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Lesión renal aguda

La lesión renal aguda es una caída brusca del funcionamiento de los riñones, en horas o en pocos días.

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

La lesión renal aguda es una caída brusca del funcionamiento de los riñones, en horas o en pocos días. La sangre deja de depurarse como debe y en el organismo se acumulan agua, sales y productos de desecho. El nombre confunde: no se trata de un golpe ni de un traumatismo. Casi siempre es la complicación de otra enfermedad: una infección grave, una deshidratación, un problema cardíaco, la descompensación de una dolencia crónica. La buena noticia es que, si la causa se corrige a tiempo, los riñones suelen recuperarse por completo.

Por qué no es lo mismo que la enfermedad renal crónica

La enfermedad renal crónica se arrastra durante años, avanza sin hacerse notar y ya no se revierte. La lesión aguda es un acontecimiento con un principio claro: la persona enfermó de algo y el riñón no soportó la sobrecarga. Las fronteras entre ambas no son estancas: haber pasado un episodio agudo aumenta el riesgo de enfermedad crónica más adelante, y un riñón ya dañado se descompensa con más facilidad.

Los riñones filtran todo el volumen de sangre muchas veces al día. Son los primeros en sufrir cuando baja la tensión, se pierde líquido o aparece en la sangre una sustancia que tienen que eliminar. Por eso la lesión renal aguda es un hallazgo frecuente en personas ingresadas por motivos muy distintos.

Qué nota la propia persona

Lo traicionero es que al principio puede no haber ninguna sensación: se descubre en un análisis de sangre. Cuando aparecen signos, suelen ser estos:

  • se orina bastante menos y se va menos veces al baño;
  • se hinchan tobillos, pies y piernas, y por la mañana la cara;
  • náuseas, vómitos, falta de apetito, sabor metálico en la boca;
  • debilidad, somnolencia, dificultad para concentrarse;
  • falta de aire y molestia al estar tumbado;
  • picor en la piel y calambres en las pantorrillas.

Conviene subrayarlo: la orina puede seguir saliendo en cantidad normal. Orinar bien no descarta el diagnóstico.

Señales que obligan a llamar a urgencias

No demore la llamada si una persona enferma presenta algo de esto:

  • no orina nada durante medio día;
  • ahogo intenso, imposibilidad de estar tumbado, respiración con burbujeo: el líquido se acumula en los pulmones;
  • debilidad muscular brusca, latidos irregulares, sensación de vuelco en el pecho: así se manifiesta el exceso de potasio en sangre, que puede parar el corazón;
  • confusión, somnolencia inusual, convulsiones;
  • orina del color del té cargado o de un refresco de cola después de un esfuerzo físico intenso, de muchas horas inmóvil en el suelo o de una crisis convulsiva: puede ser la destrucción de tejido muscular, que obstruye el riñón por dentro;
  • en un niño, diarrea con sangre y, días después, palidez, decaimiento y poca orina: un cuadro poco frecuente pero grave, en el que se destruyen los glóbulos rojos y el riñón se resiente.

Qué suele desencadenarla

Las causas se ordenan bien según dónde está el fallo: antes del riñón, en el propio riñón y después de él.

  • Antes del riñón: no le llega bastante sangre. Vómitos y diarrea intensos, hemorragia, quemaduras, infección grave con caída de tensión, corazón que bombea poco, enfermedad hepática avanzada.
  • En el propio riñón: su tejido está dañado. Inflamación de los filtros renales, inflamación de los vasos, reacción alérgica a un fármaco, destrucción muscular y, con menos frecuencia, intoxicaciones.
  • Después del riñón: la orina no tiene salida. Próstata agrandada, un cálculo que bloquea la vía urinaria, un tumor pélvico, compresión de los uréteres.

También cuenta el contraste que se usa en la tomografía: con riñones sanos el riesgo es bajo, y si ya están enfermos se tiene en cuenta de antemano.

A quién le cuesta más caro enfermar y qué hacer con la medicación

El riesgo es mayor a partir de los sesenta y cinco años, en quienes ya tienen una enfermedad renal, diabetes, insuficiencia cardíaca o cirrosis, y después de una cirugía mayor.

Capítulo aparte merecen los medicamentos habituales, inofensivos en el día a día pero dañinos para el riñón cuando se suman vómitos, diarrea o fiebre alta. Son los analgésicos antiinflamatorios no esteroideos, algunos fármacos para la tensión, los diuréticos y ciertos antibióticos. Si toma alguno de forma continuada y de pronto cae con una infección intestinal o no consigue beber, hable con su médico de cabecera: parte del tratamiento se suspende mientras dure la enfermedad. Nunca abandone por su cuenta la medicación de la tensión o del corazón; esa decisión la toma el médico.

Y una regla sencilla para cualquier día: durante una enfermedad con fiebre, vómitos o diarrea hay que beber, y si beber no es posible, eso ya es motivo para pedir ayuda en lugar de esperar.

Cómo se detecta y con qué se trata

La base del diagnóstico es el análisis de sangre con creatinina y urea, al que se añaden potasio, sodio y el equilibrio ácido de la sangre. Se cuenta la orina emitida en veinticuatro horas. Se mira el análisis de orina: la presencia de proteínas y de glóbulos rojos apunta a una enfermedad del propio tejido renal. La ecografía muestra si hay un obstáculo a la salida de la orina y qué aspecto tienen los riñones.

El tratamiento va dirigido a la causa. Se reponen líquidos si hay deshidratación, se trata la infección, se retiran los fármacos que dañan el riñón, se coloca una sonda o un drenaje si la orina está bloqueada, y si la inflamación está en el tejido renal se cuenta con el nefrólogo. Cuando el riñón no da abasto y se acumulan potasio y líquido, se recurre a la diálisis, casi siempre de forma temporal, hasta que se recupere.

La mayoría de las personas se restablece. Aun así, después del episodio conviene seguir controlando el riñón: repetir sangre y orina a los pocos meses, vigilar la tensión y consultar cada medicamento nuevo. Y hay que recordar ese episodio y contarlo a los médicos, porque cambia la forma de prescribir.

Consulta en línea ante la sospecha de daño renal

El cuadro agudo se trata de forma presencial y a menudo ingresado. Pero mucho de lo que lo rodea se resuelve cómodamente a distancia.

  • valorar sus molestias y decirle sin rodeos si hay que llamar a urgencias o basta con hacerse unos análisis;
  • leer sus análisis de sangre y orina y explicarle qué significan esas cifras en su caso concreto;
  • repasar la lista de medicamentos crónicos si usted está en un grupo de riesgo;
  • indicarle qué hacer con esa medicación cuando cae enfermo y no retiene líquidos;
  • organizar el seguimiento tras el alta y comprobar si el riñón se ha recuperado.

Si por lo que cuenta el cuadro parece grave, el médico no se guardará la conclusión y le dirá directamente que acuda al hospital.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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