Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)
Esta enfermedad no tiene un día de comienzo. Alguien fuma durante dos o tres décadas, después nota que sube las escaleras más despacio y lo achaca a la edad…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: INHALACIÓN PULMONAR, 160 microgramos / 4,5 microgramosPrincipio activo: formoterol and budesonideFabricante: Laboratorio Tau S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: INHALACIÓN PULMONAR, 80 µg budesonida/4.5 µg de formoterol/inhalaciónPrincipio activo: formoterol and budesonideFabricante: Astrazeneca Farmaceutica Spain S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: INHALACIÓN PULMONAR, 160 microgramos / 4,5 microgramosPrincipio activo: formoterol and budesonideFabricante: Teva Pharma B.V.Requiere receta
Esta enfermedad no tiene un día de comienzo. Alguien fuma durante dos o tres décadas, después nota que sube las escaleras más despacio y lo achaca a la edad y a los kilos de más. Llega a la consulta cuando los pulmones ya han perdido una parte importante de su trabajo, y eso no se recupera. En cambio, sí se puede frenar la caída que viene después, y ahí lo decide todo lo pronto que la persona reaccione. A continuación, qué ocurre exactamente en los pulmones, por qué signos se reconoce la enfermedad antes de que estreche la vida, y qué parte del tratamiento cambia realmente su curso.
Qué ocurre dentro del pulmón
Bajo un mismo nombre se reúnen dos procesos que suelen ir juntos.
- Bronquitis crónica: las paredes de los bronquios están permanentemente inflamadas, engrosadas y producen demasiada mucosidad. La luz del bronquio se estrecha y expulsar el esputo cuesta.
- Enfisema: se destruyen los tabiques entre los alvéolos, las bolsitas donde la sangre recoge el oxígeno. En lugar de muchas pequeñas quedan cavidades grandes y flácidas, la superficie de intercambio disminuye y el pulmón pierde elasticidad.
Por esa pérdida de elasticidad, la dificultad principal no está en coger aire, sino en soltarlo. Los bronquios finos se colapsan al espirar, parte del aire se queda dentro y la siguiente inspiración hay que hacerla sobre un tórax ya insuflado. Se entiende así por qué lo peor es andar deprisa: cuanto más rápida es la respiración, menos tiempo hay para espirar y más se hincha el pulmón. Por el mismo motivo ayuda soltar el aire con los labios fruncidos, en un chorro fino: así los bronquios se mantienen abiertos un poco más.
El estrechamiento de la EPOC no desaparece del todo ni siquiera después del inhalador. En eso se diferencia del asma, donde la vía aérea se cierra y se vuelve a abrir casi hasta la normalidad y donde las crisis suelen relacionarse con un alérgeno, con la noche o con el frío. Distinguirlas importa: los fármacos y el pronóstico son distintos y confundirlas es fácil, más aún porque algunas personas tienen las dos cosas.
Signos que se suelen achacar a la edad
Lo primero que aparece no es la tos, sino un desajuste: lo que antes se hacía sobre la marcha ahora obliga a parar. En qué conviene fijarse:
- falta de aire con el esfuerzo que, año tras año, llega cada vez antes: primero en una cuesta, luego en llano, luego al vestirse;
- tos casi todas las mañanas, en general con esputo transparente o blanquecino;
- silbidos al respirar y sensación de opresión en el pecho;
- catarros que cada vez «bajan al pecho» y se alargan tres o cuatro semanas;
- la costumbre, inadvertida para uno mismo, de evitar el esfuerzo: caminar menos, no subir sin ascensor, aparcar más cerca.
Una referencia sencilla: si va por una calle llana más despacio que la gente de su edad y si tiene que pararse a recuperar el aliento. Si es así, ha pasado de los cuarenta y hay años de tabaco o un trabajo con polvo detrás, eso ya es motivo de consulta y no algo para seguir observando.
La pérdida de peso, la pérdida de masa muscular y la hinchazón de los tobillos aparecen más tarde e indican que la enfermedad está avanzada. En cambio, la sangre en el esputo y el dolor torácico no forman parte del cuadro habitual de la EPOC: exigen un estudio aparte, porque detrás puede haber otra causa, incluido un tumor de pulmón.
No solo el tabaco
El tabaco ocupa el primer lugar con mucha diferencia, y cuanto más tiempo y más cantidad se ha fumado, mayor es el riesgo. Pero aproximadamente uno de cada cinco enfermos no ha fumado nunca, así que «yo no fumo» no descarta el diagnóstico. Las demás vías son estas:
- polvos y vapores en el trabajo: polvo de carbón y de sílice, de grano y de algodón, humos de soldadura, isocianatos, cadmio;
- el humo de estufas y fuego abierto en viviendas mal ventiladas, que en muchos países es la causa principal de la enfermedad en mujeres no fumadoras;
- aire urbano muy contaminado;
- infecciones pulmonares graves en la infancia, gran prematuridad, asma mal controlada: todo ello deja el pulmón con menos reserva;
- el humo ajeno, también el respirado de niño.
Merece un apartado una causa hereditaria poco frecuente, el déficit de alfa-1-antitripsina. Esta proteína protege el tejido pulmonar de las propias enzimas del cuerpo; cuando escasea, el pulmón se destruye solo, sin necesidad de tabaco. Conviene sospecharlo si la EPOC aparece antes de los cuarenta y cinco años, si la persona nunca ha fumado, si el enfisema de la imagen predomina en los lóbulos inferiores y no en los superiores, si hay varios familiares afectados o si junto a la enfermedad pulmonar existe una enfermedad del hígado sin explicación. Se comprueba con un solo análisis de sangre y vale la pena hacerlo: el diagnóstico cambia el seguimiento, la conversación sobre el puesto de trabajo y lo que deben saber los hijos y los hermanos.
