Cifosis
Se llama cifosis a la curva de la columna dorsal con la convexidad hacia atrás, la que hace que la parte alta de la espalda se vea redondeada.
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Medicamentos comúnmente prescritos para Cifosis
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 40 mg/mlPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Ferrer Internacional S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO EFERVESCENTE, 1 gPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Accord Healthcare S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE PERFUSION, 100 mg/mlPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: B Braun Medical S.A.Requiere receta
Se llama cifosis a la curva de la columna dorsal con la convexidad hacia atrás, la que hace que la parte alta de la espalda se vea redondeada. Esa curva la tenemos todos: es la que deja sitio en el tórax al corazón y a los pulmones. Se habla de enfermedad cuando la curva se vuelve excesiva: en la radiografía se mide en grados, y a partir de unos cuarenta y cinco se considera fuera de lo normal. Pero los grados por sí solos dicen poco. Importa más si la espalda se endereza o no, si duele, a qué edad se redondeó y si va aumentando con el tiempo.
Qué aspecto tiene y qué se siente
Lo primero que se nota es lo visible: los hombros se van hacia delante, la cabeza se adelanta, la parte alta de la espalda se redondea y, en las cifosis marcadas, aparece una joroba. En el adolescente suelen darse cuenta los padres; en la persona mayor, ella misma, cuando descubre que ha perdido estatura y que ya no llega con la nuca a la pared estando de espaldas a ella.
Muchas personas no sienten nada en absoluto. Cuando hay molestias, son un dolor sordo y rigidez en el centro de la espalda que empeoran al final del día y tras estar mucho rato sentado, cansancio fácil y dolor a la presión a lo largo de la columna. Al adulto le cuesta más que al niño: para mantener la mirada horizontal con la espalda redondeada hay que tensar continuamente los músculos del cuello y de la zona lumbar, y parte del dolor nace de esa compensación y no de la curva en sí.
La cifosis marcada ya estorba de verdad: falta el aire al esforzarse, porque el tórax no se expande del todo; cuesta tragar y se llega enseguida a la sensación de saciedad; resulta incómodo tumbarse boca arriba. Si la persona no puede mirar al frente sin levantar la cabeza, eso por sí solo es motivo para hablar de cirugía.
La prueba que distingue la postura de las vértebras deformadas
Hay una manera sencilla de orientarse en casa. Pida a la persona que se tumbe boca abajo sobre una superficie firme y, mejor todavía, que se incline hacia delante con las piernas rectas, y mírele la espalda de perfil.
Si al enderezarse y al tumbarse la espalda se alinea, y la curva se ve suave y armónica, se trata de una cifosis postural: espalda redondeada por costumbre y no por cambios en el hueso. Es flexible, casi nunca duele mucho y responde bien al trabajo muscular.
Si al inclinarse aparece a la altura del dorso un ángulo brusco, como el tejado de una casa, y tumbado la espalda no se endereza, la curva es estructural: la forma de las propias vértebras ha cambiado. En adolescentes suele ser la enfermedad de Scheuermann; en personas mayores, la secuela de fracturas vertebrales; en niños desde el nacimiento, la cifosis congénita. La distinción no es formal: la cifosis flexible se trata con ejercicio, la rígida no se endereza con ejercicio.
De dónde sale la cifosis
- La postura habitual. Encorvarse ante la mesa y ante el móvil, los sillones blandos en los que uno se sienta medio tumbado y el bolso pesado en un solo hombro estiran los ligamentos y la musculatura posterior. El hueso no cambia; cambia la posición en la que el cuerpo se ha acostumbrado a mantenerse.
- Enfermedad de Scheuermann. En la adolescencia varias vértebras dorsales contiguas crecen de forma desigual y, en vez de rectangulares, se vuelven en cuña, más bajas por delante que por detrás. Una pila de esas cuñas produce el ángulo rígido. La causa exacta se desconoce; se aprecia un componente hereditario. La enfermedad se detiene al terminar el crecimiento, pero la forma adquirida se queda para siempre.
- Cifosis congénita. Las vértebras se forman mal antes del nacimiento: no llegan a separarse entre sí o se forman a medias. Es la variante menos frecuente y la más traicionera, porque la deformidad avanza a medida que el niño crece y es la que más a menudo acaba en el quirófano. Con frecuencia se asocia a malformaciones renales y cardíacas, así que a estos niños se les estudia más ampliamente.
