Enfermedad coronaria
La enfermedad coronaria, también llamada cardiopatía isquémica, es la situación en la que el músculo cardíaco no recibe suficiente sangre porque las arterias…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Enfermedad coronaria
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 5 mgPrincipio activo: ramiprilFabricante: Teva Pharma S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 40 mg/comprimidosPrincipio activo: atorvastatinaFabricante: Kern Pharma S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 80 mgPrincipio activo: atorvastatinaFabricante: Almus Farmaceutica S.A.U.Requiere receta
La enfermedad coronaria, también llamada cardiopatía isquémica, es la situación en la que el músculo cardíaco no recibe suficiente sangre porque las arterias que lo alimentan se han estrechado. Es la primera causa de muerte en el mundo y, al mismo tiempo, una de las enfermedades cuyo curso una persona puede cambiar: buena parte del riesgo depende de lo que ocurra con la tensión, el colesterol, el azúcar y el tabaco en los próximos años.
Qué ocurre en las arterias del corazón
El corazón es un músculo del tamaño de un puño. La sangre que él mismo necesita no la toma de sus cavidades, sino de una red propia de vasos que recorren su superficie: las arterias coronarias.
Con los años, en sus paredes se depositan grasas y se forman placas; ese proceso se llama aterosclerosis y el depósito, ateroma. La luz del vaso se estrecha y, con el esfuerzo, el músculo deja de recibir toda la sangre que necesita: así aparece la angina de pecho. Lo más peligroso es otra cosa: la cubierta de la placa puede romperse, en la rotura se forma al instante un trombo y el flujo se corta del todo. Eso es un infarto.
Cómo se nota
El signo clásico es un dolor opresivo o una sensación de peso detrás del esternón que aparece al subir escaleras, al andar deprisa, con el frío o con un disgusto, y que cede tras unos minutos de reposo o con un nitrato bajo la lengua. Puede irradiarse al brazo izquierdo, al cuello, a la mandíbula, a la espalda o a la parte alta del abdomen.
A menudo el cuadro es distinto. En vez de dolor aparecen falta de aire con el esfuerzo habitual, cansancio inexplicable, náuseas, sudoración o una pesadez en el estómago parecida al ardor. Estas presentaciones «atípicas» son más frecuentes en mujeres, en personas mayores y en personas con diabetes, en quienes la afectación de los nervios puede amortiguar el dolor o suprimirlo por completo. No pocas personas se enteran de que tienen la enfermedad el día que sufren un infarto.
Hay una línea aparte, la insuficiencia cardíaca: el músculo debilitado bombea peor, y entonces aparecen falta de aire al tumbarse, hinchazón de los tobillos y fatiga rápida.
Infarto: ni esperar ni aguantar
Llame de inmediato a los servicios de urgencia si el dolor o la opresión en el pecho:
- dura más de quince minutos y no cede en reposo;
- no se alivia con el nitrato que usted suele usar;
- es más intenso que sus crisis habituales o aparece por primera vez;
- se acompaña de sudor frío, náuseas, vómitos, mareo, debilidad brusca o falta de aire.
El infarto ocurre también en reposo y durante el sueño. Cada minuto de retraso es músculo perdido, así que no cabe plantearse «esperar a mañana». No conduzca ni pida que le lleven en coche: la ambulancia empieza el tratamiento por el camino. Mientras llega, siéntese o recuéstese y afloje la ropa ajustada. El operador puede indicarle que mastique una aspirina; hágalo si no es alérgico, y él le dirá la cantidad. Si la persona pierde el conocimiento y no respira con normalidad, inicie la reanimación cardiopulmonar y utilice un desfibrilador automático si hay uno cerca.
Qué aumenta el riesgo
- fumar y vapear, y también respirar humo ajeno de forma continuada;
- tensión arterial alta;
- colesterol de lipoproteínas de baja densidad elevado;
- lipoproteína (a) alta: un valor hereditario que no se mide de rutina, pero que conviene comprobar al menos una vez si hay enfermedad cardíaca precoz en la familia;
- diabetes y prediabetes;
- exceso de peso, sobre todo abdominal;
- vida sedentaria;
- enfermedad renal crónica, enfermedades inflamatorias de las articulaciones y del intestino, apnea del sueño;
- infartos e ictus en padres o hermanos a edades jóvenes.
Conviene conocer una causa poco frecuente pero seria: la hipercolesterolemia familiar, un trastorno hereditario en el que el colesterol está alto desde el nacimiento y los infartos aparecen en la familia a los treinta o cuarenta años. Tiene buen tratamiento y suele pasar desapercibida, así que hable con claridad de los episodios cardíacos precoces entre sus familiares directos.
En mujeres jóvenes, incluidas las embarazadas y las que acaban de dar a luz, el infarto lo provoca en raras ocasiones no la aterosclerosis sino una disección espontánea de una arteria coronaria. Los síntomas son los mismos y hay que actuar con la misma rapidez.
