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Medicamentos comúnmente prescritos para Deshidratación
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, -Principio activo: Oral rehydration salt formulationsFabricante: Casen Recordati S.L.No requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 20 g / 1,5 g / 3,5 g / 2,9 gPrincipio activo: Oral rehydration salt formulationsFabricante: Casen Recordati S.L.No requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 43,6 mg / 24 mg / 258 mg / 32 mg / 149 mg / 5 g / 58,5 mg / 71 mgPrincipio activo: Oral rehydration salt formulationsFabricante: Laboratorios Ern S.A.Requiere receta
La deshidratación no es una enfermedad, sino un estado: el cuerpo ha perdido más agua y más sales de las que ha recibido. Detrás casi siempre hay una causa: una infección intestinal, el calor, la fiebre alta, una diabetes mal controlada. Lo traicionero es que la persona aguanta mucho tiempo a costa de sus reservas y luego cae de golpe. La sangre se espesa, la tensión baja y los primeros en sufrir son los riñones y la cabeza. Quienes peor lo llevan son los que no pueden pedir agua o sencillamente no notan la sed: los lactantes y las personas mayores. Aquí van las señales que permiten detectar la falta de líquido antes de que se vuelva peligrosa, con qué hay que rehidratar y en qué momento las medidas caseras dejan de servir.
Cómo se nota que falta agua
Lo primero que cambia, antes que el estado general, es la orina. Si sale bastante menos, si se ha oscurecido hasta el color del té cargado y huele fuerte, el cuerpo anda escaso de líquido por muy entero que uno se sienta. Después llega lo demás:
- boca seca, labios agrietados, lengua pastosa, apenas hay saliva;
- mareo o sensación de aturdimiento, sobre todo al levantarse de la silla o de la cama;
- flojedad, cuesta ordenar las ideas, todo se hace más despacio de lo habitual;
- dolor de cabeza sordo que se va en cuanto la persona bebe;
- los ojos parecen hundidos y la cara, demacrada;
- la piel del dorso de la mano, si se pellizca, tarda en volver a su sitio.
En un bebé todo esto tiene otro aspecto y los padres han de guiarse por señales indirectas: la fontanela de la coronilla se hunde, llora sin lágrimas, el pañal sigue seco varias horas seguidas, y el niño está o bien inusualmente somnoliento y apagado o bien, al revés, no hay manera de calmarlo, mama sin fuerza o rechaza el biberón.
Merece un aparte la sed. Es mala vigilante: aparece cuando las pérdidas ya son considerables, y en las personas mayores o en quienes toman diuréticos puede no aparecer siquiera. Por eso, con calor, con diarrea o con fiebre alta no se bebe cuando apetece, sino a horas fijas.
Cuando la cosa se mide en horas
Se llama a la ambulancia (en Europa, el número único 112) sin esperar a la mañana siguiente si un adulto o un niño presenta cualquiera de estos signos:
- confusión, comportamiento extraño, habla farfullante, cuesta despertar a la persona o no responde como de costumbre;
- no hay orina desde hace ocho horas o más y, en un lactante, el pañal lleva seco varios cambios seguidos;
- pulso rápido y débil, respiración rápida y profunda, piel fría, pálida o moteada;
- desmayo, o visión que se oscurece y no se recupera ni siquiera con la persona tumbada;
- vómitos que no paran en más de un día y no retiene ni un sorbo de agua;
- diarrea con sangre, heces negras, vómito con sangre o vómito verde en un niño;
- convulsiones;
- en una persona con diabetes: glucosa alta, aliento con olor a acetona, respiración ruidosa y profunda, dolor abdominal;
- en un bebé de menos de tres meses, cualquier fiebre por encima de 38 °C junto con rechazo del alimento.
En ese estado no se conduce: pida que le lleven o llame a la ambulancia. Lleve consigo la lista de sus medicamentos; al médico le importa ver de entrada los diuréticos, los fármacos para la tensión y los que bajan la glucosa, porque con la deshidratación algunos hay que suspenderlos temporalmente.
Por qué sale más líquido del que entra
Casi siempre la pérdida es evidente: vómitos y diarrea por una infección intestinal, trabajo o entrenamiento con calor, fiebre alta, que consume agua de más por cada grado. Ahí entra también una buena dosis de alcohol: frena la hormona que retiene el agua, y el destrozo de la mañana siguiente a una celebración es deshidratación en buena parte. Los diuréticos y algunos fármacos para la tensión y para la diabetes aumentan la eliminación de líquido, cosa que no siempre se tiene presente.
Hay un segundo grupo de causas que conviene conocer, porque en ellas la deshidratación es el primer síntoma llamativo. Si la sed se ha vuelto insaciable, se orina mucho y la orina sale clara, y la persona adelgaza y se va quedando sin fuerzas, toca comprobar la glucosa en sangre. El laboratorio la da en mg/dL y el valor se lee junto con los síntomas, no por su cuenta. Así debuta la diabetes, y la forma descuidada termina en un cuadro grave con acetona y respiración profunda. Con menos frecuencia, detrás de una sed tenaz y una orina abundante hay un fallo de la hormona que retiene el agua en el riñón, un calcio alto en sangre o una insuficiencia de las glándulas suprarrenales. Todo eso se aclara con análisis y no bebiendo más.