- Osteoporosis y fracturas vertebrales. La causa principal de espalda redondeada en la segunda mitad de la vida: la vértebra debilitada se hunde bajo el peso del cuerpo, el borde anterior se aplasta y la columna se inclina hacia delante. Incluso sin fracturas la edad aporta lo suyo: los discos pierden altura y los músculos extensores se debilitan.
- Traumatismo. Una fractura de vértebra dorsal consolidada con desplazamiento deja un ángulo de por vida.
- Otras enfermedades. La enfermedad de Paget, en la que el hueso se remodela mal; la espina bífida; la neurofibromatosis; las distrofias musculares, en las que la musculatura ya no sostiene la espalda; la espondilitis anquilosante, que suelda la columna en flexión.
- Infección y tumor. La tuberculosis vertebral destruye los cuerpos vertebrales y produce una giba angulosa; igual se comportan otras infecciones de la columna y los tumores, primarios o metastásicos. Son causas raras, pero justamente las que no se pueden pasar por alto.
La espalda que se redondea en el adulto
En el niño y el adolescente la cifosis casi siempre se explica por la postura o por el crecimiento de las vértebras. En el adulto la espalda no se redondea sola, y aquí no cuentan los grados sino la respuesta a otra pregunta: qué los ha producido.
La respuesta más frecuente es una fractura vertebral por aplastamiento sobre una osteoporosis. Puede ocurrir sin caída alguna: basta levantar una bolsa, dar un traspié o estornudar con fuerza. A veces la fractura pasa desapercibida y su único rastro son unos centímetros de estatura perdidos y una espalda más redonda. Por eso, perder altura y encorvarse en una persona mayor es motivo para medir la densidad ósea y no para achacarlo todo a la edad.
Mención aparte para lo que obliga a buscar una infección o un tumor: dolor que despierta por la noche y no depende de la postura, fiebre y sudoración nocturna, pérdida de peso, un cáncer previo de cualquier localización, tratamiento prolongado con fármacos que reducen la inmunidad, y una deformidad que crece en semanas o meses. Con ese cuadro no conviene aplazar el estudio.
Señales ante las que no se puede esperar
Una columna deformada puede comprimir la médula o las raíces nerviosas. Hay que buscar atención el mismo día y, si el cuadro avanza deprisa, llamar a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania, por el número europeo único 112) si aparecen:
- debilidad en las piernas, sensación de que no sostienen, cambio en la forma de caminar, pérdida del equilibrio;
- entumecimiento u hormigueo en las piernas, en el periné o en las nalgas;
- imposibilidad de orinar o, al contrario, incontinencia de orina y heces;
- dolor en cinturón que va desde la espalda alrededor del tórax, como un aro;
- dolor de espalda intenso y súbito tras una caída o sin motivo, sobre todo en una persona mayor o en tratamiento con glucocorticoides.
Aquí demorarse sale caro: la recuperación depende directamente de la rapidez con que se libere la compresión.
Cómo se llega al diagnóstico
El médico examina la espalda de pie, en flexión hacia delante y tumbado, comprueba si la curva se corrige, valora la movilidad y también la fuerza, la sensibilidad y los reflejos en las piernas. Ya en ese momento suele quedar claro si la deformidad es flexible o rígida.
La exploración fundamental es la radiografía de la columna en bipedestación, de frente y de perfil. En ella se mide el ángulo de la curva y se ven las vértebras en cuña, los cuerpos fusionados o incompletos y las huellas de fracturas antiguas. Una radiografía de control a los seis o doce meses muestra si el ángulo crece o se mantiene, y ese es el argumento decisivo al elegir tratamiento.
La resonancia magnética no hace falta en todos los casos: se hace cuando hay síntomas neurológicos, cuando se sospecha infección o tumor y antes de una cirugía prevista, porque es la única que muestra la médula. La tomografía computarizada detalla el hueso y ayuda al cirujano. Al adulto con una cifosis de aparición reciente se le añaden análisis de sangre y una densitometría, la medición de la densidad ósea.
Qué ayuda de verdad
La mayoría de las personas con cifosis no necesitan ni corsé ni cirugía. El tratamiento se organiza en torno a tres objetivos: quitar el dolor, frenar el aumento del ángulo y no dejar que la espalda se debilite.
