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Medicamentos comúnmente prescritos para Enfermedad de Alzheimer
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: PARCHE TRANSDERMICO, 9,5 mg/24 hPrincipio activo: RivastigminaFabricante: Esteve Pharmaceuticals S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: CAPSULA LIBERACION MODIFICADA, 8 mgPrincipio activo: galantamineFabricante: Viatris LimitedRequiere recetaForma farmacéutica: PARCHE TRANSDERMICO, 9,5 mg/24 hPrincipio activo: RivastigminaFabricante: Laboratorios Cinfa S.A.Requiere receta
Es la causa más frecuente de demencia, el estado en el que se pierde poco a poco la memoria, el lenguaje y la capacidad de arreglárselas sin ayuda. No forma parte del envejecimiento normal: se puede llegar a los noventa con la cabeza clara y, en cambio, los primeros cambios aparecen a veces a los cincuenta. No hay remedio rápido, pero de lo pronto que se entienda lo que ocurre depende mucho, incluso que la causa resulte tratable.
Qué ocurre en el cerebro
Se acumulan dos proteínas: el amiloide se agrupa fuera de las células en placas y la tau se enreda en ovillos dentro de las neuronas. Las conexiones se rompen, las células mueren y el cerebro pierde volumen, primero donde se guardan los recuerdos recientes y luego en más zonas. A la vez baja el nivel de acetilcolina, el mensajero con el que las neuronas se comunican; sobre eso se apoya parte de los medicamentos actuales.
El proceso arranca quince o veinte años antes de las primeras quejas: mientras la reserva de conexiones es amplia, el cerebro compensa las pérdidas. Los síntomas llegan cuando esa reserva se agota, y por eso la enfermedad nunca empieza «de golpe, después de un disgusto». A partir de los sesenta y cinco el riesgo se duplica aproximadamente cada cinco años, aunque en uno de cada veinte enfermos todo empieza antes, a veces ya a los cuarenta.
Primeros signos y olvidos normales
Olvidar un nombre, perder las llaves, entrar en una habitación y no recordar para qué: eso le pasa a todo el mundo. La diferencia no está en el olvido en sí, sino en cómo funciona.
- en los olvidos de la edad se recuerda más tarde, solo o con una pista; en la enfermedad el episodio desaparece entero y la pista no sirve;
- la misma pregunta se repite varias veces en una hora y la respuesta se recibe cada vez como nueva;
- cuesta más encontrar la palabra y la conversación rodea el término que falta;
- las tareas de varios pasos —las facturas, cocinar con una receta, preparar un viaje— empiezan a fallar;
- los objetos aparecen en sitios insólitos: las gafas en la nevera, el dinero dentro de un libro;
- la persona se pierde en recorridos que ha hecho durante años;
- surgen irritabilidad, ansiedad, desconfianza y un repliegue sobre sí misma.
Hay otro detalle revelador: con los olvidos normales la persona se preocupa por su propia memoria, mientras que en el Alzheimer a menudo no percibe los cambios y quienes se alarman son los de alrededor.
Cuando detrás de la pérdida de memoria no está el Alzheimer
Esta es la parte más valiosa de la conversación: algunas causas son reversibles y dejarlas pasar es una lástima.
- la depresión en personas mayores se manifiesta a menudo justamente como pérdida de memoria y de interés por todo; se trata, y la memoria vuelve;
- el hipotiroidismo y la falta de vitamina B12, que se detectan con un análisis de sangre corriente;
- los medicamentos: somníferos, tranquilizantes y algunos fármacos para la alergia o el mareo nublan la cabeza, más aún combinados;
- el alcohol, la deshidratación, el sueño insuficiente y la apnea del sueño sin tratar;
- una infección, con frecuencia urinaria o respiratoria, puede provocar en un día confusión y alucinaciones en una persona mayor: eso es un delirium y necesita atención urgente;
- un hematoma crónico bajo las cubiertas del cerebro tras una caída, a veces leve y olvidada: crece durante semanas y se opera;
- la hidrocefalia normotensiva, en la que se juntan una marcha insegura, como si los pies se pegaran al suelo, la incontinencia de orina y la pérdida de memoria; parte de estas personas recupera su vida tras la cirugía.
Si el deterioro se desarrolla en semanas o en un par de meses, no es enfermedad de Alzheimer. Ese ritmo apunta a otra causa —inflamatoria, vascular, tumoral— y obliga a estudiarlo con urgencia.
Hay además otras demencias. La vascular empeora a escalones, después de pequeños infartos cerebrales. En la demencia por cuerpos de Lewy aparecen pronto alucinaciones visuales, el estado fluctúa de una hora a otra y se añade rigidez de movimientos; estos pacientes reaccionan muy mal a los antipsicóticos. La frontotemporal empieza antes y en ella no cambia la memoria, sino el carácter y el lenguaje.
