Fiebre en adultos
La fiebre no es una enfermedad, sino la forma en que el organismo responde a una infección o a una inflamación: en esas condiciones las células defensivas…
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Medicamentos comúnmente recetados para Fiebre en adultos
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de tomar cualquier medicamento.
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La fiebre no es una enfermedad, sino la forma en que el organismo responde a una infección o a una inflamación: en esas condiciones las células defensivas trabajan mejor y muchos microbios peor. Por eso la pregunta importante aquí no es cuánto marca el termómetro, sino qué le está pasando a la persona junto con esa fiebre. Un adulto puede andar y trabajar con 39 y puede caer gravemente enfermo con 37,8, y es el segundo caso el que preocupa. Esta página habla de adultos; la fiebre en los niños se trata en una página aparte, «Fiebre en niños», porque allí tanto los signos de alarma como la forma de actuar son distintos.
Llame a una ambulancia de inmediato si
Una cifra alta por sí sola no obliga a llamar a una ambulancia. La fiebre junto a cualquiera de estos signos, en cambio, significa que la ayuda hace falta ahora:
- han aparecido en la piel unos puntos y manchas pequeños, rojos o morados, que no palidecen al apretar contra ellos el fondo de un vaso transparente;
- dolor de cabeza intenso con rigidez de nuca, cuando resulta imposible acercar la barbilla al pecho, e intolerancia a la luz;
- confusión, delirio, comportamiento extraño, habla poco clara o dificultad para despertar a la persona;
- respirar cuesta, la respiración es rápida y superficial y no se consigue terminar una frase;
- la piel se ha vuelto moteada, gris o azulada, los labios se han puesto morados y las manos y los pies están helados con el cuerpo ardiendo;
- han pasado doce horas sin orinar;
- convulsiones que no habían ocurrido antes;
- dolor en el pecho o una pérdida brusca de fuerzas que impide mantenerse en pie o sostener la cabeza.
El 112 es el número europeo único y funciona en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania; en otros países marque el número local de emergencias. Diga al operador qué temperatura hay, desde cuándo y qué es exactamente lo que le ha asustado.
La sepsis, que es la razón de esa lista
La sepsis no es una «infección de la sangre», como suele creerse, sino la respuesta destructiva del propio organismo frente a una infección: la reacción inmunitaria se descontrola y empieza a dañar los propios vasos y órganos. Puede arrancar desde cualquier sitio —una neumonía, una infección de orina, una herida que se ha infectado, una muela enferma— y avanza deprisa, en cuestión de horas.
Lo que ayuda a reconocerla es que la persona tiene un aspecto y una sensación desproporcionadamente malos para un simple catarro. Preocupan la confusión y la somnolencia, los tiritones con sensación de mucho frío, la respiración muy rápida, el pulso acelerado, una caída brusca de la cantidad de orina, la piel marmórea o cenicienta y esa sensación que describe el propio enfermo de que se está muriendo. Un detalle importante: en la sepsis la temperatura no siempre es alta; en las personas mayores y en las debilitadas puede ser normal o incluso baja, y eso todavía inquieta más.
El riesgo es mayor con diabetes, cirrosis, insuficiencia renal, después de la quimioterapia, en quienes toman corticoides u otros fármacos que frenan las defensas, en las personas a las que se ha extirpado el bazo, en el embarazo y el posparto y en los mayores. Si sospecha una sepsis, diga esa palabra en voz alta al llamar a la ambulancia o al llegar a urgencias: pone en marcha un protocolo propio, y aquí el tiempo se cuenta en horas.
Tres situaciones en las que la fiebre no se deja pasar
Hay circunstancias en las que incluso una fiebre moderada y sin más síntomas exige acudir al médico ese mismo día, y a veces de inmediato.
