Uveítis (inflamación de la úvea del ojo)
La uveítis es la inflamación de la úvea, la capa media del ojo, situada entre la esclerótica y la retina, que se encarga de llevarle la sangre.
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Medicamentos comúnmente prescritos para Uveítis (inflamación de la úvea del ojo)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COLIRIO, 1mg/mlPrincipio activo: DexametasonaFabricante: Laboratoires TheaRequiere recetaForma farmacéutica: COLIRIO, 1.5 mg/mlPrincipio activo: DexametasonaFabricante: Sifi S.P.A.Requiere recetaPrincipio activo: DexametasonaFabricante: Abbvie Deutschland Gmbh & Co. KgRequiere receta
La uveítis es la inflamación de la úvea, la capa media del ojo, situada entre la esclerótica y la retina, que se encarga de llevarle la sangre. Desde fuera parece simplemente «un ojo rojo», y los primeros días la mayoría echa mano del colirio que quedaba en el armario. Sin embargo, es uno de los pocos problemas oculares en los que el tiempo se cuenta por días: la inflamación dentro del ojo no se reabsorbe sola y sus consecuencias — presión elevada, catarata, edema de la zona central de la retina — se acumulan en silencio y se llevan la visión de forma definitiva. Tratada a tiempo, casi siempre se resuelve bien. Por eso lo importante de esta página cabe en una frase: dolor en el ojo junto con molestia intensa a la luz y pérdida de visión significa acudir al oftalmólogo ese mismo día, no «probar unas gotas y ver qué pasa».
Qué se nota desde el primer día
Suele afectar a un solo ojo, y con menos frecuencia a los dos. El cuadro es bastante reconocible:
- dolor profundo dentro del ojo, sordo y continuo, que empeora al leer, al enfocar de cerca y con la luz intensa;
- enrojecimiento en anillo alrededor del iris, más marcado justo en el borde de la parte de color, y no repartido por todo el blanco ni concentrado en los lagrimales;
- fotofobia: la luz de una lámpara corriente resulta dolorosa y se busca la penumbra instintivamente;
- visión borrosa, como a través de una película, que no se aclara por mucho que se parpadee;
- puntos, hilos o copos flotantes delante del ojo y, a veces, destellos en un lateral;
- lagrimeo sin legañas ni pus; la pupila puede quedarse más pequeña de lo normal y perder la forma redonda.
La velocidad varía. Cuando la inflamación afecta a la parte anterior del ojo, se instala en cuestión de horas o de un par de días: es la forma más frecuente y la más llamativa. Cuando afecta a la parte posterior, avanza durante semanas y puede no doler ni enrojecer nada, solo apagar poco a poco la visión y llenarla de moscas volantes. En los niños con artritis juvenil, además, la uveítis suele cursar sin ninguna molestia y se descubre únicamente en la revisión programada: por eso se programan esas revisiones.
En qué se diferencia de una conjuntivitis
Esta es la distinción más útil de toda la página, porque es justo aquí donde se pierde una semana. En la conjuntivitis el enrojecimiento está repartido por todo el blanco del ojo y es más intenso hacia los lagrimales, hay sensación de arenilla y picor, hay secreción — por la mañana cuesta despegar las pestañas — y la visión no baja: se enturbia por la película de lágrima y se aclara al parpadear. La luz molesta, pero se tolera.
En la uveítis todo es distinto: el dolor es real y profundo, no un escozor; el enrojecimiento forma un anillo alrededor del iris; la luz duele; la visión desciende y no se recupera al parpadear; no hay pus. Conviene quedarse con una regla sencilla: dolor más fotofobia más visión que baja es motivo de oftalmólogo el mismo día, sea cual sea el diagnóstico final.
Y el diagnóstico final no siempre es uveítis. El mismo cuadro lo da un ataque agudo de glaucoma — dolor, halos de colores alrededor de las luces, ojo duro al tacto, náuseas — y también la inflamación de la córnea, sobre todo en quien usa lentes de contacto. A simple vista no se distinguen: los separa la exploración con lámpara de hendidura y la medición de la presión intraocular, otro motivo más para no ponerse gotas por cuenta propia.
