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Cáncer de mama en mujeres

El tumor de mama es la enfermedad maligna más frecuente entre las mujeres y, a la vez, una de las que mejor responden al tratamiento cuando se detecta pronto.

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

El tumor de mama es la enfermedad maligna más frecuente entre las mujeres y, a la vez, una de las que mejor responden al tratamiento cuando se detecta pronto. La mayoría de los bultos que llevan a una mujer a la consulta resultan ser benignos: quistes, fibroadenomas, zonas de tejido glandular denso. La dificultad es otra: un tumor incipiente casi no se delata, no duele, no molesta y no altera el estado general. Por eso sirve de poco palparse con angustia cada noche, y sirve de mucho saber qué cambio hay que enseñar al médico y en qué plazo.

Cómo se manifiesta el tumor

Lo primero que suele notarse es un bulto: una zona que se percibe distinta al tejido de alrededor, normalmente indolora y que apenas se desplaza bajo los dedos. Pero el nódulo no es el único signo ni el más precoz.

  • un bulto en la mama, en la axila o encima de la clavícula que no desaparece después de la menstruación;
  • un cambio en la forma o el tamaño de un solo pecho aparecido en los últimos meses;
  • una retracción de la piel, un hoyuelo o un pliegue que asoma al levantar el brazo;
  • una zona de piel parecida a la cáscara de naranja: poros dilatados e hinchazón;
  • un pezón que se hunde o cambia de dirección cuando antes era distinto;
  • secreción por el pezón fuera del embarazo y la lactancia, sobre todo de una sola mama, por un único orificio, espontánea o con sangre;
  • descamación, costra, exudado o una llaga en el pezón que no cicatriza;
  • dolor siempre en el mismo punto de la mama o la axila, sin relación con el ciclo y mantenido durante semanas.

El dolor rara vez es el primer signo de un cáncer. La tensión y la sensibilidad en ambos pechos antes de la regla son casi siempre hormonales, no tumorales.

Formas que aparentan ser otra cosa

Hay dos situaciones que conviene conocer aparte: se confunden una y otra vez con una infección y con una enfermedad de la piel, y ahí es donde se pierden meses.

Cáncer inflamatorio de mama. No forma un bulto palpable. En pocas semanas parte del pecho o el pecho entero se enrojece, se hincha, se vuelve caliente y pesado, y la piel se engruesa hasta recordar la cáscara de naranja. Visto desde fuera parece una mastitis. Pero la mastitis verdadera aparece casi solo durante la lactancia y responde a los antibióticos en unos días. Si ese enrojecimiento surge en una mujer que no amamanta, o no se ha ido tras una semana de tratamiento, lo que hace falta no es una segunda caja de antibiótico, sino la valoración de un especialista y una biopsia.

Enfermedad de Paget del pezón. Empieza como un eccema: enrojecimiento, picor, descamación, costras, a veces exudado. Se distingue de una dermatitis corriente en que afecta a un solo lado, arranca en el propio pezón y solo después se extiende a la areola, y las pomadas dan como mucho un alivio pasajero. Detrás de ese cuadro hay con frecuencia un tumor dentro de la glándula, así que un eccema del pezón que no cede en un par de semanas no se enseña solo al dermatólogo.

Cuándo no se puede aplazar la consulta

Conviene acudir en los próximos días si aparece un bulto nuevo, cambia la forma de la mama o del pezón, la piel se retrae o se enrojece en una zona, o sale secreción fuera de la lactancia. Motivo aparte para no esperar: si ya se trató un tumor de mama y ahora aparecen dolor óseo persistente, color amarillento de la piel, falta de aire creciente, dolor de cabeza continuo o pérdida de peso inexplicada, porque así se manifiesta la extensión de la enfermedad.

Aquí hay que sostener dos ideas a la vez. Ninguno de estos signos significa por sí mismo un cáncer: lo más habitual es una causa inofensiva. Y ninguno de ellos se resuelve vigilándolo en casa, porque la diferencia entre un quiste y un tumor no se aprecia al tacto, sino en la imagen y en el microscopio.

Qué influye de verdad en la probabilidad de enfermar

El factor principal es la edad: el riesgo crece con cada década a partir de los cuarenta y la mayoría de los casos se dan en mujeres de más de cincuenta. El resto se reparte más o menos así:

  • cáncer de mama o de ovario en la madre, una hermana o una hija, sobre todo a edad joven o en varias familiares a la vez;
  • una alteración heredada en los genes BRCA1, BRCA2 y algunos otros: explica una minoría de los casos, pero eleva mucho el riesgo de esa mujer concreta;
  • tejido glandular denso, que hace que el tumor se vea peor en la mamografía;
  • una exposición larga a las hormonas propias: primera regla temprana, menopausia tardía, primer parto después de los treinta o ausencia de partos, no haber amamantado;
  • la terapia hormonal sustitutiva y, en menor medida, los anticonceptivos hormonales: el aumento es pequeño y se diluye a los pocos años de dejarlos;
  • alcohol habitual, exceso de peso después de la menopausia, vida sedentaria, tabaco;
  • radioterapia sobre el tórax recibida en la adolescencia o de joven;
  • una hiperplasia atípica o un carcinoma lobulillar in situ detectados antes.

