Ojos llorosos
La lágrima se acumula en el borde del párpado y se derrama, la vista se nubla y se aclara, el pañuelo va siempre en el bolsillo y al final del día la piel de…
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- Sobra lágrima o no tiene por dónde salir
- La paradoja: casi siempre los ojos lloran de secos
- La lágrima se queda en el ojo: la vía de salida obstruida
- Párpados que hacen llorar al ojo
- Alergia, infección y medicamentos
- Cuando le lloran los ojos a un bebé
- Lo que no se puede pasar por alto
- Qué puede hacer uno mismo y qué es mejor no hacer
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente recetados para Ojos llorosos
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de tomar cualquier medicamento.
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La lágrima se acumula en el borde del párpado y se derrama, la vista se nubla y se aclara, el pañuelo va siempre en el bolsillo y al final del día la piel de debajo del ojo está roja de tanto secarla. Quien tiene esta molestia suele buscar algo que «seque» el ojo, y casi siempre acierta con lo que no debe. Lo útil no es pensar en la lágrima, sino responder a una pregunta: ¿sobra lágrima o le falta salida? La respuesta sorprende, porque la causa más frecuente de un ojo mojado se llama sequedad.
Sobra lágrima o no tiene por dónde salir
La lágrima se produce bajo el borde externo de la órbita, se reparte por el ojo con el parpadeo y sale por dos orificios minúsculos del ángulo interno, por un conducto hacia la nariz. Por eso, al llorar, moquea la nariz. Este sistema falla de dos maneras, y cada una pide algo distinto.
- Se produce más lágrima de la que el conducto alcanza a evacuar. Es una respuesta a la irritación, y el irritante puede ser cualquier cosa, desde el viento hasta la propia superficie seca del ojo.
- La cantidad de lágrima es normal, pero el drenaje no funciona: los orificios se han estrechado, el conducto está cerrado o el párpado ya no se apoya bien en el ojo. Entonces la lágrima se queda en el ojo y desborda.
Parte de los casos no es enfermedad. El ojo llora con toda razón con el viento, con humo, con un olor fuerte, con la cebolla, con luz intensa. El frío irrita la superficie y además estrecha la salida hacia la nariz, y de ahí que los ojos lloren en la calle en invierno. Lo mismo ocurre con una pestaña o un grano de arena bajo el párpado: mientras siga ahí, el ojo llorará sin parar, y hace bien, porque así arrastra la mota hacia fuera.
La paradoja: casi siempre los ojos lloran de secos
Es lo primero que conviene comprobar en un adulto y lo último que a uno se le ocurre, porque la lógica parece firme: si está mojado, no puede estar seco. En realidad la superficie del ojo la sostiene una película fina, y esa película la sostiene un flujo constante y muy escaso de lágrima. Cuando la película se rompe entre dos parpadeos, la superficie se irrita y se enciende un segundo flujo, el de emergencia: una descarga de lágrima acuosa, demasiada para quedarse en el ojo.
Así se cierra el círculo: seco, descarga, la lágrima se derrama sin lubricar nada, otra vez seco. El patrón se reconoce por el relato: el ojo llora con el viento, con el frío, al volante, después de un rato largo delante de la pantalla, y entre descarga y descarga escuece y raspa como si le hubieran echado arena.
La consecuencia práctica es que todo lo que «seca» hace aquí justo lo contrario, mientras que ayudan las lágrimas artificiales, el calor local y la higiene de los párpados. El mecanismo está explicado en detalle en la página vecina, «Ojos secos»: si el relato se parece al suyo, hay que leerlo allí.
La lágrima se queda en el ojo: la vía de salida obstruida
Es el otro patrón habitual en adultos, sobre todo pasados los cincuenta: los orificios se estrechan con la edad y el conducto se cicatriza tras inflamaciones prolongadas, traumatismos y cirugía de la nariz. Se delata en detalles que casi nadie menciona:
- la lágrima está en el ojo de forma continua, no a descargas, y desborda en una habitación templada y tranquila, sin motivo;
- suele llorar un solo ojo, no los dos;
- por la mañana las pestañas se pegan y en el ángulo se acumula moco, porque la lágrima estancada limpia mal;
- al presionar el ángulo interno sale por el orificio una gota de líquido turbio;
- cada cierto tiempo el ojo se pone rojo y supura, porque lo que se estanca acaba infectándose.
