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Medicamentos comúnmente prescritos para Hernia discal
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: INYECTABLE PERFUSION, 10 MG/MLPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Fresenius Kabi España, S.A.U.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1 gPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Uxa Farma S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 500 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Galenicum Health S.L.No requiere receta
Entre las vértebras hay discos, unas almohadillas elásticas que amortiguan la carga a cada paso. Cuando el anillo externo de un disco se agrieta, el núcleo blando del interior sobresale y puede apoyarse en una raíz nerviosa. A eso se le llama hernia discal. La palabra suena a sentencia, pero el panorama real es más bien esperanzador: en la mayoría de las personas la hernia se reduce sola en semanas o meses, el dolor desaparece sin cirugía y lo que uno hace durante ese tiempo influye en los plazos más que cualquier procedimiento. En esta página se tratan aparte los signos ante los que no se puede esperar y una explicación honesta sobre la resonancia.
Qué le ocurre de verdad al disco
Expresiones habituales como «se me ha salido un disco» o «se me ha movido una vértebra» transmiten una imagen falsa: como si algo se hubiera desprendido por dentro y bastara con que alguien lo colocara en su sitio. El disco no se sale de ningún sitio, está firmemente unido a los cuerpos vertebrales. Por una fisura del anillo externo se escapa parte del material interno, igual que la crema por un corte en un dónut, y queda fuera formando un pequeño abultamiento.
Y entonces sucede algo de lo que se habla poco: el propio cuerpo va deshaciendo ese abultamiento. El material del disco resulta extraño fuera de su sitio, hasta él llegan vasos y células limpiadoras, la hernia pierde agua y se encoge poco a poco. En algunas personas, la resonancia repetida al cabo de un año ya no la encuentra. Y cuanto mayor era la hernia al principio, más a menudo se reduce de forma llamativa.
De ahí una conclusión que conviene retener: el dolor se va no porque el disco «vuelva a su sitio», sino porque el abultamiento disminuye y la inflamación alrededor de la raíz se apaga. Las maniobras manuales con crujido no recolocan nada, aunque a mucha gente le alivien durante un rato.
Cómo se manifiesta
La hernia se nota de forma distinta según el nivel de la columna en el que aparezca y según toque o no un nervio.
- En la zona lumbar. Es la localización más frecuente. Puede doler solo la espalda baja, o el dolor puede bajar por la pierna hasta por debajo de la rodilla, con hormigueo y adormecimiento. Al dolor que recorre el trayecto del nervio ciático se le llama ciática, y tiene página propia en este sitio.
- En el cuello. Dolor cervical que se irradia a la escápula, el hombro, el brazo y los dedos, a veces con adormecimiento o debilidad en la mano. Suele empeorar al girar o inclinar la cabeza y aliviarse al apoyar la mano sobre la cabeza.
- Signos comunes. El dolor aumenta al toser, estornudar y hacer fuerza; cuesta permanecer sentado e inclinarse hacia delante; cuesta enderezarse después de haber estado sentado.
Una matización importante frente a la alarma general: la hernia que aparece en la imagen no siempre es la culpable del dolor. Muchísima gente vive con abultamientos discales sin enterarse nunca, porque no rozan ningún nervio y no duelen. De eso trata el apartado sobre la resonancia.
La hernia no suele deberse a un único movimiento desafortunado: los discos pierden agua y elasticidad con la edad, y luego actúa lo que toque — levantar peso inclinado y girando, muchas horas sentado, un tirón en el gimnasio, el exceso de peso, el tabaco.
Por qué el reposo no cura
La lógica popular es sencilla: si duele la espalda, hay que estar en cama hasta que se cure. En la hernia discal ese es uno de los errores más caros.
El reposo en cama no acelera la recuperación, la frena. En unos pocos días tumbado, los músculos que sostienen la columna se debilitan, las articulaciones se agarrotan, moverse cuesta más, el miedo al dolor crece y la persona se mueve todavía menos. El círculo se cierra. Moverse con una hernia duele, pero no hace daño: el disco no se «acaba de romper» por moverse.
