Síndrome premenstrual (SPM)
El síndrome premenstrual es el conjunto de cambios físicos y anímicos que aparecen en la última semana o dos del ciclo y desaparecen con la regla o en sus…
En esta página
- Cómo suele manifestarse
- Lo decisivo no es la lista de síntomas, sino su calendario
- Por qué ocurre
- Lo que se parece al síndrome premenstrual sin serlo
- Lo que ayuda en el día a día
- Analgésicos y suplementos
- Cuándo acudir al médico y qué puede ofrecer
- Cuándo ya no es síndrome premenstrual sino trastorno disfórico premenstrual
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente prescritos para Síndrome premenstrual (SPM)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 200 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Farmalider S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 20 mgPrincipio activo: citalopramFabricante: Bexal Farmaceutica S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 400 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Aurovitas Spain, S.A.U.No requiere receta
El síndrome premenstrual es el conjunto de cambios físicos y anímicos que aparecen en la última semana o dos del ciclo y desaparecen con la regla o en sus primeros días. Así vive la mayoría de las personas que menstrúan, y eso por sí solo no es una enfermedad. De síndrome premenstrual se habla cuando esos días dejan de ser simplemente molestos: se caen los planes, se resienten las relaciones, el trabajo se aplaza. Ahí es donde deja de tener sentido aguantar unos años más y empieza a tenerlo pedir ayuda.
Cómo suele manifestarse
Se han descrito más de cien manifestaciones, y cada persona tiene la suya: estable mes a mes, pero distinta de la de al lado. Las más frecuentes son:
- cambios de humor, irritabilidad, arrebatos de enfado, ganas de llorar;
- ansiedad, ánimo bajo, la sensación de que todo se escapa de las manos;
- cansancio, dificultad para dormirse o, al contrario, mucho sueño;
- despistes, dificultad para mantener la atención en una sola cosa;
- hinchazón abdominal, dolor sordo en la parte baja del vientre y en la zona lumbar;
- tensión y dolor en las mamas;
- dolor de cabeza y, en algunas personas, crisis de migraña;
- antojos de dulce o de salado, cambios en el apetito;
- retención de líquidos y sensación de haber engordado, que se resuelve en pocos días;
- brotes de acné y pelo más graso;
- menos interés por el sexo o, con menor frecuencia, más.
Merece una nota aparte el pecho. El dolor cíclico y la sensación de nódulos son habituales y cambian con la fase del ciclo. En cambio, un bulto firme que sigue ahí después de la regla no tiene que ver con el síndrome premenstrual y hay que enseñárselo a un médico.
Lo decisivo no es la lista de síntomas, sino su calendario
Ninguno de los síntomas anteriores pertenece en exclusiva al síndrome premenstrual. Lo que lo distingue es cuándo aparece. Las molestias surgen en la segunda mitad del ciclo, alcanzan su punto máximo en los últimos días antes de la regla, ceden con el primer día de sangrado y desaparecen del todo durante una semana o semana y media. Esa semana limpia es la parte más importante del cuadro. Si no existe y una se encuentra mal más o menos igual todo el mes, se trata de otra cosa que simplemente empeora antes de la regla.
Por eso la única manera fiable de aclararlo es llevar un registro diario. No de memoria, sino día a día: dos o tres ciclos completos, anotando con una escala sencilla las tres o cuatro molestias que más pesan y los días de regla. Con media hora de trabajo sumada se obtiene algo que ningún análisis de sangre puede dar, y se llega a la consulta con la respuesta a la primera pregunta del médico.
Los análisis hormonales no hacen falta para diagnosticarlo y normalmente no muestran nada: los niveles en sangre son normales. Se piden no para confirmar el síndrome premenstrual, sino para descartar otras causas.
Por qué ocurre
El síndrome premenstrual no se debe a un exceso ni a una falta de hormonas, sino a la sensibilidad particular del cerebro a sus oscilaciones normales. Después de la ovulación cambia el nivel de progesterona, y sus derivados actúan sobre los mismos circuitos cerebrales que regulan la ansiedad, el sueño y el estado de ánimo, y también sobre la transmisión de serotonina. En unas personas ese reajuste pasa desapercibido; en otras desata una tormenta.
