En esta página
- El aturdimiento previo al desmayo: tensión, corazón, sangre
- Mire el botiquín antes que la cabeza
- Cuando la cabeza «flota» y el cuerpo está bien
- Cuando lo que falla es el equilibrio al andar
- Cuando la causa está en el tronco cerebral y no en la tensión
- Qué puede hacer usted mismo
- Qué ocurre en la consulta
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente recetados para Mareos
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de tomar cualquier medicamento.
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Con la palabra «mareo» la gente describe sensaciones muy distintas, y de cuál de ellas se trate depende absolutamente todo: a qué médico acudir, qué comprobar y con cuánta prisa. Si la habitación le da vueltas o siente que a usted mismo lo inclinan y lo arrastran, eso es vértigo y tiene su propia página. Aquí hablamos de otra cosa: del aturdimiento y de la sensación de desmayo inminente, cuando se oscurece la vista y parece que uno se va a caer; de la cabeza «vacía», como flotando; y de la inestabilidad, cuando la cabeza está clara pero al caminar uno se tambalea. Estas sensaciones tienen sus propias causas, y buscarlas en el oído interno no sirve de nada.
El aturdimiento previo al desmayo: tensión, corazón, sangre
El mecanismo más frecuente es que durante unos segundos al cerebro no le llega bastante sangre. La descripción es siempre reconocible: se oscureció la vista, zumbaron los oídos, salió un sudor frío, las piernas se volvieron de algodón, hubo que sentarse enseguida. Sentándose o tumbándose, todo pasa en un minuto o dos.
Lo que suele haber detrás:
- Caída de la tensión al levantarse. Se pone de pie desde la cama o desde la mesa y se le va la cabeza. Es la hipotensión ortostática, y en las personas mayores es casi la primera causa de aturdimiento y de caídas. La agravan la deshidratación, el calor, un baño caliente, el alcohol, una comida copiosa y el reposo en cama.
- El desmayo común y sus avisos. Ambiente cargado, estar mucho rato de pie, ver sangre, dolor, tos, hacer fuerza en el baño. Aquí se trata de una reacción refleja de los vasos y del ritmo cardíaco, que en sí no es peligrosa; lo peligroso es caerse sobre las baldosas.
- Alteraciones del ritmo del corazón. Las delata un aturdimiento que llega de golpe, sin aviso y sin relación con la postura, sobre todo si va con palpitaciones, latidos irregulares o dolor en el pecho, y mucho más si la persona ya ha perdido el conocimiento alguna vez.
- Anemia. Debilidad que crece poco a poco, falta de aire con el esfuerzo habitual, palidez, aturdimiento al mínimo movimiento. En mujeres con reglas abundantes y en personas con pérdida de sangre oculta por el intestino es el hallazgo más frecuente.
- Falta de líquido y de sal tras diarrea, vómitos o calor, y también con los diuréticos.
- Azúcar bajo en sangre. Temblor, sudor, hambre, irritabilidad, aturdimiento; en personas con diabetes, en relación con la insulina o con las pastillas que bajan el azúcar. En quien no tiene diabetes estos episodios son raros y piden estudio, no dieta.
Conviene retener una distinción: el aturdimiento que aparece solo al levantarse y el que llega estando en reposo son dos señales distintas. El primero casi siempre habla de tensión y de líquidos; el segundo obliga a pensar en el corazón.
Mire el botiquín antes que la cabeza
En una persona de más de sesenta y cinco años la causa del mareo aparece con más frecuencia en la lista de medicamentos que en una tomografía. El mareo es uno de los efectos adversos más comunes que existen, y sobre todo de fármacos que se toman desde hace años y que nadie relaciona con la queja.
- medicamentos para la tensión, en especial tras subir la dosis o añadir un segundo fármaco;
- diuréticos;
- fármacos que relajan los vasos y los que se usan para la próstata agrandada: bajan de forma llamativa la tensión al ponerse de pie;
- antidepresivos, antipsicóticos, ansiolíticos y somníferos;
- analgésicos del grupo de los opioides;
- antihistamínicos de primera generación y medicamentos para el mareo del viaje;
- insulina y pastillas para la diabetes, a través del azúcar bajo;
- algunos antibióticos y diuréticos que dañan el oído interno: aquí el mareo dura y no se calma en reposo.
