Colesterol alto
El colesterol no es en sí mismo una enfermedad ni un veneno: sin él no se construye ninguna membrana celular ni se fabrican las hormonas y la bilis.
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Medicamentos comúnmente prescritos para Colesterol alto
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 40 mg/10 mgPrincipio activo: simvastatin and ezetimibeFabricante: Sun Pharmaceutical Industries (Europe) B.V.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 40 mgPrincipio activo: atorvastatinaFabricante: Sandoz Farmaceutica S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 60 mgPrincipio activo: atorvastatinaFabricante: Sun Pharmaceutical Industries (Europe) B.V.Requiere receta
El colesterol no es en sí mismo una enfermedad ni un veneno: sin él no se construye ninguna membrana celular ni se fabrican las hormonas y la bilis. El problema empieza cuando sus transportadores circulan en exceso y van dejando grasa en la pared de las arterias durante años. Eso no se siente: ni con dolor, ni con cansancio, ni con el color de la cara. Uno se entera de sus cifras o por un análisis, o por un infarto. La diferencia entre esas dos formas de enterarse resume todo lo que hay que decir sobre el colesterol.
Qué es lo que se deposita en las arterias
El colesterol no se disuelve en la sangre y viaja empaquetado en contenedores de proteína, las lipoproteínas. Hay varias clases y no se comportan igual.
- El colesterol LDL reparte el colesterol por los tejidos. Es el que se queda atrapado en la pared arterial dañada y su cantidad es la que decide si la placa crece. Es la fracción «mala» y la primera que se baja.
- El colesterol HDL recoge lo sobrante y lo devuelve al hígado. Tenerlo alto acompaña a un riesgo menor, pero subirlo a propósito con fármacos no tiene sentido: los intentos en esa dirección no aportaron beneficio.
- El colesterol no HDL es todo el colesterol salvo el «bueno», es decir, la suma de cuanto participa en la formación de placas. Tiene la ventaja de no exigir ayuno.
- Los triglicéridos son otro tipo de grasa de la sangre. Reaccionan sobre todo al alcohol, al azúcar y al peso sobrante, y cuando son muy altos amenazan con una inflamación del páncreas.
La placa crece despacio, durante décadas, y hasta cierto punto no estorba al paso de la sangre. El peligro no está en el estrechamiento gradual, sino en el súbito: la cubierta de la placa se rompe, sobre la rotura se forma un coágulo y la arteria se cierra en cuestión de minutos. En el corazón eso es un infarto; en el cerebro, un ictus; en las piernas, una isquemia aguda. Por eso un dolor opresivo en el pecho que dura más de unos minutos, una cara torcida, un brazo que no responde o el habla pastosa significan llamar de inmediato a una ambulancia (en Europa, el 112) y no conducir uno mismo hasta el hospital.
Por qué no se nota y quién debería medírselo
El colesterol alto no da síntomas. Ni el cansancio, ni la tensión, ni el peso sobrante hablan de él: es un dato de laboratorio y solo se ve en un análisis de sangre. La única excepción es la forma hereditaria, en la que el exceso llega a verse en la piel y en los tendones; de ella se habla más abajo.
Al menos una vez en la vida adulta conviene mirar el perfil lipídico. Antes y con más frecuencia si:
- los padres o los hermanos tuvieron pronto un infarto, un ictus o cirugía de las arterias;
- en la familia ya se ha detectado colesterol alto;
- hay tensión alta, diabetes, enfermedad renal u obesidad;
- se fuma;
- ha llegado la menopausia, tras la cual las cifras suben de forma apreciable;
- se toman fármacos que alteran los lípidos, como corticoides o retinoides.
Antes de considerar el colesterol alto un problema por sí solo, el médico descarta las situaciones que lo elevan: una función tiroidea baja, enfermedades del riñón y del hígado, una diabetes mal controlada, el alcohol habitual. Si la causa es esa, las cifras vuelven a su sitio cuando se trata el origen.
Cómo es el análisis y qué dice el informe
La sangre se extrae de una vena; existe también la opción del pinchazo en el dedo, en la que una gota se deposita sobre una tira y el resultado sale en pocos minutos: es cómoda para cribar, pero en valores limítrofes se confirma en el laboratorio.
Ayunar antes de la extracción no hace falta en la mayoría de los casos: la comida apenas influye en el colesterol total, el LDL y el no HDL. Se pide venir en ayunas solo cuando interesan de forma específica los triglicéridos o cuando el resultado anterior de estos fue alto.
En el informe suelen figurar colesterol total, LDL, HDL, no HDL y triglicéridos. Aparte, tiene sentido determinar una vez en la vida la lipoproteína(a): su nivel está fijado por la genética, no cambia con la comida ni con el ejercicio, y cuando es alto eleva el riesgo por sí mismo. Saberlo es útil porque cambia el rigor con que se trata todo lo demás.
Qué cifras son las suyas
No existe una cifra normal válida para todos: el objetivo depende de cuánto riesgo global se acumule. En un adulto sano y sin factores de riesgo se toman como referencia valores aproximados de:
- colesterol total, por debajo de 190 mg/dL;
- colesterol no HDL, por debajo de 155 mg/dL;
- colesterol LDL, por debajo de 115 mg/dL;
- colesterol HDL, por encima de 40 mg/dL en los hombres y de 45 mg/dL en las mujeres.
Para quien ya ha pasado un infarto o un ictus, o vive con diabetes o con enfermedad renal, esas referencias no sirven: el LDL objetivo es bastante más bajo y lo fija el médico. Por eso la frase «tengo el colesterol casi normal» no significa nada sin el resto del cuadro.
