Pie zambo congénito
El pie aparece girado con la planta hacia dentro y hacia abajo, el talón subido y el borde externo arqueado: así se presenta el pie zambo, una de las…
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El pie aparece girado con la planta hacia dentro y hacia abajo, el talón subido y el borde externo arqueado: así se presenta el pie zambo, una de las deformidades congénitas del esqueleto más frecuentes. Afecta aproximadamente a uno de cada mil recién nacidos, al doble de niños que de niñas, y en cerca de la mitad de los casos alcanza a los dos pies. La buena noticia es que en las últimas tres décadas su tratamiento ha cambiado por completo: los yesos y la paciencia han desplazado a las grandes operaciones, y casi todos estos niños crecen andando, corriendo y calzando zapatos normales. La mala es que el resultado no se juega en las primeras semanas, sino en los cuatro años de férula posterior, que es justo donde suele torcerse todo.
Qué aspecto tiene el pie
La deformidad se ve a simple vista y no hace falta ningún aparato: el pie está girado hacia dentro, la planta mira hacia la otra pierna, el talón es pequeño y queda alto, y en el borde interno y por encima del talón se marcan pliegues profundos. La pantorrilla de ese lado suele ser más delgada y el pie, más corto.
No se trata solo de un tendón de Aquiles corto, como a veces se lee. El pie zambo es una alteración de la posición y de la forma de los huesos del tarso junto con el acortamiento de tendones, ligamentos y músculos de la cara interna y posterior. Por eso no se puede «ablandar» con las manos ni corregir con masajes: hacen falta desplazamientos sucesivos, medidos y mantenidos con yeso.
Al bebé el pie zambo no le duele: el pie no molesta hasta que llega el momento de ponerse de pie. Sin tratamiento el niño acaba apoyando el borde externo e incluso el dorso del pie, allí se forman callosidades gruesas y dolorosas, la marcha se vuelve pesada y en la edad adulta el dolor es constante.
Se le parece, pero no lo es
Algunos recién nacidos vienen con los pies torcidos simplemente porque el espacio en el útero era escaso. Distinguirlo del pie zambo verdadero no es difícil: el pie postural se lleva con calma y sin forzar a su posición normal con la mano, e incluso se flexiona algo por encima del ángulo recto, mientras que el pie zambo auténtico se resiste con rigidez. El pie postural se endereza solo hacia los dos o tres meses, a veces con unas pocas sesiones de fisioterapia, y no necesita yeso.
Aparte queda el metatarso aducto, en el que solo está desviada la mitad delantera del pie y el talón está bien colocado. Tampoco es un pie zambo y en la mayoría de los casos se resuelve sin intervenir. Quien debe aclarar de qué se trata es el médico: equivocarse sale caro en las dos direcciones, o se pierde tiempo o se pasan meses de yeso innecesario.
De dónde viene
En la mayoría de los casos la causa sigue sin conocerse. Hay un componente hereditario, aunque no responde a una regla sencilla. Las cifras orientativas son estas: si ya ha nacido un hijo con pie zambo, la probabilidad para el siguiente se calcula en torno a uno entre treinta y cinco; si uno de los progenitores lo tuvo, alrededor de uno entre treinta; y si lo tuvieron los dos, sube bruscamente hasta cerca de uno entre tres. El tabaco durante el embarazo aumenta el riesgo, sobre todo cuando ya hay antecedentes familiares.
Hay algo bastante más importante: en una parte de los niños el pie zambo no es un problema aislado, sino la señal de que están afectados los nervios o los músculos. Deben poner en alerta unos pies que apenas ceden al estiramiento, la rigidez también de otras articulaciones, la debilidad de las piernas, un hoyuelo, un mechón de pelo o un bulto en la zona lumbar, y unos pliegues asimétricos en los muslos con limitación para separar las piernas. Detrás pueden estar una espina bífida, una artrogriposis, una enfermedad neuromuscular o una displasia de cadera, que acompaña al pie zambo más de lo que explicaría el azar. Estos hallazgos cambian el plan entero: primero se atiende la enfermedad de fondo y el tratamiento de los pies resulta más largo y más difícil. Por eso la exploración nunca se limita al pie: se miran la espalda, las caderas y la movilidad de todas las articulaciones.