La confirmación indirecta es sencilla: el síndrome premenstrual solo existe donde hay ovulación. No aparece antes de la pubertad, ni durante el embarazo, ni después de la menopausia, ni en los ciclos en que no hubo ovulación. En eso se basa precisamente uno de los tratamientos: suprimirla de forma temporal.
Lo que empeora unos días ya de por sí difíciles: dormir poco, el estrés mantenido, el sedentarismo, el tabaco y el exceso de alcohol y de cafeína. No son la causa, pero son justamente lo más fácil de cambiar.
Lo que se parece al síndrome premenstrual sin serlo
Distinguirlo importa porque el tratamiento es otro. El registro de un par de ciclos suele resolver la duda.
- Depresión y trastorno de ansiedad. Con frecuencia empeoran antes de la regla y se confunden con el síndrome premenstrual. La diferencia está en la semana limpia: en la depresión no la hay, el ánimo bajo se mantiene también en la primera mitad del ciclo.
- Hipotiroidismo. Produce cansancio, sensación de frío, aumento de peso, piel seca y desánimo, todo ello sin relación con el ciclo. Se comprueba con un análisis de sangre.
- Anemia por falta de hierro. Acompaña a menudo a las reglas abundantes: debilidad, falta de aire al esforzarse, caída del pelo. Su cansancio va aumentando hacia el final del ciclo, lo que se confunde con facilidad.
- Endometriosis y adenomiosis. Aquí la clave es el dolor. En el síndrome premenstrual cede al empezar la regla; en la endometriosis es precisamente entonces cuando más fuerte se vuelve, y suele añadirse dolor en las relaciones sexuales y al defecar.
- Perimenopausia. A partir de los cuarenta y cinco los ciclos se vuelven irregulares, los síntomas pierden su relación con la fase y aparecen sofocos y sudores nocturnos.
- Migraña. En algunas personas las crisis van ligadas a la caída de estrógenos previa a la regla. Es un problema aparte, con su propio tratamiento, que no se agota en tomar un analgésico cuando duele.
Lo que ayuda en el día a día
Por aquí se empieza, y a muchas personas les basta. El efecto no aparece en un solo ciclo, así que conviene juzgarlo a los tres meses con el mismo registro en la mano.
Movimiento. El ejercicio aeróbico regular es lo mejor documentado entre las medidas no farmacológicas. No funciona el esfuerzo puntual sino el hábito: media hora caminando a buen paso, nadar o ir en bicicleta varias veces por semana. Donde más se nota es en la irritabilidad y el desánimo.
Sueño. Dormir poco lo agrava todo a la vez. Ayuda menos el número total de horas que levantarse siempre a la misma hora, también los fines de semana y precisamente los días en que cuesta más.
Comida. Los vaivenes bruscos de azúcar en sangre agravan la irritabilidad y los antojos, así que es mejor comer poco y a menudo, sin saltarse comidas. Conviene moderar la sal los días de más retención de líquidos.
Cafeína, alcohol, tabaco. El café aumenta la ansiedad y el insomnio; el alcohol estropea el sueño y al día siguiente hunde el ánimo. Fumar se asocia a un síndrome premenstrual más intenso, un motivo más para dejarlo.
Manejo del estrés. Los ejercicios de respiración, el yoga y las prácticas de atención plena ayudan a una parte de las personas. Y un consejo práctico: programe para esos días menos conversaciones difíciles y menos decisiones. No es rendirse, es repartir bien las fuerzas.
Analgésicos y suplementos
Para los retortijones del bajo vientre, el dolor lumbar y el dolor de cabeza sirven los antiinflamatorios no esteroideos, como el ibuprofeno y sus equivalentes. Funcionan mejor si se toman al principio del dolor y no cuando ya resulta insoportable. Las advertencias son las de siempre: irritan la mucosa del estómago, retienen líquidos y no convienen si hay úlcera, enfermedad renal grave o un asma que alguna vez ha empeorado con analgésicos. No se toman en tandas largas. Si no son una opción, queda el paracetamol, aunque para los retortijones es más flojo.
