Cáncer de intestino grueso
El intestino grueso es el último tramo del tubo digestivo: el colon, donde se recupera el agua de la papilla alimentaria, y el recto, donde las heces se…
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El intestino grueso es el último tramo del tubo digestivo: el colon, donde se recupera el agua de la papilla alimentaria, y el recto, donde las heces se forman y se retienen. El tumor puede crecer en cualquier punto y de ello depende cómo se delate. Es uno de los cánceres más frecuentes en el adulto y uno de los pocos que se puede evitar de verdad: casi siempre tarda años en crecer a partir de un pólipo inofensivo. Detectado pronto, se cura.
Cómo un pólipo acaba en tumor
En la superficie interna del intestino aparecen de vez en cuando pólipos, pequeños salientes de la mucosa. La mayoría se quedan siendo benignos, pero en algunos se acumulan averías en las células y, al cabo de ocho o diez años, el pólipo puede convertirse en un tumor maligno.
De ahí salen dos conclusiones. La mala: durante todo ese tiempo la persona no nota nada, un pólipo no duele. La buena: entre «ya hay algo que quitar» y «ya es tarde» median años, y el pólipo encontrado en ese intervalo se extirpa con un asa durante la propia exploración, así que el tumor sencillamente no llegará a existir.
Señales que no hay que achacar a las hemorroides
El tumor precoz no da síntomas. Cuando aparecen, suelen ser estos:
- las heces cambian y no vuelven a lo habitual: más blandas o, al contrario, estreñimiento, y hay que ir al baño más o menos veces que de costumbre;
- sangre en las heces, roja, oscura o en forma de deposición negra y pegajosa;
- sensación de no haber vaciado del todo y ganas de volver justo después de ir;
- dolor o hinchazón del abdomen, sobre todo en relación con las comidas;
- un bulto que se palpa en el vientre;
- pérdida de peso sin dieta ni esfuerzo;
- debilidad, falta de aire con el esfuerzo habitual y palidez, señales de anemia por una pérdida de sangre inadvertida.
Un apunte sobre la sangre. Las hemorroides no son una absolución: las tiene muchísima gente y no dicen nada de lo que pasa más arriba. El error más caro suena así: «ya había sangrado otras veces, son mis hemorroides». Si el sangrado cambia de carácter o cambian también las heces, hay que mirar el intestino.
La segunda señal infravalorada es la anemia por falta de hierro en un hombre o en una mujer posmenopáusica. Si no hay una fuente evidente de pérdida de sangre, el estudio del intestino es obligado aunque no duela nada.
Cuándo pedir cita y cuándo ir de inmediato
Pida cita con su médico de cabecera si cualquiera de esas señales dura tres semanas o más. No hay motivo para la vergüenza: hablar de deposiciones es rutina para un médico.
Hace falta atención urgente en el momento si:
- el sangrado por el ano es abundante y no cede, el agua del inodoro se vuelve roja o salen coágulos;
- aparece dolor abdominal intenso con vómitos, el vientre se hincha y no salen ni gases ni heces: así se manifiesta una obstrucción;
- el vientre se pone duro y duele al mínimo roce, y sube la fiebre.
En ese estado no conduzca: pida que le lleven o llame a una ambulancia. Lleve consigo la lista de los medicamentos que toma, sobre todo los anticoagulantes.
Qué aumenta el riesgo y sobre qué se puede actuar
La causa no es una sola: se suman la herencia, la edad y los hábitos. El riesgo es mayor si:
- tiene más de cincuenta años, aunque la enfermedad se ha adelantado y a partir de los cuarenta ya no puede considerarse ajena;
- ha habido cáncer de intestino o pólipos en padres, hermanos o hijos;
- en la familia hay síndrome de Lynch o poliposis adenomatosa familiar, procesos hereditarios poco frecuentes en los que el tumor aparece pronto y el seguimiento empieza en la juventud;
- lleva muchos años con colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn;
- ya le han encontrado pólipos antes;
- fuma o bebe alcohol con regularidad;
- hay exceso de peso, poco movimiento, mucha carne roja y procesada y poca fibra en la dieta.
