Fiebre tifoidea
La fiebre tifoidea es una infección intestinal causada por la bacteria Salmonella Typhi. Entra en el organismo con agua y alimentos contaminados por las…
En esta página
- Dónde y cómo se contrae
- Cómo se desarrolla la enfermedad
- Con qué se confunde en quien vuelve de viaje
- Cuándo hace falta atención urgente
- Cómo se confirma el diagnóstico y con qué se trata
- La vacuna y las reglas del agua y la comida en el viaje
- Después de la enfermedad: recaída y estado de portador
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente prescritos para Fiebre tifoidea
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 500 mgPrincipio activo: AzitromicinaFabricante: Industria Quimica Y Farmaceutica Vir S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 250 mgPrincipio activo: AzitromicinaFabricante: Pfizer S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, Polvo para suspensión oral. Por 5 ml de suspensiónPrincipio activo: AzitromicinaFabricante: Kern Pharma S.L.Requiere receta
La fiebre tifoidea es una infección intestinal causada por la bacteria Salmonella Typhi. Entra en el organismo con agua y alimentos contaminados por las heces de un enfermo o de un portador, y por eso se la llama con razón la enfermedad de las manos y el agua sucias. En Europa es casi siempre una infección importada: la padecen quienes vuelven de un viaje, con mucha frecuencia del sur de Asia. Se trata con antibióticos y, si el tratamiento llega a tiempo, termina en una recuperación completa; pero no conviene demorarse, porque sin tratamiento aparecen complicaciones graves.
Una bifurcación de entrada, para que no lea la página equivocada. Si le ha picado una garrapata, una pulga o un piojo y después ha tenido fiebre y le ha salido una erupción, lo que busca es el tifus exantemático, una enfermedad distinta con un nombre parecido. La fiebre tifoidea no se transmite por picaduras: solo por el agua y la comida.
Dónde y cómo se contrae
La fuente es únicamente humana: un enfermo o un portador que no nota nada. Los animales no propagan la fiebre tifoidea. La bacteria sale con las heces y llega al agua y a los alimentos cuando fallan el abastecimiento de agua, el saneamiento o la higiene corriente en la cocina.
Vías habituales de contagio durante un viaje:
- agua del grifo, hielo en las bebidas, agua para lavarse los dientes;
- verduras crudas, hierbas y ensaladas lavadas con agua del lugar;
- fruta que no ha pelado usted;
- comida de puestos callejeros, sobre todo la que lleva rato hecha y se ha enfriado;
- leche sin pasteurizar, quesos frescos y helados elaborados con ella;
- moluscos y otros productos del mar procedentes de aguas contaminadas.
La mayor parte de los casos se relaciona con el sur de Asia —India, Pakistán, Bangladés, Nepal—, aunque la infección también aparece en el sudeste asiático, en África y en América Central y del Sur. Es posible contagiarse incluso en un hotel decente: basta una cantidad muy pequeña de bacterias para enfermar. Desde el contagio hasta los primeros signos pasan por lo general de una a tres semanas, y a veces hasta seis, de modo que la relación con el viaje no siempre resulta evidente.
Merece mención aparte la fiebre paratifoidea: la causan salmonelas emparentadas, cursa de forma parecida, suele ser más leve y se aborda igual.
Cómo se desarrolla la enfermedad
Lo principal que conviene saber de antemano es que la fiebre tifoidea no empieza como una intoxicación alimentaria. En los primeros días no suele haber ni vómitos ni diarrea, y justo por eso se pasa por alto.
- Fiebre en escalera. La temperatura no sube de golpe: asciende día tras día —hoy algo más que ayer— y al final de la primera semana llega a 39–40 °C y se mantiene ahí.
- Dolor de cabeza intenso y continuo, agotamiento, dolores por todo el cuerpo, falta total de apetito.
- Tos seca, frecuente y desorientadora, porque recuerda a un catarro.
