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La parálisis es la pérdida del movimiento: un músculo o un grupo entero de músculos deja de obedecer aunque la persona esté consciente y quiera moverse. Junto a ella está la palabra «paresia», que es lo mismo pero a medias: queda fuerza, solo que poca. Para las decisiones prácticas esa diferencia apenas importa. Lo que sí importa es en cuánto tiempo ha ocurrido todo. Una debilidad que aparece en minutos y una debilidad que ha ido creciendo durante meses son dos conversaciones completamente distintas, y la primera no se tiene con el médico en la consulta, sino con el teléfono de emergencias. Esta página trata sobre todo de cómo distinguir una de la otra.
Debilidad repentina: se cuenta por minutos
Llama a una ambulancia de inmediato si a alguien se le ha debilitado de golpe la cara, un brazo o una pierna —sobre todo de un solo lado— o si el habla se ha vuelto confusa. Ese es el cuadro del ictus, y se comprueba con tres pruebas sencillas. Pídele que sonría: en el ictus una comisura de la boca se queda atrás. Pídele que levante los dos brazos y los mantenga arriba: uno cae o no llega a subir. Pídele que repita una frase corriente: las palabras se arrastran, se cambian de sitio o la persona no te entiende. Basta con uno de los tres signos. Aquí entran también la pérdida brusca de visión en un ojo o de la mitad del campo visual, la visión doble repentina, la pérdida súbita del equilibrio que hace caer hacia un lado y el peor dolor de cabeza de la vida, instalado de golpe como un martillazo.
Lo cuarto que hace falta de ti es la hora. Recuerda cuándo se vio a esa persona bien por última vez y dísela a los médicos: de ese dato depende que todavía se pueda disolver o extraer el trombo. La ventana de estos tratamientos es estrecha y se cuenta desde el inicio, no desde la llamada.
«Esperar a mañana» es el error más frecuente y más caro ante una debilidad repentina. El cerebro sin riego pierde células cada minuto, y una noche de espera es la diferencia entre alguien que al mes camina y alguien que al mes no logra sentarse. Tampoco hay que esperar cuando todo se ha pasado solo en diez minutos: ese episodio es un ataque isquémico transitorio, y no significa «ya ha pasado», sino «puede haber un ictus de verdad en los próximos días».
No lleves a la persona por tus propios medios: por el camino puede fallar la respiración o empezar a vomitar, y el equipo de emergencias empieza a trabajar desde el primer minuto. El número europeo único de emergencias es el 112, válido en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania.
Las dos piernas, el periné y la vejiga
Hay una segunda situación en la que se cuenta por horas y que se conoce mucho menos que el ictus: la compresión de la médula espinal y el síndrome de la cola de caballo, el haz de raíces nerviosas del final de la columna.
Debe alarmar la combinación siguiente: debilidad en las dos piernas a la vez, adormecimiento del periné y de la cara interna de los muslos, y alteración de la micción y de la defecación. El adormecimiento suele describirse como «me lo han dormido ahí abajo»: la persona no nota el papel higiénico, no sabe si tiene la vejiga llena, no consigue empezar a orinar o, al revés, se le escapa la orina sin darse cuenta. A menudo se añaden problemas de erección aparecidos de golpe y un dolor intenso de espalda que baja por las dos piernas.
La causa puede ser una hernia discal grande, la fractura de una vértebra, un absceso junto a la médula o la metástasis de un tumor. Aparte: si la persona está o ha estado en tratamiento por un cáncer y aparece dolor de espalda con debilidad en las piernas, se trata de una compresión medular metastásica mientras no se demuestre lo contrario, y se valora hoy mismo.
Aquí no cuenta la intensidad del dolor, sino el reloj: el tejido nervioso comprimido durante un día se recupera mal y de forma incompleta, mientras que el descomprimido en las primeras horas suele recuperarse del todo. Por eso, con ese conjunto de signos se va al hospital de inmediato y no se pide una resonancia para la semana que viene.
La debilidad que sube desde abajo
Otro escenario peligroso empieza sin ningún dramatismo. En unos días aparecen hormigueo y adormecimiento en los pies, luego las piernas fallan al subir escaleras, después la debilidad llega a los muslos y más tarde a los brazos. Es el síndrome de Guillain-Barré, una inflamación de los nervios periféricos que suele aparecer una a tres semanas después de una infección intestinal o respiratoria.