Cómo se confirma el diagnóstico
Se empieza por hablar y calcular el riesgo global: preguntas sobre los síntomas, la familia y el estilo de vida, medida de la tensión y análisis de sangre con perfil de colesterol y glucosa. Antes del perfil lipídico a veces se pide no comer durante unas horas.
Después se eligen las pruebas según el caso: electrocardiograma en reposo y de esfuerzo, ecocardiograma, angiotomografía coronaria, coronariografía, resonancia magnética cardíaca o estudio de perfusión miocárdica. Un electrocardiograma normal en reposo no descarta el diagnóstico: en la angina suele salir tranquilo.
Cómo se trata
La aterosclerosis no se cura del todo, pero frenar su avance, quitar los síntomas y reducir mucho el riesgo de infarto sí es posible. El tratamiento tiene tres partes: cambios en el modo de vida, medicamentos y, cuando hace falta, una intervención sobre las arterias.
Los grupos principales de fármacos son:
- antiagregantes, que fluidifican la sangre y dificultan la formación de trombos;
- estatinas y otros fármacos que bajan el colesterol, que se pautan incluso con cifras normales para estabilizar la placa;
- betabloqueantes, que bajan la frecuencia del pulso y la demanda de oxígeno del músculo;
- nitratos, que dilatan los vasos y cortan la crisis;
- inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina y antagonistas de sus receptores;
- antagonistas del calcio y diuréticos.
Ajustar el tratamiento lleva tiempo, y eso es normal. Los fármacos cardíacos no se dejan de golpe ni por cuenta propia: el estado empeora. Cuente los efectos adversos al médico, porque casi siempre hay alternativa. Las estatinas son incompatibles con el embarazo, y eso se habla con antelación.
Una advertencia aparte: los nitratos no pueden combinarse con los fármacos para la disfunción eréctil. Juntos hunden la tensión hasta valores peligrosos.
Cuando los medicamentos no bastan, la arteria se abre desde dentro con un balón y se coloca un stent; es la angioplastia coronaria, que también se hace de urgencia durante un infarto. Si la afectación es extensa se practica un bypass: se injerta un vaso del propio paciente para rodear el tramo estrechado. En la insuficiencia cardíaca grave se plantea, muy rara vez, el trasplante.
La vida después de un infarto o una cirugía
Llevar una vida plena tras un infarto o una operación de corazón es lo habitual, no la excepción. La herramienta principal es la rehabilitación cardíaca: un programa de varias semanas en el que se dosifica el ejercicio bajo supervisión, se enseña a manejar los medicamentos y los síntomas y se ayuda con la ansiedad. Quienes la completan reingresan menos.
Dejar de fumar después de un infarto reduce el riesgo de un segundo episodio más rápido y con más fuerza que cualquier medicamento. Volver al trabajo se consigue casi siempre, a veces cambiando el tipo de esfuerzo; los plazos para volver a conducir dependen de la intervención y de las normas de cada país, pregúntelo al médico. La vida sexual se retoma en cuanto vuelve la tolerancia al esfuerzo cotidiano. La ansiedad y el ánimo bajo tras un infarto son frecuentes y tratables, y merece la pena decirlo en voz alta.
Lo que de verdad reduce el riesgo
Alimentación: más verdura, fruta, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y aceite de oliva; menos carne procesada, bebidas azucaradas y bollería industrial. Sal: no más de una cucharadita rasa al día, contando la que ya viene en los productos preparados.
Movimiento: cualquier actividad aeróbica regular, desde caminar rápido hasta nadar o bailar. Empezar poco a poco es mejor que no empezar.
Tabaco: dejarlo compensa a cualquier edad y con cualquier historial, y el médico puede ayudar con fármacos. Alcohol: no se ha establecido ninguna cantidad segura para el corazón; cuanto menos, mejor.
Cifras bajo control: tensión, colesterol y azúcar. La referencia para la mayoría de los adultos es una tensión por debajo de 130/80 mm Hg, aunque el objetivo lo fija el médico según la edad y las demás enfermedades. Los fármacos pautados funcionan solo si se toman de forma continuada, no en tandas según cómo se encuentre uno.
Consulta en línea
La enfermedad coronaria es una historia de años, y la mayor parte de ella consiste en conversaciones más que en procedimientos. En una consulta a distancia el médico compone el mapa de su riesgo: molestias, antecedentes familiares, hábitos y resultados de los análisis y electrocardiogramas ya hechos. Le explicará qué significan sus cifras de tensión y colesterol, revisará la pauta de medicamentos y sus interacciones, le ayudará con los efectos adversos y le indicará qué pruebas tiene sentido hacer después.
A distancia también se lleva bien el período posterior a un infarto o a un stent: cómo se encuentra, cuánto esfuerzo puede hacer, cuándo volver al trabajo, cómo va el ánimo. Lo que esta consulta no sustituye es la atención urgente. Ante un dolor en el pecho que no cede no hay que esperar a ninguna cita: llame a emergencias.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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