.
Signos con los que no se puede esperar
La mayoría de las neuropatías se desarrolla a lo largo de meses y años. Un comienzo rápido es otra historia.
Llame a una ambulancia —en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania es el número único 112— si:
- la debilidad en las piernas ha aumentado en horas o días y sube, alcanzando muslos, tronco y brazos;
- cuesta respirar, falta el aire tumbado o resulta difícil hablar con frases largas;
- aparecen atragantamientos, dificultad para tragar, habla poco clara o debilidad de los músculos de la cara;
- se adormece el periné y la orina se retiene o se escapa, junto con debilidad en las piernas.
Una debilidad ascendente que progresa deprisa es el síndrome de Guillain-Barré, que empieza a menudo entre una y tres semanas después de una infección intestinal o un catarro. Se trata, y con tanto más éxito cuanto antes se empiece; el peligro está en que se debiliten los músculos de la respiración y de la deglución. El adormecimiento del periné con alteración de la micción indica compresión de las raíces en la parte más baja de la columna y exige cirugía en las horas siguientes.
El mismo día, aunque sin ambulancia, conviene acudir al médico si aparece en el pie una úlcera o una herida que no cierra, y si el adormecimiento ha surgido con una quimioterapia o con un fármaco nuevo.
El tratamiento principal es corregir la causa
Todo lo corregible se corrige primero: control de la glucemia, dejar el alcohol, reponer la B12, ajustar el tiroides, retirar o cambiar el fármaco responsable, tratar la enfermedad autoinmune. Ese es el único modo de detener la lesión; lo demás actúa ya sobre el síntoma. La recuperación del nervio es lenta, de meses, y se reconoce más porque las molestias dejan de aumentar que por un alivio rápido.
Las neuropatías inflamatorias se tratan de forma directa, con fármacos que frenan el sistema inmunitario y con inmunoglobulinas. Las formas hereditarias no pueden eliminarse, pero también allí el diagnóstico sirve: define el pronóstico y permite preparar a tiempo el soporte ortopédico del pie.
Los fármacos para el dolor neuropático y cómo tomarlos
Los analgésicos habituales suelen ser inútiles en el dolor de origen nervioso: ni el paracetamol ni los antiinflamatorios actúan sobre ese mecanismo, y estos últimos tienen sus propios riesgos para el estómago, el riñón y la tensión.
- Funcionan fármacos de los grupos de los antiepilépticos y de los antidepresivos. Que le receten un antidepresivo no significa que consideren su dolor imaginario: a dosis bajas estos medicamentos modifican la transmisión de la señal dolorosa.
- Se empieza con dosis baja y se sube poco a poco, y el efecto no se juzga antes de varias semanas. Abandonar el fármaco a los tres días diciendo que «no hace nada» es el error más común.
- No se pueden dejar de golpe. La dosis se reduce siguiendo una pauta: con la retirada brusca aparecen ansiedad, insomnio, náuseas y sudoración, y el dolor vuelve más fuerte que antes.
- La somnolencia, el mareo y la hinchazón de las piernas son efectos habituales de las primeras semanas. Mientras los tenga, no conduzca; el alcohol los intensifica de forma clara.
- Los tratamientos locales —crema o parche de capsaicina, parche con anestésico— van bien cuando el dolor se limita a una zona. La capsaicina quema los primeros días y no se aplica sobre piel dañada.
- Los analgésicos opioides funcionan mal en el dolor neuropático y se indican solo por poco tiempo. Avise al médico si ya toma un antidepresivo: la combinación con algunos de ellos es peligrosa.
- Suplementos como el ácido alfa-lipoico o la benfotiamina están poco estudiados. La vitamina B12 la necesita quien tiene déficit demostrado, no todo el mundo.
Además de los fármacos ayuda lo que resulta fácil de infravalorar: ejercicio a su medida, dormir bien, bajar de peso, repartir el esfuerzo a lo largo del día y, en el dolor persistente, las técnicas psicológicas de manejo del dolor.
Cuando los nervios descolocan la tensión, el estómago y la vejiga
Las fibras autónomas gobiernan lo que ocurre sin nuestra intervención, y sus fallos rara vez se relacionan con la neuropatía.
- Bajada de tensión al levantarse. Ayudan incorporarse despacio y en dos tiempos, beber suficiente líquido, usar medias de compresión y elevar la cabecera de la cama; a veces el médico añade medicación. Cuéntele todos los fármacos para la tensión que toma: alguno habrá que revisarlo.
- Estómago e intestino. Pesadez, hinchazón y náuseas tras la comida por vaciamiento gástrico lento, alternancia de estreñimiento y diarrea, sensación de vaciado incompleto de la vejiga e infecciones urinarias de repetición. Ayudan las tomas pequeñas y frecuentes y menos grasa; los fármacos los indica el médico y por tiempo limitado.
- Corazón. En la neuropatía autónoma marcada el pulso deja de acelerarse con normalidad ante el esfuerzo, y un infarto puede cursar sin el dolor torácico habitual, solo con falta de aire, debilidad o sudoración. Conviene saberlo y no restar importancia a esos episodios.
Capítulo aparte es el equilibrio. Cuando los pies notan mal el suelo, aumenta el riesgo de caídas, sobre todo a oscuras. Ayudan una luz de noche en el camino al baño, calzado firme en casa en lugar de zapatillas sin talón, retirar cables y alfombras, un asidero en la ducha y trabajar el equilibrio con un fisioterapeuta.
Unos pies que han dejado de sentir
La pérdida de sensibilidad es más peligrosa que el dolor: el dolor estorba, pero el adormecimiento permite no darse cuenta de una herida. Revisarse los pies lleva cinco minutos al día y sigue siendo la medida más eficaz contra la úlcera y la amputación.
- Revise los pies cada noche, incluidos los talones y los espacios entre los dedos; para las zonas difíciles va bien un espejo.
- Antes de calzarse, pase la mano por dentro del zapato: una piedrecita o una plantilla doblada pasan desapercibidas con facilidad.
- Compruebe el agua con la mano o el codo, nunca con el pie. No caliente los pies con bolsa de agua caliente ni junto a la estufa: así se producen quemaduras de las que uno se entera cuando aparece la herida.
- Lávelos con agua tibia, séquelos bien entre los dedos e hidrate la piel seca sin meter la crema entre los dedos. Corte las uñas rectas y no se quite las durezas usted mismo: eso es del podólogo.
- Calzado blando, de su talla, sin costuras interiores; no ande descalzo ni siquiera en casa.
- Enseñe al médico cualquier herida, zona oscurecida, grieta o punto que supure enseguida, no una semana después.
Consulta en línea
Una debilidad que progresa deprisa o la dificultad para respirar o tragar no se resuelven en línea: eso es llamar a una ambulancia. En cambio, la neuropatía de curso lento cabe casi entera en una conversación desde casa. El médico le ayudará a distinguir si sus sensaciones se parecen a una polineuropatía o apuntan a una raíz, al túnel carpiano o a los vasos; le dirá qué análisis pedir primero para no pasar por alto una causa corregible —déficit de B12, tiroides, prediabetes, proteína anómala—; repasará el informe de la electroneuromiografía, incluido el caso en que es normal y la quemazón continúa; le explicará cómo tomar los fármacos para el dolor neuropático y por qué no se dejan de golpe; revisará con usted la lista de medicamentos y suplementos en busca de los que dañan los nervios; le enseñará a revisarse los pies y a prevenir caídas. Motivo aparte para escribir: una herida en el pie que no cierra y un adormecimiento que en pocas semanas ha subido de forma clara.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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