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La eritrocitosis es un exceso de glóbulos rojos en la sangre; lo mismo se expresa con la palabra policitemia. Los glóbulos rojos transportan oxígeno, pero cuantos más hay, más espesa está la sangre: circula peor por los vasos pequeños, cede el oxígeno a los tejidos con más dificultad y coagula con demasiada facilidad donde no debe. De ahí vienen las molestias y también el peligro principal, que son las trombosis. La eritrocitosis no es en sí un diagnóstico, sino un hallazgo del análisis detrás del cual siempre hay una causa: desde el exceso de peso y el tabaco hasta una enfermedad de la médula ósea. Encontrar esa causa importa más que «aclarar la sangre».
Cómo se manifiesta
Muchas personas se enteran por casualidad, en una analítica pedida por otro motivo. Otras sí tienen síntomas, y son bastante reconocibles cuando se sabe qué buscar.
- cabeza pesada, dolor de cabeza, zumbidos, mareo;
- visión borrosa, moscas volantes, episodios de visión doble;
- enrojecimiento de la cara, el cuello, las palmas y los ojos; en pieles morenas y oscuras no se aprecia, pero sí se ve el enrojecimiento de las mucosas;
- cansancio y sudoración, peor tolerancia al esfuerzo;
- tensión arterial alta;
- picor tras la ducha o el baño, un signo muy característico: aparece a los pocos minutos del contacto con el agua, dura hasta media hora y no deja erupción;
- pesadez en el costado izquierdo y sensación de saciedad precoz al comer, propias de un bazo agrandado;
- ardor, enrojecimiento y calor en los dedos de manos y pies, sobre todo con el calor: es la eritromelalgia;
- hemorragias nasales, encías que sangran, hematomas sin golpe previo;
- ataques de gota: dolor brusco, hinchazón y enrojecimiento de una articulación, casi siempre la base del dedo gordo del pie;
- confusión y olvidos inusuales en personas mayores.
Cuándo hace falta atención urgente
La sangre espesa tiende a formar coágulos, y son ellos los que convierten un hallazgo de laboratorio en un riesgo vital. Estas señales no esperan a mañana: llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número único europeo 112).
- Ictus. La cara se tuerce de repente, un brazo pierde fuerza, el habla se enreda; pérdida brusca de visión en un ojo; dolor de cabeza repentino y muy intenso.
- Infarto. Dolor opresivo en el pecho de más de unos minutos, que se corre al brazo, al cuello o a la mandíbula, con sudor frío, náuseas y falta de aire.
- Trombosis venosa profunda. Hinchazón, dolor, dureza y calor en una sola pantorrilla o en un muslo.
- Embolia de pulmón. Falta de aire repentina, dolor torácico que aumenta al inspirar, tos con sangre, desmayo, palpitaciones.
- Trombosis de las venas del abdomen. Un problema propio de la policitemia vera: dolor abdominal creciente, vientre que se hincha deprisa, ictericia. Un coágulo en las venas del hígado o del intestino se presenta como un abdomen agudo, y la relación con la enfermedad de la sangre no se reconoce enseguida.
De dónde sale el exceso de glóbulos rojos
Las causas se agrupan en tres bloques, y de cuál sea el del paciente depende absolutamente todo lo que viene después.
Eritrocitosis relativa o aparente. El número de células es normal, pero ha disminuido el volumen del plasma, la parte líquida de la sangre, y en el análisis sale una concentración alta. Ocurre con la deshidratación, con los diuréticos, con el sobrepeso, con el consumo excesivo de alcohol y en fumadores. Es la situación más frecuente y la más reversible: corregida la causa, las cifras vuelven a su sitio.
Policitemia vera. Aquí la médula ósea fabrica células de más por su cuenta, sin ninguna señal externa. En la gran mayoría de los casos la responsable es una alteración adquirida del gen JAK2, que surge en las células sanguíneas a lo largo de la vida y no se hereda. Se trata de un tumor sanguíneo de evolución lenta y, además de los glóbulos rojos, suelen estar altas las plaquetas y los leucocitos. Es poco frecuente y la edad media al diagnóstico ronda los sesenta años.
Eritrocitosis secundaria. La médula funciona bien, pero recibe una señal excesiva: la eritropoyetina, hormona que fabrican los riñones cuando falta oxígeno. Las causas son:
- enfermedad pulmonar obstructiva crónica y otras enfermedades graves del pulmón;
- apnea del sueño, causa frecuente y fácil de pasar por alto: el oxígeno cae de noche y la persona solo sabe que ronca y no descansa;
- tabaquismo: el monóxido de carbono ocupa el sitio del oxígeno y el cuerpo responde fabricando más células;
- vivir a gran altitud;
- cardiopatías congénitas con cianosis;
- enfermedades del riñón: estrechamiento de las arterias renales, quistes, situación posterior a un trasplante;
- tumores productores de eritropoyetina, como el cáncer de riñón, el de hígado y algunos tumores del cerebelo y del útero;
- uso de testosterona y de esteroides anabolizantes, una causa que el paciente no suele contar y el médico no suele preguntar;
- alteraciones hereditarias raras de la hemoglobina o del receptor de la eritropoyetina, que se sospechan cuando la eritrocitosis viene de joven y hay familiares afectados.
