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Congelación

La congelación es exactamente eso: los tejidos se congelan, en la piel y en lo que hay debajo se forman cristales de hielo y las células mueren.

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

La congelación es exactamente eso: los tejidos se congelan, en la piel y en lo que hay debajo se forman cristales de hielo y las células mueren. Lo más peligroso es que el proceso avanza sin avisar. La zona que se está congelando primero duele, después se queda dormida, y a partir de ese momento ya no hay señal alguna de que toca ponerse a cubierto. La gente vuelve a casa convencida de que solo ha pasado frío y comprende la gravedad al día siguiente, cuando aparecen las ampollas. Y son las primeras horas las que deciden si los dedos se salvan, con gestos sencillos que es muy fácil hacer del revés.

Qué le hace el frío a los tejidos

Con el frío los vasos de la piel se cierran para no perder calor y la sangre se retira de la periferia hacia el corazón. Las zonas que más tiempo quedan sin riego son las salientes y peor protegidas: los dedos de las manos y de los pies, la punta de la nariz, las orejas, las mejillas, la barbilla. Cuando el tejido se enfría lo suficiente, el agua entre las células se congela, los cristales rompen las paredes celulares y la sangre espesada tapona los vasos pequeños. La segunda oleada de daño llega al descongelar, y por eso importa tanto cómo se calienta.

El frío rara vez actúa solo. Aceleran las cosas:

  • el viento, que se lleva la capa de aire ya templada: con viento fuerte la piel se congela varias veces más rápido que con la misma temperatura en calma;
  • la humedad: calcetines y guantes mojados, la piel sudada bajo el mono;
  • el calzado apretado, los guantes justos, los cordones tensos, anillos y pulseras, todo lo que estorbe el paso de la sangre;
  • el alcohol y el tabaco: el primero dilata los vasos de la piel y disipa calor mientras embota la sensación de frío, el segundo cierra los vasos finos de los dedos;
  • las enfermedades en las que la sangre llega mal a los dedos: diabetes, arteriopatía de las piernas, fenómeno de Raynaud;
  • el cansancio, el hambre, la deshidratación, la altitud, la inmovilidad;
  • una congelación anterior: esas zonas se enfrían con más facilidad el resto de la vida.

Merecen mención aparte los niños y las personas mayores. El niño pierde calor más deprisa y puede no ocurrírsele decir que ya no siente los dedos. La persona mayor a menudo no percibe el frío y se recalienta peor por sí sola.

Cómo distinguir lo leve de lo grave

La diferencia no salta a la vista de inmediato, pero la regla es sencilla: cuanto menos siente la piel y más dura está, peor.

Enfriamiento superficial. La piel palidece, hormiguea y quema, luego se adormece un poco, pero sigue blanda. Al calor enrojece, escuece y en unas horas vuelve a la normalidad sin dejar rastro. Todavía no es una congelación, sino un aviso.

Congelación superficial. La piel está blanca o cérea, fría al tacto y sin sensibilidad, pero por debajo de la capa superior el tejido aún está blando y se deja hundir. Al calentar aparecen dolor intenso, enrojecimiento e hinchazón, y en las primeras veinticuatro horas ampollas de contenido claro o algo turbio. Esas ampollas son buena señal: significan que las capas profundas siguen vivas.

Congelación profunda. La zona está dura como la madera, no se hunde en absoluto, y la piel es blanca con un tono azulado o jaspeado. La sensibilidad ha desaparecido por completo, ni siquiera se nota la presión profunda. Las ampollas salen más tarde, son pequeñas y de contenido sanguinolento, o no salen. Al cabo de unos días el tejido se oscurece y se seca.

En la piel morena y oscura el enrojecimiento y el tono azulado se ven peor: guíese por la dureza, la hinchazón y la pérdida de sensibilidad, no por el color.

Qué hacer en las primeras horas

Hasta llegar al médico hay poco que hacer, pero hay que hacerlo bien.

  • Entre en un sitio cerrado o al menos resguardado del viento. Quítese la ropa mojada.
  • Quítese cuanto antes anillos, pulseras, reloj y calzado apretado: enseguida se hinchará todo y ya no será posible.
  • Caliente en agua templada, más o menos a temperatura corporal, nunca caliente. Compruébela con la mano sana o con el codo: debe resultar agradable. Mantenga la zona dentro hasta que la piel se ablande y recupere el color rosado, lo que suele llevar cerca de media hora.
  • Si no hay agua, caliente con el propio cuerpo: las manos bajo las axilas, y los pies o la cara de la otra persona entre sus palmas.
  • Calentar duele mucho, y eso es normal. Ayudan los analgésicos comunes sin receta; cuál conviene en su caso pregúntelo al médico de cabecera o al farmacéutico. A niños y adolescentes no se les da aspirina.
  • Después seque a toquecitos, coloque gasa seca entre los dedos, cubra con un vendaje flojo y eleve la mano o el pie para que se hinche menos.
  • Dé bebida caliente y abrigue a la persona entera: no solo se enfrían los dedos.

