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Medicamentos comúnmente prescritos para Acalasia
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 10 MG DE LERCANIDIPINO HIDROCLORUROPrincipio activo: lercanidipineFabricante: Casen Recordati S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: CAPSULA LIBERACION MODIFICADA, 300 mgPrincipio activo: diltiazemFabricante: Esteve Pharmaceuticals S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 50 UnidadesPrincipio activo: Botulinum toxinFabricante: Evolus Pharma B.V.Requiere receta
La acalasia es un trastorno del esófago en el que el anillo muscular situado en la unión con el estómago deja de abrirse a tiempo y el propio esófago pierde la capacidad de empujar la comida hacia abajo. Lo que se traga se queda detenido por encima del estrechamiento y antes o después vuelve a subir. Es poco frecuente, alrededor de un caso nuevo por cada 100 000 personas al año, y avanza despacio: entre las primeras dificultades para tragar y el diagnóstico pasan varios años.
Qué deja de funcionar en el esófago
El esófago no es un tubo pasivo, sino una bomba muscular: tras cada trago lo recorre una onda de contracciones y el anillo inferior, el esfínter esofágico inferior, se relaja en el momento justo para dejar pasar el alimento al estómago.
En la acalasia mueren las células nerviosas de la pared esofágica encargadas de dar la orden de relajarse. El anillo permanece cerrado y la onda no llega a formarse: la comida baja solo por su propio peso. Con el tiempo el esófago se dilata, retiene cada vez más contenido y se vacía cada vez peor.
Cómo se nota
El signo principal es que la comida cuesta pasar. Hay un detalle importante: en la acalasia cuesta igual lo sólido que un vaso de agua. Cuando lo que cierra el paso es un tumor o una cicatriz, primero deja de pasar lo sólido y los líquidos aún bajan un tiempo.
A esto se añade:
- regurgitación de comida sin digerir y sin sabor ácido, a veces una o dos horas después de comer;
- tos nocturna, almohada mojada, sensación de atragantarse mientras se duerme;
- dolor opresivo o quemante detrás del esternón, fácil de confundir con acidez o con un problema cardíaco;
- sensación de nudo que cede al levantarse, caminar, enderezar la espalda o beber agua templada;
- pérdida de peso lenta sin haber hecho ninguna dieta.
Muchas personas se adaptan durante años sin darse cuenta: comen muy despacio, acompañan cada bocado con un sorbo, evitan comer delante de otros. Esa adaptación suaviza el cuadro y retrasa la consulta.
Cuándo no se puede esperar a una cita programada
Hay que buscar atención inmediata si:
- no pasa nada: ni comida, ni agua, ni la propia saliva;
- aparece un dolor torácico intenso justo después de un vómito o de una prueba endoscópica, sobre todo con falta de aire y crepitación bajo la piel del cuello: así se manifiesta una rotura de la pared esofágica;
- tras un episodio nocturno de regurgitación suben la fiebre, la tos con expectoración y la dificultad para respirar, porque el contenido puede haber pasado a las vías respiratorias;
- ha habido vómito con sangre o las heces se han vuelto negras;
- el peso cae deprisa, varios kilos en uno o dos meses.
Situación aparte: la dificultad para tragar empieza después de los 55 años, todo se ha desarrollado en pocos meses y el peso ha bajado mucho. En ese caso el médico debe descartar primero un tumor en la unión del esófago con el estómago, que produce el mismo cuadro: se llama seudoacalasia. Por eso la endoscopia se hace a todo el mundo, incluso cuando el diagnóstico parece evidente.
Por qué los nervios dejan de responder
Todavía no se puede señalar una causa exacta. La mayor parte de los datos apunta a un proceso autoinmunitario: el sistema inmunitario destruye por error los plexos nerviosos del esófago, y en algunas personas se detectan los anticuerpos correspondientes. Como posible desencadenante se considera una infección vírica previa.
Las formas hereditarias son raras. En niños la acalasia aparece a veces dentro de un síndrome congénito que suma insuficiencia de las glándulas suprarrenales y ausencia de lágrimas.