- La vuelta del trópico. Cualquier fiebre después de viajar a países donde hay malaria obliga a hacerse pruebas de inmediato, no a tomar un antitérmico. La malaria empieza como una gripe corriente —fiebre, escalofríos, dolores musculares, dolor de cabeza, a veces diarrea— y sin tratamiento la forma grave puede matar en un día. El ataque puede llegar semanas o incluso meses después del regreso, así que cuente siempre al médico dónde ha estado en el último año, aunque el viaje le parezca lejano. Las pastillas preventivas no descartan la enfermedad. Después del trópico cuentan también otras fiebres, del dengue a la fiebre tifoidea, y hay que estudiarlas donde puedan hacer un análisis de sangre el mismo día.
- Una operación reciente, un catéter o una prótesis. La fiebre en las primeras semanas tras una intervención, y también en quien lleva un catéter urinario o vascular, una prótesis articular o una válvula, es siempre motivo para consultar y no para atribuirla a un resfriado. Mire de paso la herida quirúrgica: enrojecimiento, hinchazón, dolor y supuración hablan por sí solos.
- La quimioterapia y los tratamientos que frenan las defensas. Aquí la regla es la más estricta de todas. Si está recibiendo quimioterapia, toma inmunosupresores o dosis altas de corticoides, la fiebre es una urgencia y no una molestia doméstica. Así se manifiesta la fiebre neutropénica: apenas quedan los glóbulos blancos que contienen las infecciones, y una bacteria corriente provoca una sepsis en pocas horas. Nada de esperar a mañana y nada de antitérmicos que enmascaren el cuadro: contacte con su servicio o acuda al hospital de inmediato. Lo mismo vale para las personas sin bazo.
Lo que dice el termómetro y lo que no dice
La temperatura normal varía de una persona a otra y cambia a lo largo del día: por la mañana es más baja y hacia la tarde sube casi un grado. Se considera fiebre a partir de 38 °C, pero es un límite de convenio y no una frontera tras la cual empieza el peligro. Las sensaciones también sirven: si tiene escalofríos, oleadas de calor, el cuerpo dolorido y la piel caliente, lo más probable es que haya fiebre aunque el termómetro marque menos.
Se mide con un termómetro digital bajo la lengua o en la axila, con el brazo bien apretado contra el cuerpo; los de oído son cómodos pero exigen seguir las instrucciones con exactitud. No conviene fiarse de las tiras que se colocan en la frente, porque no son precisas. Después de un baño caliente, de hacer ejercicio o de fumar, espere unos veinte minutos o la lectura saldrá falsamente alta.
Y lo principal: la cifra dice muy poco sobre la gravedad. Una neumonía grave cursa con 37,5 y una infección vírica banal con 39,5. No se mira la columna del termómetro, sino la respiración, la conciencia, el color de la piel, la orina y la rapidez con que todo cambia. La fiebre se baja para encontrarse mejor, no para conseguir un número bonito.
Por qué sube la temperatura
Casi siempre por una infección, y en la inmensa mayoría de los casos vírica: catarro, gripe, gastroenteritis. Esa fiebre dura dos o tres días y se marcha sola. Las infecciones bacterianas —neumonía, amigdalitis, pielonefritis, erisipela, una herida infectada— suelen dar una fiebre más persistente y un punto concreto al que apuntar: algo duele, algo supura, algo está enrojecido.
Pero la fiebre también aparece sin infección:
- enfermedades inflamatorias y autoinmunes, desde la artritis reumatoide hasta las vasculitis;
- trombosis venosa profunda de la pierna y embolia de pulmón: aquí la fiebre va con hinchazón y dolor en la pantorrilla o con una falta de aire repentina;
- fiebre medicamentosa, una reacción a un fármaco, con frecuencia a un antibiótico empezado una o dos semanas antes;
- hipertiroidismo, tumores y enfermedades de la sangre, en fiebres prolongadas sin causa aparente;
- quemaduras extensas, traumatismos y vacunas recientes, en cuyo caso la fiebre dura un día y desaparece.
