Enfermedad del virus del Ébola
El Ébola es una infección grave y poco frecuente cuyos brotes surgen en zonas concretas de África central y occidental.
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El Ébola es una infección grave y poco frecuente cuyos brotes surgen en zonas concretas de África central y occidental. Fuera de esos focos se ha visto contadas veces: en personas que regresaban de un brote y en sanitarios que habían trabajado allí. No es una enfermedad que se coja en un avión ni en el hotel junto a la piscina. Aun así merece la pena conocerla si va a viajar a esa región, por dos motivos. El primero es que las reglas de conducta frente al Ébola son sencillas y funcionan de verdad. El segundo, más práctico: la fiebre después de un viaje por África casi siempre significa otra cosa, y esa otra cosa mata a muchísima más gente que el Ébola precisamente porque no se sospecha a tiempo.
De dónde sale el virus y cómo se transmite
El virus vive en la naturaleza; se considera que su reservorio más probable son los murciélagos frugívoros, que no enferman. Llega a las personas al despiezar o comer carne de animales salvajes —murciélagos, monos, antílopes de bosque— o al tocar un animal hallado muerto en la selva. A partir de ahí empieza la transmisión de persona a persona, y es esa la que convierte un caso aislado en un brote.
Conviene entender tres cosas que quitan la mitad del miedo y explican la otra mitad:
- el virus solo pasa a través de los líquidos corporales —sangre, vómito, heces, orina, sudor, saliva, leche materna, semen— y de los objetos que se han manchado con ellos: ropa de cama, ropa, agujas. No viaja por el aire como la gripe o el sarampión;
- una persona solo contagia cuando ya tiene síntomas. Durante el periodo de incubación no transmite nada;
- el cuerpo de un fallecido es contagioso y sigue siéndolo después de la muerte. Los funerales tradicionales, con lavado del cuerpo y despedidas que implican tocarlo, han sido históricamente uno de los grandes motores de los brotes, y por eso en los focos los entierros los realizan equipos especializados.
Quienes más se exponen no son los turistas, sino quienes cuidan enfermos: familiares y personal sanitario sin protección. Antes de viajar a la zona conviene consultar la situación actual: los brotes se encienden y se apagan, y los datos de hace un año no sirven de nada.
Cómo transcurre la enfermedad
Entre el contagio y los primeros signos pasan de dos días a tres semanas, lo más habitual alrededor de una. El comienzo se parece a una gripe y no delata nada: la fiebre sube de golpe, duelen los músculos y las articulaciones, duelen la cabeza y la garganta, y cae encima una debilidad tal que la persona no se levanta.
Unos días después aparece lo esencial, la pérdida de líquidos: vómitos abundantes, diarrea acuosa, dolor abdominal, a veces erupción. En esa fase se decide el desenlace, porque se pierden litros de líquido y de electrolitos al día, y la muerte llega más por deshidratación y fallo renal que por hemorragia.
El sangrado, que durante años dio a la enfermedad el nombre de fiebre hemorrágica, no aparece ni mucho menos en todos los casos y lo hace tarde: sangre en las encías y en los puntos de punción, hematomas, sangre en las heces o en el vómito, coloración amarilla de piel y ojos. La gravedad varía según la especie de virus, y la proporción de fallecidos ha sido muy distinta de un brote a otro; el tratamiento iniciado pronto cambia esa proporción de manera enorme.
Fiebre tras el viaje: lo primero que se piensa no es el Ébola
Esta es la parte más útil del texto en la práctica. Si ha vuelto de África y tiene fiebre, la causa más frecuente y también la más peligrosa no es el Ébola sino el paludismo. El paludismo por falcíparum mata en cuestión de días, se cura bien y solo a tiempo, y empieza exactamente igual: fiebre, escalofríos, dolores, cefalea, a veces diarrea. Distinguirlo sin un análisis de sangre es imposible.
De ahí una regla sencilla: cualquier fiebre durante el año siguiente a un viaje a los trópicos obliga a hacer una prueba de paludismo, y con urgencia si han pasado menos de tres meses. Diga al médico dónde estuvo exactamente y cuándo volvió: eso cambia por completo el orden de las pruebas. Junto al paludismo entran en la misma lista la fiebre tifoidea, el dengue, la hepatitis A y las infecciones intestinales corrientes; todas ellas son miles de veces más frecuentes que el Ébola.
Qué hacer si el riesgo ha existido de verdad
En el Ébola se piensa en serio cuando en las tres últimas semanas la persona ha estado en una zona con un brote activo y además ha cuidado a un enfermo, ha trabajado en un centro sanitario, ha participado en un funeral o ha tenido contacto con animales salvajes.
