Neuroma de Morton
Se llama neuroma de Morton al engrosamiento de la envoltura del nervio que discurre entre los huesos del metatarso y lleva la sensibilidad a los dedos del pie.
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Medicamentos comúnmente prescritos para Neuroma de Morton
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 600 MGPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Mabo Farma S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 400 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Laboratorios Bluepharma, S.L.No requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 100 mg/5mlPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Farmalider S.A.Requiere receta
Se llama neuroma de Morton al engrosamiento de la envoltura del nervio que discurre entre los huesos del metatarso y lleva la sensibilidad a los dedos del pie. El nombre despista: no es un tumor, sino tejido cicatricial que ha crecido alrededor del nervio por una compresión mantenida. Al engrosarse, el nervio queda todavía más atrapado en ese espacio estrecho entre huesos, y así se cierra el círculo. Lo más habitual es que se afecte el espacio entre el tercer y el cuarto dedo, y con menos frecuencia el que hay entre el segundo y el tercero. Las mujeres lo padecen varias veces más que los hombres, y la explicación es bastante prosaica: el calzado. La buena noticia es que en la mayoría de las personas el dolor se controla sin llegar a la cirugía.
Cómo se nota
El dolor se sitúa en la parte anterior del pie, cerca de la base de los dedos, y suele describirse como un pinchazo, un ardor o una descarga eléctrica. Se irradia a los dos dedos vecinos, justo aquellos a los que llega el nervio atrapado. Entre un episodio y otro el pie puede no molestar en absoluto.
El segundo rasgo lo reconoce casi todo el que lo tiene: la sensación de llevar un pliegue del calcetín o una piedrecita bajo la almohadilla del pie que no hay manera de sacudirse. Algunos dedos, además, se duermen o dan hormigueo, como cuando se queda una pierna dormida.
Hay también un patrón bastante fiable. Va peor con calzado estrecho, con tacón y después de caminar mucho; los primeros pasos tras un rato de reposo también duelen. Mejora al quitarse el zapato y masajearse el pie con las manos, algo que mucha gente hace de forma automática antes incluso de saber qué le ocurre. Sin hacer nada al respecto, el cuadro empeora poco a poco a lo largo de años: los episodios se repiten más, los intervalos se acortan y andar descalzo por casa solo resulta tolerable sobre superficies blandas.
Por qué el nervio empieza a sufrir
La causa principal es la compresión constante del antepié. Una puntera estrecha junta los huesos metatarsianos y el tacón traslada sobre ellos el peso del cuerpo, de modo que el nervio queda aprisionado entre el hueso y el ligamento en cada paso. De ahí el predominio femenino: la combinación de puntera estrecha y tacón alto es mucho más frecuente en el calzado de mujer.
La segunda aportación viene de la carga. Correr, sobre todo en asfalto y con zapatillas gastadas, los deportes con saltos, el baile o una jornada larga de pie golpean una y otra vez el mismo punto. Capítulo aparte merece el calzado sin amortiguación: una suela fina transmite el impacto directamente al metatarso.
La tercera es la forma del propio pie. El pie plano o, al contrario, el arco muy elevado, el juanete, los dedos en martillo o simplemente un segundo dedo largo cambian el reparto del peso y aumentan la presión sobre los espacios entre metatarsianos. También influye el exceso de peso: cada paso le sale más caro al pie.
Qué se puede hacer sin médico
Lo primero y más eficaz es el calzado. Hace falta una puntera ancha, para que los dedos queden holgados y no se junten en cuña, un tacón bajo y una suela gruesa y blanda. A veces solo con esto el dolor cede en unas semanas. Lo contrario también es cierto: los zapatos estrechos y puntiagudos, los tacones de aguja y las bailarinas de suela fina echan por tierra cualquier otro tratamiento.
Lo segundo es la almohadilla metatarsal. Es un pequeño realce que se coloca dentro del zapato, y todo depende de dónde: tiene que quedar algo por detrás de la almohadilla del pie, no debajo de ella, porque así separa las cabezas de los metatarsianos y libera el nervio. Se venden en farmacia, cuestan poco y a menudo ayudan de forma clara. Las plantillas blandas corrientes, sin ese realce, funcionan bastante menos.
El resto tiene que ver con la carga y con el tiempo. Durante unas semanas conviene reducir la carrera y los saltos y sustituirlos por natación o bicicleta; después del esfuerzo ayuda aplicar frío envuelto en un paño diez o quince minutos. Si hay sobrepeso, bajarlo alivia el dolor por sí solo. Para el dolor sirve el paracetamol; los antiinflamatorios no esteroideos se toman en pautas cortas y con cuidado con el estómago, el riñón y la tensión, y en el embarazo, con úlcera péptica o tomando anticoagulantes no se usan sin indicación médica. Si en dos o tres semanas de este régimen no hay mejoría, no tiene sentido esperar más.
Cuando no es un neuroma de Morton
El dolor en el antepié no lo produce una sola enfermedad, y cada una se trata de distinta manera. Conviene pensar en otro diagnóstico si el dolor se sitúa justo sobre el hueso y no en el espacio entre ellos, empezó tras un aumento brusco de la actividad y se agrava en cuanto se apoya el pie: así se comporta una fractura por estrés de un metatarsiano. Si se duermen los dos pies a la vez, de forma simétrica y en distribución de calcetín, lo probable es una afectación de los nervios por diabetes u otra polineuropatía. Si duelen e hinchan varias articulaciones de ambos pies y por la mañana hay rigidez, se busca una artritis inflamatoria. Y un dolor que baja desde la zona lumbar por la nalga y la pierna hasta el pie procede de la columna, y tratarlo en el pie no sirve de nada.