Por qué no conviene esperar
Los tejidos inflamados dentro del ojo se pegan entre sí. El iris se adhiere al cristalino, la pupila pierde su forma, el drenaje del líquido intraocular se altera y la presión sube: así aparece un glaucoma secundario, que daña el nervio óptico de manera irreversible. La inflamación prolongada y el tratamiento largo con corticoides aceleran la opacificación del cristalino, es decir, la catarata. Y la causa más frecuente de pérdida de visión duradera en la uveítis es el edema macular, la acumulación de líquido en la zona central de la retina: la persona nota que las líneas rectas se ondulan y que faltan letras dentro del renglón.
Todo esto avanza sin dolor, mientras la sensación es que «ya va mejor». Dicho sin rodeos: la uveítis no tratada o tratada a medias sigue siendo una de las causas de pérdida irreversible de visión en personas en plena edad laboral, y aquí una semana perdida cuesta visión de verdad.
Al oftalmólogo el mismo día si aparecen:
- dolor ocular con enrojecimiento alrededor del iris;
- intolerancia brusca a la luz;
- visión borrosa o disminuida;
- una lluvia repentina de moscas volantes nuevas o destellos;
- cualquiera de estos signos en alguien que ya ha tenido uveítis.
Sin esperar al día siguiente: pérdida súbita de visión, una cortina oscura por un lado, dolor intenso con náuseas y vómitos, traumatismo ocular, y también la inflamación del ojo en una persona inmunodeprimida o con un herpes zóster reciente en la cara. La ambulancia (número europeo único, el 112) hace falta ante una herida penetrante del ojo o una ceguera total repentina; en el resto de situaciones no hay que llamar a emergencias, sino conseguir una cita con el oftalmólogo para hoy.
Qué hay detrás de una uveítis
En aproximadamente la mitad de los casos no se encuentra la causa, y ese es un resultado normal del estudio. En el resto hay algo más detrás de la inflamación ocular, y la lista de sospechosos es bastante estable:
- las espondiloartritis: espondilitis anquilosante, artritis reactiva y artritis psoriásica; son la compañía más habitual de la uveítis anterior;
- la enfermedad inflamatoria intestinal: enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa;
- la sarcoidosis, la enfermedad de Behçet y la esclerosis múltiple;
- la artritis idiopática juvenil en niños, el caso en el que el ojo ni duele ni se pone rojo;
- las infecciones: virus del herpes simple y del herpes zóster, toxoplasmosis, tuberculosis, sífilis, borreliosis y citomegalovirus en personas con inmunodepresión grave;
- los traumatismos y la cirugía ocular previa;
- rara vez, un tumor dentro del ojo o un linfoma, capaces de disfrazarse de inflamación rebelde; se piensa en ellos cuando el tratamiento no funciona sin explicación.
La relación funciona en los dos sentidos. En algunas personas la inflamación del ojo es el primer signo visible de una enfermedad general, y es el oftalmólogo quien deriva al reumatólogo, y no al revés. Por eso, ante episodios repetidos, no se estudia solamente el ojo.
Cómo se llega al diagnóstico
El momento clave de la consulta es la exploración con lámpara de hendidura: el médico ve, en el haz de luz, las células suspendidas en la cámara anterior del ojo, y eso confirma la inflamación. Después se dilata la pupila con gotas para revisar el humor vítreo y la retina; tras esas gotas todo se ve borroso y la luz molesta durante varias horas, así que ese día es mejor no conducir. Siempre se mide la presión intraocular, y si se sospecha edema de la zona central se hace una imagen de la retina.
Tras un primer episodio leve no suele hacer falta nada más. En cambio, si los episodios se repiten, si están afectados los dos ojos, si la inflamación es posterior o el cuadro resulta atípico, se busca la causa: analítica con marcadores de inflamación, HLA-B27, radiografía de tórax, pruebas de sífilis y tuberculosis y, cuando hay motivo, de borreliosis y toxoplasmosis. El interrogatorio pesa tanto como los análisis: interesan la rigidez matutina y el dolor lumbar, el ritmo intestinal, las lesiones de piel, las aftas en la boca, el dolor articular, los viajes recientes y las infecciones pasadas. No es exceso de celo: del diagnóstico de la causa depende directamente el tratamiento.