El peligro principal aquí no es la marcha, sino la respiración y la deglución. Se debilitan los mismos músculos que respiran y tragan, y lo hacen en silencio. Signos de alarma: falta de aire al estar tumbado, no poder terminar una frase con un solo aire, voz apagada, tos débil, atragantarse con el agua, saliva que se acumula en la boca. Cualquiera de ellos justifica una ambulancia y no una observación en casa. Una parte de los pacientes necesita respirador, y es algo temporal: con tratamiento a tiempo la mayoría se recupera.
De forma parecida se despliegan otras dos cosas que conviene conocer. El botulismo va al revés, de arriba abajo: primero visión doble y párpados caídos, boca seca, voz nasal y dificultad para tragar, y después debilidad de brazos y de la respiración. Suele relacionarse con conservas caseras, embutidos o pescado curado; en los lactantes, con la miel. No se puede esperar: la antitoxina funciona mejor cuanto antes se pone. La parálisis por garrapata aparece en un niño unos días después de que una garrapata se haya fijado a la piel y desaparece en cuanto se la encuentra y se la retira, así que ante una debilidad ascendente conviene revisar toda la piel y el cuero cabelludo.
Si ha habido un traumatismo de cabeza, cuello o espalda
A quien ha sufrido una caída, un salto de cabeza al agua, un accidente o un golpe en la cabeza no se le mueve. No lo sientes, no lo pongas de pie «a ver si camina», no le quites el casco, no tires de él por los brazos para sacarlo del coche. Las únicas excepciones son el fuego, el agua y cualquier otro peligro inmediato para la vida; en ese caso se arrastra por la ropa siguiendo el eje del cuerpo y procurando no doblar el cuello.
Hasta que llegue la ambulancia, sujeta la cabeza con las manos alineada con el tronco, sin dejar que gire ni se eche hacia atrás, y habla con la persona para que no se mueva ella sola. Si vomita y está inconsciente, se la gira en bloque, con todo el cuerpo a la vez, nunca solo la cabeza.
Cualquier queja después del golpe de adormecimiento, hormigueo, calambrazos o debilidad en brazos y piernas obliga a considerar la columna lesionada, aunque la persona se haya levantado y ande. La debilidad puede aparecer también horas más tarde, cuando aumenta la inflamación o se desplaza un fragmento óseo: el retraso no suaviza nada y la ambulancia sigue siendo necesaria. En personas mayores con osteoporosis basta una caída desde su propia altura para fracturar el cuello, y a veces ni siquiera hace falta la caída, solo una extensión brusca de la cabeza.
Media cara: ictus o parálisis de Bell
Una mitad de la cara caída asusta a cualquiera, pero detrás hay dos cosas muy distintas, y lo que las separa es la frente.
En la parálisis de Bell se apaga la mitad entera de la cara: la ceja no sube, la frente de ese lado no se arruga, el ojo no se cierra del todo y el agua se escapa por la comisura al beber. A menudo, uno o dos días antes duele detrás de la oreja, los sonidos de ese lado se oyen desagradablemente fuertes y cambia el gusto. Es una lesión del nervio facial, no del cerebro, y en la mayoría se resuelve.
En el ictus la frente funciona: la ceja sube, el ojo se cierra y solo está torcida la mitad inferior de la cara. Y casi siempre hay algo más: debilidad del brazo de ese mismo lado, habla confusa, inestabilidad.
La prueba de la frente es útil, pero no se decide con ella sola: ante una cara torcida de aparición aguda, la primera vez se llama a la ambulancia y se deja que el diagnóstico lo haga un médico. Si finalmente es una parálisis de Bell, importan dos cosas. Un ciclo de corticoides iniciado en los primeros días mejora claramente el resultado, así que se acude enseguida y no «cuando se vea que no se pasa». Y el ojo que no cierra hay que protegerlo: lágrimas artificiales de día, pomada y oclusión por la noche, porque una córnea que se seca acaba ulcerándose. Motivos aparte para ver a un médico el mismo día: ampollas dentro de la oreja junto a la cara torcida, o una cara torcida después de una picadura de garrapata o de una mancha cutánea en forma de anillo; en niños eso suele ser borreliosis, a veces con los dos lados afectados.
Qué más provoca parálisis
Cuando la debilidad crece a lo largo de semanas y meses, el abanico de causas es otro. La esclerosis múltiple da episodios de debilidad y adormecimiento que aparecen en sitios distintos, duran semanas y remiten, y que se notan más con el calor. Un tumor cerebral o medular da debilidad progresiva de un lado, dolor de cabeza de madrugada, náuseas y crisis epilépticas que antes no había. La esclerosis lateral amiotrófica empieza con una debilidad indolora en una mano o un pie, fasciculaciones bajo la piel y adelgazamiento del músculo; más tarde se suman el habla poco clara y los atragantamientos. La miastenia se reconoce porque la debilidad crece hacia la tarde y con el esfuerzo: al final del día cae un párpado, se ve doble y cuesta terminar de masticar la comida.
