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Medicamentos comúnmente prescritos para Cáncer de próstata
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 50 MGPrincipio activo: bicalutamidaFabricante: Laboratorios Normon S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 50 MGPrincipio activo: bicalutamidaFabricante: Laboratorios Cinfa S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 50 mg bicalutamidaPrincipio activo: bicalutamidaFabricante: Eugia Pharma (Malta) LimitedRequiere receta
La próstata es una glándula pequeña, del tamaño de una nuez, situada bajo la vejiga y que rodea el conducto por el que sale la orina. El cáncer que se origina en ella es el tumor maligno más frecuente en los hombres y, a la vez, uno de los más tranquilos: suele crecer despacio, durante años, y buena parte de los hombres llegan a la vejez con ese tumor sin haberlo sabido nunca. De ahí se siguen dos cosas a la vez. No hay motivo para el pánico. Y tampoco lo hay para dejarlo pasar: la enfermedad detectada mientras no ha salido de la glándula se trata con intención de curar.
Por qué el tumor calla tanto tiempo
El cáncer suele empezar en la parte externa de la glándula, justo donde esta no aprieta el conducto de la orina. Por eso un tumor pequeño no molesta al orinar ni se delata de ninguna otra forma. Los síntomas aparecen cuando ha crecido lo bastante como para presionar desde dentro, o cuando las células han salido de la glándula.
De ahí viene una confusión muy común. Un hombre de más de cincuenta se levanta de noche al baño, el chorro ha perdido fuerza, cuesta empezar, y piensa en un cáncer. En realidad casi siempre se trata del agrandamiento benigno de la próstata: crece con la edad en la mayoría de los hombres, comprime el conducto y da exactamente esas molestias. Tampoco conviene quedarse tranquilo por cuenta propia: distinguir una cosa de otra solo puede hacerlo un médico, y las molestias al orinar son motivo suficiente para acudir.
Señales que no hay que achacar a la edad
Conviene consultar si aparece algo de esto:
- el chorro ha perdido fuerza, cuesta empezar, hay que apretar, el flujo se interrumpe;
- las ganas son más frecuentes o más urgentes y por la noche hay que levantarse varias veces;
- después de orinar queda sensación de no haber vaciado del todo;
- sangre en la orina o en el semen, aunque sea una sola vez;
- dolor lumbar, en la pelvis, las caderas o las costillas que dura semanas, empeora de noche y no guarda relación con el esfuerzo;
- la erección se ha debilitado o ha desaparecido;
- pérdida de peso sin proponérselo y cansancio permanente.
Merece la pena detenerse en los últimos puntos. El dolor en los huesos, la pérdida de peso y el cansancio ya indican que el tumor puede haberse extendido, y con ellos la visita no se aplaza. Y otra cosa: no hay nada de lo que avergonzarse. Hablar de la micción y de la erección es rutina para el médico, que lo hace varias veces al día.
Cuándo hay que pedir ayuda urgente
Hay tres situaciones en las que no se cuenta por semanas.
Compresión de la médula espinal. El cáncer de próstata siembra sobre todo en la columna, y el crecimiento dentro de una vértebra puede comprimir la médula. Las señales son: dolor nuevo e intenso en la espalda o el cuello, muchas veces en cinturón, que empeora tumbado y al toser; debilidad, hormigueo o adormecimiento de las piernas; marcha insegura; falta de sensibilidad en el periné y la cara interna de los muslos; pérdida del control de la orina o de las heces o, al contrario, imposibilidad de orinar. Aquí no toca pedir cita, sino llamar a una ambulancia o acudir a urgencias de inmediato (112 en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania): de que el tratamiento empiece en las primeras horas depende que la persona siga caminando.
Retención completa de orina. No se consigue orinar en absoluto, el bajo vientre está tenso y duele y la vejiga se palpa por encima del pubis. No se aguanta: hace falta atención urgente para vaciarla con una sonda.
Fiebre después de una biopsia. Si en los días siguientes a la toma de muestras aparece fiebre, escalofríos con tiritona, debilidad intensa o confusión, puede tratarse de una infección de la sangre. Ambulancia, sin esperar.
Quién tiene más riesgo
No se puede señalar una causa exacta, pero sí lo que aumenta la probabilidad.
- La edad. Es el factor principal. Antes de los cincuenta el cáncer de próstata es raro; a partir de ahí la probabilidad sube con cada década.
- El origen. En los hombres de origen africano y caribeño la enfermedad aparece alrededor del doble de veces, empieza antes y se comporta de forma más agresiva.
- La familia. Un padre o un hermano con cáncer de próstata duplica aproximadamente el riesgo, sobre todo si se lo detectaron jóvenes.
- Alteraciones genéticas hereditarias. El cáncer de mama o de ovario en parientes cercanas no es una coincidencia: detrás de una parte de los casos están los mismos genes, en especial el BRCA2. Conviene mencionarlo en la consulta.
- El exceso de peso. Su relación con la aparición del tumor no está clara, pero sí con una evolución más agresiva.
Si algo de esto le afecta, hable con su médico de cabecera sobre el seguimiento antes de tener molestias. La edad a la que tiene sentido empezar las revisiones varía de un país a otro: la fija el programa nacional, y el médico le orientará según el suyo.
El PSA: qué puede decir y qué no
El PSA es una proteína que fabrica la próstata; una parte pasa a la sangre y allí se mide. La prueba es sencilla, pero hay que interpretarla bien.
