En esta página
- Cómo se nota
- Cuándo un dolor de cabeza necesita ayuda urgente
- Cuándo consultar el mismo día o esta semana
- Esto no es una migraña: en qué se diferencian
- Cuando el analgésico es lo que mantiene el dolor
- Qué convierte un dolor ocasional en frecuente
- Qué ayuda sin pastillas
- Medicamentos: para cortar y para prevenir
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente prescritos para Cefalea tensional
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 500 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Laboratorios Cinfa S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 200 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Farmalider S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE PERFUSION, 600 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: B. Braun Melsungen AgRequiere receta
Es el dolor de cabeza más frecuente que existe: la mayoría de las personas lo tiene alguna vez a lo largo de la vida. No es peligroso y no anuncia nada grave, y quizá por eso rara vez se cuenta de él lo que de verdad conviene saber. Y hay algo incómodo que conviene saber: en quienes tienen dolor de cabeza varias veces al mes, el culpable no suele ser el estrés ni la postura, sino la pastilla con la que se quitan ese dolor. De ella hablaremos un poco más abajo; antes, cómo es este dolor y cuándo la cabeza duele por otra cosa.
Cómo se nota
Su retrato es bastante reconocible.
- Es un dolor opresivo, como un aro, un casco o un gorro apretado. No pulsátil.
- Suele ser bilateral: frente, sienes, nuca, a veces con sensación de tirantez en el cuello y los hombros.
- De intensidad leve o moderada. Con él se puede trabajar, conducir, terminar la página.
- La actividad normal no lo empeora. Subir escaleras, caminar, agacharse resulta soportable.
- No hay náuseas ni vómitos. La luz fuerte y el ruido pueden molestar un poco, pero no dan ganas de encerrarse en una habitación a oscuras.
- Dura desde media hora hasta varios días. Los músculos del cuello y de la cabeza suelen doler al palparlos.
Estos episodios aparecen a veces de forma esporádica y a veces casi a diario. Si la cabeza duele quince días al mes o más durante varios meses, se habla de cefalea tensional crónica, y el planteamiento cambia: lo que hay que abordar no es cada episodio, sino por qué se han vuelto tantos.
Cuándo un dolor de cabeza necesita ayuda urgente
La cefalea tensional no produce ninguno de los signos que siguen. Si aparece alguno de ellos, no es tensión y el tiempo cuenta.
Hay que llamar a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número europeo único 112) si:
- el dolor apareció de golpe y alcanzó su máximo en cuestión de segundos, «como un golpe en la cabeza». Ese dolor exige estudio aunque una hora después haya mejorado;
- al dolor se suman fiebre alta, rigidez de nuca que impide pegar la barbilla al pecho, intolerancia a la luz, erupción cutánea o confusión;
- aparecen debilidad o adormecimiento en un brazo o una pierna, desviación de la cara, alteración del habla o de la visión, inestabilidad o convulsiones;
- la persona se vuelve somnolienta, lenta, y deja de entender dónde está y qué ocurre;
- un dolor de cabeza intenso empieza después de un traumatismo craneal, incluso días más tarde, sobre todo en personas mayores y en quienes toman anticoagulantes.
Cuándo consultar el mismo día o esta semana
Estos signos no exigen una ambulancia, pero tampoco se pueden dejar para más adelante:
- el dolor de cabeza aparece por primera vez después de los cincuenta años o cambia claramente respecto al habitual;
- el dolor empeora al tumbarse, despierta por la noche o es máximo al levantarse, sobre todo si por la mañana hay vómitos, y también si aumenta al toser, estornudar o hacer fuerza;
- el dolor va creciendo día tras día a lo largo de semanas;
- en una persona mayor de cincuenta años duele la sien, el cuero cabelludo está sensible al tacto y la mandíbula se cansa y duele al masticar; y si en ese contexto la visión empeora, la atención debe ser inmediata;
- el dolor aparece en alguien con un cáncer, con las defensas bajas, embarazada o en las primeras semanas tras el parto;
- el dolor se acompaña de enrojecimiento del ojo, escozor y visión borrosa con halos alrededor de las luces.
Esto no es una migraña: en qué se diferencian
Distinguirlas importa no por afán de precisión, sino porque se tratan de forma distinta.
- Tipo de dolor. En la tensional, opresivo. En la migraña, más bien pulsátil.
- Lado. La tensional suele ser de los dos lados. La migraña, más a menudo de uno, aunque no siempre.
