Náuseas
Las náuseas las conoce todo el mundo: el estómago se revuelve, la boca se llena de saliva, el olor a comida lo empeora todo y da la sensación de que el vómito…
En esta página
- Cuándo las náuseas obligan a llamar a una ambulancia
- Cuando lo que provoca la náusea no es el estómago
- Las causas más frecuentes
- Los medicamentos y los tratamientos como causa
- Las náuseas durante el embarazo
- El mareo por movimiento
- Cuando el vómito lleva a la deshidratación
- Qué alivia mientras no se conoce la causa
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente recetados para Náuseas
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de tomar cualquier medicamento.
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Las náuseas las conoce todo el mundo: el estómago se revuelve, la boca se llena de saliva, el olor a comida lo empeora todo y da la sensación de que el vómito llega de un momento a otro. En sí mismas no son una enfermedad sino una señal, y puede enviarla casi cualquier cosa: desde la ensalada de ayer hasta el corazón, el cerebro o el metabolismo. Por eso esta página no está ordenada por órganos sino por urgencia: primero lo que no admite espera, después las causas frecuentes y casi siempre inofensivas, y al final lo que alivia mientras se busca el origen.
Cuándo las náuseas obligan a llamar a una ambulancia
Las náuseas por sí solas casi nunca requieren una ambulancia. Pero junto a determinados signos significan que la ayuda hace falta de inmediato. Llame a una ambulancia si con las náuseas o los vómitos aparece al menos uno de estos:
- vómito con sangre, roja o parecida a los posos del café, o heces negras y pegajosas como el alquitrán;
- dolor opresivo o quemante detrás del esternón que se irradia al brazo, al cuello, a la mandíbula o a la espalda, sobre todo con sudor frío y falta de aire;
- un dolor de cabeza repentino que usted describiría como el peor de su vida: alcanza su máximo en segundos y el vómito llega en lo alto de ese dolor;
- fiebre con rigidez de nuca, cuando resulta imposible acercar la barbilla al pecho, y con intolerancia a la luz;
- dolor abdominal intenso que no cede, sobre todo si el vientre se ha puesto duro y no salen ni gases ni heces;
- confusión, habla poco clara, debilidad en un brazo o una pierna, visión doble de aparición súbita;
- vómitos después de un golpe en la cabeza, aunque la persona no haya perdido el conocimiento;
- respiración rápida y ruidosa, aliento con olor a acetona, mucha sed y somnolencia en una persona con diabetes;
- vómitos tan seguidos que en veinticuatro horas no consigue retener ni un sorbo de agua.
El 112 es el número europeo único y funciona en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania; en otros países marque el número local de emergencias.
Cuando lo que provoca la náusea no es el estómago
Esta es la parte más importante de la página. El centro que desencadena la náusea está en el tronco del encéfalo, y no lo estimulan solo las señales que llegan del abdomen: responde también a la falta de oxígeno en el músculo cardíaco, a la presión dentro del cráneo y a los desequilibrios de la sangre. Por eso la náusea puede ser la única molestia visible en enfermedades que no tienen nada que ver con la digestión.
- Infarto. El dolor clásico detrás del esternón no lo tiene todo el mundo. En las mujeres, en las personas mayores y en quienes tienen diabetes el episodio transcurre a menudo sin dolor marcado: quedan las náuseas, el vómito, una pesadez en la boca del estómago que se confunde con una indigestión, la debilidad brusca, el sudor frío y la falta de aire. En la diabetes los nervios que conducen el dolor están dañados y el infarto puede pasar casi indoloro. Si la náusea ha aparecido de repente, con debilidad y sudor, y sobre todo si aumenta con el esfuerzo y cede con el reposo, hay que estudiarla como un problema del corazón y no del estómago.
- Presión intracraneal elevada. Aquí hay un rasgo característico: el vómito llega por la mañana, nada más despertar, a menudo sin náusea previa y sin que después haya alivio, y a su lado hay un dolor de cabeza que despierta por la noche, es peor tumbado y aumenta al toser, al hacer fuerza y al agacharse. Esa combinación exige valoración médica, y no se deja para cuando haya tiempo.
- Cetoacidosis diabética. Náuseas, vómitos, dolor abdominal, sed intensa, orina abundante y aliento con olor a acetona en una persona con diabetes: una situación que se cuenta por horas. También puede ser la primera manifestación de una diabetes aún no diagnosticada, con más frecuencia en niños y jóvenes.
