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Ronca aproximadamente uno de cada dos hombres adultos y una de cada tres mujeres, y la mayor parte de las veces no es una enfermedad, sino un ruido. Pero en una parte de quienes roncan detrás del ruido hay una apnea del sueño: pausas respiratorias que interrumpen el descanso decenas de veces cada noche sin que la persona lo recuerde, mientras el corazón y los vasos trabajan durante años con sobrecarga. La diferencia entre las dos situaciones no se nota por el volumen, sino por unos pocos signos, y de ellos conviene hablar primero.
Por qué se ronca
Durante el sueño los músculos de la faringe, la lengua y el velo del paladar se relajan, el paso del aire se estrecha y el aire hace vibrar los tejidos blandos. Ese sonido es el ronquido. Es más fuerte cuando la persona duerme boca arriba, porque la lengua y el paladar se desplazan hacia atrás por su propio peso.
El estrechamiento aumenta con el exceso de peso, sobre todo con la grasa acumulada en el cuello; con el alcohol y los somníferos, que relajan aún más la musculatura; con el tabaco, que inflama la mucosa; con la nariz tapada por un catarro, una alergia, un tabique desviado o pólipos; con unas amígdalas grandes; con una mandíbula pequeña o retraída. La edad también cuenta: con los años el tono de los músculos de la faringe disminuye, y en las mujeres los ronquidos empiezan con mucha más frecuencia después de la menopausia. Un ronquido intenso y permanente puede ser además un signo de función tiroidea baja.
Ronquido simple y ronquido con pausas respiratorias
Un ronquido regular que no se interrumpe suele ser solo un problema acústico: perjudica el sueño de la pareja, no la salud de quien ronca.
Lo que debe alertar es otra cosa. Pausas en la respiración que alguien de la casa ha visto; resoplidos con una inspiración brusca, como si la persona se asfixiara o se atragantara; despertares con sensación de falta de aire; un sueño inquieto, con muchos cambios de postura. Quien ronca casi nunca lo recuerda: los despertares son demasiado breves para quedar en la memoria. Por eso el relato más valioso aquí no es el de quien ronca, sino el de quien duerme al lado.
Así se manifiesta la apnea obstructiva del sueño: la vía respiratoria se cierra por completo durante unos segundos, el oxígeno en la sangre baja, el cerebro tiene que despertar brevemente para recuperar la respiración, y esto se repite decenas y a veces cientos de veces por noche.
Cómo se reconoce la apnea de día
Las pausas nocturnas se detectan más por sus huellas diurnas que por el ronquido en sí:
- somnolencia diurna, no un simple cansancio, sino la necesidad de dormitar en cualquier situación tranquila: delante del televisor, en el transporte, en una reunión;
- quedarse dormido conduciendo, o momentos en que la persona no recuerda los últimos minutos del trayecto: es el signo más peligroso;
- dolor de cabeza al levantarse y la sensación de que el sueño no descansa, por muchas horas que se duerma;
- boca y garganta secas al despertar;
- levantarse a orinar por la noche, dos o tres veces o más, sin ninguna enfermedad de la vejiga;
- irritabilidad, olvidos, dificultad para concentrarse, ánimo bajo;
- tensión arterial alta que responde mal al tratamiento, subidas de tensión nocturnas y de madrugada, alteraciones del ritmo del corazón.
Si la somnolencia interfiere en el trabajo o al volante, hay que consultar sin retraso, y hasta la valoración es mejor no hacer viajes largos conduciendo.
Por qué no es una simple molestia doméstica
Las pausas respiratorias nocturnas son caídas repetidas de oxígeno y descargas repetidas del sistema nervioso. Mantenida durante años, esa carga aumenta el riesgo de hipertensión persistente, de arritmias, de infarto y de ictus, y empeora el control del azúcar en la diabetes. Un peligro aparte es la somnolencia diurna: al volante y en el trabajo se sitúa al mismo nivel que el alcohol.
La buena noticia es que la apnea del sueño se trata, y el tratamiento cambia el estado general con bastante rapidez: vuelve la sensación de haber descansado, mejoran la tensión y el ánimo. Así que no hay que dar por perdido el ronquido con pausas como si fuera un rasgo familiar irremediable: lo que hace falta es un diagnóstico.
