Preeclampsia
La preeclampsia es una complicación del embarazo en la que, a partir de la segunda mitad de la gestación, sube la tensión arterial y empiezan a sufrir los…
En esta página
- Qué ocurre en el organismo
- Por qué se detecta en la consulta y no por cómo se encuentra una
- Señales que no admiten esperar a la próxima revisión
- Quién tiene más riesgo y qué se puede hacer antes
- Cómo se confirma el diagnóstico
- Tratamiento y elección del momento del parto
- Después del parto el peligro no desaparece
- Qué significa a largo plazo
- Consulta en línea
La preeclampsia es una complicación del embarazo en la que, a partir de la segunda mitad de la gestación, sube la tensión arterial y empiezan a sufrir los órganos de la madre: los riñones, el hígado, la sangre y el sistema nervioso. Al mismo tiempo la placenta recibe menos sangre y, con ella, el bebé. El punto de partida son las veinte semanas: lo que aparece antes casi siempre es una hipertensión que ya existía y no se había detectado. Lo característico de este cuadro es que la mujer se encuentra perfectamente hasta el momento en que deja de encontrarse bien, y por eso se busca con aparatos y no con preguntas sobre síntomas.
Qué ocurre en el organismo
Todo empieza mucho antes de la primera cifra alta en el tensiómetro, en las primeras semanas del embarazo, cuando la placenta se está fijando a la pared del útero. Normalmente los vasos uterinos a los que se conecta se abren del todo y se convierten en conductos blandos y anchos, capaces de llevar mucha sangre. Si esa transformación se queda a medias, los vasos siguen estrechos y rígidos, y la placenta pasa el embarazo entero con un riego escaso.
Una placenta mal irrigada libera a la sangre de la madre sustancias que dañan el revestimiento interno de los vasos de todo el cuerpo. A partir de ahí se entiende el cuadro completo: los vasos se contraen y sube la tensión; el filtro renal empieza a dejar escapar proteínas y aparecen en la orina; el líquido sale de los vasos hacia los tejidos y se hinchan la cara y las manos, y en los casos graves los pulmones; sufre el hígado y duele bajo las costillas derechas; se consumen las plaquetas y la sangre coagula peor.
De ahí se deduce también algo incómodo: mientras la placenta siga en el útero, la fuente del problema sigue ahí. Los medicamentos bajan la tensión y protegen frente a las convulsiones, pero no curan la preeclampsia, que solo termina con el nacimiento del bebé y la salida de la placenta.
Por qué se detecta en la consulta y no por cómo se encuentra una
Los dos primeros signos de la preeclampsia, la tensión alta y las proteínas en la orina, no se notan de ninguna manera. Ninguno duele, ninguno quita el sueño, ninguno cambia el ánimo. Por eso en cada revisión del embarazo se toma la tensión y se pide una muestra de orina: no es un trámite, es la única forma de detectar el problema antes de que se manifieste.
Encontrarse bien no garantiza nada en esta situación. Entre la primera subida de tensión y las complicaciones graves pueden pasar semanas o pueden pasar dos días, y no hay forma de saberlo de antemano. La mayoría de las mujeres que han sufrido una eclampsia se encontraban como siempre la víspera.
La conclusión práctica es sencilla: no aplace ni se salte las revisiones, sobre todo en el tercer trimestre, cuando se programan más seguidas. Si le han pedido que se tome la tensión en casa, anote las cifras con la fecha y la hora y lleve las anotaciones a la consulta. Y cuente los movimientos del bebé: cuando le falta alimento, suele moverse menos.
Señales que no admiten esperar a la próxima revisión
Cuando la preeclampsia por fin se hace notar, ya no está en su fase inicial. Consulte el mismo día, y si no hay cita disponible acuda a urgencias de maternidad, si aparecen:
- dolor de cabeza intenso que no cede con paracetamol ni con el descanso;
- alteraciones de la vista: visión borrosa, moscas volantes, destellos, pérdida de una parte del campo visual, visión doble;
- dolor bajo las costillas derechas o en la boca del estómago, sobre todo si aparece al final del día y no guarda relación con las comidas;
- náuseas y vómitos que empiezan en la segunda mitad del embarazo;
- hinchazón rápida de la cara, los párpados y las manos: el anillo no sale, el calzado no cierra;
- un aumento brusco de peso, más de un kilo en pocos días;
- el bebé se mueve claramente menos que antes.