- Ataque agudo de glaucoma. Dolor brusco en un ojo, enrojecimiento, visión borrosa y halos de colores alrededor de las luces, todo ello con vómitos. Ese vómito se confunde a menudo con una intoxicación, y sin atención rápida el ojo pierde visión.
Las causas más frecuentes
En la mayoría de los casos la causa resulta sencilla, y la delatan los síntomas que la acompañan.
- Infecciones intestinales e intoxicación alimentaria. Náuseas y vómitos, a menudo con diarrea y retortijones, que empiezan de golpe y se resuelven en uno o dos días.
- Cualquier infección con fiebre. Gripe, amigdalitis, otitis media, infección de orina: con fiebre siente náuseas mucha gente, y los niños todavía más.
- Reflujo del ácido del estómago. Náuseas con ardor, sabor ácido e hinchazón, que aparecen después de comer y empeoran al tumbarse y por la noche.
- Migraña. Aquí la náusea no es un detalle secundario sino parte del ataque, junto con la intolerancia a la luz y al ruido.
- Trastornos del oído interno. La laberintitis y el vértigo posicional dan una sensación de giro que produce náuseas y vómitos; la náusea va detrás del vértigo y no aparece sola.
- Ansiedad y crisis de pánico. El nudo en la garganta, las náuseas y las ganas de ir al baño antes de algo temido son una reacción corporal corriente.
- El alcohol, tanto la borrachera como la resaca del día siguiente.
- Los primeros días tras una operación y la anestesia. Es una reacción frecuente y previsible que conviene comentar: se sabe prevenir de antemano.
- El dolor intenso de cualquier origen, desde un traumatismo hasta un dolor de muelas.
- Cólico renal. Dolor lumbar en oleadas que baja hacia la ingle, con náuseas y vómitos; la persona no para quieta y no encuentra postura que la alivie.
Los medicamentos y los tratamientos como causa
Esta es la causa que más se olvida y la más fácil de encontrar: basta mirar qué empezó a tomar en los días previos a las náuseas. Puede dar náuseas casi cualquier fármaco, pero lo hacen con más frecuencia los antibióticos, los antiinflamatorios no esteroideos, los analgésicos del grupo de los opioides, los preparados de hierro, algunos medicamentos para la diabetes, los anticonceptivos hormonales y los antidepresivos durante las primeras semanas. Capítulo aparte son la quimioterapia y la radioterapia: ahí las náuseas no se aguantan, existen pautas bien establecidas para prevenirlas y hay que hablarlo con el oncólogo en lugar de buscar salidas por cuenta propia.
Qué hacer con esto. No abandone en silencio un tratamiento indicado: la retirada brusca de algunos fármacos hace más daño que la náusea. Coméntelo con su médico de cabecera, porque a menudo basta con tomarlo con la comida o por la noche, cambiar la forma farmacéutica o sustituirlo por otro del mismo grupo. Y revise la dosis: la náusea puede ser el primer aviso de que hay demasiado medicamento, como ocurre con la sobredosificación de los digitálicos o del litio.
Las náuseas durante el embarazo
Las náuseas de los primeros meses son la manifestación más común del embarazo; lo de llamarlas matutinas es una costumbre, porque aparecen a cualquier hora. Suelen ser más intensas hacia el final del primer trimestre y aflojan claramente después. Ayudan las comidas pequeñas y repetidas, una galleta o una tostada seca antes incluso de levantarse de la cama, el agua a sorbos entre comidas y apartar aquello cuyo olor resulta insoportable justo ahora.
Pero hay un límite a partir del cual esto deja de ser normal. Si el vómito se repite muchas veces al día, el agua no se retiene, el peso baja, la orina es escasa y oscura y la cabeza da vueltas al ponerse de pie, se trata de una hiperémesis del embarazo, y de eso se ocupan los médicos, a veces con sueros en el hospital. Aquí no hay nada que aguantar: existen antieméticos autorizados en el embarazo y los elige el médico. Consulte aparte si las náuseas aparecen por primera vez pasado el primer trimestre o si vienen con dolor de cabeza, hinchazón y alteraciones de la visión.