Hay una causa que conviene tener presente: en América Latina la enfermedad de Chagas, una infección parasitaria, destruye esos mismos plexos nerviosos y produce un cuadro idéntico. Si ha residido o ha pasado temporadas largas allí, dígalo expresamente: el estudio será distinto.
Lo que no provoca acalasia es el estrés, comer con prisa o el picante. Esas explicaciones solo retrasan el estudio.
Qué muestran las pruebas
- Manometría de alta resolución: mide la presión a lo largo de todo el esófago. Es la prueba principal: confirma el diagnóstico y la clasifica en tipos de los que depende el tratamiento elegido.
- Endoscopia digestiva alta: permite ver la mucosa por dentro y descartar tumor, estrechamiento cicatricial e inflamación.
- Estudio con bario: en las imágenes se ve cómo el contraste queda formando una columna y baja en un chorro fino; el estrechamiento adopta la forma característica de pico de pájaro. Una imagen repetida a los pocos minutos indica cuánto se vacía el esófago.
La tomografía computarizada se añade si se sospecha un tumor.
Qué ayuda a recuperar el paso
Las células nerviosas perdidas no se recuperan, así que el tratamiento persigue otro objetivo: aflojar el anillo cerrado para que la comida llegue al estómago. La técnica se elige según el tipo detectado en la manometría, la edad y otras enfermedades.
- Dilatación con balón: bajo control endoscópico se introduce un balón en el esfínter y se infla. Suelen hacer falta varias sesiones y existe un riesgo pequeño de rotura de la pared.
- Miotomía endoscópica por vía oral: las fibras musculares se seccionan desde dentro, sin incisiones en la piel.
- Miotomía laparoscópica: esas mismas fibras se seccionan desde fuera a través de pequeñas incisiones abdominales, normalmente añadiendo un manguito que frena el reflujo.
- Inyección de toxina botulínica en el esfínter: el efecto dura meses, por eso se reserva para quien no puede asumir una intervención por edad u otras enfermedades.
- Fármacos de los grupos de los nitratos y los antagonistas del calcio: relajan el anillo poco y durante poco tiempo, sirven como medida provisional mientras se espera el tratamiento definitivo.
Todo método que abre el esfínter tiene su reverso: el contenido del estómago encuentra el camino de vuelta. La acidez después del tratamiento es frecuente y se controla con fármacos que reducen la secreción ácida y con seguimiento.
Hábitos diarios que facilitan comer
- Comer sentado y erguido, en raciones pequeñas y masticando a conciencia.
- Acompañar con agua templada: lo frío suele pasar peor.
- Cenar tres horas antes de acostarse y elevar el cabecero de la cama: así se reduce el riesgo de regurgitación nocturna y de paso del contenido a las vías respiratorias.
- Pesarse con regularidad: el peso es el indicador más honesto de si come lo suficiente.
- Dejar el tabaco y el alcohol de alta graduación, que irritan una mucosa ya castigada por la retención.
No existe ninguna dieta que cure la acalasia. El seguimiento sigue siendo necesario incluso tras una intervención exitosa, porque los síntomas reaparecen a veces al cabo de los años. Un esófago alterado mucho tiempo eleva ligeramente el riesgo de cáncer de esófago: la probabilidad es baja, pero es un motivo más para no perder el contacto con el médico.
Consulta en línea
El médico de Oladoctor puede valorar si sus molestias encajan con una acalasia o a otra causa de dificultad para tragar, explicarle qué pruebas hacen falta primero y ayudarle a interpretar informes de manometría o endoscopia que ya tenga.
Prepare la conversación: cuándo empezó a costarle tragar, qué pasa peor, si lo sólido o lo líquido, si hay regurgitación por la noche, cuántos kilos ha perdido y en cuánto tiempo, y qué medicamentos toma.
La consulta a distancia no sustituye a la endoscopia ni a la manometría, pero evita pruebas dispersas y ayuda a llegar antes al especialista adecuado. Si aparece alguno de los signos del apartado de urgencia, llame al 112 en lugar de pedir cita.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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