Los plazos orientativos son estos. El dolor agudo suele calmarse en unos días o un par de semanas, la mejoría clara llega en la mayoría a las seis u ocho semanas y la recuperación completa lleva de varias semanas a varios meses. La cirugía la necesita una minoría.
Qué hacer las primeras semanas
- Siga con su vida normal en la medida de lo posible. Si el dolor es muy intenso, el primer día o dos pueden pasarse con calma, pero después conviene volver al movimiento sin esperar a que deje de doler del todo.
- Camine. Varios paseos cortos al día se toleran mejor que una única salida larga. Si trabaja sentado, levántese cada veinte o treinta minutos.
- Gradúe el esfuerzo con la regla «molesto pero soportable, y mañana no peor». Sirven caminar, nadar y ejercicios sencillos para la musculatura de espalda y abdomen; en la fase aguda no sirven los levantamientos pesados, los saltos ni las torsiones bruscas.
- La analgesia sirve para moverse, no para soportar la inmovilidad. Se suele empezar por antiinflamatorios, porque el paracetamol rinde menos en este tipo de dolor. Los antiinflamatorios no valen para todo el mundo: con enfermedades de estómago, riñón o corazón, con tensión alta y durante el embarazo se toman solo si el médico lo autoriza. Mejor en pauta corta que «hasta que se pase».
- El calor local —bolsa de agua caliente, ducha templada— alivia a mucha gente; a otros les va mejor el frío. La opción correcta es la que a usted le alivia.
- Para dormir resulta más cómodo de lado con una almohada entre las rodillas, o boca arriba con un cojín bajo las rodillas; no hace falta comprar un colchón especial. Una faja saca del apuro en un día malo, pero no se lleva durante semanas: los músculos se desacostumbran a trabajar.
Conviene dejar de fumar y bajar el exceso de peso: ambas cosas influyen en el estado de los discos y en que el episodio vuelva o no.
Cuándo el tiempo se cuenta en horas
Hay una complicación que justifica leer esta página entera. En la parte más baja del canal vertebral las raíces nerviosas discurren en un haz llamado cola de caballo. Si una hernia grande lo comprime por completo, se ven afectados a la vez la vejiga, el intestino y ambas piernas. Es una urgencia: si la compresión no se libera en las horas siguientes, las alteraciones de la micción, de la sensibilidad y de la función sexual quedan para siempre.
Llame de inmediato a una ambulancia o acuda a urgencias si aparece aunque sea uno solo de estos signos:
- adormecimiento en el periné, alrededor del ano y de los genitales, y en la cara interna de los muslos, justo donde el cuerpo apoya en el sillín de una bicicleta;
- imposibilidad de orinar o sensación de vejiga llena sin ganas de ir; o, al revés, pérdidas de orina que usted no nota;
- pérdida del control de las heces o desaparición de las ganas de defecar;
- debilidad o adormecimiento crecientes en las dos piernas a la vez, inestabilidad al andar;
- un dolor que estaba en una pierna y ha pasado a las dos.
No espere a mañana ni compruebe si se pasa por la tarde. No conduzca en ese estado: pida que le lleven o llame a una ambulancia, en los países europeos por el número único 112. Lleve la lista de los medicamentos que toma. Y dígalo con estas palabras: adormecimiento en el periné y dificultad para orinar. De esa frase depende la rapidez con la que le atiendan.
Otros motivos para no esperar
Además de la cola de caballo hay signos que exigen médico el mismo día o al siguiente, y no dentro de un mes de observación.
- Debilidad creciente en el pie o en la mano. La punta del pie se engancha en el suelo, el pie golpea al andar, hay que levantar más la rodilla; a la mano se le caen los objetos, no sujeta una taza. Es una pérdida de función de la raíz, y cuanto antes se libere, más probable es que la fuerza vuelva del todo.
- Fiebre junto con dolor de espalda, sobre todo con escalofríos y sudoración nocturna, en alguien con las defensas bajas, operado recientemente de la columna o que ha recibido inyecciones. Así se manifiestan la infección de una vértebra o un absceso junto a la médula.
- El dolor empezó tras una caída, un golpe o un accidente, o tras un traumatismo menor en una persona con osteoporosis o en tratamiento prolongado con corticoides.
