En esta página
- Cómo se manifiesta
- Brotes, remisión y qué los desencadena
- Señales de brote grave: aquí hace falta hospital
- Cómo se confirma el diagnóstico
- Con qué se corta un brote
- Lo esencial: el tratamiento de mantenimiento se toma también cuando se está bien
- Sobre la comida, con franqueza
- Riesgo de cáncer de colon y por qué se repite la colonoscopia
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente prescritos para Colitis ulcerosa
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: INYECTABLE, 10 mg/0,20 mlPrincipio activo: MetotrexatoFabricante: Accord Healthcare S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 50 mg/mlPrincipio activo: MetotrexatoFabricante: Accord Healthcare S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 500 mgPrincipio activo: mesalazinaFabricante: Ferring S.A.Requiere receta
La colitis ulcerosa es una inflamación crónica de la mucosa del colon y del recto. Por motivos que aún no se comprenden del todo, el sistema inmunitario empieza a actuar contra el propio intestino: la mucosa se enrojece, se hincha y aparecen pequeñas úlceras que sangran. La enfermedad no desaparece sola ni se cura con un ciclo de pastillas, pero se controla bien: la mayoría de las personas con colitis ulcerosa pasan años sin síntomas. La diferencia entre «la enfermedad me condiciona la vida» y «apenas la noto» depende casi siempre de una sola cosa, y más abajo la decimos sin rodeos.
Cómo se manifiesta
El signo principal son las deposiciones líquidas con sangre, moco o pus que se repiten día tras día. A eso se suman las ganas urgentes y repentinas de ir al baño, la sensación de no haber terminado, los falsos avisos en los que solo sale moco y un dolor cólico en la parte baja del abdomen, más a menudo en el lado izquierdo. Cuando la inflamación se limita al recto, las heces pueden seguir siendo formadas y aun así llevar sangre suficiente para asustar a cualquiera.
Mucha gente lo achaca durante meses a las hemorroides o a algo que le sentó mal. La referencia es sencilla: una descomposición puntual se resuelve en unos días, mientras que la colitis ulcerosa dura semanas y vuelve. La sangre en las heces siempre justifica una consulta médica, sea cual sea su edad.
La enfermedad rara vez se queda en el intestino. En aproximadamente una de cada tres personas la inflamación afecta también a otros órganos: articulaciones grandes doloridas e hinchadas, ojos rojos y con escozor, llagas en la boca, nódulos duros y dolorosos en las piernas. Merece mención aparte el cansancio: no es pereza, sino una consecuencia directa de la inflamación y de la pérdida de sangre, y hay que contárselo al médico igual que se cuentan las deposiciones.
Brotes, remisión y qué los desencadena
El curso es ondulante. Durante semanas, meses y a veces años apenas hay síntomas: eso es la remisión. Después la inflamación vuelve a encenderse. El momento exacto no se puede predecir, pero sí se conocen las circunstancias que aumentan la probabilidad de un brote, y algunas dependen de nosotros.
La causa más frecuente de brote es haber abandonado el tratamiento de mantenimiento. Hay una sección entera sobre esto más abajo, pero es lo primero en lo que piensa el digestólogo cuando alguien que estaba en remisión reaparece con sangre en las heces.
La segunda son los analgésicos antiinflamatorios no esteroideos. El ibuprofeno, el diclofenaco, el naproxeno y sus parientes, que se venden sin receta y que casi todo el mundo toma para el dolor de cabeza o de muelas, pueden reactivar la inflamación intestinal en quien tiene colitis ulcerosa. No es una prohibición de calmar el dolor: significa que el analgésico se elige junto con el médico y que ese «ibuprofeno de siempre» del botiquín deja de ser inofensivo en esta enfermedad.
La tercera son las infecciones intestinales y los antibióticos. Una intoxicación alimentaria puede desencadenar un brote, y un ciclo de antibióticos recetado por cualquier otro motivo altera la flora intestinal y a veces abre la puerta a una infección por clostridios. Por eso, ante un empeoramiento repentino, lo primero que pide el médico es un análisis de heces para descartar Clostridioides difficile y las infecciones intestinales habituales: el tratamiento es distinto, y reforzar aquí la inmunosupresión sería un error. El estrés no provoca la enfermedad, pero en periodos de mucha tensión los brotes son más frecuentes.
Señales de brote grave: aquí hace falta hospital
El brote leve y el moderado se tratan en casa. El grave se trata ingresado, y con él no se puede esperar «al lunes» ni «a ver si se calma solo»: avanza en pocos días y a veces en horas.