El dolor bajo las costillas derechas merece una mención aparte: es fácil confundirlo con acidez o con una mala digestión, y puede ser el primer aviso del síndrome HELLP, la combinación de destrucción de glóbulos rojos, daño hepático y caída de las plaquetas. Se instaura deprisa y no siempre va acompañado de tensión alta.
Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania, el 112) si una mujer embarazada o que ha dado a luz hace poco:
- tiene convulsiones o ha perdido el conocimiento;
- presenta dificultad respiratoria brusca, no puede tumbarse o tiene los labios azulados;
- tiene un dolor intenso en el pecho o en el abdomen;
- empieza a sangrar por la vagina;
- habla de forma incoherente o no sabe dónde está.
Quién tiene más riesgo y qué se puede hacer antes
El riesgo es claramente mayor si antes del embarazo ya había hipertensión, enfermedad renal, diabetes tipo 1 o tipo 2, lupus o síndrome antifosfolípido, y también si hubo preeclampsia en un embarazo anterior. En estos casos el seguimiento se planifica de forma específica desde la primera visita.
Aumentan el riesgo de forma moderada el primer embarazo, la edad por encima de los cuarenta, la obesidad importante al inicio de la gestación, un embarazo de gemelos o trillizos, los antecedentes de preeclampsia en la madre o una hermana, un intervalo largo desde el embarazo anterior y el embarazo conseguido mediante reproducción asistida. Cada uno de estos factores pesa poco por separado, pero dos o más juntos equivalen a uno de los grandes.
Lo que de verdad sirve para prevenirla es el ácido acetilsalicílico a dosis baja, empezado alrededor de la duodécima semana y mantenido hasta el parto. Es la única medida con pruebas sólidas y reduce sobre todo la preeclampsia precoz, que es la más grave. La indicación y la dosis las decide el médico: no se toma por iniciativa propia durante el embarazo. A las mujeres que consumen pocos lácteos se les recomienda además un suplemento de calcio.
El resto es preparación previa al embarazo: normalizar la tensión y el azúcar, revisar con el médico los fármacos incompatibles con la gestación y trabajar el peso. En cambio el reposo en cama, la dieta sin sal y los diuréticos, recomendados durante décadas, no previenen la preeclampsia y durante el embarazo son perjudiciales.
Cómo se confirma el diagnóstico
Se empieza por la tensión. Se considera significativa una cifra de 140/90 mmHg o superior confirmada en una segunda medición: una subida aislada en la consulta todavía no es un diagnóstico. Se mide sentada, tras unos minutos de reposo y con un manguito del tamaño adecuado para el brazo.
Después se estudia la orina. La tira reactiva solo da una idea aproximada, así que si es positiva se hace una medición precisa, el cociente entre proteínas y creatinina en una muestra. Un matiz importante: hoy la preeclampsia también se diagnostica sin proteínas en la orina, cuando la tensión alta se acompaña de daño en otros órganos. No hay que esperar a la proteinuria para confirmarla.
Los análisis de sangre enseñan lo que no se ve por fuera: plaquetas, enzimas hepáticas, creatinina y, a veces, marcadores de destrucción de glóbulos rojos. Existe además una prueba del factor de crecimiento placentario, una proteína que fabrica la placenta sana. Un valor bajo apunta a que algo va mal; un valor normal en determinadas semanas permite descartar el diagnóstico con bastante seguridad y evitar ingresos innecesarios.
Por parte del bebé se hacen ecografías con medición del tamaño y del líquido amniótico, un doppler de los vasos del cordón y del útero y un registro de la frecuencia cardíaca. El retraso de crecimiento y un flujo pobre en el cordón forman parte del cuadro de la preeclampsia tanto como las cifras del tensiómetro.
Tratamiento y elección del momento del parto
Tras el diagnóstico se deriva a la mujer al hospital, al menos para una primera valoración. Después se decide según la gravedad: en los casos leves es posible el seguimiento en casa con visitas frecuentes; en los graves, el ingreso hasta el parto.