El ronquido en el niño
Los niños roncan de vez en cuando, y con un catarro es normal. Un ronquido continuo, en cambio, ya es motivo para revisarlo.
Sobre todo si el niño duerme con la boca abierta, respira mal por la nariz, tiene pausas respiratorias, se mueve mucho, duerme en posturas raras con la cabeza hacia atrás o sudando. Lo más frecuente detrás de esto son unas amígdalas y adenoides grandes: en los niños es la causa principal de las pausas respiratorias nocturnas. De día ese niño no suele estar somnoliento, sino al contrario: inquieto, desatento, irritable, con peor rendimiento escolar; a veces reaparece el pis nocturno y se afectan el crecimiento y el peso. Conviene llevarlo al médico y plantear una revisión de la nariz y la garganta: en la infancia esta situación suele poder resolverse, y sin tratamiento arrastra tanto el comportamiento como el desarrollo de la cara y los dientes.
Qué se puede hacer por cuenta propia
Estas medidas reducen el ronquido simple y ayudan en la apnea leve, pero por sí solas no tratan una apnea importante:
- dormir de lado y no boca arriba: de las medidas sencillas es la más eficaz; ayudan la almohada, elevar la cabecera y la costumbre de dormirse de lado;
- bajar de peso si hay exceso: incluso una pérdida moderada reduce de forma apreciable el ronquido y el número de pausas;
- no beber alcohol en las horas previas a acostarse, porque relaja la musculatura de la faringe y alarga las pausas;
- no tomar somníferos ni tranquilizantes sin indicación: actúan de forma parecida y además dificultan despertarse cuando la respiración se detiene;
- dejar de fumar;
- tratar la obstrucción nasal: alergia estacional, catarros que se alargan; si la nariz está tapada de forma permanente, comentar con el médico el tabique y los pólipos;
- acostarse y levantarse a la misma hora: dormir poco intensifica el ronquido por sí mismo.
Conviene recordar una cosa: las tiras nasales, las gotas y los aerosoles descongestionantes y las almohadas especiales no influyen en la apnea. Pueden facilitar la respiración por la nariz, pero no eliminan las pausas respiratorias, y las gotas usadas de continuo empeoran la obstrucción. Si hay signos de apnea, comprar un producto «antirronquidos» solo retrasa el diagnóstico.
Qué ocurre en la consulta
El médico preguntará por la noche y por el día, y ayuda mucho que el relato lo complete quien oye el ronquido desde fuera, o una grabación breve hecha con el móvil. Es útil anotar antes cuántas horas se duerme, cuántas veces se levanta uno por la noche, si entra sueño de día, qué medicamentos se toman y cuánto alcohol se bebe por la tarde.
Después se exploran la nariz, la boca y la faringe, se mide la tensión y el peso y, si procede, se comprueba la tiroides. Cuando hay signos de pausas respiratorias se indica un estudio del sueño: el registro nocturno de la respiración y del oxígeno, en casa o en una unidad de sueño. Es lo que distingue el ronquido simple de la apnea y muestra cuánto de intensa es.
El tratamiento depende del resultado. En el ronquido simple todo se queda en las medidas anteriores y en el tratamiento de la nariz. En la apnea existen recursos eficaces, desde el apoyo respiratorio durante el sueño hasta dispositivos intraorales hechos por un especialista y la cirugía de la vía respiratoria alta; qué corresponde en cada caso se decide con los datos del estudio, no por catálogo. No conviene elegirse a uno mismo un «aparato contra los ronquidos».
Consulta en línea
El ronquido es un motivo cómodo para empezar a distancia: casi todo lo que el médico necesita en el primer paso es la descripción de la noche y del día. En la consulta se pueden repasar los signos de pausas respiratorias, valorar la somnolencia diurna y el riesgo al volante, hablar del peso, del alcohol, de la nariz y de los medicamentos que pueden empeorar el cuadro, y decidir si hace falta un estudio del sueño y a qué especialista acudir. También se puede tratar aparte el ronquido de un niño y decidir si ha llegado el momento de mirarle las amígdalas y las adenoides.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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