El mareo por movimiento
Uno se marea porque el oído interno informa al cerebro de que hay movimiento mientras los ojos informan de que el interior del vehículo está quieto; el cerebro recibe datos contradictorios y responde con náuseas. De ahí sale todo lo que ayuda: mirar la carretera o un horizonte lejano en lugar del móvil o de un libro; sentarse donde menos se mueve, delante en el coche, junto al ala en el avión, en el centro de la cubierta en un barco; abrir la ventanilla o dirigirse el aire a la cara; no salir ni con el estómago pesado ni completamente en ayunas; parar cada cierto tiempo. Los niños se marean más que los adultos y en la adolescencia suele desaparecer solo.
Si el viaje va a ser largo, hay medicamentos sin receta contra el mareo: antihistamínicos de primera generación y parches de escopolamina. Se toman antes de salir, no cuando la náusea ya ha empezado. Todos ellos dan sueño y después no se conduce. El jengibre le sirve a una parte de la gente y no hace daño. En cambio, un vértigo nuevo, aparecido por primera vez y sin relación con ningún viaje, no se explica por el mareo del movimiento: con eso se acude al médico.
Cuando el vómito lleva a la deshidratación
Lo peligroso no suele ser el vómito en sí sino la pérdida de líquido, que se instala especialmente rápido en los niños pequeños y en las personas mayores. Se reconoce por la boca seca, la sed, la orina escasa y oscura, el mareo al levantarse, la debilidad y una somnolencia que va en aumento. En un niño: pañales secos durante varias horas seguidas, llanto sin lágrimas, ojos hundidos y una apatía que no es habitual en él.
Hay que beber a poco y a menudo, no de un trago: unos sorbos o una cucharadita cada pocos minutos, porque de lo contrario lo bebido vuelve enseguida. Lo que mejor funciona es una solución de rehidratación de farmacia, que repone agua y sales; los refrescos y los zumos no sirven para esto y empeoran la diarrea. Se puede volver a comer en cuanto apetezca, empezando por cosas sencillas, y no hace falta aguantar ningún ayuno de veinticuatro horas. Si el vómito no cede en más de un día, si no se retiene nada de líquido, si aparecen signos de deshidratación o si en el vómito hay sangre o un contenido verdoso con bilis, hace falta ver a un médico ese mismo día y no seguir esperando.
Qué alivia mientras no se conoce la causa
Mientras se aclara el origen, el malestar se alivia con cosas sencillas. Aire fresco y una habitación fresca; quitarse o aflojar lo que apriete en la cintura. Comer poco y con frecuencia, eligiendo alimentos suaves y no muy calientes: pan tostado, arroz, plátano, patata cocida. Alejar los olores fuertes, la fritura, los perfumes, el humo, y dejar la cocina en manos de otro si es posible. Beber frío y a sorbos. No tumbarse justo después de comer y, si hay que estar acostado, hacerlo con el cabecero elevado. Ayudan la distracción, la música, la conversación o una película, y una respiración lenta y tranquila. A mucha gente le alivia el jengibre o la menta en cualquier forma.
Los medicamentos contra las náuseas existen, y son varios grupos distintos con indicaciones distintas: lo que salva en un viaje no sirve en una gastroenteritis, y el fármaco que se pauta tras la quimioterapia no pinta nada en una migraña. Los elige el médico conociendo la causa, así que buscar por cuenta propia una pastilla para las náuseas suele limitarse a hacer perder tiempo. Conviene pedir cita si lleva varios días con náuseas sin motivo aparente, si vuelven una y otra vez, si está perdiendo peso sin proponérselo, si le cuesta tragar o si han cambiado sus deposiciones.
Consulta en línea
Las náuseas son una de esas molestias en las que la mitad del trabajo la hace la conversación. En la consulta en línea el médico repasará cuándo aparecen exactamente y con qué coinciden en el tiempo: en ayunas o después de comer, por la mañana o al caer la tarde, en la carretera o en casa, si hay relación con el ciclo menstrual o con un medicamento nuevo. Revisará toda la lista de lo que usted toma, suplementos incluidos, le ayudará a separar la náusea del vértigo y del ardor de estómago, le dirá qué pruebas tienen sentido en su caso y cuáles sobran, y elegirá un tratamiento si hace falta. Y, más importante que todo lo anterior, le nombrará los signos que en su caso concreto obligan a no esperar la cita y llamar a una ambulancia. Si la náusea va acompañada de dolor en el pecho, del peor dolor de cabeza de su vida o de sangre en el vómito, la consulta en línea no es lo que hace falta: hace falta una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Náuseas
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