Incontinencia urinaria
La incontinencia urinaria es el escape de orina al margen de su voluntad. Es un problema tan frecuente que afecta a millones de personas y tan incómodo de…
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- Dos tipos principales y por qué es la primera pregunta del médico
- Cuando no es solo incontinencia
- Qué ocurre en la consulta
- Ejercicios del suelo pélvico: la técnica importa más que el empeño
- Incontinencia de urgencia: entrenar la vejiga y qué beber
- Qué más influye: peso, intestino, medicamentos
- Cuándo se añaden medicamentos y cirugía
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente prescritos para Incontinencia urinaria
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 20 mgPrincipio activo: vardenafilFabricante: Bayer AgRequiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 10 mgPrincipio activo: solifenacinaFabricante: Laboratorios Cinfa S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 5 mgPrincipio activo: solifenacinaFabricante: Laboratorios Alter S.A.Requiere receta
La incontinencia urinaria es el escape de orina al margen de su voluntad. Es un problema tan frecuente que afecta a millones de personas y tan incómodo de contar que, de media, se tarda varios años desde el primer episodio hasta la primera consulta. Durante todo ese tiempo se compran compresas, se deja de correr, se renuncia a los viajes y se localiza el baño nada más entrar en un sitio. Conviene decirlo con claridad: la incontinencia no es una parte inevitable de envejecer ni el peaje de haber tenido hijos, tiene tratamiento y la mayoría consigue eliminarla o reducirla a algo menor. Pero no se empieza por las compresas, se empieza por el estudio: el enfoque depende del tipo de incontinencia, y hay varios.
Dos tipos principales y por qué es la primera pregunta del médico
Casi toda la incontinencia cabe en dos formas, y la diferencia entre ellas es decisiva.
- Incontinencia de esfuerzo: la orina se escapa en el momento en que la presión sobre la vejiga sube de golpe, al toser, estornudar, reír, levantar peso, correr, saltar y a veces solo al levantarse de una silla. Aquí «esfuerzo» no se refiere a los nervios sino a la carga física. Suele perderse poca cantidad, pero en el peor momento. Detrás hay unos músculos del suelo pélvico y un esfínter de la uretra debilitados o dañados: tras el parto, tras cirugía del útero o de la próstata, con exceso de peso, con tos crónica, en la menopausia.
- Incontinencia de urgencia: una necesidad repentina e irresistible de orinar, entre la cual y el escape pasan segundos. A menudo se dispara con un desencadenante: el ruido del agua corriendo, el frío, la llave en la puerta de casa. Suele formar parte del síndrome de vejiga hiperactiva, en el que el músculo de la vejiga se contrae por su cuenta, y entonces se añade orinar muchas veces, también de noche.
La forma mixta es la más corriente: hay de las dos y una predomina. Aparte está la incontinencia por rebosamiento: la vejiga no se vacía del todo, se distiende y la orina gotea de forma constante; la persona nota que «no ha terminado», el chorro es débil y tiene que hacer fuerza. No es una minucia: una vejiga siempre llena pone en riesgo los riñones, y eso se resuelve con un médico, no con ejercicios.
Cuando no es solo incontinencia
Normalmente no hay prisa y la consulta se puede planificar con calma. Pero hay situaciones en las que no se puede esperar.
- Sangre en la orina, aunque sea una sola vez y aunque no duela. La sangre indolora en la orina siempre exige estudio: así puede anunciarse un tumor de vejiga o de riñón.
- Dolor al orinar, fiebre, dolor lumbar: eso ya habla de infección y no de músculos débiles. En una persona mayor, una incontinencia que empeora de repente junto con confusión puede ser el único signo de una infección urinaria.
- Incontinencia de aparición brusca acompañada de síntomas neurológicos: debilidad, hormigueo o falta de sensibilidad, alteración de la marcha, visión doble o borrosa. Hay que estudiarlo pronto: así debutan a veces las enfermedades del sistema nervioso.
- Retención de orina con goteo. Si no consigue orinar bien y aun así la ropa interior está siempre húmeda, lo más probable es un rebosamiento y hace falta un médico el mismo día. La imposibilidad total de orinar con la vejiga dolorosamente distendida es una urgencia: hay que vaciarla con una sonda.