Lo que no debe hacerse:

  • frotar, ni con la mano, ni con un guante y mucho menos con nieve: los cristales de hielo dentro del tejido cortan las células al frotar, y la nieve añade frío y suciedad;
  • calentar con fuego, radiador, estufa, secador o bolsa de agua caliente: la piel dormida no nota el calor y a la congelación se suma una quemadura;
  • descongelar la zona si aún hay que trasladar a la persona por el frío y puede volver a congelarse: el ciclo de deshielo y recongelación daña el tejido mucho más que el frío continuo;
  • caminar sobre unos pies congelados si puede evitarse;
  • abrir ni recortar las ampollas;
  • beber alcohol ni fumar.

Cuándo hay que llamar a la ambulancia

Llame a la ambulancia (en los países europeos el número único 112) o lleve a la persona a urgencias si:

  • la zona está dura y no se hunde, y la piel se ve blanca, azul o moteada;
  • la sensibilidad no vuelve después de calentar;
  • han salido ampollas de contenido sanguinolento;
  • la congelación abarca una superficie grande o toda una mano, un pie o la cara;
  • la piel de alrededor se pone roja y caliente, aparece pus, líneas rojas o fiebre: eso es infección;
  • se trata de un niño, de una persona mayor o de alguien con diabetes o enfermedad de las arterias.

Aparte están los signos de hipotermia, que importa más que cualquier congelación y se trata antes: la persona tirita mucho tiempo sin poder parar y de pronto deja de tiritar, habla arrastrando las palabras, se mueve con torpeza y le entran somnolencia, indiferencia y confusión. A esa persona no se la deja sola ni se la deja dormirse: abríguela, sáquela del frío, quítele la ropa mojada y siga hablándole hasta que llegue la ayuda. Frotar y mover con energía las extremidades no procede.

Qué hacen después los médicos

En el hospital primero se recalienta a la persona entera y se le quita el dolor: cuando es intenso hacen falta analgésicos de receta, los caseros aquí no bastan. Luego se valora la profundidad y, en las lesiones graves, se estudia el flujo sanguíneo para ver hasta dónde llega la sangre.

Hay algo que conviene saber de antemano: en las congelaciones graves, en centros especializados y durante las primeras horas tras el recalentamiento, se emplean fármacos que disuelven los coágulos de los vasos pequeños o los dilatan. Eso reduce mucho la amputación posterior, pero la ventana se mide en horas. Por eso, ante una zona dura e insensible, más vale no esperar a la mañana y averiguar adónde acudir.

Además: cura de las ampollas, vendajes, revisión de la vacuna del tétanos, antibióticos si se infecta y rehabilitación para que las articulaciones no pierdan movilidad.

La cirugía, si hace falta, no se precipita: el límite entre el tejido vivo y el muerto no se ve enseguida y se espera a que quede claro, lo que lleva semanas y a veces meses. La espera es incómoda, pero permite conservar más.

Qué queda después

Los casos leves no dejan rastro. Tras una congelación más seria suele quedar cola:

  • sensibilidad aumentada al frío, a veces para siempre: esos mismos dedos empiezan a blanquear y a doler con un tiempo que los demás ni notan;
  • adormecimiento, hormigueo, dolor en reposo y sudoración excesiva de la zona;
  • uñas deformadas o que dejan de crecer;
  • rigidez y desgaste precoz de las articulaciones de los dedos.

En los niños hay un riesgo particular que los padres deberían conocer: el frío daña los cartílagos de crecimiento de los huesos de los dedos, y eso puede notarse años después, con un dedo más corto o torcido. Por eso una congelación infantil merece revisión médica incluso cuando parece que todo ha quedado en nada.

Cómo evitarla

  • Vístase por capas: la interior saca la humedad, la intermedia abriga, la exterior corta el viento y el agua. Un jersey grueso funciona peor que tres capas finas.
  • Las manoplas abrigan más que los guantes: los dedos se calientan entre sí. Mantenga todo seco y lleve calcetines y guantes de repuesto, para cambiarlos al primer indicio de humedad.
  • Ni el calzado ni los guantes deben apretar. Una bota justa se enfría más que una holgada, aunque parezca más abrigada.
  • Cúbrase cara y orejas: gorro con orejeras, cuello o braga, capucha contra el viento.
  • Coma y beba: con frío se gasta mucha más energía y se tiene menos sed de la que se necesita. Muévase y mueva los dedos, no se quede quieto mucho rato.
  • Mire no solo el termómetro sino también el viento: con viento fuerte un frío moderado es más peligroso que uno intenso en calma. Nada de alcohol antes de salir ni fuera.
  • Vigile usted a los niños y hágalos entrar a calentarse cada media hora: se entusiasman y no se quejan.
  • En viajes largos de invierno lleve en el coche manta, ropa de abrigo, agua y el teléfono cargado.

Consulta en línea

A distancia tiene sentido revisar un caso leve y ya recalentado: qué aspecto tiene la piel, qué esperar en las próximas veinticuatro horas, si hace falta curarla, qué hacer con las ampollas que han salido y en qué momento acudir presencialmente. El médico explicará cómo cuidar la zona para no infectarla y por qué el dolor aumenta tras el recalentamiento, y valorará el riesgo de complicaciones según la diabetes, el tabaco y el estado de las arterias. Es también una forma cómoda de tratar las secuelas de una congelación antigua. Una zona dura e insensible, las ampollas sanguinolentas y los signos de hipotermia no se valoran por pantalla: eso obliga a buscar atención presencial de inmediato.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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