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El páncreas está detrás del estómago y fabrica las enzimas que descomponen los alimentos. Normalmente solo se activan al llegar al intestino. En la pancreatitis aguda se activan antes de tiempo, dentro de la propia glándula, y digieren su tejido. La inflamación se instala en horas. En la mayoría de los casos se resuelve en una semana sin dejar rastro, pero en torno a uno de cada cinco evoluciona de forma grave, con muerte de parte del tejido y fallo de otros órganos. No se sabe de antemano cómo irá, por eso el seguimiento se hace en el hospital.
Qué siente la persona
El episodio casi siempre empieza con dolor. Aparece en la parte alta del abdomen, al centro bajo las costillas, crece en minutos o en una hora y se mantiene constante: no va y viene en oleadas como el cólico intestinal.
- el dolor se irradia a la espalda, como si rodeara el tronco;
- estar boca arriba es insoportable; alivia sentarse inclinado hacia delante o encogerse;
- náuseas y vómitos repetidos que no alivian;
- vientre hinchado y tenso, doloroso al tacto;
- fiebre, pulso rápido, sudor frío;
- a veces la piel y los ojos se ponen amarillos, la orina se oscurece y las heces se aclaran: la salida de la bilis está bloqueada;
- comer o beber empeora bruscamente el estado, sobre todo lo graso.
Cuando la causa son cálculos, el episodio suele empezar unas horas después de una comida copiosa; con el alcohol, entre 6 y 12 horas después de una ingesta importante. En personas mayores y en quienes toman analgésicos a diario el dolor puede ser difuso, y destacan la debilidad, la confusión y la bajada de tensión.
Cuándo llamar a urgencias
La pancreatitis aguda no se espera en casa: un dolor intenso en la parte alta del abdomen que dure más de media hora y no ceda con lo habitual ya es motivo para llamar al 112.
Llame de inmediato si al dolor se suma alguno de estos signos:
- vómitos incoercibles que impiden beber;
- coloración amarilla de la piel o de los ojos;
- fiebre con escalofríos;
- respiración rápida y superficial o sensación de falta de aire;
- palpitaciones, sudor frío, mareo al ponerse de pie;
- confusión o somnolencia inusual; orina muy escasa o ausente durante horas.
Mientras llega la ayuda, no coma ni beba, no caliente el abdomen y no tome analgésicos: el calor aviva la inflamación y los fármacos enmascaran el cuadro.
Por qué se inflama la glándula
Dos causas explican unos ocho de cada diez casos.
- Cálculos en la vesícula. Una piedra pequeña se atasca justo donde la bilis y el jugo pancreático desembocan en el intestino. Bloqueada la salida, la presión dentro del páncreas sube y las enzimas rompen hacia su propio tejido.
- Alcohol. Lo que pesa no es un episodio aislado, sino años de consumo habitual; el ataque suele desencadenarlo una ingesta puntual elevada.
El resto es más raro, pero es lo que se busca cuando no hay cálculos y la persona no bebe:
- triglicéridos muy altos en sangre, por encima de unos 1000 mg/dL, o calcio elevado por exceso de función de las paratiroides;
- efecto secundario de fármacos: algunos diuréticos, antiepilépticos, inmunosupresores, ciertos medicamentos para la diabetes;
- traumatismo abdominal o una intervención sobre la vía biliar, incluida la diagnóstica;
- infecciones víricas como las paperas; pancreatitis autoinmune, cuando el sistema inmunitario ataca la glándula;
- formas hereditarias y variantes congénitas de los conductos: los episodios empiezan jóvenes y se repiten.
Fumar aumenta el riesgo por sí solo y agrava el curso, al margen del alcohol.