Los primeros puntos no se pueden cambiar, pero son los que deciden a qué edad y con qué frecuencia debe usted revisarse; cuente a su médico los casos de cáncer en la familia. El resto está en sus manos: dejar de fumar, moderación con el alcohol, verdura, fruta y cereales integrales en vez de embutidos, movimiento y un peso razonable. No da garantías, pero baja el riesgo de forma apreciable.
Comprobar cuando nada molesta
El cribado, es decir, explorar a personas sin síntomas, funciona en el cáncer de intestino mejor que en casi ningún otro sitio de la medicina: quitar un pólipo evita la enfermedad misma.
Hay dos herramientas. El análisis de sangre oculta en heces por método inmunoquímico se hace en casa: se recoge una muestra pequeña con un bastoncillo y se envía al laboratorio. No da un diagnóstico, sino que selecciona a quien conviene mirar por dentro; un resultado positivo tiene más veces una causa benigna, pero siempre hay que comprobarlo. La colonoscopia, la exploración del intestino desde dentro con un tubo flexible y una cámara, es exploración y tratamiento a la vez: el pólipo que se encuentra se extirpa en el acto.
La edad de inicio y la periodicidad varían según el país; lo habitual es empezar entre los cuarenta y cinco y los cincuenta, y con antecedentes familiares, antes y directamente con colonoscopia. Consulte las normas de donde vive y no deje aparcada la invitación al cribado.
Cómo se confirma el diagnóstico
El médico preguntará por las molestias, por las enfermedades pasadas y por los familiares, palpará el abdomen y probablemente hará un tacto rectal, una exploración corta que descubre buena parte de los tumores de la porción baja. Puede pedir un profesional de un sexo determinado y que le acompañe alguien.
Después vienen el análisis de sangre oculta en heces, una analítica de sangre y, si hay sospecha, la colonoscopia. Se hace con analgesia y sedación, y casi siempre la persona no la recuerda; lo incómodo es la preparación de la víspera, no la prueba. La zona sospechosa se envía a analizar, y es ese análisis el que da la respuesta definitiva.
Si el tumor se confirma, se hacen una tomografía computarizada, una resonancia magnética en el cáncer de recto, a veces una tomografía por emisión de positrones, y el estudio de las particularidades genéticas del tumor: todo ello sirve para conocer el estadio y elegir el tratamiento. Que le deriven para más pruebas no significa por sí mismo que haya cáncer; en la mayoría de los derivados no se encuentra.
Cómo se trata
El tratamiento se ajusta a cada caso: tamaño y localización del tumor, extensión fuera del intestino, genética, edad y otras enfermedades. Suele ser una combinación de métodos.
- Cirugía. Es el método principal mientras el tumor no ha salido del intestino. Se extirpa el tramo afectado con sus ganglios y se unen los extremos. A veces, mientras cicatriza, se saca un estoma, una abertura en el abdomen para el contenido intestinal; lo más habitual es que sea temporal y se cierre a los pocos meses.
- Quimioterapia. Antes o después de la cirugía, para reducir el tumor o disminuir la probabilidad de que vuelva, y también en la enfermedad extendida.
- Radioterapia. Sobre todo en el cáncer de recto, a menudo junto con quimioterapia antes de operar.
- Fármacos dirigidos e inmunoterapia. Actúan sobre las particularidades de las propias células tumorales y se indican en la enfermedad extendida cuando el análisis muestra los cambios adecuados.
Si el tumor está muy avanzado y no es posible curarlo, el tratamiento no se interrumpe: su objetivo pasa a ser frenar el crecimiento, quitar el dolor y mantener la vida normal el mayor tiempo posible. De eso se ocupa el equipo de cuidados paliativos, y conviene incorporarlo pronto: alivia la vida tanto de la persona como de los suyos.
Consulta en línea
En la consulta en línea el médico repasa sus molestias y decide cuáles obligan a estudiar el intestino, le explica los análisis que ya tiene, le ayuda a valorar si ha llegado el momento de la colonoscopia, revisa los antecedentes familiares e indica a partir de qué edad le conviene a usted empezar a revisarse.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.