El drenaje se comprueba lavando la vía, y es cuestión de unos minutos en la consulta del oftalmólogo. Se reabre con un sondaje o una pequeña operación, y no hay nada más que funcione: sobre un conducto cerrado los colirios no hacen absolutamente nada.
Párpados que hacen llorar al ojo
La lágrima no sale sola: la bombea el parpadeo, y para eso el párpado tiene que apoyarse bien en el ojo en toda su longitud.
- El párpado que se vuelve hacia fuera. El párpado inferior se separa del ojo y cae, el orificio de drenaje deja de mirar donde debe y la lágrima se va por el borde. Es más frecuente en personas mayores y aparece tras traumatismos, cicatrices y cirugía palpebral.
- El párpado que se vuelve hacia dentro. El borde se pliega hacia el interior y las pestañas rozan la superficie del ojo. El lagrimeo va con sensación de arenilla, enrojecimiento y dolor, y el roce de las pestañas deja erosiones en la córnea que pueden infectarse.
- Una pestaña que crece hacia el ojo. Basta una pestaña mal dirigida para que el ojo llore sin descanso. Arrancarla alivia poco tiempo, porque vuelve a crecer, así que esto es asunto de médico y no de pinzas en casa.
- Blefaritis y glándulas del borde del párpado obstruidas. Los bordes se enrojecen y engrosan, por la mañana hay costras en las pestañas y el ojo alterna lagrimeo y escozor: la lágrima se queda sin su parte grasa y se evapora antes de lubricar nada.
- Un párpado que no cierra del todo, por ejemplo con debilidad de media cara tras una parálisis facial. El parpadeo deja de bombear la lágrima y la superficie además se seca, de modo que ese ojo necesita protección o la córnea sufre.
Alergia, infección y medicamentos
En la alergia la queja principal no es la lágrima sino el picor: apetece frotarse los ojos, se enrojecen, los párpados se hinchan, lloran los dos a la vez y al lado hay nariz tapada y estornudos. Casi siempre hay una relación con la estación del año, con una casa con gato, con la limpieza. Aquí ayudan los antihistamínicos, no «secar» nada.
En la infección de la mucosa el ojo no solo llora: enrojece por todo el blanco y las pestañas se pegan por la noche. La secreción vírica es acuosa y en uno o dos días cae el segundo ojo; la bacteriana es espesa y amarillenta. Conviene recordar también el lagrimeo del catarro: la hinchazón de la nariz cierra la salida, y los ojos lloran simplemente porque la lágrima no tiene dónde ir.
Una causa en la que casi nadie piensa es el propio tratamiento. Producen lagrimeo algunos fármacos contra el cáncer, el tratamiento con yodo radioactivo y parte de los colirios para el glaucoma. Nunca se suspende por cuenta propia lo que ha indicado un médico, pero merece la pena contárselo a quien lo prescribió.
Cuando le lloran los ojos a un bebé
En los recién nacidos el conducto lagrimal a menudo no está del todo abierto, y esa es la razón corriente de un ojo mojado en los primeros meses. Se ve así: desde las primeras semanas uno o los dos ojos están llenos de lágrima, por la mañana las pestañas se pegan y en el ángulo se acumula moco, pero el bebé está tranquilo, la luz no le molesta y el blanco del ojo sigue blanco.
En la inmensa mayoría de los bebés esto se resuelve solo durante el primer año de vida, sin ningún tratamiento. Mientras se resuelve, ayudan cosas pequeñas: retirar la secreción con una gasa limpia humedecida en agua hervida, usando una nueva cada vez. El masaje sobre el saco lagrimal acelera el proceso, pero tiene una técnica y una dirección, y solo debe hacerse tal como lo haya enseñado el médico en persona: eso no se aprende de una descripción escrita, y unas manos torpes pueden hacer daño.
Hay que llevar al bebé al médico si los párpados se enrojecen e hinchan, si aparece un bulto doloroso en el ángulo interno, si hay fiebre, y también si el ojo se cierra ante la luz, parece mayor que el otro o la córnea se ve turbia: eso último ya no habla del conducto, sino de una presión elevada dentro del ojo, poco frecuente pero grave. Un lagrimeo que sigue al cumplir el año es motivo para programar un sondaje, no para seguir esperando.