En cambio, los desodorantes, los sujetadores con aro, un golpe en el pecho y los implantes no aumentan la probabilidad de cáncer, aunque esas versiones lleven décadas circulando.

De toda la lista, en manos de la propia mujer queda poco, pero es la parte que funciona: menos alcohol, porque la relación con el cáncer de mama se aprecia incluso con cantidades moderadas; mantener el peso tras la menopausia; unas horas de movimiento a la semana; dejar el tabaco; amamantar si es posible. El uso prolongado de preparados hormonales conviene hablarlo con el médico de cabecera y no decidirlo por cuenta propia.

La mamografía y una autoexploración sensata

El sentido de la mamografía es encontrar un tumor de pocos milímetros, imposible de palpar: ese hallazgo casi siempre se trata con menos cirugía y con mejor resultado. En la mayoría de los países se cita a partir de los cuarenta y cinco o cincuenta años y se repite cada uno o dos años; los plazos exactos dependen del programa de cada país, y con antecedentes familiares el seguimiento empieza antes y se completa con ecografía o resonancia.

La autoexploración no sustituye al cribado, pero la costumbre de saber cómo se ven y se notan sus pechos habitualmente ayuda a detectar un cambio. Resulta más cómodo hacerlo una semana después del inicio de la regla, cuando la glándula está más blanda: mirarse en el espejo con los brazos bajados y levantados y palpar después toda la mama y la axila. El objetivo no es buscar un cáncer, sino advertir lo que antes no estaba.

Cómo se averigua si es un tumor

El diagnóstico se arma con tres piezas: la exploración, la imagen y el estudio de las células. La mamografía, la ecografía y, si hace falta, la resonancia muestran dónde está el cambio y qué aspecto tiene, pero la respuesta definitiva solo la da la biopsia: la extracción de un cilindro de tejido con aguja guiada por ecografía, con anestesia local y en unos minutos.

En ese mismo material se determinan las propiedades del tumor: sensibilidad a los estrógenos y a la progesterona, estado de la proteína HER2, velocidad de división celular. De eso, y no solo del tamaño, depende el tratamiento elegido, y por eso la respuesta tarda entre unos días y dos semanas. Si el cáncer se confirma, se añaden pruebas que muestran si el proceso se limita a la glándula y a los ganglios.

En qué consiste el tratamiento

El plan lo arma un equipo: cirujano, oncólogo médico, oncólogo radioterápico y patólogo. El orden de los pasos varía; a veces los fármacos van antes de la cirugía para reducir el tumor y conservar la mama.

  • Cirugía. Extirpación de la zona con tumor y un margen de tejido sano, o de toda la glándula. Los ganglios de la axila se estudian por etapas: primero uno o dos ganglios centinela, y solo si contienen células tumorales se amplía la intervención. La reconstrucción se hace en el mismo acto o más adelante.
  • Radioterapia. Sobre todo después de la cirugía conservadora, para reducir la probabilidad de que la enfermedad vuelva en esa misma mama.
  • Quimioterapia. Antes de operar para achicar el tumor, o después si el riesgo de recaída es alto.
  • Terapia hormonal. En tumores sensibles a los estrógenos: los fármacos bloquean el receptor o reducen la producción de la hormona. Se toma durante años, y es justo la parte del tratamiento que más se abandona antes de tiempo.
  • Fármacos dirigidos e inmunoterapia. Actúan contra dianas concretas, por ejemplo contra la proteína HER2.

Si el tumor ya ha dado focos a distancia, curarlo no suele ser posible, pero el tratamiento puede contener la enfermedad durante años y conservar la vida de siempre. El equipo de cuidados paliativos entra aquí no al final, sino en paralelo, para mantener bajo control el dolor y los demás síntomas.

Consulta en línea

En una consulta en línea el médico preguntará cuándo y cómo apareció el cambio, si guarda relación con el ciclo y qué se sabe de las enfermedades de la familia, y ayudará a entender qué prueba toca primero: mamografía, ecografía o directamente la valoración de un especialista. También es cómoda para repasar informes ya emitidos y resultados de biopsia cuando la redacción resulta opaca, y para comentar los efectos adversos de una terapia hormonal larga. La exploración y la biopsia no se sustituyen a distancia, pero ordenar los pasos y no perder tiempo sí es del todo posible.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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