Hipertensión pulmonar (HP)
La hipertensión pulmonar es el aumento de la presión de la sangre en las arterias pulmonares, los vasos que llevan la sangre del corazón a los pulmones.
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Medicamentos comúnmente prescritos para Hipertensión pulmonar (HP)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO MASTICABLE, 50 mgPrincipio activo: SildenafiloFabricante: Towa Pharmaceutical S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 62,5 mg 56 comprimidos recubiertos con películaPrincipio activo: BosentanFabricante: Janssen-Cilag International N.VRequiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 100 mgPrincipio activo: SildenafiloFabricante: Biowise Pharmaceuticals, S.L.Requiere receta
La hipertensión pulmonar es el aumento de la presión de la sangre en las arterias pulmonares, los vasos que llevan la sangre del corazón a los pulmones. No tiene nada que ver con la tensión arterial que se mide en el brazo: no se detecta con un tensiómetro ni aparece en una revisión corriente. Las paredes de esos vasos se engrosan y pierden elasticidad, la luz se estrecha y el ventrículo derecho tiene que trabajar contra una resistencia cada vez mayor. Aguanta durante años y después empieza a fallar, y en eso reside el peligro de esta enfermedad.
Por qué el diagnóstico llega tan tarde
El problema principal de esta enfermedad no es que sea grave, sino que tarda mucho en buscarse. Entre las primeras quejas y el diagnóstico correcto suelen pasar dos o tres años, y durante todo ese tiempo la persona lleva la etiqueta de «asma», «bronquitis», «exceso de peso», «falta de forma física» o «nervios».
La razón es que el único signo precoz —la falta de aire al esforzarse— acompaña a decenas de situaciones mucho más frecuentes. Lo que distingue a la hipertensión pulmonar no es el tipo de disnea, sino su historia: crece a lo largo de meses y sin brotes. No en crisis, como en el asma, ni ligada a un catarro, sino de forma continua y sostenida: primero cuesta una cuesta arriba, luego el propio piso, después la calle llana. Y los inhaladores no ayudan, una señal importante que suele pasarse por alto.
Junto a la disnea aparecen otras quejas:
- cansancio rápido, desproporcionado para lo que se ha hecho;
- mareo y visión oscurecida durante el esfuerzo;
- dolor u opresión detrás del esternón al hacer fuerza;
- sensación de palpitaciones;
- hinchazón de tobillos y piernas y, más adelante, aumento del abdomen por acumulación de líquido;
- tos seca, tono azulado de labios y uñas, venas del cuello marcadas.
Merece un comentario aparte el desmayo durante el esfuerzo. Perder el conocimiento corriendo, subiendo escaleras, al agacharse o al hacer fuerza no es «tener la tensión baja» ni un golpe de calor. Significa que el corazón no puede aumentar el gasto cuando se le pide, y en la hipertensión pulmonar se considera uno de los signos más preocupantes. Obliga a estudiar el caso en los próximos días, no algún día.
Cuándo no se puede esperar a una cita
Llame a una ambulancia —en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número único europeo 112— o acuda de inmediato a urgencias si:
- ha habido un desmayo o la persona ha estado a punto de perder el conocimiento;
- aparece un dolor torácico intenso que no cede en unos minutos;
- la falta de aire empeora bruscamente en pocas horas o aparece en reposo;
- los labios y las puntas de los dedos se ponen azulados y la piel está fría y húmeda;
- hay palpitaciones rápidas e irregulares con mareo o dolor en el pecho.
Estos signos pueden darse tanto en una hipertensión pulmonar ya conocida como en cuadros que la imitan: una embolia pulmonar, un infarto, una arritmia. No es algo que se pueda aclarar en casa.
Aparte, y también con urgencia —el mismo día, no la semana que viene—: hinchazón que crece deprisa, un aumento de dos kilos en pocos días y un abdomen que de pronto aprieta. Son señales de que el lado derecho del corazón está dejando de compensar.
Por qué sube la presión en los vasos del pulmón
La hipertensión pulmonar no es una sola enfermedad, sino el destino común de procesos distintos, y de cuál sea el de cada persona depende por completo el tratamiento. Se distinguen cinco grandes grupos.