Cómo cambia la enfermedad con el tiempo
El curso se extiende durante años, la velocidad varía y los límites entre etapas son borrosos.
En la temprana la persona se maneja sola, pero necesita recordatorios y apoyo en los asuntos de dinero y papeles. Es justo el momento de resolver las cuestiones legales y económicas, hablar de la conducción y de cómo querría que la cuidaran: después no habrá a quién preguntárselo.
En la intermedia hace falta ayuda para vestirse, lavarse y comer. Aumentan la desorientación en tiempo y espacio, la tendencia a salir de casa, la confusión nocturna y las sospechas de robo de objetos que ella misma ha movido; el lenguaje se empobrece y las caras conocidas no siempre se reconocen.
En la avanzada la persona depende por completo de los cuidados y pierde el habla y la marcha. La comida empieza a pasar a la vía respiratoria y las neumonías repetidas se vuelven la principal amenaza para la vida. Aquí importa menos combatir la enfermedad que el bienestar: control del dolor, cuidado de la piel y la boca, calma y apoyo a la familia.
Qué se hace para llegar al diagnóstico
No existe un análisis ni una imagen que responda sí o no. Lo principal es una conversación detallada: qué ha cambiado, cuándo empezó, cómo ha seguido. El relato de un familiar vale más que cualquier prueba, así que conviene acudir acompañado de quien ve a la persona a diario.
Después vienen las pruebas cognitivas de memoria, atención, lenguaje y orientación; su resultado depende de los estudios, del idioma, de la audición y del ánimo, y por eso nunca se diagnostica a partir de una puntuación. Los análisis de sangre descartan las causas reversibles: tiroides, vitamina B12, glucosa, calcio, función del riñón y del hígado. La imagen cerebral —tomografía computarizada o resonancia magnética— muestra tumores, hematomas, huellas de infartos y el patrón de atrofia. En casos difíciles o muy iniciales se añade el estudio del líquido cefalorraquídeo o la tomografía por emisión de positrones; hay también análisis de sangre de amiloide y tau, todavía no disponibles en todas partes.
Con qué se puede ayudar
Curar la enfermedad no es posible; frenar los síntomas y mejorar la vida sí lo es, y desde el primer día.
Se usan los inhibidores de la colinesterasa en las fases inicial y moderada y la memantina en la moderada y grave. El efecto es modesto: unos meses de mejor estado, en algunos más y en otros nada. Las náuseas, la pérdida de apetito, el pulso lento y los desmayos son motivo para revisar la pauta, no para aguantarla. En varios países están autorizados los anticuerpos contra el amiloide: solo en la fase más inicial y con acumulación de proteína confirmada, con efecto moderado y resonancias periódicas por el riesgo de edema y de pequeñas hemorragias cerebrales.
No menos importante es la parte sin pastillas: una rutina diaria estable, una casa comprensible y segura, etiquetas en los armarios, un reloj con la fecha. El audífono y las gafas devuelven el contacto con el mundo a veces mejor que un fármaco. Ayudan los grupos de estimulación cognitiva, hablar del pasado con fotografías, la actividad física posible y tratar la depresión y el dolor.
Si la persona se agita o se vuelve agresiva, primero se busca el motivo: dolor, estreñimiento, una infección, sed, ruido, oscuridad, demasiada gente alrededor. Los antipsicóticos son el último recurso y en ciclos cortos: aumentan el riesgo de ictus y de muerte, y en la demencia por cuerpos de Lewy resultan especialmente peligrosos.
Qué reduce el riesgo de verdad
Nada da garantías, pero una parte apreciable de los casos de demencia se relaciona con factores modificables, que actúan en la edad media de la vida, mucho antes de los síntomas.
- tratar la pérdida de audición y no retrasar el audífono;
- mantener a raya la tensión, el azúcar y el peso, no fumar y limitar el alcohol;
- moverse con regularidad: cualquier ejercicio que vaya a mantener durante años;
- proteger la cabeza: casco, pasamanos, retirar todo aquello con lo que se pueda tropezar;
- tratar la depresión, dormir lo suficiente y conservar una vida social viva;
- aprender cosas nuevas a cualquier edad: un idioma, un instrumento, un oficio dan al cerebro ese margen de reserva.
Consulta en línea
La consulta a distancia encaja bien con ese primer paso que muchos aplazan durante años. El médico analiza qué es exactamente lo que usted o sus familiares notan, distingue un cuadro preocupante de lo normal por edad, prepara la lista de análisis para descartar las causas reversibles y explica a qué especialista acudir y con qué urgencia. También sirve para comentar informes ya obtenidos, resolver efectos adversos de la medicación, buscar salidas a las conductas difíciles y hablar del agotamiento de quien cuida. La exploración, las pruebas cognitivas y las imágenes se hacen en persona, y una confusión brusca en un mayor no se resuelve en línea: eso es motivo para llamar a urgencias.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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