Pérdida o cambio del sentido del olfato
Del olfato solo nos acordamos cuando desaparece. Se va el sabor de la comida, porque casi todo lo que llamamos sabor es en realidad olor; deja de reconocerse…
En esta página
Medicamentos comúnmente recetados para Pérdida o cambio del sentido del olfato
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de tomar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: PRODUCTO USO NASAL, 50 µgPrincipio activo: mometasoneFabricante: Organon Salud S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: PRODUCTO USO NASAL, 50 microgramosPrincipio activo: mometasoneFabricante: Teva Pharma S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: PRODUCTO USO NASAL, 50 microgramos/pulsacionPrincipio activo: mometasoneFabricante: Laboratorios Alter S.A.Requiere receta
Del olfato solo nos acordamos cuando desaparece. Se va el sabor de la comida, porque casi todo lo que llamamos sabor es en realidad olor; deja de reconocerse la casa, el perfume, el olor del propio hijo; la comida sabe a cartón y con ella se marcha una parte del placer de vivir. Casi siempre detrás hay una infección vírica corriente o una nariz tapada, y el olfato vuelve. Pero a veces la pérdida de olor es el único indicio de algo que conviene encontrar a tiempo, y hay unas cuantas combinaciones ante las que no se espera para ir al médico.
Cómo lo llama el médico
Las alteraciones del olfato no son todas iguales, y conviene conocer las palabras para explicar con precisión qué está pasando.
- Anosmia: no hay olfato en absoluto. La persona no percibe ni el café, ni la gasolina, ni el amoníaco.
- Hiposmia: el olfato está debilitado. Los olores se captan, pero débiles y solo de cerca.
- Parosmia: los olores están, pero son otros. El café huele a goma quemada, la carne a podrido, el perfume de siempre da náuseas.
- Fantosmia: un olor que no existe alrededor. Suele ser humo, quemado, producto químico o algo pútrido, y dura de unos segundos a varias horas.
Hay una distinción que importa: la nariz está tapada y los olores no llegan a la zona sensible, o la nariz respira bien y aun así no hay olores. En el primer caso la causa está casi siempre en la propia nariz; en el segundo suele estar afectado el nervio o sus conexiones con el cerebro. Es lo primero que le interesa al médico.
Después de un virus: por qué esto dura meses
La causa más frecuente de una pérdida brusca del olfato es una infección vírica: catarro, gripe, COVID-19 y decenas de virus más. En un catarro normal los olores desaparecen por la hinchazón y el moco, y vuelven junto con la respiración nasal en unos días. Pero también ocurre otra cosa: el catarro pasa, la nariz respira libre y los olores no están. Eso significa que el virus no dañó el paso del aire, sino las propias células olfativas.
Aquí hay que entender los plazos, o la espera se vuelve un suplicio. Las células olfativas son de las pocas del cuerpo capaces de regenerarse, pero lo hacen despacio: la recuperación se mide en semanas y meses, no en días. La mayoría nota los primeros cambios en los dos o tres primeros meses, en una parte el proceso se alarga un año o más, y la mejoría puede continuar incluso pasado ese año. Además avanza a saltos: dos días buenos, luego un retroceso, luego otro avance. Eso es la evolución normal, no un empeoramiento.
Lo que no ayuda y sí perjudica son las gotas y los aerosoles descongestionantes usados más de unos pocos días. No devuelven el olfato y, con el uso prolongado, dejan la nariz permanentemente tapada. Si pasadas unas semanas desde la infección el olfato no se ha movido, es momento de que le vea un médico y no de seguir esperando en solitario.
Cuando los olores se vuelven repugnantes
La parosmia asusta más que la pérdida total, y casi nadie está preparado para ella. Alguien a quien el olfato empezaba a volverle descubre de pronto que el café, la cebolla, la carne, la pasta de dientes y su propio olor corporal se han vuelto insoportables. Comer se hace imposible, los de alrededor no lo entienden y la persona concluye que ha empeorado.
En realidad la distorsión de los olores suele significar lo contrario: el nervio se está recuperando. Las fibras olfativas vuelven a crecer y al principio se conectan donde no estaban antes, de modo que un olor conocido llega por el «cable equivocado». A medida que las conexiones se ordenan, la distorsión se atenúa. Suele durar meses, a veces más de un año, y casi siempre se va poco a poco.
Mientras dura ayudan cosas sencillas: retirar por un tiempo los alimentos más agresivos, que suelen ser la carne a la plancha, la cebolla, el ajo, el café y el chocolate; comer platos templados o fríos y poco condimentados, que desprenden menos sustancias volátiles; y quedarse con lo que sí se tolera, aunque la dieta se vuelva monótona una temporada. Vigile el peso: perder peso de forma llamativa porque comer da asco es motivo para consultar aparte.
