Eritema infeccioso (quinta enfermedad)
El eritema infeccioso lo causa el parvovirus B19 y se conoce sobre todo por su aspecto: un niño con las mejillas de un rojo intenso, como si le hubieran dado…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Eritema infeccioso (quinta enfermedad)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 500 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Kern Pharma S.L.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 500 mg paracetamolPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Haleon Spain S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 650 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Laboratorio Stada S.L.No requiere receta
El eritema infeccioso lo causa el parvovirus B19 y se conoce sobre todo por su aspecto: un niño con las mejillas de un rojo intenso, como si le hubieran dado una bofetada, de ahí el nombre popular de síndrome de la bofetada. También se le llama quinta enfermedad, por la antigua lista de infecciones infantiles con exantema. En los niños es leve y se resuelve sola, y si eso fuera todo, esta página tendría la mitad de extensión. Pero esta infección inofensiva tiene tres grupos de personas para las que sí es seria: las embarazadas, quienes padecen una anemia hemolítica crónica y quienes tienen el sistema inmunitario debilitado. Por ellos está escrito todo lo que sigue.
Cómo se desarrolla la enfermedad
Entre el contagio y los primeros signos pasan aproximadamente de una a dos semanas. Empieza sin nada característico: durante unos días la persona simplemente se encuentra mal.
- fiebre no muy alta;
- mocos y dolor de garganta;
- dolor de cabeza;
- decaimiento general y a veces algo de náuseas.
Después aparece lo que dio nombre popular a la enfermedad: ambas mejillas se ponen de un rojo vivo, como si les hubieran dado una palmada, mientras la piel alrededor de la boca queda pálida. Esto dura unos días.
Uno a cuatro días más tarde la erupción baja al tronco, los hombros, los muslos y las nalgas. Ahí tiene otro aspecto: rosada, reticulada, con claros, como un encaje. Puede picar ligeramente, sobre todo en las piernas.
Y entonces empieza lo que suele asustar a los padres. La erupción del cuerpo palidece y vuelve a asomar, una y otra vez, durante semanas y a veces hasta mes y medio. Lo que la saca es el calor: un baño caliente, el sol, correr, un disgusto. No es una recaída ni una complicación: para entonces el niño ya está sano y no contagia, sencillamente los vasos de la piel siguen reaccionando así durante un tiempo.
Cuándo contagia una persona
Esta es la parte menos intuitiva de la enfermedad y merece entenderse. El virus se transmite al toser y estornudar, por las manos y por los objetos. La persona contagia justo durante esos primeros días de mocos y fiebre, cuando nadie sospecha nada. Cuando las mejillas se ponen rojas, el periodo contagioso prácticamente ha terminado: la erupción ya es la respuesta del sistema inmunitario, no el momento álgido de la infección.
De ahí se sacan dos conclusiones prácticas. La primera: no hace falta quedarse en casa una vez ha salido la erupción; el niño puede ir al colegio o a la guardería y el adulto al trabajo. La segunda: contener esta infección es casi imposible, porque uno contagia más cuando cree que solo está resfriado.
Hay una excepción importante a esa regla. Las personas con el sistema inmunitario debilitado y aquellas en las que la infección ha provocado una caída brusca de la hemoglobina siguen contagiando mucho tiempo, semanas o más. Por eso precisamente se las aísla en el hospital.
Nada de esto anula las medidas de siempre: lavarse las manos, toser y estornudar en un pañuelo y tirarlo enseguida. Y avise en el colegio o la guardería de que su hijo tiene eritema infeccioso: puede haber trabajadoras embarazadas y otros niños para quienes eso importa.
Si está embarazada
Empecemos por lo tranquilizador. Más de la mitad de los adultos pasaron esta infección en la infancia, a menudo sin enterarse, y tienen inmunidad de por vida: para ellos el contacto es inofensivo. Y aunque una embarazada se contagie, la inmensa mayoría de los embarazos siguen adelante con total normalidad.
Pero el riesgo existe y es real. El virus puede llegar al feto y frenar allí la producción de glóbulos rojos. Se desarrolla una anemia grave y, tras ella, una hidropesía fetal: acumulación de líquido en los tejidos y las cavidades del feto. Esto puede llevar a la pérdida del embarazo. El contagio es más peligroso en la primera mitad del embarazo, hasta alrededor de la semana veinte; después el riesgo es bastante menor.
Qué hacer:
- Póngase en contacto con el médico que lleva su embarazo si ha estado con alguien que la padece, aunque usted se encuentre perfectamente y no tenga ningún síntoma. No hay que esperar a que salga una erupción, y esta es la indicación más importante de toda la página.
- Lo mismo si le aparece una erupción o dolor articular, o si simplemente sospecha esta infección.
- Le pedirán un análisis de sangre de anticuerpos: muestra si ya pasó la infección, si la tiene ahora o si nunca se ha encontrado con el virus.
- Si se confirma la infección, se vigila al feto durante un tiempo mediante ecografías, buscando signos precoces de anemia y de acumulación de líquido. Ese seguimiento es justamente el sentido de consultar pronto: la hidropesía fetal se trata, y se trata con éxito, pero hay que detectarla.
No existe vacuna frente al parvovirus B19, y evitar a la gente por precaución sirve de poco. Lo que sí sirve es comunicar un contacto cuando se ha producido, porque a partir de ahí todo lo decide un análisis hecho a tiempo.
