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Medicamentos comúnmente prescritos para Tics (tics nerviosos)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 1 mg/mlPrincipio activo: RisperidonaFabricante: Tarbis Farma S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 6 mgPrincipio activo: RisperidonaFabricante: Grindeks AsRequiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 1 mg/mlPrincipio activo: RisperidonaFabricante: Teva Pharma S.L.U.Requiere receta
Un tic es un movimiento o un sonido breve que sale solo: el niño parpadea sin parar, encoge un hombro, arruga la nariz, carraspea sin estar resfriado. Visto desde fuera parece una mala costumbre o una payasada, y por eso los tics reciben más reprimendas que cualquier otro problema de la infancia. En realidad contener un tic cuesta más o menos lo mismo que contener un estornudo. Son frecuentes: una parte considerable de los niños en edad escolar pasa por ellos, suelen aparecer entre los cinco y los siete años y en la mayoría de los casos desaparecen solos, sin ningún tratamiento. No son consecuencia de una mala crianza, ni de un susto, ni de algo que los padres hayan dejado de hacer.
Qué aspecto tienen
Los tics se dividen en dos grupos. Los motores son movimientos: parpadear, apretar los ojos, sacudir la cabeza, levantar un hombro, hacer muecas, lanzar el brazo, a veces secuencias enteras del tipo «girarse y tocar un objeto». Los vocales son sonidos que salen al espirar: carraspeo, sorber por la nariz, gruñidos, silbidos y, con menos frecuencia, la repetición de una palabra o de un trozo de frase.
Hay varios rasgos que permiten reconocer un tic casi con seguridad:
- llega a rachas: varias sacudidas seguidas y después una pausa;
- en los niños mayores va precedido de una sensación desagradable que crece —picor en el párpado, nudo en la garganta, tensión en el hombro— y el tic la descarga; ellos lo describen como «tengo que hacerlo o no se me pasa»;
- cambia con el tiempo: el parpadeo desaparece, en su lugar aparece el sorbido nasal y medio año después una sacudida de hombro;
- va por oleadas: una semana casi no se nota y al mes siguiente salta a la vista, y eso no significa que algo haya empeorado;
- durante el sueño normalmente no hay tics.
Los niños pequeños a menudo ni siquiera se dan cuenta de sus tics y se sorprenden cuando alguien se los menciona. Empiezan a percibirlos y a notar el impulso previo hacia los diez años.
Por qué unas veces aumentan y otras se calman
Los tics son muy sensibles al estado de la persona. Aumentan con el cansancio y la falta de sueño, con la emoción —también con la alegre: antes de un cumpleaños y después de una fiesta hay más tics que un martes cualquiera—, con el estrés, durante una enfermedad con fiebre y cuando el niño no tiene nada que hacer. Y hay un amplificador aparte, el más injusto de todos: hablar de los tics. Cuanto más se los recuerda, más aparecen.
Disminuyen cuando la persona está absorta en algo: toca un instrumento, lee, monta un juguete de piezas, se mete en un juego, habla de lo que le interesa. Esa es una de las razones por las que a veces los profesores no creen a los padres: en una clase en la que el niño está concentrado puede no haber ni un solo tic.
Y lo más importante que conviene que entienda quien está alrededor. Un tic se puede retener un rato: un minuto, a veces algunos más. Por eso los adultos sacan la conclusión equivocada: «Entonces puede cuando quiere». Puede, pero a un precio: durante todo ese tiempo la persona está ocupada únicamente en contenerse y no logra concentrarse en nada más, y en cuanto afloja la tensión los tics salen de golpe y por un rato hay más de lo habitual. El niño que «se ha portado de maravilla en la consulta» llega a casa y se descarga en el recibidor. No es teatro ni una venganza contra los padres: es la consecuencia directa de haber estado una hora conteniéndose.
De dónde salen
Los tics tienen que ver con el funcionamiento de las zonas del cerebro que ponen en marcha y frenan los movimientos. Nada se destruye ahí dentro, y los tics por sí solos no afectan al desarrollo del niño.