- Dolor nocturno que no deja dormir y no depende de la postura, junto con pérdida de peso, falta de apetito o un cáncer padecido en el pasado.
- Dolor cervical con pérdida de equilibrio y alteración de la marcha, torpeza en ambas manos, dificultad para abrocharse los botones: es señal de compresión de la propia médula a nivel del cuello.
Y el motivo corriente y sin prisa para consultar: el dolor no ha empezado a ceder en seis u ocho semanas, impide trabajar y dormir, o vuelve una y otra vez.
Sobre la resonancia: por qué una imagen precoz casi nunca cambia nada
La petición «hágame una resonancia» aparece en casi todas las consultas, y negarse parece cuestión de ahorro. El motivo es otro, y merece la pena conocerlo.
Se encuentran alteraciones de los discos en muchísimas personas a las que no les duele nada. Si se hace una resonancia lumbar a gente sin una sola molestia, aparecen abultamientos discales en torno a un tercio de los treintañeros y en la mayoría de los mayores de sesenta. Es un hallazgo propio de la edad, como las canas. Por eso una hernia encontrada no demuestra por sí sola que sea el origen del dolor: para ligar la imagen con los síntomas, el médico necesita que lo que se ve coincida con el punto exacto donde duele y se adormece.
Segundo: en las primeras semanas la imagen no cambia el plan. Con hernia o sin ella, el tratamiento es el mismo: movimiento, analgesia a demanda y tiempo. La prueba hace falta cuando de ella depende una decisión: hay señales de alarma de los apartados anteriores, hay déficit neurológico o se está valorando cirugía.
Tercero, menos evidente: la imagen precoz a veces perjudica. Quien lee en el informe «protrusión, cambios degenerativos, espondilosis deformante» empieza a proteger la espalda, se mueve menos y tarda más en recuperarse. La redacción de los informes suena mucho peor que aquello que describe.
La radiografía simple no muestra ni discos ni nervios: solo responde a la pregunta de si hay fractura.
Si el dolor no cede en meses
Cuando varias semanas de medidas caseras no han dado resultado, el médico suele plantear lo siguiente.
- Trabajo con un fisioterapeuta o un rehabilitador. No procedimientos pasivos, sino un programa de ejercicios a medida y una revisión de cómo se mueve, se sienta y levanta peso. Es la parte del tratamiento con más respaldo.
- Revisión de la analgesia. A veces se añade una pauta corta de otros fármacos. Los analgésicos potentes no se prescriben de forma prolongada para casa, y los relajantes musculares se dan unos pocos días.
- Infiltración con un corticoide junto a la raíz. No sirve para todos y su efecto dura un tiempo limitado, pero puede dar un respiro y romper el círculo dolor-inmovilidad-dolor. Es un paso razonable antes de hablar de cirugía.
- Cirugía. Se retira la porción de disco que comprime la raíz. Se plantea ante un dolor intenso y persistente que no cede a nada durante meses, ante una debilidad progresiva y, de forma urgente, en el síndrome de cola de caballo. Quita antes el dolor de la pierna o del brazo, pero al cabo de uno o dos años los resultados de los operados y de los tratados sin cirugía se igualan bastante: en la evolución habitual no hay por qué correr, y con déficit neurológico ocurre justo lo contrario.
Consulta en línea
A distancia se resuelven bien las dudas principales de los primeros días: si esto encaja con una hernia discal, si entre sus síntomas hay señales de alarma y qué hacer hoy mismo. El médico repasará hacia dónde se irradia el dolor y preguntará por la fuerza en el pie y en la mano, por la micción y por el adormecimiento del periné, es decir, comprobará exactamente lo que separa un episodio corriente de una urgencia. En línea también resulta cómodo ajustar la analgesia teniendo en cuenta sus otras enfermedades, recibir un plan de movimiento claro para las próximas semanas y entender si hace falta una prueba de imagen o si no va a cambiar nada. Otra petición frecuente es que le expliquen una resonancia ya hecha: el informe casi siempre suena peor de lo que es. Los signos del apartado de la cola de caballo no se valoran a distancia: con ellos, directamente a urgencias.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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