Cómo se aclara la causa
Se empieza repitiendo el hemograma: un hematocrito alto aislado puede deberse a falta de líquidos, así que la sangre se extrae de nuevo en condiciones tranquilas y con la persona descansada. Un hematocrito y un recuento de hematíes altos de forma mantenida sí obligan a seguir. El estudio suele incluir:
- una anamnesis detallada: tabaco, alcohol, diuréticos, testosterona y suplementos, ronquidos y somnolencia diurna, trabajo en altura, antecedentes familiares;
- exploración con palpación del bazo y del hígado;
- medición de la saturación de oxígeno y, si se sospechan pausas respiratorias nocturnas, un estudio del sueño;
- eritropoyetina en sangre: baja apunta a policitemia vera, normal o alta a una causa secundaria;
- análisis de la mutación del gen JAK2, la prueba clave ante la sospecha de policitemia vera;
- ferritina: en esta enfermedad las reservas de hierro se agotan, y un hierro bajo con una hemoglobina alta es ya una pista;
- ecografía abdominal para valorar bazo, hígado y riñones;
- bioquímica, ácido úrico y función renal y hepática;
- estudio de la médula ósea, no en todos los casos sino cuando el cuadro no está claro o se sospecha otra enfermedad de la sangre.
Parte del estudio lo lleva el médico de cabecera y a partir de ahí interviene el hematólogo.
Qué se hace con esto
El tratamiento persigue dos objetivos: bajar la viscosidad de la sangre y corregir la causa. Las medidas dependen de lo que se haya encontrado.
- Sangrías. Es la forma más rápida de aligerar la sangre: en cada sesión se extrae una bolsa, igual que en una donación. Al principio se repiten a menudo y después se espacian, guiándose por el hematocrito, con el objetivo habitual de mantenerlo por debajo del 45 %. En la policitemia vera son la base del tratamiento.
- Dosis bajas de ácido acetilsalicílico. Reducen la tendencia de las plaquetas a agregarse. Se indican en la policitemia vera y también en otras formas cuando hay enfermedad cardiovascular. La decisión es del médico: si hay tendencia al sangrado, el balance entre beneficio y riesgo se invierte.
- Fármacos que frenan la médula ósea. Se emplean en la policitemia vera cuando las sangrías no bastan, hay alto riesgo de trombosis o el bazo está muy grande. Son la hidroxicarbamida, los interferones (preferidos en el embarazo y en pacientes jóvenes) y, si no responden, los inhibidores de las cinasas Janus.
- Corregir la causa. Dejar de fumar, perder peso, moderar el alcohol, revisar los diuréticos, tratar la apnea del sueño con un aparato de presión positiva, tratar la enfermedad pulmonar, suspender la testosterona o los anabolizantes, tratar un tumor renal. A menudo con eso basta para que las cifras se normalicen sin necesidad de hematología.
- Los demás riesgos. La tensión, el colesterol, el azúcar y el movimiento, evitando pasar horas inmóvil, pesan aquí más de lo habitual.
- Los síntomas. Para el picor ayudan las duchas templadas en lugar de calientes, las cremas emolientes y los antihistamínicos; si es rebelde, se actúa sobre la propia enfermedad. La gota se trata aparte.
Lo que ocurra después depende de la causa. La eritrocitosis relativa y la secundaria desaparecen al corregir el origen y no acortan la vida. La policitemia vera se queda, pero con el hematocrito controlado se convive con ella durante décadas; la amenaza principal son las trombosis, y a evitarlas se dirige el tratamiento. En algunos pacientes la médula acaba sustituyéndose por tejido cicatricial (mielofibrosis) y entonces las células sanguíneas, al contrario, escasean; en raras ocasiones la enfermedad evoluciona a una leucemia aguda. Por eso los análisis se repiten con regularidad incluso cuando todo va bien.
Consulta en línea
La eritrocitosis es un motivo muy propio de la videoconsulta: casi todo el trabajo se hace con documentos y con preguntas. El médico revisa las analíticas de varios años, no solo la última, y valora si la cifra sube o simplemente oscila. Repasa con usted todo lo que puede haber espesado la sangre: tabaco, alcohol, diuréticos, testosterona y suplementos deportivos, ronquido nocturno con pausas. Indica qué pruebas conviene tener hechas antes de acudir al hematólogo, como la eritropoyetina, la mutación JAK2, la ferritina o la ecografía abdominal. Explica qué significa la mutación encontrada. Si el diagnóstico ya está hecho, ayuda a entender el tratamiento pautado, sus efectos adversos y el calendario de controles, y permite hablar de embarazo y de viajes. Y deja claros los signos de trombosis ante los cuales no toca una consulta a distancia, sino una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Eritrocitosis
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