No toda inmovilidad es grave
Un solo nervio comprimido durante un rato da un cuadro llamativo pero local: el «pie caído» tras estar mucho rato con las piernas cruzadas o con una escayola, la «mano caída» tras una noche con el brazo sobre el respaldo de una silla. Parece una parálisis y en realidad suele resolverse en semanas.
Las distrofias musculares y otras enfermedades del músculo se manifiestan desde la infancia o la juventud con dificultad para levantarse de una silla, subir escaleras o llevar los brazos al pelo. La debilidad y el adormecimiento de las piernas los provocan también la diabetes, el déficit de vitamina B12 y las enfermedades del tiroides. Los episodios de debilidad intensa después de una comida muy rica en hidratos de carbono o durante el reposo que sigue al ejercicio aparecen en la parálisis periódica asociada a la bajada de potasio.
Aparte está la parálisis del sueño: al dormirse o al despertar la persona pasa unos segundos o un par de minutos sin poder moverse ni emitir sonido, entendiéndolo todo y a veces con imágenes que dan miedo. No es un ictus ni una enfermedad del cerebro, no hace daño y suele ir ligada a la falta de sueño y a los horarios desordenados. Existe además la parálisis funcional, en la que los nervios y el cerebro están estructuralmente intactos y aun así el movimiento no sale; los síntomas son reales, no inventados, y el cuadro tiene tratamiento, pero el diagnóstico lo pone el neurólogo después de descartar todo lo demás.
Pruebas y recuperación
El médico empieza por precisar dónde se ha perdido exactamente la fuerza, si está tomada la cara, si hay pérdida de sensibilidad y a qué altura se corta, y cómo están los reflejos. Solo eso estrecha mucho el abanico. Después vienen las imágenes del cerebro o de la columna, el estudio de la conducción por los nervios y los músculos, los análisis de sangre y, si se sospecha una inflamación de los nervios, el estudio del líquido cefalorraquídeo.
El tratamiento depende de la causa y no hay receta común: en el ictus, restablecer el flujo y prevenir el siguiente; en la compresión, cirugía o radioterapia; en el Guillain-Barré, inmunoglobulina intravenosa o recambio plasmático; en la parálisis de Bell, un ciclo corto de corticoides. Los analgésicos y los fármacos contra la espasticidad alivian los problemas acompañantes, pero no tocan la causa.
La rehabilitación empieza pronto, todavía en el hospital: la fisioterapia mantiene la fuerza y el recorrido de las articulaciones, la terapia ocupacional vuelve a enseñar las tareas corrientes y el logopeda trabaja el habla y la deglución. En casa, en una persona encamada lo más peligroso no es la parálisis en sí, sino lo que la rodea: las úlceras por presión en el sacro y los talones (cambiar de postura cada dos horas y revisar la piel), la trombosis venosa profunda (una pantorrilla hinchada y dolorosa exige médico ese mismo día), los atragantamientos, el estreñimiento y la retención de orina, la rigidez de las articulaciones y el ánimo hundido, del que casi nunca habla nadie el primero. La parte más rápida de la recuperación cae en las primeras semanas, pero el proceso dura meses y trabajar más tarde sigue teniendo sentido.
Consulta en línea
Digámoslo con claridad: una debilidad de aparición aguda no es asunto de una consulta a distancia. Si la cara se ha torcido, el brazo no sube, el habla se ha vuelto confusa o han fallado las dos piernas, cierra esta página y llama a una ambulancia. Hablar con un médico consume aquí justo los minutos que deciden el resultado.
Todo lo demás alrededor de la parálisis sí se puede y se debe hablar en línea. El médico de Oladoctor preguntará dónde se pierde exactamente la fuerza, cómo ha ido cambiando semana a semana, qué pasa con la sensibilidad, la visión, el habla y la micción, y orientará sobre qué pruebas hacen falta de verdad y a qué especialista se acude con esto. Tras el alta hospitalaria explicará los informes, ayudará a organizar los cuidados en casa sin úlceras ni atragantamientos, repasará la medicación pautada y señalará a tiempo los signos que obligan a volver al hospital.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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