En esta página
Medicamentos comúnmente prescritos para Síndrome de piernas inquietas
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO LIBERACION MODIFICADA, 1,05 mg de pramipexolPrincipio activo: pramipexoleFabricante: Boehringer Ingelheim International GmbhRequiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO LIBERACION MODIFICADA, 2,1 mgPrincipio activo: pramipexoleFabricante: Teva Pharma S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 2 mgPrincipio activo: ropiniroleFabricante: Tarbis Farma S.L.Requiere receta
Al final del día, cuando por fin uno consigue sentarse o tumbarse, en las piernas empieza algo difícil de describir —no llega a ser dolor, es más bien un hormigueo pesado por dentro— y con ello aparece la necesidad de levantarse y andar. Uno se levanta, da una vuelta por la habitación y alivia. Se vuelve a sentar y empieza otra vez. Eso es el síndrome de piernas inquietas. Se suele achacar a los nervios, al cansancio o al insomnio, pero es un trastorno neurológico por derecho propio y, lo más importante, detrás de él hay a menudo una causa que un análisis de sangre puede encontrar y que tiene arreglo.
Cómo se siente realmente
Cada persona lo describe a su manera: un reptar, hormigueo, picor muy por debajo de la piel, presión interna, «cosquilleo en los huesos», un dolor sordo que tira. Cuesta encontrar las palabras, y por eso muchos temen que no les entiendan. Sí les entienden: el médico reconoce el síndrome no por la descripción de la sensación, sino por cuatro rasgos que son iguales en todo el mundo.
- Hay una necesidad irresistible de mover las piernas. Suele ir precedida o acompañada de una sensación desagradable en lo profundo de las pantorrillas o los muslos.
- Aparece o empeora en reposo, sentado o acostado.
- Cede al menos en parte con el movimiento: basta con andar, estirarse o mover las piernas para que afloje mientras se está en marcha.
- Por la tarde y por la noche es peor que durante el día. Incluso en los casos graves, la mañana suele ser más tranquila.
Las sensaciones afectan casi siempre a las dos piernas, aunque no siempre con la misma intensidad. Tras muchos años a veces alcanzan también a los brazos. Algunas personas presentan además sacudidas periódicas de las piernas durante el sueño de las que no se enteran: quien las nota es la pareja de cama.
El precio principal de todo esto es el sueño. Cuesta dormirse, porque para dormir hay que estar quieto y estar quieto es justo lo insoportable. De ahí la somnolencia diurna, la irritabilidad y la dificultad para concentrarse. Es con eso con lo que más gente acude a la consulta, llamándolo insomnio.
Con qué se confunde
Hay varios cuadros parecidos, y se distinguen con bastante claridad.
Los calambres nocturnos son un espasmo doloroso repentino: el músculo se pone duro, se ve y se palpa. En las piernas inquietas no hay espasmo, sino ganas de moverse.
La afectación de los nervios periféricos por diabetes o falta de vitaminas produce quemazón, adormecimiento y hormigueo, pero no cede al andar ni está tan atada al anochecer. Eso sí, una cosa no quita la otra: la neuropatía puede desencadenar por sí misma el síndrome.
El dolor de piernas de origen vascular se comporta justo al revés: aparece al caminar y se calma al pararse. Ese patrón merece una valoración médica aparte.
La acatisia es también incapacidad de estarse quieto, pero abarca todo el cuerpo, no depende de la hora y casi siempre se relaciona con determinados medicamentos.
Y un apunte sobre los niños: en ellos el síndrome se confunde a menudo con «dolores de crecimiento» o con ser movido. Si un niño no consigue acostarse ninguna noche y se frota o mueve las piernas sin parar, conviene comentarlo con el médico en vez de esperar a que se le pase con la edad.
El hierro: por qué se mira la ferritina y no la hemoglobina
Esta es la parte más útil de la página y la que más se pasa por alto.
Las células nerviosas que gobiernan el movimiento necesitan hierro para trabajar con la dopamina. Y no cuenta tanto la reserva de hierro en la sangre como la del cerebro. Por eso la falta de hierro puede dar este síndrome mucho antes de que llegue a haber anemia, y el análisis corriente de hemoglobina saldrá entonces normal.
De ahí la conclusión práctica: en el síndrome de piernas inquietas se pide la ferritina —la proteína que refleja las reservas de hierro— y el índice de saturación de transferrina, no solo un hemograma. Y el umbral por debajo del cual conviene dar hierro en este síndrome es bastante más alto que aquel a partir del cual se habla de anemia: cifras marcadas como normales en el informe pueden resultar aquí insuficientes. Si el médico se quedó en la hemoglobina y dijo que todo estaba bien, pida que añadan la ferritina; es una petición razonable, no una manía.
Una advertencia importante: la ferritina sube con cualquier inflamación, de modo que un análisis hecho durante una infección o un brote de una enfermedad crónica puede engañar. Y no conviene tomar hierro por cuenta propia «por si acaso»: el exceso es perjudicial, y si hacen falta suplementos, en qué forma y durante cuánto tiempo lo decide el médico con las cifras delante.
Medicamentos que lo desencadenan o lo agravan
Con bastante frecuencia las piernas inquietas no aparecen solas, sino a continuación de una receta nueva. Repasar la lista de lo que se toma es el segundo paso en importancia después del análisis de hierro.
- Antidepresivos. La mayoría de los fármacos actuales que elevan la serotonina pueden provocar o agravar los síntomas. Eso no significa que haya que abandonar el tratamiento: dentro del grupo unos se comportan mejor que otros y el médico puede cambiarlo.
- Antipsicóticos y antieméticos que bloquean la dopamina. Interfieren justo en el mecanismo que en este síndrome ya funciona mal.
