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Un espasmo de este tipo es una contracción breve e involuntaria de un pequeño haz de fibras musculares. Se siente como un aleteo o como una onda que recorre la piel, pero la articulación no se mueve: el dedo no se dobla, el ojo no se cierra. Lo más frecuente es que se muevan el párpado, la pantorrilla y el muslo, y con menos frecuencia el hombro o los músculos alrededor de la boca.
Le ocurre a casi todo el mundo y, en la inmensa mayoría de los casos, detrás no hay ninguna enfermedad. La dificultad del tema está justamente ahí: aquí hace más falta tranquilizar que asustar, pero existe una combinación de signos por la que vale la pena leer hasta el final.
Por qué un músculo se mueve solo
La terminación nerviosa que gobierna un grupo pequeño de fibras se dispara a veces sin ninguna orden. Esa descarga espontánea se llama fasciculación y aparece en personas sanas: los estudios la encuentran en casi todo el mundo si se observa el tiempo suficiente.
Su probabilidad aumenta claramente con:
- la falta de sueño y el agotamiento;
- la cafeína — café, té, bebidas energéticas, suplementos de preentrenamiento;
- el estrés y la ansiedad, y también la simple tensión de una jornada larga;
- el esfuerzo físico intenso, sobre todo si no se está acostumbrado: las pantorrillas se mueven por la noche tras una caminata larga o un entrenamiento;
- la deshidratación y la pérdida de sales con el sudor;
- el alcohol y la nicotina.
Conviene distinguirlo de un calambre: el espasmo no duele y no cambia la posición del miembro, mientras que el calambre es una contracción dolorosa de todo el músculo que deja la pierna rígida. En una misma persona suelen ir juntos y por los mismos motivos, pero son fenómenos distintos.
Cuando se mueve el párpado
La variante más frecuente es la mioquimia del párpado. Suele temblar el párpado inferior de un ojo, en episodios de segundos o de minutos, y puede repetirse muchas veces al día durante unos días o unas semanas. Desde fuera casi no se aprecia, aunque a la propia persona le parece que todo el mundo lo nota.
Sus causas son las de la lista anterior, más algunas oculares:
- ojo seco — por el aire acondicionado, el viento, las lentes de contacto o el trabajo prolongado con pantallas, cuando se parpadea menos;
- fatiga visual y gafas que ya no corresponden: si hace tiempo que no se revisa la vista, hay motivo para hacerlo;
- irritación del borde del párpado por una inflamación leve.
La mioquimia del párpado se resuelve sola y no necesita tratamiento. Ayudan cosas sencillas: dormir bien varias noches seguidas, reducir el café, hacer pausas ante la pantalla, lágrimas artificiales, una compresa tibia. Conviene consultar si el temblor dura más de unas semanas, se extiende del párpado a otros músculos de la cara, o si el ojo además se pone rojo, duele y ve peor.
Espasmos en los músculos del cuerpo
En brazos y piernas se ven como un movimiento o un rodar bajo la piel, casi siempre en el mismo sitio, aunque a veces «saltan» de un músculo a otro. Hay quien los nota solo por la noche en la cama, porque durante el día no les presta atención.
Si se mantienen durante meses, no se pierde fuerza en las extremidades, los músculos no adelgazan y las pruebas no encuentran alteraciones, se habla del síndrome de fasciculaciones benignas. El nombre es incómodo pero el sentido importa: no es el comienzo de una enfermedad ni una fase temprana de nada, es un cuadro propio e inofensivo. Resulta molesto y puede durar años, pero no lleva a la debilidad.
Hay además una historia muy frecuente: la ansiedad alrededor de estos movimientos. La persona lee sobre enfermedades raras, empieza a buscar el temblor en las piernas, lo encuentra más a menudo, se angustia más, duerme peor — y los espasmos aumentan. Ese círculo no se rompe vigilando los músculos, sino con una exploración que quite la incertidumbre.