En ese caso la secuencia de actuación no es la habitual:
- no acuda al centro de salud ni se siente en una sala de espera. Llame primero, al servicio de emergencias (en Europa el número único es el 112) o al servicio de enfermedades infecciosas, y diga dónde ha estado y qué le ocurre. Le indicarán adónde ir y cómo;
- hasta que llegue la ayuda, quédese en casa, en una habitación aparte, separado de los convivientes, y use un baño distinto si es posible;
- nadie debe limpiar sus vómitos o sus heces sin guantes; la vajilla, la ropa de cama y las toallas no se mezclan con las de los demás;
- los allegados que han estado en contacto con usted no se aíslan, pero se les vigila y se les toma la temperatura durante tres semanas; ese plazo basta.
El Ébola es una enfermedad de declaración obligatoria. No es burocracia: son justamente la detección rápida y el seguimiento de los contactos lo que apaga un brote.
Con qué se trata hoy
Hace apenas diez años la asistencia se reducía a sostener la vida. Hoy ya no es así, y la diferencia es enorme.
La base sigue siendo el tratamiento de soporte intensivo: reposición de líquidos y electrolitos por vía intravenosa, apoyo de la tensión arterial y de la respiración, tratamiento del paludismo concomitante y de las infecciones bacterianas. Solo con una reposición bien hecha la mortalidad baja varias veces, así que cuanto antes ingresa el enfermo, mayores son sus posibilidades.
A eso se han sumado fármacos específicos: anticuerpos monoclonales dirigidos contra el virus del Ébola. En un ensayo amplio realizado durante un brote en el Congo redujeron de forma apreciable la mortalidad, sobre todo en quienes consultaron pronto y tenían poca carga de virus en sangre. También existe la vacunación: hay vacunas autorizadas con las que se inmuniza a los sanitarios y a los contactos alrededor de cada caso, la llamada vacunación en anillo, que es la que apaga el foco.
Una salvedad importante: tanto los anticuerpos como las vacunas se desarrollaron frente a una sola especie, la de Zaire, responsable de la mayoría de los grandes brotes. Frente al virus de Sudán, que también provoca brotes, no hay fármacos ni vacunas autorizados y el tratamiento sigue siendo de soporte. Al viajero corriente no se le vacuna: la vacuna se emplea en el foco y por indicación.
En quienes se recuperan el virus puede persistir mucho tiempo en ciertos «refugios»: el semen, el interior del ojo, las envolturas del cerebro. De ahí las recomendaciones a los supervivientes: usar preservativo hasta que los análisis de semen sean negativos y no demorar la consulta ante dolor ocular, pérdida de visión o dolor de cabeza intenso. Muchos conviven durante meses con dolores articulares, cansancio y pérdida de audición: no es raro y requiere seguimiento.
Cómo reducir el riesgo en el viaje
Si viaja a un país donde se registran brotes, acuda con antelación a una consulta de medicina del viajero, mejor con cuatro a seis semanas de margen: allí le seleccionarán las vacunas que realmente necesita y la profilaxis del paludismo, que necesitará casi con seguridad. Ir a última hora también es mejor que no ir.
- Lávese las manos con jabón a menudo, sobre todo antes de comer; si no hay agua, use un desinfectante con alcohol.
- No compre ni coma carne de animales salvajes, y no toque murciélagos, monos ni animales hallados muertos.
- Coma alimentos bien cocinados; lave y pele usted mismo la fruta y la verdura.
- No atienda a desconocidos con fiebre alta, vómitos y diarrea, y no participe en ritos funerarios.
- Evite el contacto con sangre y líquidos corporales ajenos; no comparta cuchillas de afeitar ni cepillos de dientes.
- No descuide la protección contra los mosquitos: frente al paludismo protege más que cualquier pastilla tomada tarde.
- Al regresar, vigile cómo se encuentra durante tres semanas y, ante cualquier fiebre, mencione el viaje al médico desde el primer momento.
Consulta en línea
A distancia lo más apropiado es resolver lo de antes y lo de después del viaje: qué riesgo hay hoy en el país concreto al que va, qué vacunas y qué profilaxis del paludismo le convienen, qué llevar en el botiquín y qué hacer ante una diarrea o una fiebre durante el trayecto. Al volver, el médico ayudará a entender qué significa esa fiebre, qué análisis hacen falta primero y con cuánta urgencia. Si lo que hay es un contacto real con un enfermo de Ébola o fiebre justo después de trabajar en un foco, la consulta no se hace por pantalla: entonces se llama al servicio de emergencias y se avisa por adelantado del viaje.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.