La causa que no conviene pasar por alto
A veces lo que obstruye el conducto no es una piedra, sino un tumor del páncreas o de la zona donde desemboca en el intestino. La pancreatitis es entonces su primera y única manifestación. La combinación que alerta: más de cincuenta años, sin cálculos en las pruebas, sin alcohol, y aun así un episodio. Ahí no basta la ecografía: se piden pruebas más precisas y una revisión unas semanas después de que la inflamación ceda. Es uno de esos casos en los que el estudio se lleva hasta el final.
Qué ocurre en el hospital
El diagnóstico se apoya en tres piezas: un dolor característico, las enzimas del páncreas en sangre (la lipasa o la amilasa al menos tres veces por encima del límite alto de la normalidad) y las imágenes. La ecografía se hace a todos el primer día y busca cálculos. La tomografía con contraste informa más pasados unos días: antes puede no mostrar las zonas de tejido muerto.
No hay ningún fármaco que corte la pancreatitis. El tratamiento es de soporte, y las primeras horas pesan mucho en el desenlace:
- sueros con electrolitos: la glándula inflamada atrae líquido hacia sí y la deshidratación se instala sin avisar;
- analgesia: si el dolor es intenso se usan opioides; aguantarlo no aporta nada y es perjudicial;
- oxígeno y vigilancia de la respiración; en casos graves, cuidados intensivos;
- reintroducir pronto la comida. El viejo criterio de varios días en ayunas ya no se aplica: en los casos leves se come en cuanto remiten las náuseas. Si no se puede solo, la nutrición se da por una sonda fina, no por vena;
- antibióticos solo si hay infección demostrada: no se dan «por prevención», porque no mejoran el resultado;
- tratar la causa. Si hay infección de la vía biliar con ictericia y fiebre, la piedra se retira por endoscopia (CPRE). Si el episodio fue por cálculos y leve, la vesícula se extirpa antes del alta: si no, el ataque se repite en muchos a las pocas semanas.
Complicaciones y por qué se vigilan
La primera semana es la de riesgo de fallo de órganos: riñón, circulación y sobre todo pulmón, porque una forma grave puede desencadenar un síndrome de dificultad respiratoria aguda.
- Necrosis de la glándula: muerte de parte del tejido por falta de riego.
- Infección de la necrosis, entre la segunda y la cuarta semana: nueva fiebre y empeoramiento tras una mejoría aparente. Requiere antibióticos e intervención.
- Colecciones de líquido y seudoquistes: cavidades con jugo pancreático. Suelen reabsorberse solas; se tratan si comprimen, duelen o se infectan.
- Diabetes y falta de enzimas, por pérdida de gran parte de la glándula: sed, adelgazamiento, heces grasas y malolientes.
- Pancreatitis crónica: el final de los episodios repetidos, con dolor y cicatrices irreversibles.
Qué hacer tras el alta
- Alcohol, cero, sea cual sea la causa. Si cuesta dejarlo, dígaselo al médico de cabecera: ayudan las terapias de conversación y los fármacos que reducen las ganas de beber. Dejar de fumar viene justo detrás.
- Si la operación de vesícula se ha aplazado, no la retrase más: mientras la vesícula siga ahí, el riesgo de un nuevo episodio continúa.
- Alimentación normal, repartida en varias tomas, sin cargar de grasa. No hacen falta dietas estrictas de por vida si la glándula no quedó muy dañada; adelgazar de golpe, en cambio, favorece los cálculos.
- Que vuelva el dolor, se pierda peso o aparezcan heces grasas son motivos para consultar sin esperar.
Consulta en línea: en qué ayuda
El episodio agudo se resuelve en el hospital y la atención a distancia no sustituye a la ambulancia. Pero todo lo que viene antes y después sí se puede hablar en línea: el informe de alta y los análisis, por qué se ha propuesto la cirugía y por qué conviene no aplazarla, el estudio pendiente si la causa quedó sin aclarar, las señales en las que fijarse en casa. Y si el dolor abdominal acaba de empezar, en la consulta le dirán rápido si se puede observar o hay que ir a urgencias.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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