Capítulo aparte es el sobrecalentamiento. El golpe de calor no es fiebre: el cuerpo no ha «encendido» la temperatura, sino que no ha podido con el calor. Ocurre con calor intenso, en locales mal ventilados o trabajando y haciendo deporte al sol, y se reconoce por la confusión, el dolor de cabeza, las náuseas, la piel caliente y el cese del sudor. Aquí, al contrario que en la fiebre, a la persona sí se la enfría: se la lleva a la sombra, se la desviste, se la abanica y se le pone frío en el cuello y las axilas, mientras se llama a una ambulancia.
Qué hacer en casa
Si no hay ninguno de los signos de alarma, la fiebre se pasa en casa, y el objetivo es sencillo: encontrarse mejor y no deshidratarse.
- Beba más de lo habitual y en cantidades pequeñas: con fiebre y sudor el líquido se va rápido. La referencia es simple, la orina debe seguir siendo clara.
- Descanse. Aguantar la fiebre en pie y trabajar a la fuerza es la manera más segura de alargar la enfermedad.
- Vístase con poca ropa y ventile la habitación. Arroparse durante los escalofríos es comprensible, pero no hay que acabar sobrecalentado.
- Si se encuentra mal, con dolores y dolor de cabeza, ayudan los antitérmicos y analgésicos: paracetamol o ibuprofeno. Se toman según el prospecto, para aliviar el malestar y no para bajar la cifra, porque la fiebre en sí no hace daño.
- Coma según el apetito, sin obligarse.
- Mientras dure la fiebre quédese en casa y evite acercarse a otras personas: es contagioso.
Lo que no hay que hacer. No se frote con agua fría, alcohol o vinagre ni se meta en un baño frío: los vasos de la piel se cierran, aparecen los tiritones y la temperatura del cuerpo todavía sube más, y el alcohol además se absorbe por la piel. No alterne paracetamol e ibuprofeno por horas como rutina, porque duplica el riesgo de equivocarse con la dosis sin ganar nada; eso solo se hace si lo indica un médico. El ibuprofeno y los demás antiinflamatorios es mejor evitarlos si hay deshidratación, enfermedad renal, úlcera de estómago o varicela. Y no traslade nada de esto a un niño: las presentaciones de adulto no le sirven, la aspirina no se da a niños ni a adolescentes, y sus signos de alarma son otros, recogidos en la página vecina, «Fiebre en niños».
Cuándo hace falta un médico ese mismo día
La ambulancia se necesita pocas veces, pero conviene consultar sin demora en estos casos:
- la fiebre dura más de tres días y no cede, o ha vuelto a subir cuando ya casi estaba recuperado;
- al tercer o cuarto día se encuentra claramente peor y no mejor;
- junto a la fiebre hay un síntoma concreto: escozor o dolor al orinar o dolor lumbar, tos con expectoración y dolor en el pecho al respirar, dolor de garganta intenso, dolor abdominal, color amarillo de la piel, hinchazón y dolor en una pantorrilla, cualquier erupción nueva;
- la fiebre ha aparecido una o dos semanas después de empezar un medicamento nuevo;
- está embarazada, tiene más de sesenta y cinco años o padece diabetes o una enfermedad del corazón, del pulmón, del riñón o del hígado;
- la fiebre vuelve en oleadas durante semanas, o está perdiendo peso y suda por la noche;
- simplemente nota que algo no va bien. Eso no es aprensión: a menudo es el primer signo de todos.
Consulta en línea
La fiebre es justo uno de esos motivos en los que hablar con un médico a distancia ahorra tiempo y nervios. En la consulta en línea el médico averiguará cómo empezó todo y cómo cambia de un día para otro, preguntará por viajes, operaciones, medicamentos y enfermedades crónicas, le ayudará a distinguir una infección vírica corriente de la que necesita exploración y análisis, le dirá qué pruebas tiene sentido hacerse y en qué orden, y le indicará cómo aliviarse sin fármacos de más. Aparte le enumerará los signos que en su caso concreto obligan a dejar de esperar y llamar a una ambulancia, que es lo más útil que puede llevarse de una consulta así. Si hay manchas que no palidecen bajo el vaso, confusión, dificultad para respirar o fiebre durante la quimioterapia, la consulta en línea no es lo que hace falta: hace falta una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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