Glaucoma
El glaucoma es la pérdida progresiva del nervio óptico, el cable que lleva la imagen desde el ojo hasta el cerebro.
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Medicamentos comúnmente prescritos para Glaucoma
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COLIRIO, 20 mg/mlPrincipio activo: dorzolamidaFabricante: Brill Pharma S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COLIRIO, 50 microgramos/mlPrincipio activo: LatanoprostFabricante: Laboratoires TheaRequiere recetaForma farmacéutica: COLIRIO, 0,005%Principio activo: LatanoprostFabricante: Farmalider S.A.Requiere receta
El glaucoma es la pérdida progresiva del nervio óptico, el cable que lleva la imagen desde el ojo hasta el cerebro. Sus fibras mueren de una en una y en silencio, así que la enfermedad pasa años sin avisar: la persona lee las últimas líneas del optotipo igual que siempre y se entera del diagnóstico en la revisión a la que fue a cambiarse las gafas. Lo esencial es esto: ningún tratamiento devuelve las fibras perdidas, pero detener la enfermedad en el nivel de visión que hay hoy se consigue casi siempre. Todo el valor está, por tanto, en lo pronto que se descubra.
Por qué se descubre tan tarde
La visión se estrecha por los bordes, no por el centro. Se pierden zonas del campo lateral, justo donde no miramos de frente ni leemos. El cerebro no muestra esos huecos como manchas negras: rellena la escena con lo que hay alrededor. Además los dos ojos no se afectan por igual, y el sano tapa mucho tiempo al enfermo, de modo que mirando con los dos no hay defecto alguno.
El resultado es que la sospecha llega cuando ya se ha perdido más de la mitad de las fibras. Y no aparece como «ver borroso», sino como pequeñas torpezas que se achacan a la edad o al cansancio:
- roza usted el hombro con el marco de las puertas y tira las tazas de la mesa más que antes;
- le cuesta cambiar de carril conduciendo y el coche del carril de al lado aparece de la nada;
- en escalones y bordillos baja la cabeza y camina con más cuidado;
- al anochecer, o al pasar de la calle soleada a un portal en penumbra, el ojo tarda mucho más que antes en adaptarse.
Si algo de esto le suena, no conviene aplazar la revisión, aunque tampoco hay que alarmarse: la catarata y la vista cansada dan lo mismo. Esto solo se aclara con aparatos.
La crisis en la que cuentan las horas
Existe una forma que hace justo lo contrario y se desploma en unas horas: el drenaje se cierra de golpe, la presión dentro del ojo se triplica y duele muchísimo. Las señales son estas:
- dolor intenso en el ojo y alrededor, que suele irradiar a la sien;
- el ojo se pone rojo y la visión se nubla de repente, como a través de un cristal empañado;
- aparecen halos de colores alrededor de las farolas y las bombillas;
- náuseas y vómitos;
- el ojo está duro al tacto y la pupila queda dilatada y no se cierra con la luz.
El peligro no está solo en la presión, sino en aquello con lo que se confunde. Por los vómitos y el dolor de cabeza, la crisis se trata en casa como una migraña o una indigestión, y se pierde precisamente la noche que decide el desenlace: si la presión no baja en unas horas, el nervio muere sin remedio.
Es una urgencia. Hay que llegar ese mismo día a un servicio de urgencias, mejor a uno con oftalmólogo de guardia, y no esperar a mañana ni a que pase el fin de semana. Con esos síntomas no se conduce: pida que le lleven y, si no hay forma de desplazarse, llame a una ambulancia, que en Europa se pide al número único 112. Lleve consigo la lista de todos los medicamentos que toma.
La crisis suele darse al atardecer, con poca luz, tras un susto o después de unas gotas que dilatan la pupila. También pueden desencadenarla algunos comprimidos: para el mareo del viaje, la alergia, la incontinencia, los espasmos, y una parte de los antidepresivos. A eso se refiere el prospecto cuando dice «contraindicado en el glaucoma de ángulo cerrado». Si le han dado ese diagnóstico, enseñe su lista de fármacos tanto al oftalmólogo como al médico que le receta algo nuevo.
Qué daña el nervio
Dentro del ojo se produce sin parar un líquido transparente que baña el cristalino y sale por una malla de drenaje situada en el ángulo entre el iris y la córnea. Cuando sale menos de lo que entra, la presión sube y aplasta las fibras justo donde el nervio abandona el ojo. Del modo en que esté alterado ese drenaje depende también el tratamiento:
- de ángulo abierto, el más frecuente: el ángulo está libre, pero la malla filtra cada vez peor, como un filtro que se atasca. Avanza durante años y sin síntomas;
- de ángulo cerrado: la raíz del iris tapona el ángulo. Puede ir cerrándose despacio o dar la crisis descrita arriba;
- de presión normal: las cifras salen correctas y aun así el nervio se pierde, porque resulta sensible a una presión que otros toleran y porque también cuenta su riego sanguíneo. Solo se descubre mirando el nervio y el campo visual;
- secundario, consecuencia de otro problema: un traumatismo, una inflamación intraocular prolongada, una diabetes descontrolada, un cristalino desplazado. Merece mención aparte el glaucoma por corticoides: los colirios y las pomadas con cortisona que se usan meses «para la rojez» y sin control suben la presión en una parte de la gente;
- congénito, raro y propio de los bebés. Se delata por el lagrimeo, el rechazo de la luz y unos ojos llamativamente grandes y «bonitos»; esos ojos hay que enseñárselos al médico en vez de admirarlos.