La herencia pesa mucho: al preguntar suele aparecer algún familiar con una historia parecida en la infancia de la que en casa nunca se habló. Con frecuencia los tics van acompañados de un trastorno por déficit de atención e hiperactividad o de pensamientos y rituales obsesivos, y a veces esos acompañantes molestan al niño bastante más que los propios tics.
Lo que no está en la lista de causas es la educación, las pantallas, el azúcar y el «ambiente nervioso en casa». El estrés hace más visibles los tics que ya existen, pero no los crea de la nada. Con menos frecuencia los tics son un efecto secundario de fármacos estimulantes o consecuencia del consumo de sustancias; y muy rara vez las sacudidas son la manifestación de otra enfermedad del sistema nervioso, y ese es precisamente el caso en el que hace falta un médico.
Cuánto dura y qué pinta aquí el síndrome de Tourette
El guion más habitual es que los tics duren unos meses y se vayan. Si se mantienen más de un año y hay a la vez tics motores y vocales, el cuadro se llama síndrome de Tourette. El nombre suena grave, y el cine suele representarlo con alguien soltando palabrotas, cuando en realidad eso le ocurre a una minoría de quienes tienen el diagnóstico. La palabra «Tourette» no significa por sí misma ni un curso grave ni un pronóstico especial: solo indica que los tics no son de un mes, sino persistentes.
El pico va aproximadamente de los ocho años a mitad de la adolescencia. Después, en la mayoría, los tics se atenúan o desaparecen: en la edad adulta a unos no les queda nada y a otros les quedan sacudidas leves que nadie salvo ellos percibe. No se puede predecir por la intensidad de los tics a los siete años lo que habrá a los diecisiete, y lo tranquilizador es que la dirección de esta historia suele ser buena.
Cómo comportarse ante un tic
La regla principal es una sola: no llamar la atención sobre el tic. Es sencilla de enunciar y difícil de cumplir, porque el tic prácticamente pide que se reaccione ante él.
- No hacer comentarios ni pedir «para» o «estate quieto». Eso no ayuda nunca, y después de esa petición los tics aumentan.
- No castigar ni avergonzar. El niño no tiene la culpa, y necesita oírlo de ustedes con palabras.
- No hablar de sus tics delante de él con los abuelos, los vecinos o los médicos como si no estuviera en la habitación.
- No obligarle a «enseñar el tic» ni grabarlo sin permiso. Si el médico ha pedido un vídeo, grábenlo de pasada, sin anunciarlo.
- Explicarle con calma qué le pasa: le ocurre a mucha gente, el cuerpo a veces hace movimientos de más, se le pasará, no hay nada que temer. El desconocimiento asusta más que los tics.
- Avisar al profesor y al entrenador, y pedirles que no le corrijan. Ayuda que el niño tenga permiso para salir un minuto del aula cuando aprieta: suele usarlo menos de lo que uno teme, pero le quita mucha tensión.
- Cuidar el sueño y no sobrecargar el día: dormir poco es el amplificador más previsible de los tics.
- Vigilar aparte el acoso escolar. Es mucho más peligroso que los tics y exige que intervengan los adultos, no un «no les hagas caso».
Cuándo hay que consultar por un tic
A la mayoría de los niños con tics el médico les hace falta una sola vez: para confirmar que son tics y para oír que no hay que hacer nada. Pero hay situaciones en las que conviene consultar sin falta:
- el tic duele o hace daño: sacudidas bruscas de cabeza, golpes con la mano sobre uno mismo, mordiscos en el labio, movimientos tras los cuales duele el cuello;
- los tics aparecen por primera vez en un adulto. Los tics empiezan en la infancia; unas sacudidas que surgen por primera vez en la edad adulta suelen ser otro trastorno del movimiento, y eso hay que aclararlo;
- junto a las sacudidas hay otros síntomas neurológicos: debilidad en un brazo o una pierna, inestabilidad al andar, cambio en la letra, pérdida de habilidades ya adquiridas, lentitud, alteraciones del habla;
- empeoramiento brusco: en pocos días los tics se han vuelto mucho más intensos o han cambiado hasta ser irreconocibles, sobre todo tras un golpe en la cabeza, tras una enfermedad o al empezar un fármaco nuevo;
- los tics impiden comer, dormir, escribir, estudiar o trabajar;
- el niño lo está pasando mal: le da vergüenza, le da miedo ir al colegio, se encierra o habla mal de sí mismo;
- junto a los tics han aparecido tristeza persistente, ansiedad, estallidos de ira o ideas de hacerse daño.