La fantosmia, ese olor a quemado o a producto químico que no existe, también puede ser una etapa de la recuperación. Pero si llega en episodios cortos y siempre iguales, acompañada de una desconexión de lo que ocurre alrededor, de una extraña sensación de haberlo vivido ya, de sacudidas o de pérdida de conciencia, entonces ya no es cosa de la nariz y lo que hay que estudiar es la cabeza.
Nariz tapada: pólipos y sinusitis crónica
Es la causa tratable más frecuente, y es la primera que se busca cuando el olfato no se perdió de golpe, sino que empeoró despacio a lo largo de meses.
Los pólipos nasales son crecimientos blandos e indoloros de la mucosa que aparecen en la parte alta de la nariz, justo donde está la zona olfativa, y le cierran al aire el camino hasta ella. Hacen sospechar la obstrucción constante de los dos lados, la sensación de que «la nariz nunca respira del todo», la voz nasal, el moco que baja por la parte de atrás de la garganta y el hecho de que los descongestionantes apenas sirvan. Los pólipos se asocian a menudo con el asma y con la intolerancia a los analgésicos del grupo de los antiinflamatorios no esteroideos.
La rinosinusitis crónica es una inflamación prolongada de la mucosa de la nariz y los senos que se arrastra durante meses: obstrucción, secreción, pesadez en la cara, olfato disminuido. La alergia por sí sola también apaga los olores, aunque normalmente de forma temporal y por temporadas.
La buena noticia es que este grupo de causas responde al tratamiento. Los aerosoles nasales con corticoides, en los pólipos a veces corticoides en gotas o una pauta corta por vía oral, los lavados con suero salino preparado con agua hervida y enfriada, el tratamiento de la alergia y, si hace falta, la cirugía pueden devolver el olfato del todo o en parte. Todo eso lo indica un médico después de mirar la nariz por dentro: los pólipos no se ven a simple vista.
Qué más quita el olfato
- Traumatismo craneal. Las finas fibras olfativas atraviesan una lámina de hueso encima de la nariz y se desgarran con un golpe, a veces con uno moderado, sin fractura ni pérdida de conciencia. El olfato desaparece entonces de forma inmediata y completa; la recuperación es posible, pero lenta y no siempre total.
- Tabaco. El humo embota el olfato poco a poco y sin que el propio fumador lo note. Al dejarlo mejora, pero no en una semana: aquí también se cuenta por meses.
- Medicamentos. Alteran el olfato algunos antibióticos, fármacos para la tensión, tratamientos para la tiroides, la quimioterapia y, capítulo aparte, el abuso de gotas descongestionantes. Si relaciona la pérdida de olor con el inicio de un medicamento, dígaselo al médico, pero no suspenda por su cuenta lo que le han recetado.
- Edad. A partir de los sesenta el olfato se debilita en mucha gente y forma parte del envejecimiento normal. Su peligro está en que la persona deja de captar el olor a quemado y a comida estropeada sin darse cuenta de ello.
- Enfermedades del sistema nervioso. En la enfermedad de Parkinson y en la de Alzheimer el olfato suele reducirse años antes que el resto de los signos. Por sí solo eso no demuestra nada: un olfato debilitado tiene muchas más causas banales. Lo que cuenta es la combinación con otros síntomas: temblor, rigidez, cambios en la forma de andar y en la letra, olvidos que van a más.
- Exposiciones laborales: disolventes, polvo metálico, vapores ácidos, y también la radioterapia sobre la cabeza y el cuello.
Señales con las que no se espera
La mayoría de las pérdidas de olfato no son peligrosas. Pero hay combinaciones que exigen un médico, y cuanto antes.
Acuda al médico sin demora si:
- el olfato ha desaparecido de un solo lado, esa misma mitad de la nariz está tapada de forma permanente y por ella salen secreciones con sangre o se repiten las hemorragias nasales: así puede manifestarse un tumor de las fosas nasales y los senos, y aquí consultar pronto lo decide todo;
- la pérdida de olor se acompaña de dolor de cabeza, cambios en la visión o visión doble, debilidad o adormecimiento de un brazo o una pierna, habla confusa, convulsiones, cambios de carácter u olvidos que aumentan;
- el olfato desapareció justo después de un golpe en la cabeza;
- la obstrucción y la secreción de un solo lado duran semanas, hay adormecimiento de la mejilla, dolor o aflojamiento de los dientes superiores, hinchazón de la cara o un ojo que sobresale;
- tiene diabetes o las defensas bajas y aparecen dolor intenso en la cara, hinchazón, costras oscuras dentro de la nariz y fiebre: esa infección de los senos avanza deprisa y necesita atención inmediata.