No demore la consulta médica si:
- el pie está enrojecido, caliente e hinchado y hay fiebre;
- ha aparecido una herida o una úlcera que no cierra, sobre todo si tiene diabetes;
- tras un golpe resulta imposible apoyar el pie;
- el adormecimiento o la debilidad avanzan deprisa, suben por la pierna o se acompañan de problemas para orinar;
- el pie se ha vuelto pálido y frío y el dolor no cede ni en reposo.
Las dos primeras situaciones apuntan a una infección y la última a un problema de riego sanguíneo; ninguna tiene relación con el neuroma y ninguna puede esperar.
Cómo se confirma
Todo empieza por la exploración, que es más útil de lo que parece. El médico localiza el punto doloroso en el espacio entre los huesos y comprime el pie por los lados mientras presiona ese espacio desde abajo: en el neuroma esa maniobra reproduce el dolor conocido y a veces se acompaña de un chasquido, el del nervio engrosado escapándose por debajo del ligamento. En el mismo acto se comprueba la sensibilidad en las caras contiguas de los dos dedos.
El hallazgo se confirma con una ecografía, que muestra el engrosamiento, su tamaño y su localización exacta de forma rápida, accesible y sin radiación. La resonancia magnética se reserva para los casos en que la imagen no está clara, cuando puede haber más de un neuroma o cuando se plantea operar.
Merece comentario aparte la radiografía, porque es lo que más se pide y lo que más decepciona. El neuroma de Morton no se ve en una radiografía por definición: está hecho de tejidos blandos. Se hace para otra cosa, para descartar una fractura por estrés, una artrosis o una deformidad ósea. Así que un resultado normal no significa que no haya neuroma; significa únicamente que los huesos están bien.
Qué puede ofrecer el médico
Si las medidas por cuenta propia no han funcionado, el paso siguiente no suele ser el quirófano. Se empieza por plantillas ortopédicas hechas a medida del pie: descargan el antepié y colocan la almohadilla metatarsal en el sitio correcto. Aquí resulta útil la valoración por un podólogo.
El escalón siguiente es una infiltración de corticoide en el espacio intermetatarsiano, normalmente guiada por ecografía para acertar con el punto. En buena parte de las personas quita el dolor durante bastante tiempo, pero no se repite un número indefinido de veces: el corticoide adelgaza la almohadilla grasa de la planta y aclara la piel en la zona del pinchazo. Existen otras opciones sin incisión, como las infiltraciones esclerosantes con alcohol o la destrucción del nervio por radiofrecuencia o por frío; se emplean menos, no están disponibles en todas partes y sus resultados son más modestos.
La cirugía se plantea cuando nada de lo anterior ha servido y el dolor impide caminar. Hay dos posibilidades: seccionar el ligamento que comprime el nervio conservándolo, o extirpar el segmento de nervio alterado. La segunda quita el dolor de forma más fiable, pero deja un adormecimiento permanente en las caras contiguas de los dos dedos; no afecta a la marcha, aunque conviene saberlo de antemano. Volver al calzado normal lleva unas semanas, y en torno a una de cada diez personas el dolor reaparece con el tiempo.
Cómo evitar que vuelva
El neuroma de Morton responde bien a los cambios en la vida diaria y regresa con la misma facilidad cuando se olvidan. Por eso la puntera ancha y el tacón moderado conviene conservarlos como costumbre también después de que el dolor haya desaparecido; los zapatos para ocasiones especiales no se tiran, simplemente dejan de ser los de todos los días.
Las zapatillas de correr se cambian cuando la amortiguación se agota, y el volumen de entrenamiento se aumenta poco a poco, no de golpe tras una pausa. Ayudan los estiramientos de los gemelos y del tendón de Aquiles, porque cuando están acortados el peso recae más sobre el antepié. Si hay pie plano, arco elevado o juanete, lo sensato es tratar eso: mientras el pie reparta mal la carga, el nervio volverá a quedar atrapado. Y a los primeros pinchazos conocidos sale más barato volver a las plantillas y al calzado blando durante unas semanas que esperar a que el dolor vuelva a ser diario.
Consulta en línea
Hablar con un médico a distancia encaja aquí mejor de lo que parece, porque medio problema consiste en aclarar qué es lo que duele. Con la descripción del dolor, de dónde se sitúa, con qué calzado y después de qué aparece, el médico dirá si aquello se parece a un neuroma de Morton, si conviene empezar por una ecografía y si hay motivos para buscar otra causa: una fractura, una polineuropatía, un problema lumbar.
La consulta a distancia también sirve después: elegir el calzado y explicar dónde va exactamente la almohadilla metatarsal, revisar el informe de la ecografía, valorar si merece la pena una infiltración y qué cabe esperar de ella, qué supone la cirugía y cómo reanudar la actividad tras ella. Los límites del formato son claros: palpar el pie y comprimirlo con las manos a través de una pantalla no se puede, y si el pie está caliente, hinchado y rojo, si tras un golpe no se puede apoyar o si ha aparecido una herida que no cierra, hace falta una exploración presencial y no una llamada.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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