- Dolor e hinchazón abdominal, con molestias en la parte inferior derecha.
- Estreñimiento, no diarrea. En los adultos, durante la primera semana las deposiciones se espacian o desaparecen. La diarrea también existe, pero es más propia de los niños y suele llegar más tarde, en la segunda o tercera semana. La idea de que una infección intestinal tiene que empezar con diarrea es lo que más despista aquí.
- Roséola: unas pocas manchitas de color rosa pálido en el pecho y el abdomen. Son escasas, palidecen al presionarlas, duran un par de días y pasan desapercibidas con facilidad, sobre todo en pieles morenas y oscuras.
- El pulso es más lento de lo que cabría esperar con esa fiebre, y el médico lo advierte.
Sin tratamiento, hacia la segunda o tercera semana la persona se vuelve lenta, indiferente y le cuesta razonar. La conclusión práctica es sencilla: si tras un viaje a una zona de riesgo la fiebre dura más de tres días y va subiendo, eso no es «un resfriado del viaje» y hay que ir al médico ese mismo día.
Con qué se confunde en quien vuelve de viaje
La fiebre después de los trópicos es una situación en la que importa menos acertar a la primera que seguir un orden de exclusión. El médico pensará a la vez en varias cosas:
- malaria: se descarta la primera y con urgencia, porque puede matar en pocos días y también empieza con fiebre sin causa aparente;
- dengue: fiebre alta, dolor fuerte detrás de los ojos y en los músculos, erupción;
- hepatitis A: se transmite por la misma agua y la misma comida, pero da ictericia y orina oscura;
- fiebre paratifoidea: casi indistinguible por los síntomas, la separa el cultivo;
- una toxiinfección alimentaria corriente: empieza de forma brusca, con vómitos y diarrea, y se resuelve sola en unos días. La fiebre tifoidea ni empieza así ni se resuelve sola.
Por eso hay que decirle al médico dónde ha estado, cuándo volvió y qué comió y bebió allí, aunque el viaje fuese hace un mes y esté convencido de que se trata de otra cosa. Es una sola frase que cambia por completo el rumbo del estudio.
Cuándo hace falta atención urgente
Las complicaciones graves aparecen por lo general en la tercera semana y casi siempre allí donde el tratamiento empezó tarde o no empezó. La bacteria daña la pared del intestino, y esta puede sangrar o perforarse.
Llame a una ambulancia (en Europa, el número único 112) si aparecen:
- un dolor abdominal repentino y agudo que va a más, con el vientre duro y doloroso al menor movimiento: así se manifiesta la perforación intestinal;
- heces negras y alquitranadas, o con sangre de color rojo oscuro;
- vómitos con sangre o con un contenido parecido a los posos del café;
- confusión, delirio o una somnolencia intensa de la que cuesta sacar a la persona;
- palidez brusca, sudor frío, pulso rápido y débil;
- signos de deshidratación: muchas horas sin orinar, mareo al levantarse.
No conduzca usted mismo ni mande al enfermo solo al hospital. Lleve consigo todos los medicamentos que esté tomando e indique al personal sanitario el país del que ha regresado.
Cómo se confirma el diagnóstico y con qué se trata
El diagnóstico se confirma con un cultivo: sobre todo de sangre, y también de heces y orina, y en ocasiones de médula ósea. Se intenta tomar la muestra antes de la primera dosis de antibiótico, pero si el estado es grave el tratamiento se inicia sin esperar al resultado. Las pruebas rápidas con una gota de sangre no son fiables y no se puede depender solo de ellas.
La fiebre tifoidea se trata con antibióticos, y aquí hay un matiz importante. Las resistencias aumentan año tras año, sobre todo en el sur de Asia, donde circulan cepas insensibles a varios fármacos a la vez. Por eso el antibiótico concreto lo elige el médico teniendo en cuenta de qué país viene la persona, y después lo cambia si el cultivo lo aconseja. Por la misma razón no conviene empezar por cuenta propia con lo que haya en el botiquín: tras eso el cultivo deja de mostrar nada y la resistencia solo se alimenta.