También conviene pedir cita, sin urgencia alguna, si el olfato no ha empezado a volver unas semanas después de la infección, si empeora poco a poco sin causa clara o si la distorsión de los olores le impide comer con normalidad.
Seguridad en casa cuando la nariz calla
Es la parte que casi siempre se olvida y la más práctica de todo el tema. Quien no huele no percibe una fuga de gas, ni un incendio que empieza, ni que la comida se ha estropeado. Mientras el olfato no vuelve, esas cosas se sustituyen por aparatos y por costumbres.
- Instale detectores de humo y revíselos con regularidad. Es lo principal: el fuego lo va a oír, no a oler.
- Instale un detector doméstico de gas si en casa hay cocina o calentador de gas. Aparte hace falta un detector de monóxido de carbono: ese gas no huele para nadie, y la intoxicación empieza con dolor de cabeza y sueño.
- Guíese por las fechas y no por la nariz. Anote en los envases el día que los abrió, respete las fechas de caducidad, no pruebe lo dudoso «a ver a qué huele» y tire todo aquello de lo que no esté seguro. Vale sobre todo para la carne, el pescado, los lácteos y la comida ya preparada de la nevera.
- No mezcle productos de limpieza, en especial los que llevan lejía con los que llevan ácido, y úselos con la ventana abierta: los vapores irritantes no los va a notar.
- Controle el fuego de la cocina con un temporizador y no por el olor, y no deje algo cocinándose sin vigilancia.
- Acuerde con los suyos que le avisen si usted o la casa huelen a algo. Las personas sin olfato suelen preocuparse por su olor corporal y se pasan con el perfume.
- Cuide la alimentación. Sin olores la comida deja de dar placer y es fácil acabar comiendo de menos o salándolo y azucarándolo todo. Ayudan las texturas contrastadas y los sabores ácidos, picantes y amargos, que los percibe la lengua y no la nariz.
Qué puede hacer el médico
El médico preguntará cómo empezó todo, de golpe o poco a poco, si hubo antes una infección o un golpe en la cabeza, si la nariz respira, si hay alergia, qué medicamentos toma y si fuma. Después le mirará la nariz por dentro, si hace falta con un endoscopio fino: solo así se ven los pólipos y la inflamación del fondo. El olfato se puede medir, para lo que existen juegos sencillos de tarjetas y frascos con olores, y el resultado se anota en la historia para compararlo más adelante. Si la pérdida es de un solo lado, si se sospecha un tumor o si hay síntomas neurológicos, se pide una prueba de imagen.
Luego se trata la causa: aerosol nasal con corticoides en los pólipos y en la inflamación crónica, tratamiento de la alergia, lavados con suero salino y, si es necesario, cirugía de los senos. Cuando el problema es una lesión del nervio tras un virus o un traumatismo, los medicamentos apenas aportan nada, pero existe el entrenamiento olfativo. Es un método sencillo: dos veces al día, un par de minutos, se huelen uno tras otro cuatro olores marcados —suelen usarse rosa, limón, clavo y eucalipto— intentando recordar a qué huele cada uno. Requiere paciencia: la pauta dura meses y el juego de olores se cambia cada pocas semanas. No hace milagros, pero en muchas personas acelera y mejora la recuperación, y no tiene ningún riesgo.
Consulta en línea
La pérdida de olfato es precisamente uno de esos temas en los que mucho se resuelve hablando. El médico de Oladoctor repasará con usted qué ha pasado exactamente: si los olores desaparecieron o cambiaron, si fue de golpe o poco a poco, si la nariz respira, qué hubo antes y cuánto tiempo lleva así. Le explicará si su plazo de recuperación entra dentro de lo habitual, le ayudará a distinguir la parosmia propia de la mejoría de aquellos signos que exigen estudio, revisará la lista de sus medicamentos, le enseñará a usar bien el aerosol nasal y a organizar el entrenamiento olfativo, y le orientará sobre la comida y el peso mientras los olores no vuelven. Si en lo que cuenta aparece una obstrucción de un solo lado con secreción sanguinolenta o síntomas neurológicos, se le derivará de inmediato a una exploración presencial y a las pruebas necesarias.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Pérdida o cambio del sentido del olfato
Habla sobre tus síntomas y los posibles próximos pasos para Pérdida o cambio del sentido del olfato con un médico online.















