Verrugas genitales (condilomas)
Son verrugas corrientes, solo que han crecido en el sitio donde menos apetece verlas. Las causa el virus del papiloma humano, el mismo VPH del que se habla a…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Verrugas genitales (condilomas)
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Son verrugas corrientes, solo que han crecido en el sitio donde menos apetece verlas. Las causa el virus del papiloma humano, el mismo VPH del que se habla a propósito del cáncer de cuello de útero, y de ahí nace el miedo principal con el que la gente llega a la consulta. Ese miedo casi siempre sobra: detrás de las verrugas están unos tipos de virus y detrás del cáncer, otros. Vale la pena entenderlo con calma, porque los condilomas son casi siempre una historia de incomodidad y paciencia, no de peligro vital. Ahora bien, hay unas cuantas situaciones en las que un bultito de aspecto inofensivo debe verlo un médico sin demora, y están descritas más abajo.
Qué aspecto tienen y dónde salen
El condiloma típico es una excrecencia pequeña y blanda, del color de la piel, rosada o más oscura que la piel de alrededor. Su superficie es rugosa, a veces lobulada; varias verrugas juntas confluyen y el conjunto recuerda a una coliflor en miniatura. También las hay planas y apenas visibles, que se descubren por casualidad.
Crecen en los genitales, en las ingles, en el periné, alrededor del ano y dentro de él, y también en lugares donde no se suele mirar: en la vagina, en el cuello del útero, en la uretra. Alrededor del ano aparecen no solo tras el sexo anal: el virus se traslada con facilidad por la piel con las manos o durante el aseo normal.
Lo habitual es no notar nada. A veces hay picor, un ligero escozor, molestias en las relaciones y, si la ropa interior o la cuchilla rozan la verruga, sangrado. Si el bulto se ha instalado en la uretra, el chorro de orina cambia: se dispersa, se desvía hacia un lado, se corta. Desde el contagio hasta las primeras verrugas pasan semanas o meses, y a veces años, así que calcular por fechas quién fue no sirve de nada y por lo general solo daña la relación.
Qué se le parece
Más de la mitad de estos sustos acaban en nada, porque lo que se toma por condilomas es anatomía normal. Conviene conocer las confusiones más frecuentes.
- Una hilera regular de pequeños bultitos iguales en el borde del glande: son las pápulas perladas, una variante de la normalidad. No contagian, no crecen y no se tratan.
- Puntitos claros en la piel del escroto, del pene o en la cara interna de los labios menores: son glándulas sebáceas, también normales.
- Una granulación fina y simétrica en la entrada de la vagina: es la papilomatosis vestibular, un hallazgo inofensivo que durante décadas se cauterizó por error.
- Nódulos firmes y brillantes con una depresión central: es el molusco contagioso, otra infección vírica con otro tratamiento.
- Colgajos blandos de piel con un pedículo en los pliegues inguinales: son acrocordones corrientes, sin relación con este grupo de VPH.
- Lesiones planas y húmedas junto con una erupción por el cuerpo y malestar general: puede ser sífilis, y ahí el tiempo no se mide en meses.
Por eso el diagnóstico lo pone la mirada del médico y no una búsqueda de fotografías en internet. Suele bastar con la exploración; si hace falta se mira con aumento, se explora por dentro y se toma una muestra de tejido cuando el aspecto es atípico.
De dónde sale el virus
El VPH se transmite por contacto de piel con piel y de mucosa con mucosa: sobre todo en el sexo vaginal y anal, con menos frecuencia en el oral, y también a través de juguetes sexuales compartidos y de las manos. El preservativo reduce el riesgo pero no lo elimina, porque el virus vive también en la piel que el preservativo no cubre.
Conviene entender la escala: este virus lo tiene o lo ha tenido la inmensa mayoría de las personas con vida sexual. En la mayoría no da señales y desaparece solo en un año o año y medio, porque el sistema inmunitario se ocupa de él. Las verrugas le salen a una minoría. Quien lo lleva sin verrugas lo transmite igual y por lo general no sospecha nada.
Lo que no ocurre: las verrugas no se pegan por toallas, cubiertos, váteres, piscinas ni besos. En cambio, uno mismo se las traslada de un sitio a otro con facilidad si se rasca y se toca.
La relación con el cáncer: lo que hay que entender
Hay más de doscientos tipos de VPH y cada uno hace su papel. Las verrugas las provocan los tipos llamados de bajo riesgo: saben fabricar excrecencias, pero no producen cáncer. Del cáncer de cuello de útero, y también de los tumores de ano, de faringe, de pene y de vulva, se encargan otros tipos, los de alto riesgo, y esos no dan verrugas: crecen en silencio, y eso es justamente lo que los hace peligrosos.
De ahí salen tres conclusiones. La primera: un condiloma no se transforma en cáncer, y quitarlo por miedo al cáncer no tiene sentido. La segunda: tener verrugas no garantiza que no haya además tipos de alto riesgo, porque se pueden adquirir varios a la vez. La tercera y principal: el cribado de cuello de útero hay que hacerlo con verrugas o sin ellas, siguiendo el calendario habitual de cada país. Ni adelantarlo ni suspenderlo por unos condilomas.
Cómo se quitan
El tratamiento no es obligatorio. En aproximadamente una de cada tres personas las verrugas desaparecen solas en medio año, y si son pocas, no molestan y no crecen, el médico puede proponer simplemente vigilarlas. Se eliminan cuando incomodan, aumentan o estorban en la vida diaria o en las relaciones.