Las primeras semanas: yesos según Ponseti
El tratamiento empieza pronto, por lo general en la primera o segunda semana de vida, mientras los tejidos son blandos y dóciles. El método principal lleva el nombre de Ignacio Ponseti y consiste en etapas semanales: el médico lleva el pie con suavidad, sin tirones, a una posición algo más correcta, la sostiene unos minutos y fija lo ganado con un yeso que va desde los dedos hasta el tercio superior del muslo. Una semana después se retira el yeso y se repite, sumando un poco cada vez. Suelen hacer falta entre cinco y ocho yesos.
Casi todos los niños reciben al final de esa serie una intervención mínima sobre el tendón de Aquiles: se secciona a través de una punción con anestesia local, lo que permite que el talón baje. El procedimiento dura unos minutos, no necesita puntos y después se coloca el último yeso durante unas tres semanas. En ese tiempo el tendón cicatriza ya con la longitud adecuada.
La férula: la etapa que decide el resultado
Cuando se quita el último yeso empieza la parte más larga y más subestimada. Al niño se le colocan unas botas unidas por una barra rígida que mantiene los pies separados hacia fuera. Los primeros tres meses aproximadamente se llevan casi todo el día, quitándolas solo para el baño y para cambiarle, y a partir de ahí solo para dormir, siesta incluida, hasta los cuatro o cinco años.
Las primeras noches cuestan: el niño se resiste, la barra le impide mover las piernas como está acostumbrado y a los padres les parece que lo están martirizando. En una o dos semanas los niños se acostumbran y duermen tranquilos con las botas. Conviene tener claro para qué sirven: la férula no corrige el pie, sostiene lo que ya se ha conseguido mientras el niño crece. Casi todas las recaídas no se deben a que el método falle, sino a que se dejó de usar o se recortó el horario.
Si el pie empieza a volver a su posición anterior, no es una catástrofe ni hay que empezar de cero: suele bastar con unos cuantos yesos más y con retomar el horario de la férula. Cuanto antes se detecte, más corto será el rodeo, así que conviene no saltarse las revisiones.
Cuándo llamar al médico sin esperar a la cita
Un yeso en un pie tan pequeño exige vigilancia. Contacte con el médico ese mismo día o acuda a urgencias si:
- los dedos se ponen azulados, blancos o fríos, o se hinchan de forma llamativa;
- los dedos se han metido dentro del yeso y ya no se ven: el vendaje ha resbalado y puede comprimir la pierna;
- el niño llora sin consolarse durante varias horas seguidas y no hay otra explicación;
- sale mal olor o supuración por debajo del yeso, o la piel del borde está rozada hasta la herida;
- el yeso se ha mojado, se ha reblandecido, se ha agrietado o se está saliendo;
- aparece fiebre sin un catarro que la justifique.
Aparte, y sin demora, hay que enseñar al niño si junto al pie zambo se aprecian debilidad o falta total de movimiento del pie y la pierna, un bulto en la zona lumbar o un retraso en el peso y en el desarrollo. Eso ya no habla del pie, sino de su causa.
Qué cabe esperar después
Los niños tratados a tiempo que han cumplido con la férula caminan a la edad habitual, corren, hacen deporte y usan calzado corriente. El pie no queda perfectamente simétrico: si está afectado uno solo, suele quedarse una talla o talla y media por debajo y la pantorrilla más delgada; la diferencia de longitud de las piernas, si la hay, es pequeña. Algunos niños se cansan antes en caminatas largas, pero apenas condiciona la vida diaria.
El seguimiento continúa hasta que el pie termina de crecer: en contadas ocasiones la deformidad reaparece en edad escolar y entonces pueden hacer falta intervenciones pequeñas, como una transferencia tendinosa o una corrección de la posición de los huesos. Las grandes cirugías reconstructivas que antes se practicaban a casi todos se han convertido hoy en la excepción.
Consulta en línea
A distancia se aclara bien todo lo que no exige explorar con las manos: qué se vio exactamente en la ecografía del embarazo, en qué se diferencia un pie postural de un pie zambo verdadero, cómo es el calendario del tratamiento y qué preguntar al traumatólogo en la primera visita. A los padres que ya han pasado los yesos la consulta en línea les ayuda con lo más frecuente, el uso de la férula: cómo colocarla sin llanto, qué hacer con las rozaduras, si se puede prescindir de ella el día de un viaje, cómo notar que el pie se está torciendo otra vez. Lo que tiene que ver con el estado del yeso y el color de los dedos no se resuelve por pantalla: con eso hay que ir al médico de inmediato.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.