- Antihistamínicos de primera generación, los antialérgicos y antimareo antiguos. Su particularidad es que entran en la composición de muchos somníferos sin receta y de sobres combinados para el resfriado. La persona los toma para dormir y se hace un flaco favor.
- A veces se suman el litio y algunos fármacos para la tensión alta.
No se debe suspender por cuenta propia un medicamento recetado, y menos un antidepresivo o un antipsicótico: una retirada brusca es más peligrosa que el propio síndrome. Lleve la lista completa al médico, incluidas vitaminas, complementos y todo lo que compra sin receta, y decidan juntos.
Otras causas y cuándo acudir al médico
En algunas personas no hay una causa clara: el síndrome empieza en la juventud, dura décadas y aparece con frecuencia en familiares directos; es la forma hereditaria. En el resto hay algo concreto detrás.
- El embarazo, sobre todo en los últimos meses. Suele desaparecer poco después del parto; aquí revisar el hierro es especialmente importante.
- La enfermedad renal crónica, en particular en diálisis, una de las causas más frecuentes.
- La afectación de los nervios periféricos, entre otras causas por diabetes.
- Las enfermedades del tiroides y las enfermedades reumáticas.
Conviene consultar si los síntomas impiden dormirse o despiertan por la noche, si el mal descanso arruina el día siguiente, si las medidas por cuenta propia no bastan; y sin falta si las sensaciones aparecen solo en una pierna, se acompañan de debilidad, adormecimiento o hinchazón, o van a más deprisa, en cuestión de semanas. Esto último ya no encaja con este síndrome y hay que buscar otro diagnóstico.
Qué se puede hacer por cuenta propia
Las formas leves se controlan a menudo sin medicación.
- Horario de sueño regular: acostarse y levantarse más o menos a la misma hora, dormir a oscuras y en silencio. Dormir poco agrava los síntomas y los síntomas impiden dormir; el círculo se rompe por el lado al que uno alcanza.
- Actividad física moderada durante el día: caminar, estiramientos, natación. Moderada de verdad: un entrenamiento agotador a última hora suele empeorar la noche.
- Cuando aprieta, levantarse y andar, estirar las pantorrillas, masajear las piernas, aplicar calor o, al contrario, frío, según a quién le vaya mejor.
- Menos cafeína, sobre todo a partir del mediodía; la cafeína no está solo en el café, sino también en el té, los refrescos de cola, las bebidas energéticas y el chocolate.
- El alcohol por la noche y el tabaco agravan los síntomas, aunque mucha gente crea que el alcohol ayuda a dormirse.
- Ocupar las manos y la cabeza en pleno episodio —leer, conversar, un juego— hace que se lleve bastante mejor.
- En los viajes largos, elija asiento de pasillo y levántese a estirarse. El cine, el avión y las reuniones largas son las peores situaciones y conviene preverlas.
Cuándo hacen falta fármacos y qué es la potenciación
Si se encuentra la causa, se trata ante todo eso: se repone el hierro, se ajusta el tratamiento renal, se cambia el fármaco que lo puso todo en marcha. Muchas veces con eso basta.
Cuando los síntomas son intensos y persisten, se receta medicación. Hoy la primera elección suele recaer en fármacos del grupo de los antiepilépticos que se usan para el dolor de origen nervioso: gabapentina y pregabalina. Alivian las sensaciones desagradables y de paso mejoran el sueño.
Con los fármacos dopaminérgicos —los que elevan la dopamina y que durante décadas fueron el tratamiento principal— la historia ha cambiado, y conviene saberlo de antemano. Con el uso prolongado, una parte importante de los pacientes desarrolla potenciación (en la literatura, augmentación): los síntomas no solo vuelven, sino que cambian a peor. Las señales son estas:
- las sensaciones empiezan antes: ya no a última hora de la tarde, sino por la tarde temprana o incluso por la mañana;
- son más intensas de lo que eran antes de iniciar el tratamiento;
- se extienden a los brazos, a la espalda, a todo el cuerpo;
- aparecen antes, en cuanto uno se sienta.
Lo traicionero es que la reacción natural, subir la dosis, agrava el problema. Por eso los dopaminérgicos ya no se consideran de primera elección y, si se prescriben, es a la dosis mínima eficaz y con seguimiento. Si reconoce en usted lo descrito, no suba la dosis ni lo deje de golpe: acuda al médico, porque la pauta se cambia poco a poco.
Los analgésicos opioides se reservan para los casos graves que no responden a nada más. Y una cosa más: convivir años con este síndrome es duro, y la falta de sueño golpea el ánimo. Si ha llegado el desánimo, dígaselo al médico; forma parte de la enfermedad y no es una debilidad.
Consulta en línea
El síndrome de piernas inquietas se diagnostica por lo que cuenta el paciente, no por un aparato, así que la consulta a distancia funciona aquí casi igual que la presencial.
Encaja para aclarar si de verdad son piernas inquietas y no calambres, neuropatía o dolor vascular; para preparar la lista de análisis, ferritina incluida, y luego interpretar los resultados; para repasar la medicación y dar con el culpable; para saber qué hacer con los síntomas durante el embarazo; y para valorar si ha empezado una potenciación cuando se lleva mucho tiempo con un fármaco dopaminérgico.
Tenga a mano: la lista completa de medicamentos y complementos con sus dosis, los análisis recientes si los tiene, y unas notas de la última semana —a qué hora aparecen las sensaciones, qué las alivia, cuántas veces se ha tenido que levantar por la noche—. Recuerde si hay algo parecido en padres o hermanos: la historia familiar ayuda mucho.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Síndrome de piernas inquietas
Comenta tus síntomas y los posibles siguientes pasos para Síndrome de piernas inquietas con un médico online.