La tensión se baja con medicación. Se emplean betabloqueantes, antagonistas del calcio y fármacos de acción central, los que mejor se han estudiado en el embarazo. El objetivo no es lograr cifras normales a cualquier precio, sino proteger a la madre de un ictus y de otras complicaciones: una bajada demasiado brusca empeora el riego de la placenta. Los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina, los antagonistas de los receptores de angiotensina y los diuréticos no se usan durante la gestación.
En la preeclampsia grave y cuando hay riesgo de convulsiones se administra sulfato de magnesio por vía intravenosa: reduce a la mitad, aproximadamente, la probabilidad de eclampsia y sigue siendo el tratamiento de elección si la crisis ya se ha producido. Si el parto va a ser prematuro, uno o dos días antes se pone un corticoide para acelerar la maduración de los pulmones del bebé.
El momento del parto siempre es un equilibrio entre dos riesgos. Con un cuadro estable el embarazo suele llevarse hasta alrededor de las treinta y siete semanas: más allá no se gana nada esperando. Si la situación empeora, con la tensión al alza, las plaquetas a la baja o el bebé en dificultades, se adelanta el parto, a veces bastante. La vía se decide aparte: la preeclampsia por sí sola no obliga a una cesárea y, cuando la situación es tranquila, el parto suele inducirse por vía vaginal.
Después del parto el peligro no desaparece
Es lo que menos se advierte. En la mayoría la tensión sigue alta varios días y con frecuencia alcanza su punto máximo entre el tercer y el sexto día, ya en casa. Es más, la preeclampsia y la eclampsia pueden empezar por primera vez después del parto, en una mujer cuyo embarazo transcurrió sin problemas. Por eso un dolor de cabeza, una alteración visual, un dolor bajo las costillas o una convulsión en las primeras semanas tras el parto exigen la misma urgencia que antes de él.
En la práctica: no renuncie al control de la tensión al recibir el alta, mídasela en casa los días acordados y acuda a las revisiones. Muchas mujeres siguen tomando antihipertensivos unas semanas más, y se retiran poco a poco, guiándose por las cifras y no por las sensaciones. Dar el pecho no lo impide: hay fármacos compatibles con la lactancia y el médico los elegirá.
Un detalle más: si la tensión sigue alta, conviene consultar qué analgésicos tomar tras el parto. Los antiinflamatorios no esteroideos retienen líquido y suben la tensión, de modo que en esta situación se prefiere el paracetamol.
Qué significa a largo plazo
Haber tenido preeclampsia no es un episodio que se olvide. Multiplica aproximadamente por dos la probabilidad de hipertensión, infarto e ictus en las décadas siguientes: la enfermedad saca a la luz una predisposición que, de otro modo, se descubriría tarde. Merece la pena revisar una vez al año la tensión, el peso, el azúcar y el colesterol, y mencionar ese embarazo al médico aunque haya pasado mucho tiempo.
Que vuelva a ocurrir en el siguiente embarazo depende de lo grave y lo precoz que fuera la primera vez. Tras una preeclampsia leve y tardía, la mayoría de las mujeres llevan bien el embarazo siguiente. En cualquier caso, conviene hablar del próximo embarazo con antelación: es uno de esos casos en los que la prevención se pauta desde las primeras semanas y no cuando aparecen las cifras.
Consulta en línea
La consulta en línea resulta útil en dos momentos. Antes del embarazo y al principio de este, para repasar con el médico su historia: si ha habido tensión alta, enfermedad renal, diabetes o enfermedades autoinmunes, y cómo transcurrieron los embarazos anteriores. De ahí sale la decisión sobre la prevención y sobre la frecuencia del seguimiento.
El segundo momento es el embarazo en curso, cuando surge una duda y la próxima cita queda lejos. El médico revisará su registro de tensión en casa, le explicará los resultados de los análisis y le ayudará a distinguir la hinchazón de piernas y el cansancio normales del embarazo de los signos que obligan a ir al hospital hoy mismo. Tenga a mano las cifras de tensión con sus fechas, los análisis recientes de sangre y orina, los informes de las ecografías y la lista de medicamentos.
Lo que la consulta en línea no sustituye es la toma de tensión, el análisis de orina y la exploración. Si el médico le dice que hay que verla en persona, no es exceso de celo: en la preeclampsia a veces se cuenta por horas.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.