- Hipertensión arterial pulmonar: están afectadas las ramas más finas de las arterias pulmonares, cuyas paredes proliferan. Puede ser hereditaria, idiopática —sin causa identificada— o asociada a enfermedades del tejido conectivo (sobre todo la esclerodermia), a cardiopatías congénitas, al VIH, a la hipertensión portal por enfermedad del hígado y al consumo de ciertos fármacos y drogas.
- Enfermedades del lado izquierdo del corazón: valvulopatías, un ventrículo izquierdo debilitado o rígido. La sangre se remansa antes del pulmón y la presión sube de forma pasiva. Es el grupo más frecuente.
- Enfermedades del pulmón y falta de oxígeno: enfermedad pulmonar obstructiva crónica, fibrosis pulmonar, apnea del sueño grave, vida prolongada en gran altitud. El oxígeno bajo, por sí mismo, estrecha los vasos pulmonares.
- Secuelas de una embolia: los coágulos que no se reabsorben se convierten en tejido fibroso y obstruyen los vasos de forma estable. Es la hipertensión pulmonar tromboembólica crónica, que se trata aparte más abajo.
- Otras causas: sarcoidosis, vasculitis, enfermedades del tiroides, anemia falciforme y talasemia, enfermedad renal crónica, compresión de los vasos por un tumor.
Por eso la pregunta de la causa no es académica. De la respuesta depende si se trata una válvula, si se pauta oxígeno, si se plantea una operación sobre las arterias pulmonares o si se emplean fármacos específicos que en algunos de estos grupos no ayudan, sino que perjudican.
Cómo se llega al diagnóstico
El camino empieza en una consulta corriente: el médico ausculta el corazón y los pulmones, mira las venas del cuello y los edemas y solicita un electrocardiograma, una radiografía de tórax, analíticas y pruebas de función respiratoria.
Después viene el ecocardiograma. Aquí es importante entender su papel. El ecocardiograma no mide la presión en la arteria pulmonar: la estima de forma indirecta a partir de la velocidad del flujo en la válvula tricúspide, y se equivoca en los dos sentidos, tanto sobrestimando como pasando por alto la enfermedad. Responde a la pregunta de si merece la pena seguir buscando, no a la de si hay enfermedad. La hipertensión pulmonar ni se diagnostica ni se descarta con una ecografía.
Quien confirma el diagnóstico es el cateterismo cardíaco derecho: se introduce un catéter fino por una vena del cuello, del brazo o de la ingle y se lleva hasta la arteria pulmonar para medir la presión directamente. De paso se valoran el gasto cardíaco y la presión de enclavamiento, lo que permite separar la hipertensión arterial pulmonar del remanso causado por el corazón izquierdo, dos situaciones con tratamientos distintos. Si se sospecha hipertensión arterial pulmonar, en el mismo procedimiento se realiza la prueba de vasorreactividad.
Hay una exploración más que debe hacerse siempre: la gammagrafía de ventilación-perfusión. Sirve para no pasar por alto la forma tromboembólica, la única en la que cabe una operación con curación completa. La tomografía computarizada se deja escapar esta forma, así que no puede sustituir a la gammagrafía. A ello se añaden la prueba de la marcha de seis minutos y el péptido natriurético en sangre: reflejan la gravedad y sirven de punto de partida para valorar el tratamiento.
Por qué el tratamiento se lleva en un centro especializado
Este es uno de los casos en los que el sitio donde se trata pesa tanto como el tratamiento. Los fármacos específicos de la hipertensión arterial pulmonar se eligen, se combinan y se cambian según mediciones repetidas; algunos exigen una infusión intravenosa o subcutánea continua, otros tienen contraindicaciones serias, y equivocar el grupo puede empeorar a la persona. Esas decisiones se toman en centros que se dedican a ello de forma habitual, no en una consulta general.
El tratamiento general incluye diuréticos si hay retención de líquido, oxígeno si el nivel en sangre es bajo, anticoagulantes en la forma tromboembólica y el tratamiento de la enfermedad que lo ha originado todo.
Los fármacos específicos actúan sobre tres vías de dilatación vascular: antagonistas de los receptores de la endotelina, inhibidores de la fosfodiesterasa 5 y estimuladores de la guanilato ciclasa soluble, además de los derivados de la prostaciclina, desde comprimidos hasta infusión continua en los casos graves. Se pautan en combinación y solo cuando la forma de la enfermedad está demostrada.