Con los suplementos el panorama es más modesto de lo que promete la publicidad. Los datos más consistentes son los del calcio, que suaviza algo las molestias físicas y también las anímicas, sobre todo si se toman pocos lácteos. Los del magnesio, el aceite de onagra y el extracto de sauzgatillo son más débiles y contradictorios. La vitamina B6 ayuda a veces, pero justamente con ella hace falta prudencia: a dosis altas y de forma prolongada daña los nervios periféricos y provoca un adormecimiento persistente de manos y pies. No se debe superar la dosis indicada en el envase, y conviene contarle al médico lo que se toma, porque los suplementos interaccionan con los medicamentos.
Cuándo acudir al médico y qué puede ofrecer
El motivo de consulta es sencillo: las molestias afectan a su vida, o las medidas caseras no han servido después de varios ciclos. No hay que aguantar durante años, existe tratamiento.
Lo que suele proponerse. Los anticonceptivos hormonales combinados suprimen la ovulación y con ella las oscilaciones que provocan los síntomas; funcionan mejor en pauta continua, sin el descanso habitual, porque es en ese descanso cuando las molestias regresan. Los antidepresivos del grupo de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina actúan aquí de otra manera que en la depresión: el efecto se nota en pocos días, por lo que a veces se pautan solo para la segunda mitad del ciclo, y ayudan sobre todo con los síntomas anímicos. La terapia cognitivo-conductual obtiene resultados comparables a los del tratamiento farmacológico y no tiene efectos adversos, pero exige tiempo y constancia.
Si nada de esto funciona, el médico de cabecera derivará a ginecología o a salud mental. En los casos graves se emplean fármacos que apagan temporalmente la función de los ovarios, siempre junto a un tratamiento que devuelve las hormonas, porque de lo contrario sufren los huesos. Es ya una decisión para situaciones muy concretas y siempre después de haber probado el resto.
Cuándo ya no es síndrome premenstrual sino trastorno disfórico premenstrual
En una pequeña parte de las personas esos días transcurren de forma incomparablemente peor. Eso se reconoce como un cuadro aparte, el trastorno disfórico premenstrual. La palabra disfórico es aquí la clave: no se trata de estar de mal humor, sino de un sufrimiento psíquico marcado.
Lo caracterizan un ánimo profundamente hundido y sensación de desesperanza, ansiedad intensa y tensión interna, una irritabilidad incontrolable que rompe relaciones, la pérdida completa del interés por lo habitual y la sensación de haber perdido el control de una misma. Todo ello, igual que en el síndrome premenstrual, va ligado a la segunda mitad del ciclo y afloja al empezar la regla, pero durante esos días la persona no puede con el trabajo ni con la familia. Se trata con los mismos recursos que el síndrome premenstrual grave, solo que con esto no conviene esperar para consultar.
Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania, el 112) o acuda a urgencias si aparecen ideas de suicidio o de hacerse daño. No conduzca: pida que la lleven o pida ayuda. Lleve consigo los medicamentos que esté tomando. Esto no es algo que haya que aguantar hasta el final de la semana.
Consulta en línea
El síndrome premenstrual se resuelve casi por completo hablando, y para dar el primer paso no suele hacer falta una exploración. Por eso la consulta en línea encaja bien aquí: el médico leerá con usted el registro de síntomas, verá si encajan con el ciclo y separará el síndrome premenstrual de una depresión, un problema de tiroides, una anemia o una endometriosis.
Prepare para la conversación el registro de al menos dos ciclos, las fechas de las últimas reglas, la lista de medicamentos y suplementos que toma (los anticonceptivos incluidos) y los análisis recientes si los tiene. Cuente también qué ha probado ya y con qué resultado: eso evita repetir lo que no sirvió.
Al final el médico le indicará qué conviene comprobar, le propondrá un tratamiento y le explicará cuándo valorar su efecto. Si hace falta una exploración, una ecografía o una consulta presencial de ginecología, también se lo dirá.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Síndrome premenstrual (SPM)
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