Menopausia
La menopausia se suele describir como un instante, pero se vive como una etapa: varios años en los que el ciclo se desordena y el cuerpo cambia mucho antes de…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Menopausia
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: CAPSULA, 40 mgPrincipio activo: duloxetineFabricante: Eli Lilly Nederland B.V.Requiere recetaForma farmacéutica: CAPSULA, 60 mgPrincipio activo: duloxetineFabricante: Neuraxpharm Spain S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: CAPSULA, 30 mgPrincipio activo: duloxetineFabricante: Almus Farmaceutica S.A.U.Requiere receta
La menopausia se suele describir como un instante, pero se vive como una etapa: varios años en los que el ciclo se desordena y el cuerpo cambia mucho antes de la última regla. La mayor parte de las dificultades se concentra justamente en esos años, y casi todas admiten manejo: unas se tratan con hormonas, otras con sueño, ejercicio y conversación, y algunas dejan de asustar en cuanto se entiende de dónde vienen.
Qué está ocurriendo por dentro
La reserva de folículos del ovario se consume a lo largo de toda la vida y hacia los cincuenta apenas queda nada. Los ovarios responden peor a las órdenes de la hipófisis y la producción de estrógeno no baja de forma suave, sino a saltos. De ahí el rasgo más característico de estos años: el estado general cambia de un día para otro.
La perimenopausia es el tiempo en que ya hay síntomas pero las reglas siguen apareciendo, aunque sin horario fijo. Puede durar varios años. Se llama menopausia a la última regla, y se reconoce en retrospectiva: cuando han pasado doce meses sin sangrado. En la mayoría ocurre entre los 45 y los 55 años.
También hay menopausia provocada: tras extirpar los ovarios llega de golpe y se tolera peor, porque las hormonas no desaparecen en años sino en un día. La quimioterapia y la radioterapia sobre la pelvis producen el mismo efecto. Quitar solo el útero, conservando los ovarios, no causa menopausia: las reglas cesan, pero las hormonas se siguen fabricando.
Mientras las reglas no hayan cesado del todo el embarazo es posible, y a esta edad el ciclo engaña. La anticoncepción se mantiene un año más tras la última regla si esta llegó después de los cincuenta, y dos años si fue antes. Los anticonceptivos combinados suelen cambiarse por otro método a partir de los cincuenta.
Cómo se nota
Lo primero que suele cambiar es el ritmo: los intervalos se acortan o se alargan y los sangrados se vuelven unas veces escasos y otras abundantes.
- sofocos, una oleada repentina de calor en la cara, el cuello y el pecho, a veces con palpitaciones y sudor, de unos segundos a unos minutos;
- sudores nocturnos y sueño roto, y con ellos el cansancio y la irritabilidad del día siguiente;
- ansiedad, ánimo bajo, cambios bruscos de humor, sensación de niebla mental y despistes;
- dolores articulares y musculares, y cefaleas más intensas que las de antes;
- sequedad y picor vaginal, dolor en las relaciones, urgencia urinaria e infecciones urinarias de repetición;
- piel seca, cabello más fino, menos deseo sexual y cambios en la distribución del peso.
El conjunto es distinto en cada mujer: hay quien solo nota que las reglas se han ido y quien tiene veinte sofocos al día. Los sofocos y los sudores duran de media unos años y se van apagando solos. La sequedad y la molestia vaginal, en cambio, no se resuelven por sí mismas y sin tratamiento empeoran con el tiempo: es el único grupo de síntomas que no tiene sentido esperar a que pase.
Lo que no se debe achacar a la menopausia
Algunas cosas se parecen a la menopausia a esta edad sin serlo, y aquí equivocarse sale caro.
Sangrado después de un año sin reglas. Cualquiera, aunque sea una sola vez y aunque sea un manchado. Mientras no se demuestre lo contrario, obliga a descartar un cáncer de cuerpo uterino, una enfermedad que en fase inicial se trata bien y en fase avanzada mal. Hay que pedir cita para los días siguientes, sin aplazarlo: se hace una ecografía con medición del grosor del endometrio y, si procede, una biopsia.
Reglas que cesan antes de los cuarenta. Es una insuficiencia ovárica precoz y afecta aproximadamente a una mujer de cada cien. Siempre se confirma con analítica, porque perder el estrógeno pronto no significa solo sofocos, sino también pérdida acelerada de masa ósea y enfermedad cardiovascular más temprana. A estas mujeres el tratamiento hormonal no se ofrece como una opción de confort, sino como reposición de lo que falta, al menos hasta la edad media de la menopausia.
Conviene consultar pronto también ante sangrados abundantes con coágulos, sangrado después de las relaciones, sangrado entre ciclos, o si con tratamiento hormonal el sangrado reaparece o no cesa. Aparte y con urgencia: dolor e hinchazón repentinos en una pierna, falta de aire brusca o dolor torácico mientras se toma estrógeno, porque así se manifiesta una trombosis; en ese caso se llama a una ambulancia al número europeo único 112.
Cómo se confirma
A partir de los cuarenta y cinco años, con un cuadro típico, no hace falta ninguna prueba: el diagnóstico se basa en la edad, en el cambio del ciclo y en los síntomas. Las hormonas oscilan tanto en esta etapa que un resultado aislado no significa casi nada y solo puede despistar.
Medir la hormona foliculoestimulante en sangre tiene sentido si las reglas cesaron antes de los cuarenta y cinco, y es obligado si fue antes de los cuarenta; en ese caso la determinación se repite unas semanas después. La anticoncepción hormonal distorsiona el panorama: con los preparados combinados esa analítica carece de valor y la cuestión se resuelve de otro modo.