Busque atención urgente el mismo día si aparece aunque sea uno de estos signos:
- deposiciones con sangre seis veces al día o más, sobre todo si también ocurren de noche;
- fiebre junto con los síntomas intestinales;
- pulso rápido, debilidad, mareo al levantarse, desmayo;
- dolor abdominal intenso y continuo, distinto de los retortijones habituales antes de ir al baño;
- hinchazón visible del abdomen, en especial si las deposiciones se han cortado de golpe;
- vómitos persistentes e incapacidad de beber.
La combinación de distensión abdominal con dolor, fiebre y pulso acelerado es especialmente preocupante: así se manifiesta la dilatación tóxica aguda del colon (megacolon tóxico), una complicación rara pero potencialmente mortal en la que el colon inflamado y distendido puede perforarse. Se instaura deprisa y exige hospital y vigilancia por parte de un cirujano. Ante un empeoramiento brusco con dolor abdominal intenso, palidez y confusión, llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona el número único 112). Y una trampa que conviene señalar: durante un brote grave no se deben tomar medicamentos que frenan la diarrea, porque al retener el contenido en un intestino inflamado pueden favorecer precisamente esa distensión.
Cómo se confirma el diagnóstico
El diagnóstico no se establece por la descripción de los síntomas, porque demasiadas afecciones dan los mismos. Se empieza por las pruebas: el hemograma muestra la anemia y la inflamación, y el análisis de heces descarta una infección intestinal. Hay una prueba especialmente útil, la calprotectina fecal, que distingue la inflamación de la pared intestinal de los trastornos funcionales como el síndrome del intestino irritable, en el que el intestino no está inflamado.
La prueba decisiva es la endoscopia. Se introduce por el recto un tubo flexible con cámara, se examina la mucosa y se toman pequeñas muestras de tejido. Para el diagnóstico inicial suele hacer falta una colonoscopia completa: importa saber hasta dónde llega la inflamación, porque de ello dependen el tratamiento y el seguimiento posterior. Se realiza con analgesia o sedación, y el día anterior se prepara el intestino con una solución específica.
Durante el estudio el médico diferencia la colitis ulcerosa de la enfermedad de Crohn, la otra enfermedad inflamatoria intestinal. Se parecen, pero en la enfermedad de Crohn la inflamación puede situarse en cualquier tramo del tubo digestivo y atraviesa toda la pared, mientras que en la colitis ulcerosa solo está afectada la mucosa del colon, de forma continua y empezando por el recto. La distinción no es académica: el tratamiento y el pronóstico son distintos.
Con qué se corta un brote
Ningún fármaco elimina aquí la causa: todos apagan la reacción inmunitaria excesiva para que la mucosa cicatrice. La elección la dirige el digestólogo y depende de la extensión de la inflamación y de la gravedad del brote.
En el brote leve y moderado la base son los aminosalicilatos (5-ASA). Se toman por vía oral y, cuando están afectados el recto y el colon izquierdo, también por vía local: supositorios, espuma o enemas. Vale la pena insistir en las formas locales, que muchos descartan por incómodas: en la afectación baja funcionan mejor que las pastillas, porque llevan el medicamento directamente a la zona inflamada.
Si no basta, se añaden corticoides en ciclo corto con reducción progresiva de la dosis. Cortan bien el brote, pero no sirven para tomarlos siempre: a largo plazo adelgazan el hueso y favorecen cataratas, subidas de azúcar y de tensión arterial. Cuando no se logra prescindir de ellos, se pasa a inmunosupresores y, en las formas moderadas y graves, a fármacos biológicos o a moléculas dirigidas en comprimidos. Con estos tratamientos hacen falta análisis de sangre periódicos y prudencia ante las infecciones.
En el brote grave la medicación se administra por vía intravenosa en el hospital. Si tampoco así se controla, se extirpa el colon. La cirugía suena temible, pero conviene entenderla bien: quitar el colon libera de la colitis ulcerosa para siempre, y las técnicas actuales permiten en la mayoría de los casos evitar una bolsa permanente.