Merece una advertencia aparte el capítulo de los antagonistas del calcio. A veces se mencionan como un tratamiento corriente de la hipertensión pulmonar, y esa simplificación es peligrosa. Solo sirven a una pequeña parte de los pacientes con hipertensión arterial pulmonar: aquellos en quienes la prueba de vasorreactividad durante el cateterismo resultó positiva. Fuera de ese grupo estrecho, y muy especialmente en las enfermedades del corazón izquierdo, pueden empeorar bruscamente la situación. No deben pautarse «por el diagnóstico», sin esa prueba.
La forma que sí puede curarse
La hipertensión pulmonar tromboembólica crónica va aparte: es la única variante en la que la enfermedad no solo se frena, sino que se puede eliminar. Aparece en una parte de quienes han sufrido una embolia pulmonar, a veces meses después y a veces años, y no pocas veces tras un episodio que pasó completamente inadvertido.
El método principal es la endarterectomía pulmonar: una operación en la que se extraen de las arterias pulmonares los coágulos ya transformados en tejido fibroso. Es compleja y se realiza en pocos centros, pero en los pacientes adecuados logra una mejoría duradera que puede llegar a normalizar la presión. Si la localización de las lesiones no permite operar, se recurre a la angioplastia pulmonar con balón —dilatación de los tramos estrechos con un balón a través de un catéter, normalmente en varias sesiones— y al tratamiento farmacológico. En esta forma los anticoagulantes se toman de por vida.
La conclusión práctica es sencilla: si después de una embolia pulmonar la falta de aire sigue ahí a los tres o seis meses, hay que decírselo al médico y pedir un ecocardiograma, en lugar de achacarlo todo a la debilidad tras la enfermedad.
Vivir con el diagnóstico
- Moverse se puede y se debe, dentro de los límites acordados con el médico. Son útiles el ejercicio aeróbico moderado y la rehabilitación supervisada; son perjudiciales levantar pesos, hacer fuerza en apnea y llegar al esfuerzo que provoca ahogo o mareo.
- El embarazo en la hipertensión arterial pulmonar pone en riesgo la vida y en la mayoría de los casos está contraindicado, de modo que la anticoncepción fiable se plantea desde el momento del diagnóstico. Los anticonceptivos hormonales combinados no valen para todas las pacientes y no se llevan bien con parte de los fármacos, así que la elección se hace con el médico. Si el embarazo llega a producirse, hay que consultar de inmediato.
- Las vacunas de la gripe y del neumococo tienen sentido: una infección respiratoria corriente se tolera peor con esta enfermedad.
- Cuidado con la altitud y los vuelos. La montaña por encima de dos mil metros y las despresurizaciones no son para estos pacientes; antes de un viaje largo conviene hablar del oxígeno a bordo.
- Muchos productos sin receta no son inocuos. Los descongestionantes nasales y los preparados para el catarro, los productos para adelgazar, algunos analgésicos y cualquier nitrato junto a un inhibidor de la fosfodiesterasa pueden provocar una caída brusca de la tensión. Antes de comprar algo, pregunte.
- Pésese a diario: un aumento rápido es el signo más precoz de retención de líquido.
Consulta en línea
La consulta en línea resulta especialmente útil justo donde la enfermedad se pierde con más frecuencia: en la fase en la que la falta de aire ya limita la vida y todavía no hay explicación. El médico repasará cómo ha ido creciendo la disnea, con qué se relaciona, si los inhaladores ayudaron y si ha habido desmayos con el esfuerzo, y le indicará qué pruebas conviene pedir, empezando por el ecocardiograma.
También merece la pena para quien ya tiene el diagnóstico: para entender la pauta de fármacos y sus interacciones, interpretar los resultados de una revisión, hablar del esfuerzo permitido, de un viaje, del embarazo y la anticoncepción, y preparar una cirugía programada, porque la anestesia en la hipertensión pulmonar exige precauciones especiales.
Tenga preparados los informes, los resultados del ecocardiograma y del cateterismo, la lista de medicamentos con sus dosis y, si la tiene, la prueba de la marcha de seis minutos. Si en su relato aparecen señales que requieren atención urgente, se le derivará de inmediato.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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