Cuanto más larga es la lista, más probable es que la respuesta esté en ella. No hay que retirar nada por cuenta propia: dejar de golpe un fármaco para la tensión o un antidepresivo es peligroso en sí mismo. Lo correcto es acudir al médico con todas las cajas y pedir que revise la pauta.
Cuando la cabeza «flota» y el cuerpo está bien
Hay un tipo de sensación que se describe mal con palabras: la cabeza como de algodón, todo un poco alejado, el suelo blando, y sin embargo nada gira y la persona en realidad no va a caerse. Estos episodios aparecen a menudo en el supermercado, en el metro, en una cola, en una reunión: allí donde no se puede salir deprisa.
Detrás suele estar la ansiedad y la respiración rápida y superficial que la acompaña. Sin darse cuenta se respira más veces, el nivel de dióxido de carbono en sangre baja, los vasos del cerebro se estrechan y aparece el aturdimiento. Delatan la hiperventilación el hormigueo en los dedos y alrededor de la boca, la sensación de que falta aire pese a estar respirando hondo, la opresión en el pecho, las palpitaciones y el miedo a desmayarse, cosa que casi nunca llega a ocurrir.
No es un mareo «inventado»: la sensación es real y puede limitar seriamente la vida. Pero no se trata con fármacos para la circulación, sino trabajando la ansiedad, con técnicas de respiración y volviendo poco a poco a las situaciones que la persona ha empezado a evitar. Con una salvedad importante: atribuirlo todo a los nervios solo se puede después de haber descartado la tensión, la anemia, el ritmo cardíaco y los medicamentos, tanto más cuanto que la ansiedad convive perfectamente con cualquiera de ellos.
Cuando lo que falla es el equilibrio al andar
La tercera sensación bajo la misma palabra es la inestabilidad. La cabeza está clara, nada gira ni se oscurece, pero el paso se ha vuelto inseguro, en la oscuridad y en los pasillos estrechos es peor y uno tiende a apoyarse en la pared. Esto no va del oído ni de la tensión, sino del equilibrio en conjunto, que se sostiene sobre tres apoyos: la vista, la sensibilidad de los pies y el aparato vestibular. Basta con que fallen dos para que la persona empiece a irse de lado.
- Daño en los nervios de las piernas por diabetes, déficit de vitamina B12, quimioterapia o alcohol: los pies se duermen, «queman» o se sienten ajenos, y el cerebro deja de recibir información precisa sobre dónde está el suelo.
- La vista: gafas progresivas nuevas, graduación insuficiente, cataratas, cirugía ocular reciente.
- Enfermedad de Parkinson y otros trastornos del movimiento: pasos cortos, dificultad para arrancar, tronco inclinado hacia delante.
- Secuelas de un ictus, alteraciones del cerebelo, hidrocefalia del anciano, en la que la marcha insegura se acompaña de pérdida de memoria y de urgencia para orinar.
- Articulaciones y músculos: debilidad de la cadera, dolor de rodilla y deformidades del pie cambian la forma de andar, y la persona lo vive como mareo.
La inestabilidad en una persona mayor no es un detalle menor: una caída con fractura cambia la vida más que la propia causa del desequilibrio. Por eso aquí vale tanto el diagnóstico como lo muy práctico: revisar la vista, calzado con el talón sujeto, asideros en el baño, una luz tenue en el pasillo, cables y alfombras retirados, y ejercicios de equilibrio y de fuerza en las piernas.
Cuando la causa está en el tronco cerebral y no en la tensión
El mareo puede ser el primer y casi único síntoma de un ictus en la parte posterior del cerebro, donde están el cerebelo y el tronco. Para distinguirlo de un aturdimiento inocente no sirve el carácter del mareo, sino lo que lo acompaña.
Llame a una ambulancia (el número único europeo es el 112) si el mareo o el aturdimiento van con alguno de estos signos:
- los objetos empiezan a duplicarse, un párpado se cae, se pierde una parte del campo visual;
- el habla se vuelve enredada, cuesta encontrar las palabras, al tragar se atraganta;
- un brazo, una pierna o media cara se quedan débiles o dormidos: el cuadro clásico de la cara torcida y el brazo que no sube; pero así empieza solo una parte de los ictus, y que falte no anula nada;
- dolor de cabeza repentino e intenso, distinto de los habituales, sobre todo con dolor de cuello o tras un giro brusco de la cabeza;
- la persona no se sostiene en pie ni siquiera apoyada en alguien;
- pérdida de conocimiento, especialmente durante un esfuerzo o estando tumbado;
- dolor en el pecho, falta de aire marcada, pulso muy rápido o muy lento;
- aturdimiento junto con heces negras, vómito con sangre o un sangrado abundante.