- Falta de sensibilidad en el periné y la cara interna de los muslos, debilidad en las piernas, pérdida del control intestinal: esto es una ambulancia, número único europeo 112, de inmediato y sin «espero a mañana». Esa combinación indica compresión de los nervios del final de la médula, y la recuperación depende de la rapidez con que se llegue al quirófano.
Qué ocurre en la consulta
Nada de lo que avergonzarse: el médico escucha estas quejas todos los días. Le preguntarán cosas sencillas: cuándo se escapa exactamente, si le da tiempo a llegar al baño, cuántas veces se levanta por la noche, qué bebe y en qué cantidad, qué medicamentos toma, si ha tenido partos u operaciones.
Después suele proponerse un diario miccional de tres días: qué y cuánto ha bebido, cuándo y cuánto ha orinado, cuántos escapes ha habido y qué los precedía. Rellenarlo es aburrido, pero es lo que más a menudo da el diagnóstico: en el diario se ve enseguida si la incontinencia es de esfuerzo o de urgencia y si se están bebiendo dos litros de café al día.
La exploración es breve: en las mujeres, ginecológica, para ver si hay descenso de las paredes vaginales y valorar cómo trabaja el suelo pélvico; en los hombres, tacto rectal. Siempre se analiza la orina, para descartar infección, sangre y azúcar. Si se sospecha un vaciado incompleto, se hace una ecografía después de orinar para medir el residuo: es indoloro y dura un minuto. La urodinamia y la cistoscopia no las necesita todo el mundo: se piden si el tratamiento sencillo no ha funcionado o si el cuadro no está claro.
Ejercicios del suelo pélvico: la técnica importa más que el empeño
Son la base del tratamiento en la incontinencia de esfuerzo y en la mixta, y funcionan en la mayoría de las personas, pero con dos condiciones: bien hechos y durante mucho tiempo. Mal hechos no sirven de nada, y es ahí donde la gente se desanima.
Los músculos que buscamos son los que usa para retener la orina y los gases. Apriételos y fíjese: el abdomen, las nalgas y los muslos siguen relajados y la respiración no se detiene. Si tensa el abdomen o junta las rodillas, están trabajando otros músculos. Se entrenan contracciones rápidas y lentas: varias contracciones cortas y secas seguidas y luego un mantenimiento que se alarga poco a poco de dos segundos a diez. Un programa habitual son unas ocho contracciones tres veces al día, y hay que sostenerlo un mínimo de tres meses.
Tres errores frecuentes. El primero, abandonar a las dos semanas porque «no sirve»: los primeros cambios llegan al mes o mes y medio, y el efecto completo, a los pocos meses. El segundo, entrenar cortando el chorro en el váter; como comprobación puntual vale, como costumbre no, porque así la vejiga se acostumbra a no vaciarse del todo. El tercero, hacerlo a ciegas. Si al cabo de un mes nada cambia o no está seguro de notar esos músculos, pida una derivación a un fisioterapeuta de suelo pélvico: comprobará que se contrae lo que debe y le ajustará el programa. A quien no percibe la contracción en absoluto le ayudan los aparatos con biorretroalimentación y la electroestimulación.
Incontinencia de urgencia: entrenar la vejiga y qué beber
Aquí los ejercicios también sirven, pero el tratamiento principal es otro: el entrenamiento vesical. Consiste en alargar poco a poco el intervalo entre la sensación de urgencia y la ida al baño. El programa dura al menos seis semanas. Cuando aparezca la urgencia no corra: párese, apriete varias veces seguidas y rápido el suelo pélvico, distráigase y espere a que pase la ola; después vaya andando con calma. La costumbre de ir «por si acaso» es al revés perjudicial: la vejiga se acostumbra a volúmenes pequeños y reclama más a menudo.
La cafeína y el alcohol aumentan la urgencia: es lo más sencillo de cambiar hoy mismo. El café es lo que más influye, pero también hay cafeína en el té, incluido el verde, en los refrescos de cola y en las bebidas energéticas. Mucha gente nota además el efecto de las bebidas con gas, los edulcorantes y la comida picante o ácida. Retire las cosas de una en una y mire en el diario cuál es la suya.
Lo que no se puede hacer es recortar bruscamente la bebida: es lo primero que se hace por cuenta propia y es un error que empeora las cosas. La orina concentrada irrita más la vejiga y la urgencia se vuelve más frecuente, no menos; además aparece estreñimiento, que por sí solo empeora la incontinencia. Beba con normalidad, en torno a seis u ocho vasos al día salvo que su médico le indique otra cosa. Si le molestan los despertares nocturnos, desplace el grueso de los líquidos a la primera mitad del día, pero no deje de beber.