Qué esperar del tratamiento:
- la fiebre no cede de inmediato: suele mantenerse unos cinco días más tras iniciar el antibiótico, y eso no significa que el medicamento no funcione;
- hay que terminar la pauta completa, aunque uno ya se encuentre bien del todo;
- antitérmico, mucha bebida y comida ligera en tomas pequeñas;
- los medicamentos que cortan la diarrea no se emplean en esta infección: no ayudan y no son seguros;
- en los casos graves se ingresa en el hospital, con líquidos y antibióticos por vía intravenosa.
La vacuna y las reglas del agua y la comida en el viaje
Antes de viajar a una zona de riesgo existe una vacuna, en forma de inyección o de cápsulas por vía oral. Conviene acudir al médico con antelación, unas semanas antes del vuelo, para que la protección dé tiempo a formarse; la dosis de recuerdo se pone al cabo de unos años, y el plazo depende del tipo de vacuna. Suele recomendarse a partir de la primera infancia, pero las indicaciones y las pautas exactas varían de un país a otro: es una pregunta para el médico antes del viaje.
La protección de la vacuna no es completa. Reduce el riesgo de forma apreciable, pero no lo elimina, y una persona vacunada puede enfermar. Precisamente por eso la prudencia con el agua y la comida sigue siendo necesaria: la vacuna no la sustituye.
- beba agua embotellada o hervida, y lávese los dientes con ella;
- prescinda del hielo en las bebidas;
- coma platos recién hechos y calientes, no comida fría que lleve rato al descubierto;
- fruta y verdura, solo las que haya pelado usted;
- evite las ensaladas, el marisco crudo o poco hecho, la leche sin pasteurizar y todo lo elaborado con ella;
- lávese las manos con jabón después del baño y antes de comer, y use gel desinfectante donde no haya agua;
- si está enfermo o sospecha que puede estarlo, no cocine para otras personas.
Después de la enfermedad: recaída y estado de portador
La mayoría de quienes reciben tratamiento se recupera del todo. Pero hay dos cosas que conviene conocer de antemano.
La recaída. A veces, una o dos semanas después de terminar la pauta, los síntomas vuelven. El cuadro suele ser más leve que la primera vez, pero el tratamiento debe repetirse, así que ante el regreso de la fiebre hay que consultar de nuevo y no esperar.
El estado de portador. En una pequeña parte de las personas la bacteria permanece en el organismo tras la curación, y lo habitual es que se instale en la vesícula biliar. La persona está sana y no nota nada, pero durante meses, y a veces durante años, elimina el microorganismo y puede contagiar a los suyos, sobre todo si cocina para toda la familia. Por eso son importantes dos cosas: terminar la pauta y hacerse los cultivos de control de heces después del tratamiento. Mientras los análisis no salgan limpios no se debe cocinar para otros, y las manos hay que lavarlas con especial cuidado.
En hostelería, en sanidad y en el trabajo con niños pequeños solo se vuelve al puesto tras análisis negativos, y lo mismo vale para el regreso de un niño a la guardería. Las normas y los plazos concretos son propios de cada país. El estado de portador tiene tratamiento: se indica una tanda larga de antibióticos y, si hay cálculos en la vesícula, a veces se plantea extirparla.
Consulta en línea
La consulta en línea resulta útil tanto antes del viaje como después. Antes de salir, el médico repasa el itinerario, indica si hace falta la vacuna y qué más conviene preparar, y explica las reglas del agua y la comida para ese país concreto. A la vuelta valora la fiebre y el resto de los síntomas, dice qué análisis hacer primero y con qué urgencia, lee los resultados disponibles y ayuda a entender el tratamiento y los cultivos de control. Si el cuadro descrito parece urgente, el médico dirá claramente que hace falta atención presencial y con qué rapidez.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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