Un PSA alto no significa cáncer. Lo elevan el agrandamiento benigno de la glándula, la prostatitis, una infección urinaria, una eyaculación reciente, la bicicleta, una sonda y a veces la propia exploración del día anterior. Por eso el análisis suele repetirse y se valora junto con la exploración, nunca aislado. Y también al revés: un PSA normal no descarta del todo un cáncer.
La prueba tiene además una contrapartida que el médico debe explicar antes. Una parte de los tumores que se encuentran nunca habrían dado la cara, y un tumor encontrado es difícil de dejar en paz: detrás del diagnóstico vienen la biopsia y el tratamiento con sus complicaciones. Por eso la decisión de hacerse o no el PSA se toma con el médico, después de hablar de qué aportaría el resultado en su caso concreto. No es un trámite ni una precaución legal: es el fondo del asunto.
Cómo se estudia una sospecha
Todo empieza por la conversación y la exploración. El médico preguntará por la micción, los dolores, el peso y por los cánceres en la familia, incluidos los de mama y ovario. Después propondrá un tacto rectal: con guante y gel palpa la cara posterior de la glándula y valora su tamaño, su consistencia y sus irregularidades. Dura menos de un minuto y casi nunca resulta doloroso. Puede pedir que haya otra persona en la consulta.
Si hace falta, se deriva al urólogo. El orden actual es este: primero una resonancia magnética de la pelvis y solo después, si la imagen muestra una zona sospechosa, la biopsia, en la que se toman cilindros de tejido con una aguja guiada por ecografía. Esta secuencia permite que una parte de los hombres se ahorre la biopsia.
El tejido se estudia al microscopio y se valora cuánto se apartan las células de lo normal: de eso depende cuán peligroso es el tumor. Si se confirma el cáncer se piden pruebas de imagen para saber si ha salido de la glándula: tomografía computarizada, gammagrafía ósea o un estudio específico con un trazador. La espera de resultados se lleva mal; pida de antemano que le digan cuándo y cómo se los van a comunicar.
Tratamiento: por qué a veces es mejor vigilar
La elección depende de lo agresivas que sean las células, de si el tumor ha salido de la glándula, de la edad y de otras enfermedades. Hay varias opciones y cada una tiene su precio.
- Vigilancia activa. Con un tumor pequeño y poco agresivo el tratamiento se aplaza y la glándula se controla: PSA periódicos, resonancias y biopsias de repetición. No es «no hacer nada», es una elección meditada: mientras el tumor se porte bien, tratarlo haría más daño que bien. Si empieza a crecer se pasa al tratamiento, y el momento no se habrá perdido.
- Cirugía. Se extirpa la glándula entera. Tiene sentido cuando el tumor no ha salido de ella y quedan años de vida por delante que justifican el riesgo de complicaciones.
- Radioterapia. Irradiación externa en sesiones o implantación de fuentes dentro de la glándula. En tumores localizados los resultados son comparables a los de la cirugía, con otro conjunto de efectos secundarios.
- Terapia hormonal. El tumor crece bajo el efecto de la testosterona, y el tratamiento le retira esa influencia. Por sí sola no cura, pero lo contiene durante años, y combinada con la radioterapia se usa también con intención curativa.
- Quimioterapia y fármacos más nuevos entran en juego cuando el tumor se ha extendido.
Efectos secundarios y qué hacer con ellos
Conviene conocerlos antes de empezar y no después: parte de las decisiones se toman precisamente por ellos.
Tras extirpar la glándula casi todos los hombres pierden orina durante un tiempo. En la mayoría se resuelve en semanas o meses, y los ejercicios del suelo pélvico aceleran el proceso: mejor empezarlos ya antes de la operación. Los problemas de erección son frecuentes tanto con la cirugía como con la radioterapia; hay bastantes formas de ayudar, desde medicamentos hasta dispositivos de vacío, y esto se habla con el médico en vez de asumirlo en silencio. El orgasmo se conserva tras la extirpación, pero se vuelve «seco»: ya no sale semen y no es posible concebir de forma natural. Si hay planes de tener hijos, el semen debe congelarse antes de empezar el tratamiento.
La radioterapia puede provocar micción frecuente y dolorosa, heces más blandas y sangrado por el recto, casi siempre pasajeros. La terapia hormonal trae sofocos, menos deseo, aumento de peso, cambios de ánimo y pérdida de masa ósea: por eso durante ella se vigila el hueso y se recomiendan ejercicio de fuerza, vitamina D y calcio.
Consulta en línea
El tacto rectal y la biopsia no se hacen en línea, pero la mayor parte del camino hacia el diagnóstico, y del que viene después, es conversación, y esa se resuelve muy bien a distancia.
La consulta en línea encaja para decidir si le conviene un PSA y qué aportaría el resultado en su caso; para entender un análisis ya hecho cuando la cifra está alta y no se sabe qué hacer; para repasar un informe de biopsia y traducir a lenguaje llano qué significan el grado y el estadio; para sopesar cirugía, radioterapia o vigilancia antes de la cita con el urólogo; y para abordar los efectos secundarios del tratamiento, que a muchos les cuesta sacar cara a cara.
Tenga a mano todos los PSA anteriores con sus fechas —la evolución dice más que una cifra suelta—, los informes de resonancia y de biopsia y la lista de medicamentos que toma. Anote qué le preocupa exactamente y desde cuándo, y no olvide los cánceres de la familia, también los de las mujeres.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.