El riesgo aumenta con cada década a partir de los cuarenta. Es mayor si hubo glaucoma en los padres o en un hermano; si usted es de origen africano, porque en ese grupo la forma de ángulo abierto empieza antes y evoluciona peor; y si sus antepasados vienen del este de Asia, donde predomina el ángulo cerrado. También suman la miopía alta, la hipermetropía con el ojo pequeño, la diabetes, el uso prolongado de corticoides y un golpe antiguo en el ojo.
Cómo se diagnostica
Medir la presión no basta, y este es el malentendido más extendido sobre el glaucoma: una cifra normal no descarta el diagnóstico y una cifra alta por sí sola tampoco lo confirma. Se miran varias cosas a la vez:
- la presión intraocular, corregida según el grosor de la córnea: en una córnea gruesa el aparato marca de más y en una fina, de menos;
- el propio nervio óptico, que el médico observa en el fondo de ojo a través de la pupila para ver cuánto se ha excavado la papila;
- el campo visual con el perímetro: usted pulsa un botón cada vez que percibe un destello lateral. Así aparecen las pérdidas que no se notan;
- el grosor de la capa de fibras nerviosas en la tomografía, que adelgaza antes de que el campo visual se estropee;
- el ángulo de drenaje con una lente especial, del que depende si conviene el láser y si son peligrosas para usted las gotas que dilatan la pupila.
La revisión periódica es la única manera de llegar a tiempo. A un adulto le corresponde mirarse los ojos cada uno o dos años, y a partir de los cuarenta o con factores de riesgo, con la frecuencia que le indique el médico; cada país organiza esa revisión a su manera, en unos la hace el oftalmólogo y en otros el optometrista. Y algo que casi nadie recuerda: si el glaucoma se ha descubierto en usted, deben revisarse sus hijos adultos y sus hermanos. En los familiares directos el riesgo se multiplica, y les conviene empezar antes.
Con qué se conserva la visión
El objetivo es único: bajar la presión lo suficiente para que las fibras dejen de morir. Esa cifra objetivo se fija ojo por ojo, según lo avanzado que esté el daño. El glaucoma no se cura, pero suele poder detenerse.
- Colirios. Unos reducen la producción de líquido y otros facilitan su salida. Los grupos principales son los análogos de las prostaglandinas, los betabloqueantes, los inhibidores de la anhidrasa carbónica y los agonistas alfa; a menudo se combinan en un mismo frasco. Los elige el médico, y aquí cambiar por cuenta propia a «otro parecido» no funciona.
- Láser. Un procedimiento corto y casi indoloro. Con el ángulo abierto el láser desatasca la malla de drenaje, y cada vez se empieza más por ahí sin esperar a los colirios. Con el ángulo cerrado se hace un orificio diminuto en el iris para que el líquido rodee el bloqueo: sirve de tratamiento y también protege al otro ojo de la crisis.
- Cirugía. Cuando la presión se mantiene alta se crea una vía de salida nueva, labrada en los tejidos del ojo o mediante un drenaje microscópico implantado. Algunas de estas operaciones se hacen aprovechando la de la catarata.
Sobre las gotas no siempre da tiempo a decirlo todo en la consulta. Después de instilarlas, cierre el ojo y presione un minuto el ángulo interno con el dedo: así el fármaco se queda en el ojo en lugar de pasar a la sangre por la nariz. Avise sin falta si tiene asma, ahogo importante o el pulso lento, porque los betabloqueantes en colirio no actúan solo sobre el ojo. Al principio pueden escocer, el ojo se enrojece y a algunas personas se les oscurece la piel del párpado y les crecen las pestañas; nada de eso obliga a abandonar el tratamiento, pero conviene contarlo.
Y lo principal. Los colirios funcionan mientras se ponen: todos los días, durante años, incluso cuando «se ve perfectamente». Su beneficio no se nota, porque no mejoran la visión, sino que impiden que se vaya. Por eso el glaucoma deja ciega más veces a la persona que dejó de ponerse las gotas y no volvió a la revisión que a la que no tenía con qué tratarse.
Cómo se vive con ello
Descubierto a tiempo, la mayoría de la gente ve de por vida lo bastante para leer, conducir y trabajar. El diagnóstico cambia menos la vista que la rutina: gotas por la mañana y por la noche, médico cada pocos meses, campo visual una vez al año.
Ate la instilación a algo que ya haga a diario, ponga una alarma y deje un frasco de repuesto donde suela dormir. Si le tiemblan las manos o le cuesta acertar en el ojo, dígalo: existen soportes que se acoplan al frasco, existen presentaciones sin conservantes y a veces sale más cómodo pasar al láser. Pregunte aparte por la conducción, porque las exigencias de campo visual para conducir varían de un país a otro y es mejor conocerlas de antemano que en el reconocimiento médico.
A quien ya ha perdido visión le ayudan cosas sencillas: luz abundante y uniforme en casa, cinta de color en el borde de los escalones, ni alfombrillas ni cables por el suelo, letra grande, lupas, libros para escuchar. La ansiedad y el desánimo con este diagnóstico son habituales, y también son para hablarlos con el médico en vez de aguantarlos.
Consulta en línea
A distancia se resuelve todo lo que no exige aparatos, y en el glaucoma esas dudas son muchas. El médico revisa el informe y las cifras de presión, explica qué significa su campo visual y por qué le han puesto justo esos colirios, repasa la técnica de instilación, ayuda a distinguir si una molestia nueva viene del tratamiento y comprueba en su lista de fármacos si alguno resulta peligroso con el ángulo estrecho. Es además una buena forma de decidir si conviene revisar a sus hijos o a sus hermanos y por dónde deben empezar. Medir la presión, ver el nervio y hacer un campo visual no se puede a través de una pantalla, así que la consulta en línea complementa la exploración presencial y no la sustituye. Las señales de crisis descritas arriba no se comentan a distancia: con ellas se va directamente al hospital.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.