Lo que no se puede pasar por alto
El lagrimeo en sí no amenaza la vista. El peligro es lo que puede esconderse detrás, y estos signos piden una exploración y no colirios:
- Secreción purulenta junto con una hinchazón dolorosa en el ángulo interno del ojo, hacia la nariz. La piel de encima está roja y caliente, duele al tocarla y a veces hay fiebre. Así se infecta un saco lagrimal estancado, y hace falta médico el mismo día: un absceso en ese punto está peligrosamente cerca de la órbita. No se calienta, no se aprieta y no se trata con paños en casa.
- Lagrimeo con dolor dentro del ojo, molestia con la luz y pérdida de visión, sobre todo si el enrojecimiento forma un anillo alrededor del iris en vez de repartirse por el blanco: así se ve la inflamación de la córnea y de las estructuras profundas, y hay que mirarla de inmediato.
- Lagrimeo de un solo ojo en un adulto en el que aparece sangre, o secreción sanguinolenta por la nariz del mismo lado, más aún si se palpa un bulto firme en el ángulo interno: en raras ocasiones detrás de esa combinación hay un tumor del saco lagrimal.
- Traumatismo del ojo o entrada de viruta metálica, cristal, cal o cualquier producto químico. Si es un producto químico, se lava el ojo con agua limpia al menos un cuarto de hora y se llama a la ambulancia al número europeo único 112.
- Dolor brusco, halos de colores alrededor de las luces, ojo duro, náuseas y dolor de cabeza del mismo lado: puede ser una subida aguda de la presión dentro del ojo, y la ayuda hace falta en horas.
- Cualquier dolor, enrojecimiento o visión borrosa en quien usa lentes de contacto: quitar la lente y acudir el mismo día.
Qué puede hacer uno mismo y qué es mejor no hacer
Antes de la consulta funciona esto: proteger los ojos del viento con gafas, apartar de la cara el chorro del aire acondicionado y de las rejillas del coche, hacer pausas de pantalla y parpadear del todo, no a medias. Con costras y pestañas pegadas, calor local cinco o diez minutos y limpieza suave del borde del párpado, a diario y durante un mes por lo menos: más rápido no hay efecto. La mota se arrastra con agua limpia y parpadeando mucho; si no sale, está incrustada o es una partícula metálica, hay que parar y pedir ayuda.
Y esto solo alarga la historia:
- Los colirios vasoconstrictores «para el rojo». No lubrican ni curan nada: el enrojecimiento se va una hora, luego los vasos responden dilatándose más, el ojo queda más rojo que antes y apetece echar gotas con mayor frecuencia.
- Colirios con antibiótico o con corticoide que quedaron de otra vez. Los corticoides sin exploración suben la presión dentro del ojo y retrasan la cicatrización de la superficie.
- Lavados con té, manzanilla o soluciones caseras: los restos de infusión y una concentración equivocada irritan más de lo que calman, y es fácil meter una infección uno mismo.
- Frotarse los ojos: un segundo de alivio, una superficie dañada y, si el roce es constante, un cambio en la forma de la córnea.
- Apretar la hinchazón del ángulo interno o ponerle compresas calientes.
- Esperar meses a que pase si el ojo llora sin parar y estorba para leer, conducir y trabajar: aquí la causa es casi siempre mecánica y se encuentra en una sola consulta.
Consulta en línea
En este tema la conversación resuelve más de lo que parece: con el relato del paciente, el médico de Oladoctor separa el exceso de lágrima del mal drenaje, y eso ya es la mitad de la respuesta. Preguntará si llora a descargas o si la lágrima está siempre ahí, si es un ojo o los dos, cómo son las mañanas, si hay picor, qué medicamentos toma y qué se echa en los ojos, y explicará qué esperar: lágrimas artificiales e higiene palpebral, o una comprobación de la vía lagrimal con el oftalmólogo. A los padres de un bebé les dirá cuándo toca el sondaje y cuándo basta con esperar. Y sobre todo verá si en el relato hay signos que obligan a una exploración el mismo día.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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