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Medicamentos comúnmente prescritos para Dolores del crecimiento en los niños
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 500 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Laboratorios Normon S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1 gPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Towa Pharmaceutical S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 650 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Towa Pharmaceutical S.A.Requiere receta
«Dolores del crecimiento» es un nombre antiguo que ha sobrevivido a la explicación que se lo puso. Nadie crece a tirones por la noche y el crecimiento no tiene nada que ver; el nombre se ha quedado sencillamente porque resulta cómodo. Detrás hay algo muy concreto y muy frecuente: un niño en edad de guardería o de colegio se queja de las piernas por la tarde o de madrugada, llora, se le consuela, se le frota, media hora después se duerme y por la mañana corre como si nada hubiera pasado. Le ocurre a un tercio de los niños y en sí mismo es inofensivo. Pero ese cuadro inofensivo tiene un doble: varias enfermedades empiezan de forma parecida, y a los padres les conviene saber en qué se diferencian, algo a lo que aquí se dedica un apartado propio.
Cómo es una noche corriente
El cuadro reconocible se compone de varios detalles, y lo que cuenta es que estén todos juntos, no cada uno por separado.
- Duelen las dos piernas. No siempre igual ni forzosamente en el mismo sitio, pero hoy una y mañana la otra, no la misma durante semanas.
- Duelen los músculos: gemelos, espinillas, la cara anterior de los muslos, detrás de la rodilla. No la articulación.
- El dolor llega al final del día o de noche, a veces despierta al niño, y por la mañana no queda ni rastro.
- El niño se levanta y anda como siempre. Sin cojera, sin rigidez, sin quejarse durante el día.
- Las piernas están normales por fuera: sin hinchazón, sin enrojecimiento, sin erupción, sin moratones ni dolor localizado en un punto.
- El niño está por lo demás bien: crece, gana peso, no tiene fiebre.
- Alivia justo lo que en una inflamación empeoraría las cosas: el masaje, los abrazos, el calor.
Los episodios vienen en oleadas: varias noches seguidas y luego un mes o medio año de calma. Suelen ser más numerosos después de un día lleno de carreras, de fútbol y de saltos en la cama elástica. Todo empieza casi siempre en edad preescolar, se repite en los primeros cursos del colegio y se va apagando poco a poco.
Por qué duelen las piernas si no es el crecimiento
La respuesta honesta es que nadie conoce la causa exacta. Hay varias explicaciones que se complementan en lugar de contradecirse.
La más convincente es que estos niños tienen un umbral del dolor más bajo. En los estudios resultan bastante más sensibles a la presión también en otras zonas, no solo en las piernas, y entre sus familiares son más frecuentes la migraña y los dolores de barriga sin causa aparente. Es decir, la particularidad no está en las piernas, sino en cómo el sistema nervioso procesa las señales.
La segunda es la sobrecarga muscular común y corriente. Un niño activo acumula en un día un esfuerzo en el que un adulto ni piensa, y por la tarde los músculos responden. De ahí la relación con los días movidos que notan casi todos los padres.
La tercera son las particularidades del aparato locomotor: articulaciones muy flexibles, pies planos, tobillos que se van hacia dentro. Por sí solos no son una enfermedad, pero con ellos las piernas se cansan antes.
Lo que no aparece en esa lista es el crecimiento en sí. Las piernas no crecen de noche ni a saltos, y en las temporadas en que el niño pega el estirón los dolores no aumentan. Tampoco guardan relación con la talla futura: los niños que los han sufrido no acaban siendo ni más altos ni más bajos que sus compañeros.
Qué ayuda por la tarde y por la noche
Hablando con propiedad, aquí no hay nada que curar: se trata de que el niño lleve mejor el episodio y vuelva a dormirse antes.
- Masaje y fricción de las piernas. Es lo más eficaz, y no solo por el contacto en sí: al niño le importa que haya un adulto al lado que no le quita importancia.
- Calor: una bolsa térmica envuelta en un paño, un baño templado antes de acostarse. Cuide que la bolsa no queme y no se quede mucho rato sobre la piel.
- Estiramientos de los gemelos y de la cara anterior del muslo, hechos durante el día y no en plena crisis. Es la única medida que en los estudios reducía la frecuencia de los episodios; hay que hacerla con regularidad, durante semanas y meses, porque el efecto se acumula.
- Calzado cómodo y de su talla, con una suela decente. Si el niño mete los pies hacia dentro o desgasta los zapatos siempre por el mismo lado, conviene enseñárselo al médico.
- Un analgésico en una noche mala. A los niños les sirven el paracetamol o el ibuprofeno en dosis según la edad; el fármaco concreto y la dosis es mejor consultarlos con el médico o en la farmacia, sobre todo si el niño toma algo más. Es una medida puntual, no un tratamiento de una semana.