Para decidir si hace falta tratamiento, el médico no calcula un dato aislado sino la probabilidad de sufrir un episodio cardiovascular en los próximos años. En ella entran la edad, el sexo, el tabaco, la tensión, los valores de los lípidos y las enfermedades asociadas; en Europa se emplean para ello escalas como SCORE2. Es esa valoración de conjunto, y no la cifra de colesterol por sí sola, la que decide si basta con cambiar la alimentación o si toca añadir un fármaco.
La forma hereditaria que no se puede pasar por alto
Alrededor de una persona de cada doscientas o trescientas nace con un defecto genético que impide al hígado retirar bien el colesterol LDL de la sangre. Es la hipercolesterolemia familiar. El nivel alto se mantiene desde la infancia, las arterias envejecen décadas antes de tiempo y, sin tratamiento, el infarto llega a los treinta, cuarenta o cincuenta años.
Conviene sospecharla cuando:
- el colesterol total es muy alto, del orden de 310 mg/dL o más, y el LDL se sitúa en torno a 190 mg/dL o por encima;
- en la familia ha habido infartos precoces y muertes súbitas en gente joven;
- se palpan engrosamientos duros en los tendones de Aquiles o en los de las manos;
- hay depósitos amarillentos y planos en los párpados;
- se ve un arco claro en el borde de la córnea en alguien menor de cuarenta y cinco años.
La consecuencia importante: si el diagnóstico se confirma en un miembro de la familia, hay que estudiar a todos los parientes de sangre, hijos incluidos. Ese rastreo familiar encuentra a los portadores antes de que sufran su primer episodio, y es uno de los pocos casos en que un solo análisis salva varias vidas.
Qué cambian la comida y la vida diaria
En el nivel de LDL influye menos el colesterol del plato que la grasa saturada, a partir de la cual el hígado lo fabrica.
Conviene comer menos mantequilla, manteca y mantequilla clarificada, carne grasa y embutidos, quesos curados y nata, bollería y galletas, y productos con aceite de palma o de coco. Aparte quedan las grasas trans industriales, las peores de todas.
Conviene comer más aceite de oliva y de colza, frutos secos y semillas, pescado azul, verdura, fruta y legumbres, avena y cereales integrales. La fibra soluble de la avena y las legumbres reduce la absorción del colesterol, y es uno de los pocos recursos dietéticos con efecto demostrado.
Qué funciona además: unas dos horas y media de actividad moderada a la semana, que tocan poco el LDL pero bajan los triglicéridos y suben el HDL; perder peso; recortar el alcohol, sobre todo con triglicéridos altos; y dejar de fumar, que mejora tanto las cifras como el estado de la pared arterial.
Las expectativas conviene mantenerlas honestas. En la mayoría de las personas, la alimentación y el ejercicio bajan el LDL alrededor de una décima parte. Para cifras limítrofes eso basta; con riesgo alto o con la forma hereditaria no basta, y demorar el fármaco en esa situación es perder años.
Las estatinas y lo que hay además
Las estatinas reducen la producción de colesterol en el hígado y siguen siendo el recurso principal: su efecto sobre infartos e ictus está mejor estudiado que el de cualquier otro fármaco del área. Se toma un comprimido al día, normalmente de forma continuada, porque al suspenderlo el nivel vuelve en pocas semanas.
Lo que más se pregunta:
- los dolores musculares. La queja es frecuente, pero en los estudios en los que una parte de los participantes recibía un comprimido inactivo y nadie sabía qué estaba tomando, la diferencia entre grupos resultó mínima. Por eso, ante molestias, se cambia de fármaco, se baja la dosis o se prueba otra pauta, en lugar de renunciar al tratamiento para siempre;
- el hígado. Se controla con análisis y las alteraciones serias son raras;
- el embarazo. Las estatinas no se usan durante la gestación, de modo que los planes se comentan por adelantado;
- el zumo de pomelo eleva la concentración de algunas estatinas en sangre, y con ellas no se combina.
Si la estatina no basta o no sienta bien, se añaden o se sustituyen otros recursos: ezetimiba, que bloquea la absorción intestinal del colesterol, ácido bempedoico, resinas fijadoras de ácidos biliares y, con triglicéridos altos, fibratos. Existen además fármacos inyectables que inhiben la proteína PCSK9: se administran cada dos semanas o una vez al mes, y uno de los de este grupo, dos veces al año. Se reservan para la forma hereditaria y para el riesgo muy alto.
El sentido del tratamiento no es lucir una línea bonita en el informe, sino que la placa no se rompa. Por eso el fármaco no se abandona cuando las cifras se normalizan: esa normalidad es justamente el resultado de tomarlo.
Consulta en línea
El colesterol es un asunto que se resuelve casi por completo sobre papel, así que la atención a distancia resulta aquí plenamente válida. El médico leerá su perfil lipídico junto con la tensión, el peso, la edad y los antecedentes familiares, calculará el riesgo y le dirá con claridad si toca observar, cambiar la alimentación o empezar un fármaco. En línea es cómodo aclarar si hay que repetir el análisis y cuándo, revisar los efectos adversos y decidir si conviene cambiar de medicamento, además de valorar si hay que estudiar a los familiares cuando las cifras son sospechosamente altas. Si aparecen las señales de infarto o de ictus descritas más arriba, lo que hace falta no es una consulta, sino una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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