Qué distingue lo peligroso
Por sí solos estos movimientos, incluso frecuentes y de años, no tienen valor de alarma. El valor está en lo que los acompaña.
Hay que llegar al neurólogo si los espasmos coinciden con alguno de estos signos:
- debilidad progresiva: se le caen las cosas de las manos, cuesta girar una llave o abrir un tarro, es difícil levantarse de una silla y subir escaleras, el pie empieza a engancharse en el suelo;
- un músculo adelgaza a la vista — se hunde el espacio entre el pulgar y el índice, se afina el hombro o la pantorrilla, y muchas veces se aprecia al comparar con el otro lado;
- el habla se vuelve poco clara o nasal, la voz cambia;
- cuesta tragar, se atraganta con los líquidos, la comida se queda atascada;
- movimientos de la lengua junto con un cambio en el habla;
- dificultad para respirar estando tumbado.
Es precisamente esa combinación — espasmos más debilidad y pérdida de masa muscular — la que hace pensar en la enfermedad de la neurona motora, un trastorno poco frecuente que de otro modo es fácil pasar por alto. Aquí importa entender la proporción: los espasmos sin debilidad son constantes y casi nunca significan nada, mientras que en esa enfermedad los espasmos casi nunca son el primer y único síntoma. Por eso una pantorrilla que se mueve desde hace años con la fuerza intacta es un argumento en contra de ese diagnóstico y no a favor.
Los espasmos persistentes con debilidad o entumecimiento tienen además causas mucho más frecuentes: la compresión de una raíz nerviosa en la columna, los síndromes de atrapamiento, las secuelas de una lesión de un nervio. El neurólogo también las encuentra, y tienen tratamiento.
Cuando el ojo se cierra contra la voluntad
Esto ya no es el temblor del párpado, es otro fenómeno con el que se confunde constantemente. La diferencia es sencilla: la mioquimia es un aleteo fino que no impide mirar, mientras que aquí el músculo se contrae de verdad.
Blefaroespasmo. Los dos ojos empiezan a apretarse y cerrarse sin querer. Primero es un parpadeo más frecuente, después episodios en los que los ojos no se abren de inmediato. La luz intensa, el viento, la lectura, la conducción y los nervios agravan el espasmo. En los casos graves la persona apenas puede usar la vista, aunque los ojos estén sanos.
Espasmo hemifacial. Afecta a la mitad de la cara: el movimiento empieza alrededor de un ojo y con el tiempo baja a la mejilla y a la comisura de la boca, de modo que media cara se desvía. La causa habitual es un vaso sanguíneo que se apoya sobre el nervio facial a su salida del cerebro y lo irrita; para precisarlo se hace una resonancia magnética.
Lo principal de ambos cuadros: tienen tratamiento. El método básico son las inyecciones de toxina botulínica en los músculos correspondientes, que se repiten cada pocos meses y suelen funcionar bien; en el espasmo hemifacial a veces se plantea una intervención que separa el nervio del vaso. No conviene esperar a que pase solo como pasa el temblor del párpado: estos cuadros no se van por sí mismos.
Tics
Un tic se diferencia de una fasciculación en que es un movimiento completo: parpadear, apretar los ojos, sacudir la cabeza o el hombro, sorber por la nariz, carraspear, emitir un sonido corto. Antes del tic suele haber una sensación interna de que «hay que hacerlo», y durante un rato se puede contener con esfuerzo, después de lo cual vuelve con más fuerza.
En los niños los tics son frecuentes y en general desaparecen solos en unos meses. Los agravan el cansancio, los nervios, una enfermedad y la atención de los demás, por lo que la actitud más útil de los padres es no corregir al niño ni pedirle que pare: los comentarios aumentan los tics en vez de quitarlos. Se consulta si los tics estorban al niño en el colegio y con los demás, si duran más de un año o si a los movimientos se suman sonidos y palabras involuntarias.