También debe alertar un mareo intenso que aparece por primera vez en alguien de más de sesenta años o en quien tiene hipertensión, diabetes, fibrilación auricular, tabaquismo o un ictus previo. En esa situación no se puede suponer «me ha bajado la tensión» hasta que se descarte una causa vascular.
Qué puede hacer usted mismo
Mientras no esté clara la causa, tiene sentido reducir tanto el riesgo de caída como la frecuencia de los episodios.
- Levántese en dos tiempos: primero siéntese al borde de la cama, quédese medio minuto, mueva los pies y solo entonces póngase de pie.
- Si el aturdimiento ya ha llegado, siéntese o túmbese de inmediato y suba las piernas: es lo que devuelve la sangre a la cabeza más rápido. Quedarse de pie «aguantando» es peligroso.
- Beba lo suficiente, sobre todo con calor, con diarrea y si toma diuréticos.
- Evite estar mucho rato de pie sin moverse, los baños muy calientes y la sauna, y las comidas copiosas con alcohol.
- Lleve un diario breve: cuándo aparece, en qué postura, cuánto dura y qué hace el corazón. Un par de semanas de anotaciones equivalen a varias pruebas.
- Si tiene tensiómetro en casa, mida la tensión tumbado y después al minuto y a los tres minutos de haberse levantado, anotando también el pulso. Es justamente la medición que más se olvida.
- Mientras los episodios sean imprevisibles, absténgase de conducir, de trabajar en altura o junto a una máquina, y no se aleje nadando sin compañía. Cuándo se puede volver al volante lo decide el médico: los requisitos cambian de un país a otro.
Qué ocurre en la consulta
Aquí lo decide casi todo lo que usted cuente. El médico le pedirá que describa la sensación con sus propias palabras, evitando en lo posible la palabra «mareo», y averiguará en qué postura empieza, cuánto dura, qué pasa con el pulso y con la vista, qué toma y qué ha cambiado en su tratamiento en los últimos meses.
De la exploración son casi obligatorias la tensión y el pulso tumbado y de pie, la valoración de la marcha y del equilibrio, la sensibilidad de las piernas, una exploración neurológica rápida y la revisión de los oídos. De las pruebas suelen pedirse hemograma, glucosa en mg/dL, electrolitos, función renal y tiroidea y, a veces, hierro y vitamina B12. Si se sospecha una arritmia se solicita un electrocardiograma y un registro del ritmo de un día entero, porque el electrocardiograma corto de la consulta muchas veces no muestra nada.
La prueba de imagen de la cabeza no la necesita todo el mundo y se pide cuando hay signos de daño cerebral. Aquí conviene saber un detalle: la tomografía computarizada muestra mal la parte posterior del cerebro, de modo que un resultado normal no anula un ictus allí; cuando la sospecha es seria hace falta una resonancia magnética.
Consulta en línea
Casi todo el trabajo con esta queja se sostiene en preguntas y respuestas, de modo que el formato a distancia le va bien. El médico le ayudará a poner nombre a lo que siente y a separar el aturdimiento previo al desmayo del giro y de la inestabilidad; repasará las circunstancias de los episodios; revisará su lista de medicamentos en busca de los que provocan mareo y le dirá con quién conviene comentarlo; le explicará qué análisis tiene sentido hacer y si hace falta registrar el ritmo cardíaco; y le enseñará a medir bien la tensión tumbado y de pie, además de qué cambiar en casa para no caerse.
Los límites del formato son evidentes: no se le puede tomar la tensión, hacerle un electrocardiograma y realizar las maniobras que requieren las manos del médico. Y lo más importante: ante un mareo con visión doble, debilidad en un brazo, habla pastosa, dolor de cabeza intenso, dolor en el pecho o pérdida de conocimiento hace falta una ambulancia, no una consulta por chat.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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