- Intensidad. La tensional es leve o moderada. La migraña, moderada o intensa, y con frecuencia incapacita.
- Reacción al movimiento. Es el rasgo más práctico: la migraña empeora con la actividad física habitual, al caminar o subir escaleras, y la persona tiende instintivamente a quedarse quieta. La cefalea tensional no cambia por eso, y a veces un paseo incluso la alivia.
- Acompañamiento. En la migraña hay náuseas y vómitos, marcada intolerancia a la luz y al ruido y necesidad de tumbarse a oscuras y en silencio. En la tensional eso no es lo propio.
- Avisos previos. A algunas personas la migraña les llega precedida de un aura: zigzags brillantes en el campo visual, pérdida de una parte del campo, adormecimiento de un brazo o de la cara, dificultad para hablar, en general de cinco a sesenta minutos.
Una cosa no excluye la otra: una misma persona puede tener migrañas y cefaleas tensionales, y cada una hay que abordarla por separado. Y la tercera posibilidad, la que suele olvidarse, es el tema del apartado siguiente.
Cuando el analgésico es lo que mantiene el dolor
Esto es lo principal que merece la pena llevarse de esta página.
Si se toman analgésicos más de unos pocos días por semana, ellos mismos empiezan a provocar dolor de cabeza. Se llama cefalea por uso excesivo de analgésicos, o cefalea por abuso de medicación, y es la causa más frecuente de que un dolor de cabeza ocasional se convierta en diario.
El mecanismo es circular y por eso engaña. La persona toma una pastilla, el dolor se va unas horas y, cuando el efecto termina, vuelve, a veces con más fuerza. Toma otra. Al cabo de unos meses la cabeza duele casi todos los días, con frecuencia desde primera hora, las pastillas funcionan cada vez peor y durante menos tiempo, pero sin ellas se está aún peor. Desde fuera parece que «la enfermedad ha empeorado», cuando lo que ha aumentado es el tratamiento.
Referencias para sospecharlo:
- analgésicos simples —paracetamol, ibuprofeno y similares— tomados quince días al mes o más;
- preparados combinados (los que añaden cafeína o codeína al analgésico), fármacos para la migraña del grupo de los triptanes y cualquier analgésico con codeína, tomados diez días al mes o más;
- dicho de forma sencilla: si se necesita un analgésico más de dos días por semana y así durante meses, ya hay riesgo.
La buena noticia es que es reversible: tras la retirada, la mayoría de las personas pasa a tener bastantes menos días de dolor. La mala es que las primeras una o dos semanas suelen ser peores que antes, con más dolor, náuseas, irritabilidad y mal sueño. Es justo en ese punto donde la gente cede y concluye que «sin pastillas no puede».
Por eso hay que salir de aquí con un médico, no en solitario. El médico decidirá qué se retira y cómo, de golpe o poco a poco, con qué cubrir ese periodo, si conviene empezar a la vez un tratamiento preventivo y si la retirada requiere hacerse ingresado. Un apunte aparte: los fármacos con codeína y otros opioides llevan a esta trampa especialmente rápido, y tampoco se pueden dejar de golpe por cuenta propia.
Qué convierte un dolor ocasional en frecuente
Además de las pastillas, hay cosas muy cotidianas que influyen bastante en el número de días con dolor.
- El sueño. Tanto dormir poco como recuperar horas el fin de semana provocan dolor por igual. A la cabeza le conviene más una hora fija de levantarse que un total de horas.
- La cafeína. Funciona en los dos sentidos: mucho café provoca dolor, y dejar de golpe la dosis habitual da dolor de cabeza de abstinencia durante unos días. Hay que reducirla poco a poco.
- Saltarse comidas y beber poco. Los intervalos largos sin comer son un motivo frecuente y fácil de corregir.
- Apretar los dientes. Apretar la mandíbula de día y rechinar los dientes de noche dan exactamente este dolor, en las sienes y a los lados de la cabeza, a menudo por la mañana y con la mandíbula cansada. Conviene comentarlo con el dentista.
- Las posturas largas y quietas. No se trata tanto de «mala postura» como de inmovilidad: varias horas en la misma posición ante la pantalla o al volante.
- La vista. Si la cabeza duele al final de la jornada y por la tarde el texto se emborrona, tiene sentido revisarse la vista: las gafas pueden no ser las adecuadas, o ya no serlo.