- Una explicación tranquila al propio niño: las piernas están sanas, esto pasará, por la mañana estará bien. Los niños que entienden lo que ocurre se asustan menos, y el miedo aumenta el dolor.
Un apunte aparte: a los niños y a los adolescentes no se les da aspirina, porque tiene una complicación rara pero peligrosa para el hígado y el cerebro. Tampoco hace falta dar un analgésico «por si acaso» cada noche: el dolor no aparece todas las noches, y es mejor que el medicamento quede para las veces en que de verdad haga falta.
Cuándo no son dolores del crecimiento
Este apartado es el principal. El diagnóstico se sostiene sobre el cuadro entero, y cualquier desviación merece que un médico vea al niño.
Acuda al médico si el niño:
- siempre le duele la misma pierna o el mismo punto;
- tiene dolor por la mañana o durante el día, al andar, al correr o al hacer deporte;
- ha empezado a cojear, protege la pierna o se niega a caminar;
- le duele una articulación — rodilla, tobillo, cadera — o la tiene hinchada, caliente o cuesta estirarla;
- amanece con las piernas rígidas y necesita un rato para soltarse;
- tiene hinchazón, enrojecimiento, erupción o moratones que nadie sabe explicar;
- asocia el dolor a fiebre o a sudores nocturnos;
- está inusualmente apagado, se cansa enseguida, está pálido;
- come mal, adelgaza o ha dejado de ganar peso;
- ha tenido un golpe antes del dolor, o le duele un punto concreto del hueso al presionarlo;
- tiene un dolor que va a más de semana en semana en vez de ir y venir.
Detrás de esas señales hay cosas distintas. La más habitual es la inflamación de una articulación, vírica o por una artritis juvenil; ambas se tratan, y cuanto antes mejor. Una articulación caliente, hinchada y muy dolorosa con fiebre necesita atención ese mismo día: una infección dentro de la articulación la destruye en cuestión de días. Un dolor de cadera o de rodilla en un adolescente que cojea puede ser el desplazamiento del cartílago de crecimiento de la cadera, y también ahí se cuenta por días y no por meses.
Hay que nombrar aparte lo raro: un dolor de hueso, siempre en el mismo sitio, que crece semana a semana, despierta de noche y no cede con un analgésico corriente, sobre todo si al lado aparece un bulto, es la forma en que empiezan los tumores óseos. Y la combinación de dolor en las piernas con palidez, cansancio inhabitual, moratones, fiebres repetidas y ganglios aumentados es motivo para un análisis de sangre, porque a veces una leucemia debuta con dolor en las piernas. Es infrecuente, y la inmensa mayoría de las quejas nocturnas no terminan ahí. Pero es precisamente por infrecuente por lo que conviene conocerlo: el diagnóstico no se hace por un signo suelto, sino porque el cuadro ha dejado de ser el típico.
¿Hacen falta pruebas y cuándo se acaba todo esto?
Si el cuadro es el típico, el niño está bien y la exploración no encuentra nada, no hacen falta análisis ni radiografías: el diagnóstico se hace con el relato y las manos. Aun así conviene pasar por la consulta al menos una vez, no para que le hagan pruebas, sino para que alguien que ve piernas de niño todos los días confirme que se trata de la variante inofensiva. A partir de ahí, el único motivo para volver es que el cuadro cambie.
Una costumbre útil es anotar los episodios: fecha, qué pierna, a qué hora, qué había hecho ese día, qué le alivió. Tres líneas en el móvil a lo largo de un mes le dicen al médico más que media hora de recuerdos en la consulta, y de paso le enseñan a usted si hay algún patrón.
El final es bueno. Los dolores desaparecen solos, por lo general al llegar la adolescencia, no dejan secuelas, no estropean las articulaciones y no impiden hacer deporte. El niño no necesita ni limitar la actividad, ni una dieta especial, ni vitaminas «para los huesos», salvo que el médico haya encontrado un motivo aparte para indicarlas.
Consulta en línea
A distancia se resuelve justo la pregunta por la que los padres suelen buscar información de madrugada: si esto se parece a unos dolores del crecimiento corrientes o si hay algo en el cuadro que obligue a que vean al niño en persona y con qué prisa. El médico repasará por orden dónde y cuándo duele, qué pasa por la mañana, cómo camina el niño y cómo está durante el día, mirará las piernas por la cámara, explicará qué analgésico es razonable y en qué caso, y enseñará los estiramientos. También dirá si hace falta un análisis de sangre y cuándo tiene sentido una radiografía. Las señales de la lista anterior no se valoran a distancia: con ellas hace falta una exploración presencial, y con una articulación caliente e hinchada y fiebre alta se acude ese mismo día.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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