Los métodos se dividen en dos grupos. El primero son los productos que se aplican sobre la verruga: cremas y soluciones, algunos los usa el propio paciente en casa siguiendo una pauta y otros los aplica solo el médico. No actúan de inmediato y provocan enrojecimiento, escozor y erosiones, que forman parte esperada del proceso. El segundo grupo es la eliminación física en una o varias sesiones: congelación con nitrógeno líquido, cauterización eléctrica, láser o extirpación con anestesia local. La elección depende del número de verrugas, de su localización y de su aspecto; en zonas de difícil acceso, como la uretra o el recto, interviene un especialista.
Lo honesto que hay que esperar: el tratamiento quita las excrecencias, no el virus. En torno a un tercio de las personas las verrugas reaparecen en los meses siguientes, y eso no significa que el tratamiento fuera malo ni que haya habido un nuevo contagio. Repetir tandas es lo normal. Con el tiempo el sistema inmunitario suele imponerse y las recaídas cesan.
Lo que entorpece el tratamiento y lo que no debe hacerse:
- no compre los productos de farmacia para las verrugas de manos y pies: están pensados para piel gruesa y en las mucosas dejan quemaduras;
- no corte, no queme ni ate las excrecencias por su cuenta;
- no extienda el producto sobre piel sana ni sobre heridas y respete el tiempo de aplicación que indica el prospecto;
- tenga en cuenta que algunas cremas dañan el látex, de modo que los preservativos y los diafragmas pueden fallar durante los días de tratamiento; pregúntelo al médico;
- deje de fumar: en los fumadores las verrugas responden peor a cualquier tratamiento y reaparecen más;
- evite las relaciones mientras dure la tanda y use preservativo después.
Cuándo no conviene esperar
Cualquier bulto nuevo en esta zona merece una consulta, aunque solo sea para saber qué es. Pero hay señales con las que la visita no admite aplazamiento.
- La lesión sangra sin motivo claro, se ha ulcerado, se ha endurecido, está adherida a los tejidos de alrededor o tiene un color irregular u oscuro.
- Crece deprisa, sobre todo si se trata de un único nódulo y no de un grupo de lesiones pequeñas.
- No cicatriza y no responde al tratamiento que normalmente funciona.
- No consigue orinar, el chorro ha cambiado bruscamente o hay sangre en la orina.
- Aparece dolor, sangrado por el ano o sensación de cuerpo extraño dentro de él.
- Las verrugas se multiplican de forma acelerada en una persona con las defensas bajas: con VIH, tras un trasplante o durante un tratamiento inmunosupresor.
La razón de tanta insistencia es una sola: bajo el aspecto de una verruga rebelde se esconde en contadas ocasiones una lesión precancerosa o un tumor de piel o mucosa. Es raro, pero por eso una lesión atípica se analiza en lugar de cauterizarse a ciegas. Conviene recordar además que los condilomas conviven a menudo con otras infecciones de transmisión sexual, y en la primera consulta es razonable estudiarlas también.
Embarazo y parto
Durante el embarazo los condilomas suelen volverse más activos de lo habitual: aumentan en número y en tamaño, se irritan con facilidad y sangran. Tiene que ver con los cambios inmunitarios y con el mayor riego sanguíneo, no con un peligro para el bebé.
Para el niño el riesgo es muy bajo. El virus se transmite raramente durante el parto y en casos aislados provoca lesiones en la vía respiratoria del bebé, pero es excepcional y la cesárea no lo evita. Por eso las verrugas por sí solas no son motivo para operar: la cesárea se plantea únicamente si las lesiones son tan voluminosas que obstruyen el canal del parto o amenazan con una hemorragia importante.
Tratar durante el embarazo es posible, pero no con todo: parte de los productos que se aplican sobre la piel están contraindicados, y el médico elige las opciones seguras. Normalmente no hay prisa, porque después del parto los condilomas suelen encoger y desaparecer solos en unas semanas, así que el tratamiento se aplaza con frecuencia al posparto. Al equipo que sigue el embarazo hay que contarle lo de las verrugas sin falta.
La vacuna y qué decirle a la pareja
La vacuna frente al VPH protege tanto de los tipos que producen verrugas como de los principales tipos de alto riesgo. Se administra a adolescentes de ambos sexos antes del inicio de las relaciones, que es cuando mejor funciona; la edad exacta y el número de dosis los fija el calendario de vacunación de cada país, y varían de uno a otro. A los adultos también se les ofrece en determinadas situaciones, y vale la pena consultarlo. Hay algo que no sabe hacer: curar las verrugas que ya han salido. La vacuna es cosa del futuro, no del problema de hoy.
Sobre la pareja. No hace falta telefonear a todas las personas con las que se ha estado en los últimos años: como el plazo de aparición es largo e impredecible, no aportaría nada. En cambio, a la pareja actual sí le conviene revisarse, porque puede tener verrugas que ignora, sobre todo si están escondidas por dentro. Dos personas no pueden reinfectarse mutuamente con el mismo tipo de virus, y protegerse siempre dentro de la pareja solo por eso no tiene sentido; es una cuestión para hablar con el médico en cada caso concreto.
Consulta en línea
A distancia se da bien el primer paso, ese que muchos posponen durante meses. El médico valorará a qué se parece lo que usted ha encontrado, le dirá si hace falta exploración presencial y con qué urgencia, y le explicará qué señales significan «mañana» y no «dentro de un mes». Le ayudará a elegir entre vigilar y tratar, y le expondrá qué esperar de cada método y por qué una recaída no es un fracaso. Aparte, se puede hablar del embarazo, de la vacuna, de la conversación con la pareja y de la relación entre los condilomas y el cribado de cuello de útero. Los signos de alarma de la lista anterior no se valoran por pantalla: con ellos hace falta una exploración.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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