En la cifosis postural solo funciona una cosa: el ejercicio regular. No se trata de «mantenerse derecho», sino de extender el dorso y fortalecer los músculos que lo extienden: ejercicios de extensión, estiramiento de los pectorales y de los flexores de la cadera, trabajo del core. La natación, la marcha, el pilates y el yoga sirven, pero el resultado no lo da el tipo de actividad sino su constancia durante meses. Conviene que las primeras semanas la pauta la marque un fisioterapeuta: la mayoría de los ejercicios se hacen mal. El dolor se controla con paracetamol y, si no basta, con un ciclo corto de antiinflamatorios no esteroideos, que en personas mayores y con enfermedad renal, gástrica o cardíaca se indican con prudencia.
El corsé solo tiene sentido en el adolescente que aún crece y solo en cifosis estructurales marcadas: el armazón rígido no endereza la espalda, sino que impide que la curva siga aumentando mientras el hueso crece, de modo que se lleva hasta que termina la maduración ósea, según las radiografías y no según la edad. En el adulto el corsé no cambia la forma de la columna. Al adolescente conviene decírselo por adelantado: el corsé no prohíbe ni la educación física ni el deporte, y las primeras semanas de incomodidad pasan. La vergüenza por la forma de la espalda o por el propio corsé preocupa a esa edad más que el dolor y lleva a evitar vestuarios y piscina y a encerrarse en uno mismo. No hay que restarle importancia, y si el ánimo bajo se prolonga conviene acudir a un psicólogo.
La cirugía, que consiste en unir las vértebras con barras y tornillos metálicos junto a un injerto óseo, se propone pocas veces. Los motivos son un ángulo muy grande, una deformidad que sigue creciendo, dolor que no cede con otros tratamientos, compresión de estructuras nerviosas o afectación de la respiración. La intervención dura varias horas, exige anestesia general y unos días de ingreso; a los estudios o al trabajo se vuelve aproximadamente en mes y medio y al deporte cerca del año. Los riesgos son considerables: infección, pérdida de sangre, desplazamiento o rotura del material, reintervención y, rara vez, lesión nerviosa que llegue a afectar a las piernas y al control de esfínteres. Precisamente por eso se sopesa y no se indica solo por una cifra de grados.
Cómo cuidar la espalda
La cifosis estructural no se puede prevenir: ni la enfermedad de Scheuermann ni la forma congénita se eligen. En cambio, los otros dos caminos hacia una espalda redondeada están en buena medida en nuestras manos.
El primero es la postura habitual. Al niño no le ayuda el grito de «ponte derecho», sino el entorno: mesa y silla a su altura, la pantalla a la altura de los ojos, una pausa para moverse al menos cada media hora, mochila de dos tirantes en lugar de bolso al hombro y un peso de la cartera que no pase de la octava o la décima parte del peso del propio niño. Al adulto, lo mismo más ejercicio regular de la musculatura de la espalda.
El segundo es la resistencia del hueso, y conviene ocuparse de ella mucho antes de la vejez: proteínas suficientes, calcio y vitamina D, ejercicio con el propio peso del cuerpo, no fumar y moderar el alcohol. Quien ya ha tenido una fractura con un golpe leve, quien tiene padres que se fracturaron la cadera, quien toma glucocorticoides durante mucho tiempo o entró pronto en la menopausia debería hablar con su médico de cabecera sobre el estudio del hueso. Los plazos y los criterios varían de un país a otro, pero el principio es el mismo: cuanto antes se detecta la osteoporosis, menos fracturas y menos grados habrá después.
Consulta en línea
En la consulta en línea, a partir de una fotografía de la espalda de perfil y en flexión y de lo que usted cuente, el médico ayuda a distinguir una simple postura encorvada de una cifosis estructural, explica qué radiografía hace falta y por qué se hace de pie, y repasa el informe ya emitido con el ángulo de la curva, porque saber si esa cifra es mucho o poco resulta difícil sin explicación. Le indicará qué ejercicios conviene empezar y con qué tratar el dolor teniendo en cuenta sus otras enfermedades, y valorará si hay signos que obliguen a un examen presencial en los próximos días. Al adulto que se ha encorvado hace poco y ha perdido estatura se le explicará qué pruebas confirman la osteoporosis y qué se hace después.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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