Otras situaciones pueden parecer una menopausia, así que ante un cuadro atípico se revisan la tiroides, la hemoglobina y la glucosa, y si sigue habiendo posibilidad de embarazo también se descarta. La ansiedad y la depresión producen el mismo insomnio y la misma dispersión y necesitan su propio tratamiento.
De paso se valora lo que conviene conocer con antelación: tensión arterial, perfil lipídico, peso y, si hay factores de riesgo, densidad ósea. Tras la menopausia aumenta el riesgo de fracturas y de episodios cardiovasculares.
Lo que ayuda sin receta
Las medidas sencillas no sustituyen a los fármacos, pero a una parte de las mujeres no les hace falta nada más.
- vestir por capas, mantener fresco el dormitorio y tener agua fría y un abanico a mano cuando llega el sofoco;
- identificar los desencadenantes propios, que suelen ser el alcohol, el café, la comida picante, las bebidas calientes y los ambientes cargados;
- ejercicio regular: caminar, correr o bailar para el hueso, más trabajo de fuerza para el músculo, que además mejora el sueño y el ánimo;
- una hora fija para acostarse, sin pantallas ni alcohol antes;
- calcio suficiente en la dieta y vitamina D, sobre todo donde hay poco sol;
- dejar de fumar, porque el tabaco adelanta la menopausia y agrava los sofocos;
- hidratantes vaginales en pauta regular y lubricante en las relaciones; con preservativo, solo productos de base acuosa.
La terapia cognitivo-conductual tiene eficacia demostrada frente a los sofocos, el insomnio y la ansiedad: no elimina la oleada de calor, pero reduce mucho cuánto interfiere en la vida. Los remedios de herbolario rinden poco: el trébol rojo no tiene datos convincentes y de la cimicífuga se han descrito casos raros de daño hepático. Las llamadas hormonas bioidénticas preparadas por encargo en farmacia no se recomiendan en absoluto, porque nadie controla su composición ni sus dosis.
Tratamiento hormonal
Es lo más eficaz frente a sofocos y sudores, que suelen ceder en unas semanas. De paso mejoran el sueño, el ánimo y el dolor articular, y el hueso queda protegido frente a la desmineralización.
La base es el estrógeno en parche, gel, espray o comprimido. Si el útero está conservado, se añade siempre un progestágeno, porque de lo contrario el revestimiento uterino prolifera. El progestágeno se administra en comprimidos, en parche combinado o mediante un dispositivo intrauterino, que además resuelve la anticoncepción.
La vía importa: el estrógeno por la piel apenas influye en la coagulación, mientras que los comprimidos elevan algo ese riesgo. Por eso, con migraña, exceso de peso, tensión alta o antecedentes familiares de trombosis, se suelen preferir las formas transdérmicas.
Los riesgos son pequeños, pero existen. El tratamiento combinado prolongado eleva ligeramente la probabilidad de cáncer de mama, el exceso crece con los años de uso y desaparece al suspenderlo. Empezar en los primeros años tras la menopausia se tolera mejor que empezar una década después. No se prescribe si ha habido cáncer de mama, ante un sangrado uterino sin explicar mientras no se aclare su causa, con trombosis activa o con enfermedad hepática grave.
La primera revisión suele ser a los tres meses y después una vez al año: si la dosis funciona, si hay sangrado o efectos adversos, tensión y peso. No hay un tiempo máximo rígido de uso. Y conviene recordar que el tratamiento hormonal no es un anticonceptivo.
Si las hormonas no encajan
No todas las mujeres pueden tomarlas y algunas sencillamente no quieren. También en ese caso hay opciones.
El estrógeno vaginal, en óvulos, crema o anillo, merece capítulo aparte: actúa donde se aplica, apenas pasa a la sangre y por eso está permitido en muchas más situaciones que el tratamiento general. Quita la sequedad y el dolor en las relaciones, ayuda con la urgencia urinaria y reduce las infecciones urinarias de repetición. Puede usarse durante años, pero al suspenderlo los síntomas vuelven.
Contra los sofocos sirven algunos antidepresivos, un antiepiléptico del grupo de los gabapentinoides y la vieja clonidina; en varios países ya existen fármacos no hormonales que actúan de forma dirigida sobre el centro de la termorregulación. La elección es del médico, porque la tolerancia y las interacciones con otros medicamentos son distintas en cada persona.
Si el deseo sexual sigue bajo y no se recupera con estrógeno, un especialista puede añadir testosterona en dosis pequeña. En la mayoría de los países su uso en mujeres queda fuera de la indicación autorizada, de modo que la prescribe un médico familiarizado con esta práctica; entre los efectos adversos, los más frecuentes son el acné y el aumento del vello.
Consulta en línea
El formato encaja bien con este tema: lo que hay que hablar es el sueño, el ánimo, las relaciones y los sangrados, y casi nunca hay nada que explorar. Para la cita conviene preparar el calendario de las últimas reglas de al menos medio año, la lista de todos los medicamentos y del anticonceptivo que usa, cifras recientes de tensión arterial y aquello que más le molesta, porque de eso depende la elección del tratamiento.
A distancia se analiza si el cuadro apunta a una perimenopausia o hay que buscar otra causa, si merece la pena hacer analítica, se sopesan beneficios y riesgos del tratamiento hormonal en su caso concreto, se distingue una reacción normal a una dosis nueva de un motivo para cambiarla y se ajustan las medidas sin fármacos. Los límites están claros: no se pueden hacer exploración, ecografía ni biopsia a través de una pantalla, y cualquier sangrado después de un año sin reglas no es motivo de conversación, sino de consulta presencial en los días siguientes.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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