Pérdida de audición
La audición se marcha sin hacer ruido. Casi nadie amanece un día sordo: lo habitual es que durante años se suba el volumen del televisor, se pida que repitan…
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La audición se marcha sin hacer ruido. Casi nadie amanece un día sordo: lo habitual es que durante años se suba el volumen del televisor, se pida que repitan en una cafetería, se acabe agotado tras una conversación en grupo y se culpe al jaleo de alrededor y a que la gente habla entre dientes. Sin embargo, una parte de las causas se resuelve en diez minutos en la consulta y otra exige atención en los próximos días, porque si no la audición ya no se recupera.
Cómo saber que se oye peor
La pérdida de audición casi nunca se percibe como silencio. Mucho más a menudo suena así: las palabras se oyen, pero no hay manera de entenderlas. Sobre todo con ruido de fondo: en la calle, en un restaurante, en una comida familiar en la que hablan varias personas a la vez.
- Pide que le repitan las cosas más que antes, o responde algo que no venía al caso.
- En casa dicen que el televisor está a un volumen insoportable y a usted le parece normal.
- Hablar por teléfono se ha vuelto difícil, en especial con una voz desconocida.
- Las consonantes se confunden entre sí y da la impresión de que la gente se come el final de las palabras.
- Tras una hora de charla llega un cansancio notable: el cerebro gasta energía en reconstruir lo que no ha oído.
- Hay pitidos, zumbidos o ruido en el oído, sobre todo en silencio.
- Ha empezado a evitar los sitios ruidosos, aunque antes le gustaban.
Con mucha frecuencia quienes primero se dan cuenta no son los propios afectados, sino los que conviven con ellos. Si alguien se lo comenta, ya es motivo para revisar la audición, aunque uno mismo lo note todo en orden.
Por qué disminuye la audición
Las causas son decenas, pero todas se reparten en dos grupos, y de ese reparto depende literalmente todo.
El sonido no llega al oído interno. Algo lo estorba por el camino: un tapón de cera, un cuerpo extraño, la inflamación del conducto auditivo externo, líquido en el oído medio tras un catarro, una perforación del tímpano, la otosclerosis, que es un crecimiento óseo alrededor de los huesecillos. El oído suele notarse taponado, el sonido llega apagado y la propia voz retumba en la cabeza. La buena noticia es que la mayoría de estas causas se corrigen y la audición vuelve por completo.
Están dañadas las células ciliadas del oído interno o el nervio auditivo. Aquí entran la pérdida asociada a la edad, las secuelas del ruido, el efecto de algunos medicamentos, la enfermedad de Ménière, la inflamación del oído interno, los traumatismos craneales y los factores hereditarios. Esta audición rara vez se recupera y el objetivo pasa a ser otro: frenar el deterioro y buscar a tiempo la ayuda adecuada.
Conviene detenerse en dos causas en las que nadie suele pensar. La primera es el ruido, que no daña el oído de golpe sino por acumulación: la nave industrial, la obra, la radial en el garaje, los auriculares al máximo, los conciertos. Lo primero que se pierde es la percepción de los sonidos agudos y, con ella, entender el habla con ruido de fondo. La segunda son los fármacos: algunos antibióticos aminoglucósidos, ciertos quimioterápicos y los diuréticos y salicilatos a dosis altas. Se recetan por motivos serios y no se suspenden por cuenta propia, pero si durante el tratamiento aparecen pitidos o se oye peor, hay que avisar al médico enseguida.
Pérdida súbita: aquí se cuenta por días
Existe un escenario en el que no se puede esperar a que haya cita. La audición de un oído desaparece o cae en picado en cuestión de horas, dos días como mucho. Suele acompañarse de pitidos y de una sensación de taponamiento, como si el oído estuviera relleno de algodón. Casi nunca duele, y precisamente por eso la persona espera tranquilamente una semana pensando que es cera o un enfriamiento.
En realidad se trata de una sordera súbita neurosensorial, y el tratamiento se inicia con corticoides. La clave está en el plazo: iniciado en los primeros días devuelve la audición a una parte apreciable de los pacientes, iniciado al cabo de un mes no aporta casi nada. Por eso un oído que se ha quedado sordo de repente es motivo para buscar atención ese mismo día y no después del fin de semana.
También hace falta ver al médico el mismo día en otras situaciones:
- la audición se ha perdido tras un traumatismo craneal, un golpe en el oído, una explosión o un cambio brusco de presión;
- junto con la pérdida aparece un vértigo que impide mantenerse en pie, con vómitos;
- sale pus o sangre por el oído, el oído duele y hay fiebre;
- la piel de detrás de la oreja está enrojecida e hinchada y la oreja se ha despegado;
- se ha torcido la mitad de la cara.
Y una cosa más que conviene saber. Si la audición empeora solo en un oído y en ese mismo oído hay pitidos constantes, hay que llegar hasta el final del estudio, incluida una resonancia magnética. Detrás de ese cuadro unilateral se esconde en raras ocasiones un tumor benigno del nervio auditivo, el neurinoma. Crece despacio y, descubierto pronto, se trata mucho mejor.