En los adultos, un tic que empieza por primera vez es mucho más raro y conviene mostrarlo al médico, sobre todo si apareció mientras se tomaba algún medicamento.
Medicamentos, sales y el mito del magnesio
Estos movimientos pueden ser un efecto secundario de los medicamentos. Los producen con más frecuencia los inhaladores que abren los bronquios, los productos con cafeína y los estimulantes, algunos antidepresivos, la hormona tiroidea a dosis excesiva y los diuréticos, estos últimos por la pérdida de sales. Aparte están los fármacos usados en psiquiatría: no dan fasciculaciones sino otros movimientos involuntarios, por ejemplo en la zona de la boca y la lengua. Hay que decírselo al médico enseguida, sin dejar el tratamiento por iniciativa propia.
Y ahora el magnesio, con el que se acostumbra a explicar todo este asunto. Una carencia real de magnesio sí produce estos movimientos, pero es poco frecuente y aparece casi siempre en circunstancias reconocibles: diarrea prolongada o enfermedad intestinal, dependencia del alcohol, años de diuréticos o de fármacos que bajan la acidez del estómago, enfermedades del riñón. Y no llega sola, sino con debilidad, calambres, palpitaciones y entumecimiento alrededor de la boca, porque de paso bajan el calcio y el potasio.
Por eso tomar magnesio «por si acaso», sin haberse hecho análisis, no es buena idea. A una persona sana con el párpado tembloroso no le va a servir, porque la causa no es esa; en la enfermedad renal los suplementos de magnesio pueden ser peligrosos; y a dosis altas provoca diarrea. El orden razonable es el contrario: si los espasmos son persistentes, el médico pedirá un análisis de sangre con magnesio, calcio, potasio, glucosa y hormonas tiroideas, y la decisión sobre los suplementos se apoyará en el resultado.
Qué ocurre en la consulta
Normalmente basta con la exploración. El médico mirará dónde se mueve exactamente, comprobará la fuerza en brazos y piernas, los reflejos y la sensibilidad, comparará el volumen de los músculos de los dos lados, valorará el habla y la deglución y examinará la lengua. Preguntará desde cuándo ocurre, si siempre en el mismo sitio, qué lo empeora, cuánto duerme y cuánto café bebe, qué medicamentos toma.
Si la fuerza está conservada, los músculos no han cambiado y los espasmos son la única molestia, el estudio suele acabar ahí: un análisis de sangre y una nueva visita en unas semanas para confirmar que no se ha añadido nada. La electroneuromiografía, que mide la actividad eléctrica de músculos y nervios, y a veces una resonancia, se piden cuando la exploración ha encontrado debilidad u otras alteraciones. Es la exploración la que decide.
Los espasmos corrientes no tienen tratamiento porque no hay nada que tratar. Funcionan el sueño, menos cafeína, una actividad física razonable, estirar y masajear los músculos propensos a los calambres, y quitar la ansiedad que rodea al síntoma. Si se encuentra una causa — un medicamento, la tiroides, una falta de sales, un blefaroespasmo — se trata esa causa.
Consulta en línea
La consulta en línea sirve para entender a cuál de los casos descritos corresponde el suyo y no pasarse semanas suponiendo. El médico preguntará qué ocurre exactamente, pedirá que le muestre el sitio y, si es posible, que grabe un vídeo corto: en una grabación se ve bien la diferencia entre un aleteo fino del párpado, un cierre forzado del ojo y un tic, mientras que en la consulta el movimiento a menudo «se esconde».
Después de la conversación el médico dirá si hacen falta análisis y cuáles, repasará la lista de sus medicamentos, explicará qué debe ponerle en alerta y avisará expresamente si los signos requieren que le vea un neurólogo en lugar de esperar. Sustituir la exploración neurológica la consulta en línea no puede, pero la mayoría de las veces ahorra ansiedad y pruebas innecesarias.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Espasmos en los ojos y los músculos
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