Qué más influye: peso, intestino, medicamentos
- Perder peso es una de las medidas más eficaces en la incontinencia de esfuerzo. La grasa abdominal presiona la vejiga de forma continua; incluso una pérdida moderada reduce mucho los escapes y a veces los elimina.
- El estreñimiento lo empeora todo a la vez: hacer fuerza distiende el suelo pélvico y un recto lleno presiona la vejiga. Más fibra, líquidos suficientes, movimiento, no aguantarse las ganas, y consultarlo si no mejora.
- Tabaco. La tos crónica de quien fuma golpea el suelo pélvico varios cientos de veces al día, y no hay ejercicio que compense eso.
- Tipo de ejercicio. Los saltos, la carrera y los abdominales clásicos conviene sustituirlos durante el tratamiento por pilates, natación y trabajo del músculo profundo del tronco. Y antes de levantar algo pesado se aprieta primero el suelo pélvico y solo después se levanta.
- Medicamentos. Es justo lo que casi nadie revisa por su cuenta. Los diuréticos, algunos fármacos para la tensión, los somníferos y tranquilizantes, parte de los antidepresivos y los medicamentos con efecto secante que dificultan el vaciado de la vejiga pueden provocar o agravar la incontinencia. No los suspenda usted: lleve al médico la lista completa, incluido lo que compra sin receta; a veces basta con cambiar la hora de la toma o buscar una alternativa.
- Las compresas y la ropa interior absorbente son un apoyo temporal, no un tratamiento. Usarlas es normal y cómodo, pero si no se hace nada más, la incontinencia se queda para siempre. Y use compresas urológicas específicas, no compresas menstruales: están hechas de otra manera y controlan mejor el olor.
Cuándo se añaden medicamentos y cirugía
Si el tratamiento conservador no da resultado suficiente en unos meses, se pasa al siguiente escalón, y aquí los caminos de los dos tipos se separan del todo.
En la incontinencia de urgencia se recetan fármacos que relajan el músculo de la vejiga: antimuscarínicos o agonistas beta-3. No actúan de inmediato; el efecto se valora al cabo de un mes aproximadamente. Con los antimuscarínicos son típicos la sequedad de boca, el estreñimiento y la visión borrosa, y en las personas mayores pueden empeorar la memoria y la claridad mental, por lo que en edades avanzadas se prefieren los del otro grupo. A las mujeres posmenopáusicas les ayuda con frecuencia el estrógeno local en crema u óvulos. Si los comprimidos no funcionan, existen las inyecciones de toxina botulínica en la pared vesical y las técnicas de estimulación de los nervios que gobiernan la vejiga.
En la incontinencia de esfuerzo el siguiente paso suele ser quirúrgico: cabestrillos, colposuspensión, inyecciones de agentes de relleno y, en hombres operados de próstata, el esfínter artificial. A quien no le conviene o no quiere operarse se le ofrece a veces un medicamento que aumenta el tono del esfínter. De la cirugía conviene saber dos cosas. Si tiene previsto un embarazo, es más sensato aplazar la intervención: el parto puede anular el resultado. Y el uso de mallas está restringido en varios países, así que pregunte de antemano qué material se va a emplear y qué alternativas hay. Quédese con el informe donde figura el nombre exacto de la operación: le hará falta si años después algo va mal.
Consulta en línea
De la incontinencia suele costar menos hablar sin tener al médico enfrente, y este es justo el caso en el que la consulta en línea derriba la barrera principal. El médico determinará por sus respuestas si la incontinencia es de esfuerzo, de urgencia o mixta, le dirá qué estudios hacen falta y revisará con usted el diario miccional. Enseñe sin falta la lista de sus medicamentos: alguno puede ser la causa. En línea es cómodo repasar la técnica de los ejercicios, montar un plan de entrenamiento vesical, decidir qué bebidas retirar y valorar si ha llegado el momento de hablar de fármacos o de cirugía. La sangre en la orina, la fiebre con dolor lumbar, la imposibilidad de orinar y la incontinencia brusca con debilidad o pérdida de sensibilidad exigen consulta presencial y urgente; y si hay adormecimiento del periné con debilidad en las piernas, llame a una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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