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Medicamentos comúnmente prescritos para Vértigo
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: LIQUIDO RECTAL, 5 mg diazepamPrincipio activo: diazepamFabricante: Faes Farma S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 10 mgPrincipio activo: diazepamFabricante: Aurovitas Spain, S.A.U.Requiere recetaForma farmacéutica: LIQUIDO RECTAL, 10 mg diazepamPrincipio activo: diazepamFabricante: Faes Farma S.A.Requiere receta
Esta página no trata del mareo en general. El vértigo es la sensación de que usted, o la habitación a su alrededor, gira, se inclina o se desplaza hacia un lado. El mundo parece moverse de verdad mientras usted está quieto. Es un síntoma con entidad propia y con su propio grupo de causas, y la mayoría no está en la cabeza, sino en el oído interno, donde se aloja el órgano del equilibrio. La buena noticia es que la causa más frecuente de vértigo se resuelve con una maniobra en la consulta, en una o dos sesiones. La mala es que un cuadro de aspecto muy parecido resulta a veces ser un ictus del cerebelo. Por eso lo importante de esta página es esto: averiguar qué clase de mareo tiene y cuánto dura la crisis.
Vértigo o sensación de desmayo: por dónde empieza el médico
La primera pregunta en la consulta no es «cuándo empezó», sino «descríbame con sus palabras qué siente exactamente». De la respuesta depende todo lo demás, porque bajo la palabra «mareo» las personas describen cuatro estados distintos.
- Giro, vuelco, inclinación: le lleva hacia un lado, el techo se desliza. Eso es el vértigo, y apunta al órgano del equilibrio del oído interno o a las zonas del cerebro conectadas con él.
- Sensación de desmayo inminente: se oscurece la vista, se oye un zumbido, brota el sudor, la impresión de que va a caerse. Aquí el asunto suele estar en la tensión arterial, el ritmo del corazón, la deshidratación o los medicamentos, no en el oído.
- Inestabilidad: la cabeza está clara, pero al andar se tambalea como en la cubierta de un barco. Ocurre con la afectación de los nervios de las piernas, en la enfermedad de Parkinson, después de un ictus y en personas mayores con mala visión.
- Una sensación difusa de flotar, con ansiedad y sensación de irrealidad, a menudo en tiendas y entre gente. También es un síntoma real, pero se trata de una manera completamente distinta.
Intente describir la sensación en vez de recurrir a «mareo» como etiqueta. La frase «cuando me giro en la cama hacia el lado derecho, la habitación da vueltas unos veinte segundos» vale más para el diagnóstico que cualquier prueba de imagen.
Cuánto dura la crisis es la mayor pista
La segunda pregunta más útil es la duración y las circunstancias. Con esas dos, las causas se separan bastante bien.
- Segundos, hasta medio minuto, al cambiar la posición de la cabeza: girarse en la cama, tumbarse, incorporarse, echar la cabeza atrás para alcanzar un estante alto. Entre crisis todo va bien. Es el vértigo posicional benigno, la causa más frecuente de todas.
- De minutos a una hora, en episodios, a menudo con dolor de cabeza, molestia con la luz y el ruido, y a veces sin dolor alguno. Es la migraña vestibular; estas personas suelen tener antecedentes de migraña o de mareo en los viajes.
- De veinte minutos a varias horas, con náuseas y vómitos, sensación de oído tapado y a presión, acúfenos y pérdida de audición que al principio se recupera entre crisis. Ese es el patrón de la enfermedad de Ménière.
- Un día o más, de forma continua, con náuseas intensas, instaurándose a lo largo de horas, con frecuencia una o dos semanas después de un catarro. Es la neuritis vestibular; si además baja la audición del mismo oído, se habla de laberintitis. Lo peor pasa en unos días y una inestabilidad leve se prolonga semanas.