Qué muestra la espirometría
El diagnóstico no se hace con una radiografía ni con los síntomas, sino con una prueba respiratoria. La persona toma todo el aire que puede y lo suelta en un tubo con la mayor fuerza y durante todo el tiempo que aguante; el aparato calcula cuánto aire ha salido en el primer segundo y cuánto en total. Después se administra un broncodilatador y se repite. Si incluso entonces la proporción de aire expulsada en el primer segundo se mantiene por debajo del 70 por ciento del volumen total, se trata de una obstrucción persistente y no del todo reversible: eso es la EPOC. La misma prueba muestra hasta dónde ha llegado el proceso y sirve de punto de partida para el futuro.
Completan el cuadro:
- radiografía o tomografía de tórax, para ver el enfisema y descartar un tumor, tuberculosis o secuelas de neumonías pasadas;
- medición de la saturación de oxígeno en el dedo y, si los valores son bajos, gasometría arterial;
- análisis de sangre: de paso se comprueba si hay anemia o, al contrario, un aumento de glóbulos rojos como respuesta a la falta de oxígeno, y se miran los eosinófilos, de los que depende la elección del inhalador;
- determinación de alfa-1-antitripsina en los casos descritos más arriba;
- ecocardiografía si hay hinchazón de piernas y sospecha de sobrecarga del corazón derecho.
La agudización: cuándo no se puede esperar al lunes
Una agudización es un empeoramiento brusco por encima del estado habitual, casi siempre por una infección vírica o bacteriana. El esputo aumenta, se espesa y cambia de color a amarillo o verde, la falta de aire crece y los silbidos se oyen de forma continua. Ninguno de estos episodios pasa sin dejar huella: después la función pulmonar a menudo ya no vuelve al nivel anterior, así que las agudizaciones no se aguantan, se tratan, y cuanto antes, menos se pierde.
Llame de inmediato a emergencias (en Europa, el 112) si aparece alguna de estas situaciones:
- falta de aire en reposo que impide terminar una frase;
- labios, lengua o puntas de los dedos de color azulado o grisáceo;
- confusión, somnolencia inusual, dificultad para despertar a la persona o desorientación sobre dónde está;
- respiración rápida y superficial en la que participan los músculos del cuello y del abdomen;
- dolor en el pecho, sobre todo opresivo o relacionado con la respiración;
- sangre en el esputo;
- fiebre con escalofríos junto a un aumento brusco de la falta de aire.
La confusión y la somnolencia engañan: parecen tranquilas y significan que se está acumulando dióxido de carbono en la sangre. Es una de las situaciones más peligrosas de la EPOC y aquí no se puede esperar.
Qué frena de verdad la enfermedad
El tejido pulmonar destruido no se recupera, y prometer lo contrario no es honesto. Pero la velocidad con la que la enfermedad avanza sí se puede influir, y el bienestar diario todavía más.
- Dejar de fumar. Es lo único que ha demostrado frenar la caída de la función pulmonar, y funciona en cualquier fase. Poca gente lo consigue sola, así que conviene preguntar al médico por los sustitutivos de nicotina y por los fármacos con receta: con apoyo, las probabilidades se multiplican.
- Inhaladores. La base son los broncodilatadores de acción prolongada, a menudo dos clases en un mismo dispositivo; el inhalador de acción rápida queda para la falta de aire repentina. Los corticoides inhalados no se añaden a todo el mundo, sino a quien tiene agudizaciones frecuentes o eosinófilos altos. Pida además al médico o a la enfermera que le miren cómo hace la inspiración: un error de técnica anula cualquier fármaco, y es un fallo muy común.
- Rehabilitación respiratoria. Un programa de varias semanas con ejercicio dosificado y formación. Por su efecto sobre la falta de aire y la resistencia es comparable a los medicamentos, a veces superior, y sigue siendo el punto más infravalorado de la lista.
- Vacunas. Cada año la de la gripe, y además la del neumococo y la de la covid-19 según la pauta de su país. La lógica es directa: menos infecciones, menos agudizaciones.
- Oxígeno en casa. No se indica por la sensación de falta de aire, sino por un nivel de oxígeno en sangre bajo de forma mantenida y confirmado con pruebas. En ese caso alarga la vida, pero hay que usarlo muchas horas al día.
- Cirugía. La reducción de volumen pulmonar, la extirpación de grandes cavidades o el trasplante solo se plantean en una minoría de personas y con determinados hallazgos en la tomografía.
De lo cotidiano, lo más importante es el movimiento: cuanto menos anda uno por la falta de aire, más débiles quedan los músculos y más ahogo produce el mismo esfuerzo; ese círculo solo se rompe moviéndose. Vigile el peso en los dos sentidos: el exceso carga la respiración y la falta indica pérdida de músculo y empeora el pronóstico. Es útil tener por escrito un plan de actuación para las agudizaciones, acordado con el médico, para no perder días dudando. Y no deje de lado la ansiedad y el ánimo bajo: en la EPOC son muy frecuentes, aumentan la sensación de ahogo y tienen tratamiento.
Consulta en línea
A distancia se resuelven bien dos cuestiones. La primera, si detrás de su falta de aire y de la tos matutina hay una EPOC y qué estudio tiene sentido hacer: el médico repasa los años de tabaco, el trabajo y el tipo de esfuerzo con el que se corta la respiración, e indica qué prueba hace falta en primer lugar. La segunda, qué hacer con un diagnóstico ya establecido: revisar la técnica de inhalación, analizar por qué se han vuelto más frecuentes las agudizaciones, preparar un plan de actuación ante un empeoramiento, hablar de las vacunas y de por dónde empezar a dejar el tabaco. Los signos de la lista anterior no se valoran a distancia: con ellos hace falta atención urgente.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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