Anemia hemolítica: por qué esto es una urgencia
El parvovirus B19 detiene durante unos días la fabricación de glóbulos rojos en la médula ósea. En una persona sana eso pasa desapercibido: los glóbulos rojos viven unos cuatro meses y una pausa corta no cambia nada.
Pero cuando alguien tiene una anemia hemolítica crónica —drepanocitosis, talasemia, esferocitosis hereditaria y otras situaciones en las que los glóbulos rojos se destruyen deprisa— el organismo está obligado a reponerlos sin parar. Basta con que esa producción se detenga para que la hemoglobina se desplome en pocos días. A esto se le llama crisis aplásica y es una urgencia médica.
Los signos que no hay que pasar por alto en alguien con ese tipo de anemia:
- palidez brusca y llamativa de la piel, los labios y la cara interna de los párpados;
- debilidad intensa: un niño decaído que no quiere jugar, un adulto incapaz de hacer sus tareas habituales;
- falta de aire con el mínimo esfuerzo o en reposo;
- palpitaciones, corazón acelerado;
- mareo, desmayo o sensación de que va a desmayarse;
- en niños, somnolencia de la que cuesta despertarlos.
Ante estos signos, busque atención médica de inmediato: en la misma hora, no en el mismo día. Si la persona se ahoga, pierde el conocimiento o no se la puede despertar, llame a una ambulancia; en Europa el número único de emergencias es el 112. La situación tiene tratamiento, casi siempre una transfusión, y después la médula ósea se recupera sola. Lo peligroso aquí es la demora, no la enfermedad.
Si usted o su hijo tienen una anemia de este tipo y ha habido un contacto, dígaselo con antelación al médico que les atiende, sin esperar a que empeore nada.
Si tiene las defensas bajas
Hablamos de personas tras una quimioterapia o un trasplante de órgano, de quienes toman medicamentos que frenan el sistema inmunitario y de quienes tienen leucemia, linfoma o VIH con recuento bajo de linfocitos. Su organismo no consigue fabricar los anticuerpos que pondrían fin a la infección, de modo que esta no se resuelve sola.
Además se presenta de otra manera. Puede que las mejillas rojas características no aparezcan en absoluto y que en su lugar haya una anemia que se va agravando poco a poco: palidez, cansancio, falta de aire. El diagnóstico se hace con un análisis de sangre, no por el aspecto de la piel.
Si pertenece a este grupo y sabe que ha estado con alguien que la padece, avise a su médico aunque se encuentre perfectamente. En esta situación la infección se trata, pero primero hay que encontrarla.
Dolor de articulaciones en adultos
De esto no se suele escribir, y en cambio se pregunta continuamente. En los adultos la infección transcurre con frecuencia sin mejillas rojas llamativas, pero con las articulaciones afectadas. Ocurre sobre todo en mujeres.
Cómo se manifiesta: dolor y rigidez de forma simétrica, en ambos lados, en las pequeñas articulaciones de las manos, las muñecas, las rodillas y los tobillos. Peor por las mañanas. Empieza más o menos a la vez que la erupción y dura más que todo lo demás: normalmente semanas, a veces varios meses.
Lo fundamental que hay que saber es que esto no destruye las articulaciones. El eritema infeccioso no se convierte en una artritis reumatoide ni deja secuelas, aunque en las primeras semanas se le parezca lo bastante como para confundirlos. Ayudan los analgésicos habituales sin receta y el reposo de las articulaciones afectadas; consulte con su médico o su farmacéutico cuál conviene. Si el dolor dura más de unos meses o se le suman hinchazón, una erupción de otro tipo o fiebre, hay que acudir al médico y estudiarlo aparte.
Qué hacer en casa
No hay ningún tratamiento dirigido contra el virus, ni hace falta: el organismo se basta. Los antibióticos aquí no sirven de nada, porque la infección es vírica. Lo que ayuda:
- reposo mientras haya fiebre y debilidad;
- beber en abundancia; los lactantes siguen con sus tomas habituales;
- paracetamol o ibuprofeno para la fiebre y el malestar, si la persona está incómoda;
- aire fresco y ropa ligera: con el calor la erupción se marca más;
- si pica, una ducha templada y una crema hidratante.
Lo que no hay que hacer: a los niños y adolescentes no se les da aspirina. Y no intente quitar la erupción con pomadas: se irá sola, y frotarla solo la hace más visible.
Consulte al médico el mismo día si la fiebre se mantiene más de unos días o vuelve después de haber mejorado, si el niño está decaído o rechaza los líquidos, si la erupción no se parece a la descrita —puntos oscuros, moratones, ampollas— o si sencillamente no está seguro de que sea esta enfermedad. En los niños hay muchísimas erupciones parecidas y no siempre se distinguen por una descripción.
Consulta en línea
La consulta a distancia resuelve bien dos cosas. La primera es qué erupción es esa: el médico mira las fotografías, pregunta cómo empezó todo, ayuda a diferenciar el eritema infeccioso de otras erupciones infantiles y de una alergia, y dice si hay que hacer algo o no. La segunda, y más importante, es qué hacer tras un contacto si está embarazada, si tiene una anemia hemolítica o las defensas bajas: el médico le explica qué análisis se necesitan, en qué plazo se hacen y qué viene después. Es una conversación que conviene iniciar enseguida, sin esperar a tener síntomas. Los signos de crisis aplásica de la lista anterior no se valoran en línea: con ellos se acude a urgencias de inmediato.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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