- Segundos al ponerse de pie desde tumbado o sentado, con oscurecimiento de la vista. Eso normalmente no es vértigo, sino una bajada de tensión al incorporarse, efecto adverso frecuente de los antihipertensivos, los diuréticos y los antidepresivos.
Hay causas que no encajan en esta lista: ciertos medicamentos, un tapón de cera, un traumatismo craneal, un trastorno de ansiedad. A veces la causa no llega a encontrarse.
Vértigo posicional: el que se quita con una maniobra
Merece un apartado propio, porque hay muchísimas personas que pasan años con crisis que una sola visita podría detener. Dentro del oído hay unos cristales diminutos que en condiciones normales están en su sitio. A veces se desplazan a uno de los canales semicirculares y flotan allí con el movimiento de la cabeza, estimulando los receptores del equilibrio. El cerebro recibe la señal de que la cabeza gira mientras los ojos dicen que todo está quieto, y aparece ese remolino de unos segundos.
El diagnóstico no se hace con una imagen, sino con una prueba de posición: el médico le tumba de una manera concreta, provoca la crisis y observa el temblor de los ojos, cuya dirección indica qué canal está afectado. Después viene la maniobra de reposición: una secuencia establecida de giros de cabeza y tronco que devuelve los cristales a su lugar. Dura minutos, muchas veces funciona a la primera y puede repetirse si hace falta.
No conviene aprender estas maniobras en vídeos: son distintas para cada canal y, si se elige la equivocada, se pueden empeorar los síntomas o desplazar los cristales a otro sitio. La idea es llegar hasta un profesional que sepa hacerlas, no pasarse años tumbado sin moverse y con miedo a girarse de lado.
Cuándo el vértigo es un ictus
Un ictus del cerebelo o del tronco cerebral puede parecerse exactamente a una neuritis vestibular: el mismo giro, los mismos vómitos, la misma palidez. La diferencia está en lo que lo acompaña, y esos signos conviene conocerlos.
Llame a una ambulancia (112 es el número único de emergencias en Europa) si el vértigo se acompaña de alguna de estas cosas:
- visión doble, párpado caído, una zona ciega en el campo visual;
- habla pastosa, dificultad para encontrar las palabras, atragantamiento al tragar;
- debilidad o adormecimiento de un brazo, una pierna o media cara;
- incapacidad para mantenerse de pie y caminar incluso con apoyo: en la neuritis vestibular la persona se tambalea mucho, pero todavía puede dar unos pasos;
- dolor de cabeza intenso o un dolor de cuello nuevo, sobre todo después de un giro brusco de la cabeza o de un traumatismo;
- pérdida súbita de audición en un oído junto con una alteración marcada del equilibrio.
Debe alertar especialmente un vértigo intenso que aparece por primera vez en alguien de más de sesenta años, o en una persona con tensión alta, diabetes, arritmia por fibrilación auricular o antecedente de tabaquismo, o que ya ha tenido un ictus. En esa situación no se puede dar por hecha una neuritis mientras no se descarte la causa vascular. No conduzca usted mismo hasta el hospital.
Qué hacer durante la crisis
En los minutos agudos ayudan cosas sencillas: sentarse o tumbarse, fijar la mirada en un punto quieto, bajar la luz, respirar con calma. Deje los movimientos bruscos de cabeza para más adelante. Si hay náuseas, beba a sorbos pequeños para no deshidratarse.
A partir de ahí, sin embargo, hay un error muy repetido. Mucha gente pasa semanas acostada tras una crisis fuerte, protegiendo la cabeza de cualquier movimiento. No hay que hacerlo: el cerebro solo aprende a manejar las señales defectuosas del oído cuando tiene experiencia de movimiento. El reposo prolongado frena esa adaptación y la inestabilidad se alarga meses. Vuelva al movimiento normal tan rápido como se lo permita el cuerpo.