- Alcohol, deshidratación, tensión emocional y ansiedad, con un peso distinto en cada persona.
Para saber qué influye en su caso ayuda un diario: durante dos o tres semanas, anotar los días con dolor, su intensidad, las pastillas tomadas, el sueño y lo que pasó. Es aburrido, pero es el diario el que suele destapar la relación que uno no había visto, y de paso el número real de días con analgésico.
Qué ayuda sin pastillas
En los episodios ocasionales basta con cosas sencillas: salir a la calle, moverse, comer, beber agua, dormir. Una ducha templada o una bolsa de calor en el cuello y los hombros relajan la musculatura; a otras personas les alivia más un paño fresco en la frente. El masaje del cuello, las sienes y los músculos de la masticación dura poco, pero funciona.
Cuando los días de dolor se cuentan por decenas, lo que sirve es otra cosa: lo que se hace de forma regular, no en el momento del episodio.
- Actividad física regular. Moderada pero constante: caminar, nadar o ir en bicicleta varias veces por semana. Es una de las pocas medidas con efecto demostrado sobre la frecuencia del dolor.
- Trabajo sobre la tensión. Ejercicios de respiración, relajación muscular progresiva, atención plena. El efecto es acumulativo: se nota tras semanas de sesiones cortas diarias, no después de una vez.
- Terapia cognitivo-conductual y aprendizaje de manejo del estrés. En la cefalea tensional frecuente es un método demostrado, no un «apoyo opcional».
- Sesiones con un fisioterapeuta cuando hay mucha tensión en cuello y hombros: ejercicios, no procedimientos pasivos.
- Rutina. Horario fijo de sueño, comidas regulares, pausas cada hora de trabajo.
Medicamentos: para cortar y para prevenir
Aquí es importante distinguir dos tratamientos distintos.
Cortar el episodio. Sirven los analgésicos simples: paracetamol y antiinflamatorios no esteroideos como el ibuprofeno o el naproxeno. Funcionan mejor si se toman al principio y no después de varias horas aguantando. La aspirina también es eficaz en adultos, pero a niños y adolescentes no se les da. En el embarazo, cualquier analgésico se toma solo de acuerdo con el médico. Y la regla que se desprende del apartado anterior: cuente días, no pastillas. Hay que mantenerse dentro de unos pocos días por semana, y los preparados combinados con cafeína y codeína es mejor evitarlos del todo cuando el dolor es frecuente.
Reducir la frecuencia. Si el dolor ocupa muchos días al mes, con analgésicos no se resuelve: hace falta un tratamiento preventivo, que se toma a diario haya dolor o no. Lo más habitual es un antidepresivo tricíclico a dosis baja. No se receta porque el dolor sea «de los nervios»: a dosis bajas estos fármacos cambian la forma en que el sistema nervioso transmite las señales de dolor, y actúan al margen del estado de ánimo. Conviene saberlo de antemano, porque si no la receta parece un malentendido ofensivo.
De este tratamiento conviene saber tres cosas: la dosis se ajusta poco a poco, de menos a más; el efecto no se espera antes de cuatro a ocho semanas; y la pauta suele durar varios meses, tras los cuales el fármaco se retira igual de despacio. Dejarlo a la semana pensando que no funciona es el error más frecuente. A veces se usan otros fármacos, y con mucha tensión en la musculatura cervical el médico puede añadir un tratamiento local.
Consulta en línea
El dolor de cabeza es un asunto que en consulta a distancia se resuelve casi mejor que en persona: aquí lo decisivo es una conversación detallada, no la exploración. El médico preguntará cómo es el dolor, cuántos días al mes ocupa y, sin falta, cuántos días al mes se toman analgésicos; muchas veces es esa pregunta la que da el diagnóstico. A partir de ahí hay tres tareas: separar la cefalea tensional de la migraña y de la cefalea por medicación; planificar la salida del círculo de los analgésicos, si ya se ha cerrado, y acompañar a la persona en las primeras semanas duras; y elegir el tratamiento preventivo y dirigirlo durante los meses que tarda en hacer efecto. También entran aquí la revisión del diario de cefalea y la decisión sobre las pruebas: con un cuadro típico y una exploración neurológica normal, las pruebas de imagen no suelen hacer falta, y eso también conviene oírlo con claridad. En cambio, ante cualquiera de las señales de alarma citadas más arriba la conversación no puede posponerse, y algunas de ellas no requieren una consulta sino una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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