Lo esencial: el tratamiento de mantenimiento se toma también cuando se está bien
El tratamiento de mantenimiento son los medicamentos que se toman en remisión, cuando no duele nada. Es justamente el que más se abandona, y ese abandono es la primera causa de brotes. El razonamiento se entiende: no hay síntomas, uno se encuentra como siempre, la caja lleva meses sin abrirse, ¿para qué tomar pastillas estando sano? Pero en la colitis ulcerosa la remisión no se sostiene sola, se sostiene sobre el medicamento. Se retira el medicamento y la inflamación vuelve, a veces al mes y a veces al medio año.
El segundo argumento se conoce mucho menos: tomar aminosalicilatos de forma continuada no solo mantiene la remisión, sino que además, según los datos disponibles, reduce el riesgo de cáncer de colon. La pastilla de las épocas tranquilas cumple dos funciones a la vez.
En la práctica esto se traduce en lo siguiente. No suspenda el tratamiento de mantenimiento por su cuenta, aunque lleve un año encontrándose perfectamente. Si tomarlo le resulta pesado —demasiados comprimidos, efectos secundarios, coste, una forma incómoda—, dígaselo al médico en voz alta: casi siempre hay con qué sustituirlo o cómo simplificar la pauta. Una dosis olvidada no se dobla, simplemente se continúa.
Sobre la comida, con franqueza
No existe una dieta universal para la colitis ulcerosa, y la dieta no es la causa de la enfermedad. Conviene decirlo claro, porque alrededor del tema circulan muchos consejos rotundos por los que hay personas que llevan años comiendo cinco alimentos y llegan a la consulta con déficit de hierro y de vitaminas.
Lo que sí se sabe con certeza es otra cosa: en remisión la gran mayoría come de todo, con normalidad. Durante un brote es razonable pasar temporalmente a un régimen suave: comer poco y más veces, reducir la fibra basta, lo picante y lo graso, limitar el café y el alcohol y beber mucho, porque con deposiciones líquidas frecuentes la deshidratación llega deprisa.
La intolerancia individual a ciertos alimentos existe, y para detectarla ayuda un diario de comidas: apunte qué comió y cómo se encontró, y en unas semanas el patrón se hará visible. Pero no hay que eliminar grupos enteros de alimentos —lácteos, todos los cereales, toda la verdura— sin hablarlo con el médico: así se pierden calcio, vitamina D, hierro y proteínas, y la enfermedad no cede por ello. En los cursos largos y en quienes reciben corticoides, el médico vigila el estado óseo y el hierro y prescribe suplementos si hacen falta.
Riesgo de cáncer de colon y por qué se repite la colonoscopia
Esto suele desconocerse y conviene saberlo. La inflamación prolongada de la mucosa del colon aumenta el riesgo de que se desarrolle un cáncer en él. El riesgo no es igual para todos: es mayor si la enfermedad dura muchos años, si la inflamación abarca gran parte del colon, si los brotes son graves y frecuentes, si hay antecedentes familiares de cáncer intestinal o si coexiste una colangitis esclerosante primaria.
Por eso a las personas con colitis ulcerosa se les hacen colonoscopias periódicas: no porque se sospeche nada, sino de forma programada. Se empieza habitualmente unos años después de los primeros síntomas y luego se repiten con el intervalo que el médico fija para cada caso. La idea es detectar los cambios de la mucosa en la fase en que todavía no son un cáncer y basta con extirparlos.
La conclusión es una: no se salte la colonoscopia programada aunque se encuentre estupendamente. Los cambios iniciales no dan ninguna señal, y los síntomas que permitirían sospechar un cáncer intestinal —sangre en las heces, diarrea, dolor abdominal— ya están presentes en la colitis ulcerosa, así que aquí no sirven de aviso.
Consulta en línea
En la colitis ulcerosa surgen preguntas constantemente entre una visita al digestólogo y la siguiente, y la mayoría se resuelven hablando. La consulta en línea sirve para repasar los primeros síntomas y saber qué pruebas conviene hacerse antes de acudir al especialista, para comentar un diagnóstico ya establecido y los resultados de las exploraciones, y para aclarar la pauta prescrita: cómo tomarla, qué esperar, qué hacer con los efectos secundarios y por qué no hay que parar en cuanto se nota mejoría.
A distancia también es cómodo tratar lo que no da tiempo a preguntar en la consulta presencial: qué analgésico puede usar en lugar del habitual, qué hacer si le han recetado un antibiótico por otro motivo, cuándo toca recordar la colonoscopia programada, cómo planificar un embarazo y qué conviene ajustar del tratamiento con antelación. Si por su descripción el médico detecta signos de brote grave, se lo dirá de inmediato y le indicará que acuda al hospital.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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