Con qué y cómo rehidratar
Cuando las pérdidas son leves basta con la bebida de siempre: agua, té flojo, zumo rebajado. Pero si el líquido se va con vómitos y diarrea, con el agua se pierden también sodio, potasio y azúcar, y solo con agua no se arregla: diluye la sangre todavía más. Entonces hace falta un sobre de sales de rehidratación oral de farmacia, con una composición pensada para que el agua se absorba en el intestino junto con la sal y la glucosa. El farmacéutico indica la presentación adecuada para un adulto y la que corresponde a un niño; las cantidades vienen en el envase.
- Beba a sorbos pequeños y a menudo, un par de cucharadas cada pocos minutos. Un vaso entero de un trago, con náuseas de por medio, casi siempre vuelve a salir.
- Si ha vomitado, espere diez minutos y empiece otra vez con las porciones más pequeñas.
- Guarde la solución fresca, no helada, y prepárela exactamente como indica el prospecto: una solución concentrada hace daño.
- Los refrescos azucarados, las bebidas energéticas, los zumos sin rebajar y el café cargado no sirven para rehidratar: atraen agua hacia el intestino y empeoran la diarrea.
- El alcohol queda descartado por completo esos días.
- Se puede comer en cuanto apetezca: el ayuno no acelera la recuperación.
Si quien se deshidrata es un niño
Al lactante se le sigue dando pecho o biberón, con tomas más frecuentes de lo habitual pero más cortas. La fórmula no se rebaja: diluida con agua aporta poca sal y pocas calorías y solo empeora las cosas. Entre las tomas se da la solución de rehidratación a cucharadas y, al niño más mayor, unos cuantos sorbos después de cada deposición líquida. La comida habitual no se retira: los cereales y la verdura pueden seguir en el plato.
Lo que no conviene darle: zumos de fruta y refrescos azucarados, que empeoran la diarrea; sueros «caseros» preparados a ojo, porque equivocarse con la concentración de sal en un niño es fácil y peligroso; y antidiarreicos sin que los haya indicado el médico. Hay que llevar al niño al médico de cabecera si la diarrea y los vómitos no ceden en un día, si está apagado, si rechaza la bebida, si tiene el pañal seco o si es menor de seis meses.
La persona mayor: un caso aparte
A partir de los sesenta y cinco la sensación de sed se embota y el riñón retiene peor el agua. Muchos beben poco a propósito, por incontinencia o para no levantarse tantas veces por la noche. A eso se suman los diuréticos y, en una semana de calor, todo se junta. En los mayores la deshidratación se presenta de forma atípica: no con sed, sino con una confusión repentina, debilidad, una caída o el hecho de que la persona «esté rara». En esa situación la confusión se toma a menudo por una demencia, cuando bastaría con reponer el líquido.
Si cuida de una persona mayor, ayudan cosas sencillas: dejar la bebida a la vista y en una taza ligera, ofrecerla con cada comida y con cada toma de medicación, convertir el té en una excusa para sentarse juntos. Funcionan bien los alimentos con mucha agua: sopa, caldo, gelatina, yogur, sandía, melón, pepino. Y viene bien mirar una vez al día el color de la orina: es la manera más rápida de saber si el líquido llega.
Para no llegar a ese punto
La referencia es una sola y es sencilla: la orina debe salir clara, de color pajizo, y hay que ir al baño varias veces al día. Una orina oscura pide beber más; una orina completamente transparente y en gran cantidad indica que se puede beber menos. No existe una norma universal en litros: la necesidad depende del peso, del tiempo que haga, del esfuerzo y de las enfermedades del corazón y del riñón, en las que el volumen de líquido se acuerda aparte con el médico.
Conviene beber más de lo habitual, y por adelantado, con calor, durante el ejercicio, con fiebre, vómitos y diarrea, y también en un vuelo o en una habitación seca con calefacción. Si suda mucho rato y de forma abundante, el agua sola no basta: hacen falta bebidas con sal o comida normal acompañando a la bebida. Al niño, en un día caluroso, ofrézcale beber cada hora sin esperar a que lo pida, y lleve agua para el paseo y para el viaje.
Consulta en línea
A distancia se resuelve bien la pregunta principal: si va a poder apañárselas en casa o ya toca ir al hospital. El médico repasa cuántos días lleva perdiendo líquido y por qué vía, calcula por la descripción de la orina y del estado general la profundidad de las pérdidas, indica con qué y en qué cantidad rehidratar a un adulto o a un niño, y explica qué señales vigilar en las próximas veinticuatro horas. Un capítulo propio, e importante, de la conversación son los medicamentos: cuáles de los suyos conviene parar mientras dure la enfermedad para no castigar al riñón. Y si la sed se mantiene durante semanas sin diarrea ni calor, el médico indica qué análisis hacer para no dejar pasar una diabetes. Las señales del apartado de urgencias no se atienden a distancia: con ellas se llama directamente a la ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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