Cómo se explora la audición y qué tiene solución
Todo empieza por mirar el oído: la mitad de los casos se explican ya en ese momento, con un tapón, una inflamación o líquido detrás del tímpano. Después se hace una audiometría: por unos auriculares se emiten sonidos de distintas frecuencias e intensidades y el resultado se dibuja en una curva que muestra el grado de pérdida y el punto en que se interrumpe la transmisión del sonido. La timpanometría valora la movilidad del tímpano y la presión del oído medio; una pérdida unilateral añade una prueba de imagen.
Lo que tiene solución:
- el tapón de cera se ablanda con gotas y se retira con lavado, aspiración o instrumental; es rápido y la audición vuelve al instante;
- la otitis externa y la media se tratan con gotas y, si hace falta, con antibióticos;
- el líquido detrás del tímpano tras un catarro desaparece solo en unas semanas en la mayoría de los casos; si persiste y molesta, se coloca un tubo de ventilación;
- la perforación del tímpano suele cerrarse sola en unas semanas manteniendo el oído seco; el agujero que no cicatriza se repara con cirugía;
- la otosclerosis se opera sustituyendo por una prótesis el huesecillo inmovilizado, o se compensa con un audífono.
Audífonos e implantes
Cuando la audición no se puede devolver, se amplifica. De los audífonos actuales conviene saber unas cuantas cosas que evitan la mitad de las decepciones.
Un audífono no deja el oído como estaba. Hace los sonidos más fuertes y nítidos, pero el cerebro tiene que volver a aprender a separar la voz del fondo, y en eso se van semanas y a veces meses. Los primeros días la propia voz y el crujido de una bolsa suenan antinaturalmente altos, y eso se pasa. Si la pérdida afecta a los dos oídos, lo habitual es adaptar dos audífonos: así funciona la orientación del sonido y se sigue mejor una conversación con ruido. Casi siempre hay que retocar el ajuste tras las primeras semanas, y es parte normal del proceso, no señal de una mala elección.
No conviene retrasarlo. Cuanto más tiempo pasan el oído y la corteza auditiva sin recibir sonido, peor se recupera después la comprensión del habla, aunque se devuelva el volumen. A eso se añade lo principal: quien corrige su audición no se queda fuera de las conversaciones, se aísla menos y cae menos en el desánimo. La pérdida no corregida se considera uno de los factores relacionados con el deterioro de la memoria y del pensamiento en la edad avanzada.
En las pérdidas graves, cuando los audífonos ya no bastan, se plantea el implante coclear, que estimula directamente el nervio auditivo. Existen además implantes de conducción ósea para quienes tienen inutilizado el oído externo o el medio. Y hay muchos recursos sencillos que facilitan la vida: amplificadores para el teléfono y el televisor, bucles de inducción en los teatros, despertadores vibratorios y luminosos, subtítulos y aplicaciones que transcriben el habla.
La audición del niño
En los niños hay más en juego: mientras la audición está disminuida sufre el lenguaje y, tras él, el rendimiento escolar y la relación con los demás niños. Por eso en muchos países la audición se comprueba ya en la maternidad, y a los padres les conviene conocer el resultado de esa prueba.
La causa más frecuente en los pequeños es el líquido en el oído medio después de los catarros y las otitis. No duele, así que el niño no se queja de nada, y los adultos ven otra cosa: no responde cuando lo llaman, pone los dibujos más altos, habla menos o se le entiende peor, y en la guardería o en el colegio parece despistado y poco atento. A menudo se toma por carácter o por pereza. Ante esa duda se comprueba la audición y no se espera a que se pase sola.
Cómo cuidar el oído y conversar con menos esfuerzo
- En un trabajo ruidoso use tapones u orejeras: no es un trámite, la audición perdida no se devuelve.
- Mantenga los auriculares alrededor de la mitad del volumen máximo y haga pausas; si tras un concierto o un entrenamiento le pitan los oídos, el oído ya ha recibido un golpe.
- No se meta nada en el oído: los bastoncillos no lo limpian, empujan la cera hacia dentro y lesionan la piel y el tímpano.
- No aplace el tratamiento de las otitis ni aguante semanas con el oído taponado.
- Si trabaja con ruido o ya ha notado una pérdida, revise su audición con regularidad.
La conversación también se puede facilitar. Pida a su interlocutor que no repita lo mismo más alto, sino que lo diga con otras palabras. Mire la cara de quien habla: los labios y los gestos aportan más de lo que parece. Apague la música de fondo cuando haya que hablar y, en una cafetería, siéntese de cara a la sala. Y diga abiertamente que oye mal: casi todo el mundo se adapta de buena gana.
Consulta en línea
A distancia es cómodo aclarar a qué grupo pertenece su caso y con cuánta urgencia hay que actuar. El médico preguntará cómo y cuándo empezó todo, si es un oído o los dos, si hay pitidos, vértigo o supuración, qué medicamentos toma y si trabaja con ruido, y le dirá si necesita ser explorado hoy mismo, si conviene pedir una audiometría o si primero hay que ocuparse de un tapón de cera. En línea también se pueden comentar los resultados de una audiometría ya hecha, cómo acostumbrarse a un audífono nuevo y qué hacer con los pitidos del oído. Una sordera repentina y las señales de la lista anterior no se valoran a distancia: con ellas se busca atención el mismo día.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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