Sobre los adultos conviene detenerse, porque ahí se esconde algo raro pero importante. Entre las causas de movimientos nuevos en una persona joven está la enfermedad de Wilson, un trastorno del metabolismo del cobre que golpea a la vez el hígado y el sistema nervioso. No es frecuente, pero se detecta con análisis corrientes y tiene tratamiento, y cuanto antes se empiece, mejor es el resultado. Por hallazgos así no se dejan sin explorar unas sacudidas nuevas en un adulto.
No existe ningún análisis «para los tics»: el diagnóstico se hace con el relato y con lo que el médico ve. No se estudia a todos, sino a aquellos cuyo cuadro se sale de lo habitual.
Qué ayuda cuando los tics molestan
Empecemos por lo honesto: si los tics son leves y no estropean la vida, no hay que tratarlos. El objetivo del tratamiento no es eliminarlos del todo, sino devolver a la persona la posibilidad de vivir sin estar pendiente de ellos.
Lo primero que se ofrece es la terapia conductual, y no son charlas sobre cómo sobrellevarlo, sino el aprendizaje de una habilidad concreta. A la persona se le enseña a notar el impulso previo al tic y a hacer en ese momento otro movimiento incompatible con él: si el tic es encoger el hombro, por ejemplo, estirar suavemente el brazo hasta que el impulso pase. Hay también una variante en la que, al revés, se aprende a tolerar el impulso sin responderle. Requiere varias sesiones, sirve para niños a partir de los ocho o nueve años y para adultos, y el resultado se mantiene si las técnicas se siguen usando después de terminar.
Los fármacos los necesita una minoría: quienes tienen tics intensos, dolorosos o claramente incapacitantes. Se usan medicamentos que actúan sobre la transmisión de dopamina y fármacos del grupo de los agonistas alfa-2, que además ayudan con el déficit de atención asociado; para un único tic obstinado en un músculo concreto se emplean a veces inyecciones de toxina botulínica. Todos tienen efectos adversos, desde somnolencia y aumento de peso hasta problemas del movimiento, así que este tratamiento lo elige un médico, no el mostrador de la farmacia.
Y a menudo no hay que ocuparse de los tics: si el niño tiene déficit de atención u obsesiones, atender eso le facilita la vida más que cualquier intervención sobre las sacudidas.
Lo que no funciona, aunque se ofrezca con entusiasmo: dietas especiales, vitaminas y suplementos «para el sistema nervioso», nootrópicos, homeopatía. No hay pruebas de que sirvan para los tics, y en ellos se gastan tiempo y esperanza.
Consulta en línea
La consulta a distancia va muy bien para la primera conversación sobre los tics. El médico preguntará cómo empezó todo, qué ocurre exactamente y en qué circunstancias aumenta, verá un vídeo corto si lo tienen y en la mayoría de los casos ya en ese momento dirá lo principal: si esto se parece a unos tics infantiles corrientes, si hay que hacer algo ahora y qué vigilar más adelante. También se resuelve la parte práctica: cómo responder a las preguntas de los compañeros de clase, qué decirle al profesor, cómo reorganizar el día para que el niño duerma lo suficiente. En línea es cómodo valorar si tiene sentido buscar terapia conductual y volver con dudas más adelante, cuando el cuadro cambie. En cambio, ante sacudidas que aparecen por primera vez en un adulto, ante otros síntomas neurológicos o ante un empeoramiento brusco hace falta una exploración neurológica presencial: el vídeo no la sustituye.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Tics (tics nerviosos)
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