Cómo se trata y por qué las gotas solo las receta el oftalmólogo
La base del tratamiento de la uveítis anterior son los colirios con corticoides, muy frecuentes al principio y luego en pauta descendente, junto con gotas que dilatan la pupila, que alivian el espasmo — y con él ese dolor al leer — e impiden que el iris se adhiera al cristalino. Funciona rápido y funciona bien, pero hay tres advertencias que justifican este apartado.
- Usar el colirio de otra persona es lo más peligroso que se puede hacer con un ojo inflamado. Si detrás del enrojecimiento hay una lesión herpética, bacteriana o por hongos en la córnea, los corticoides quitan el dolor y a la vez dejan vía libre a la infección. Estas historias terminan en úlcera corneal y en trasplante de córnea.
- Los corticoides suben por sí mismos la presión intraocular y aceleran la catarata, así que durante el tratamiento se controla la presión, y las gotas ni se suspenden de golpe ni se prolongan por iniciativa propia: ambas cosas acaban en un rebrote.
- Si la causa es infecciosa, antes o al mismo tiempo se pauta tratamiento antivírico, antimicrobiano o antiparasitario: los corticoides solos empeoran la evolución.
En la uveítis posterior y en las formas graves se añaden corticoides en comprimidos o inyectados junto al ojo o dentro de él. Cuando los brotes son frecuentes o hay una enfermedad general de fondo, se pasa a fármacos que frenan el sistema inmunitario y a fármacos biológicos; de ellos se ocupan el reumatólogo y el oftalmólogo juntos, con analíticas periódicas de control. El láser, la crioterapia y la cirugía se necesitan pocas veces y casi siempre ya para tratar complicaciones. Lo que no sirve de nada son los colirios vasoconstrictores «para el ojo rojo» y los antibióticos puestos al azar: los primeros solo enmascaran el cuadro.
Si la uveítis vuelve
La uveítis anterior tiende a repetirse, sobre todo la asociada al HLA-B27. Se convive con ella durante años y con buena visión si se organizan unas cuantas cosas sencillas.
- Aprenda a reconocer su primer aviso. En la mayoría siempre es el mismo: una molestia leve o cierta sensibilidad a la luz el día antes de que el ojo se ponga rojo. El tratamiento empieza en ese momento, no una semana después.
- Acuerde de antemano con el oftalmólogo cómo contactar en un brote: tener el camino resuelto ahorra justo esos días.
- No estire el frasco viejo de gotas para el episodio nuevo: la dosis y la duración se ajustan cada vez según la exploración.
- Acuda a las revisiones aunque el ojo esté tranquilo: tanto la presión alta como la catarata dan la cara tarde.
- Trate la enfermedad de base: en la espondiloartritis y en la enfermedad intestinal, controlarlas reduce también el número de brotes oculares.
- A los niños con artritis juvenil se les programan revisiones oculares precisamente porque esa uveítis ni duele ni enrojece.
Las gafas de sol no curan nada, pero en la fase aguda alivian de verdad la fotofobia, y usarlas es razonable. Fumar agrava la evolución de la uveítis: un motivo más para dejarlo.
Consulta en línea
En los problemas oculares, la consulta en línea resuelve la pregunta principal: con cuánta urgencia hay que moverse y a quién acudir. A partir de lo que usted cuente, el médico valorará si el cuadro se parece más a una uveítis o a una conjuntivitis corriente, qué indica el tipo de enrojecimiento, de dolor y de molestia a la luz, y si hay que buscar oftalmólogo hoy mismo. En línea también se aclara bien lo ya pautado: cómo seguir la pauta descendente de las gotas, qué efectos adversos merecen atención, por qué el oftalmólogo ha derivado al reumatólogo y qué significan los resultados de las pruebas. Si la uveítis se repite, se puede preparar juntos un plan para el próximo brote. Lo que no se puede sustituir es la lámpara de hendidura y la medición de la presión: cuando hay dolor, fotofobia y visión que baja, la consulta en línea sirve para llegar antes a la cita presencial, no para evitarla.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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