Mientras las crisis sean impredecibles, no conduzca, no trabaje en altura ni con maquinaria en movimiento y no nade solo. Pregunte a su médico cuándo puede volver a conducir: las normas cambian de un país a otro. En casa, retire lo que pueda hacerle tropezar, ponga una alfombrilla en la ducha, deje una luz tenue en el pasillo por la noche y use bastón si hay riesgo de caída.
Qué ayuda de verdad y qué no
El tratamiento depende de la causa, y no es una evasiva: causas distintas responden a cosas completamente distintas.
- El vértigo posicional se trata con la maniobra de reposición. Las pastillas no lo quitan.
- En la neuritis vestibular se usan durante los primeros días, y de forma breve, fármacos que amortiguan el giro y las náuseas: antihistamínicos y antieméticos. No se mantienen más allá de eso porque estorban la adaptación del cerebro. A veces se pauta un ciclo corto de corticoides. Los antibióticos no sirven de nada en una neuritis vírica.
- La enfermedad de Ménière se aborda de otro modo: reducir la sal, regularidad de horarios y sueño, diuréticos y, si eso no basta, procedimientos con el otorrinolaringólogo.
- La migraña vestibular se trata como una migraña, no como una enfermedad del oído.
Dos cosas merecen decirse sin rodeos. La betahistina no es un remedio universal para el mareo: se emplea sobre todo en la enfermedad de Ménière y aun ahí la evidencia es desigual; en el vértigo posicional y en la neuritis no resuelve el problema. Y los fármacos y los sueros que se presentan como «mejoradores del riego cerebral» no tienen base convincente en el vértigo: en lugar de ayuda real, cuestan semanas perdidas.
Lo que funciona en casi todas las causas del oído interno es la rehabilitación vestibular: un programa a medida de ejercicios de ojos, cabeza y equilibrio que se hace a diario y que reeduca al cerebro para procesar las señales. El efecto se acumula a lo largo de semanas, no aparece en la primera sesión.
Qué ocurre en la consulta
La mayor parte del trabajo la hace la conversación. Prepárese para decir cuánto dura la crisis, qué la desencadena, si hay acúfenos o pérdida de audición, cómo fueron los primeros días y qué medicamentos toma. Llevar unas notas breves de las crisis durante una semana resulta muy útil.
La exploración incluye pruebas de posición, revisión de los movimientos oculares y un giro rápido de la cabeza, valoración de la marcha y la estabilidad, otoscopia y medición de la tensión tumbado y de pie. Si hay quejas de audición, se solicita una audiometría.
Las pruebas de imagen no son de rutina: se reservan para los signos que apuntan al cerebro y no al oído. Aquí conviene saber una cosa: la tomografía computarizada ve mal el cerebelo y el tronco cerebral, y un resultado normal no descarta un ictus en esa zona. Cuando esa es la pregunta, hace falta una resonancia magnética. El médico revisará además su botiquín: los antihipertensivos, los diuréticos, los somníferos y sedantes, los antidepresivos y algunos antibióticos producen mareo.
Consulta en línea
El vértigo es justo la situación en la que el interrogatorio aporta más que la exploración, así que la consulta a distancia resulta aquí realmente útil. El médico puede ayudarle a ordenar sus sensaciones por categorías, distinguir el vértigo de la sensación de desmayo, usar la duración y las circunstancias de las crisis para sugerir una causa y decirle a quién acudir: al neurólogo, al otorrinolaringólogo o antes hacerse unos análisis y controlar la tensión. También puede repasar su lista de medicamentos en busca de los que producen mareo por sí mismos, explicarle las pruebas que ya tiene hechas y mostrarle en qué consiste la rehabilitación vestibular.
Lo que no puede hacerse a distancia: la prueba de posición y la maniobra de reposición hay que realizarlas con las manos, de modo que ante la sospecha de vértigo posicional la consulta termina con una derivación presencial. Con visión doble, habla pastosa, debilidad en una extremidad, dolor de cabeza intenso o incapacidad para mantenerse de pie, hace falta una ambulancia y no un chat.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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