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El mal aliento, o halitosis, lo tiene la mayoría de la gente al menos de vez en cuando, y casi siempre se resuelve en casa. El aliento al despertar o después del ajo y del café no es un problema y no necesita tratamiento. Esta página trata de otra cosa: del aliento que se mantiene a lo largo del día, no se va después de cepillarse y estorba al hablar de cerca con otras personas.
En la inmensa mayoría de los casos el origen está en la boca
El olor lo producen las bacterias que viven en la lengua, entre los dientes y bajo el borde de la encía. Descomponen los restos de comida y las proteínas de la saliva y liberan compuestos volátiles de azufre: ese es el olor. Así que la cuestión no está en el estómago, como suele suponerse, sino en dónde se ha acumulado la placa dentro de la boca.
Los orígenes principales:
- la capa blanquecina del dorso de la lengua, la causa más frecuente y la más ignorada. El tercio posterior de la lengua es rugoso, ahí la capa se agarra bien y el cepillo casi nunca llega;
- la placa y el sarro, sobre todo en la línea de la encía y entre los dientes, donde el cepillo no entra;
- las caries, los dientes destruidos y las raíces, además de los bordes desbordantes de empastes y coronas antiguos, que retienen comida;
- la inflamación de las encías: sangrado al cepillarse, borde gingival rojo e hinchado y, en la periodontitis, bolsas profundas alrededor de los dientes donde viven las bacterias anaerobias que dan el olor más intenso;
- la boca seca: la saliva arrastra bacterias de forma continua, y cuando hay poca el olor se acentúa;
- las prótesis removibles que no se quitan por la noche y se limpian mal.
Qué hacer cada día
La rutina es sencilla y casi por completo mecánica.
- Cepillarse dos veces al día durante dos minutos con pasta con flúor, pasando con cuidado por el borde de la encía.
- Limpiar los espacios entre los dientes una vez al día con cepillos interdentales del tamaño adecuado o con seda dental. Es una tarea aparte que el cepillo no sustituye, y suele ser justo ahí donde se esconde el olor.
- Limpiar la lengua una vez al día con un raspador o el dorso del cepillo, de atrás hacia delante, sin apretar, un par de pasadas. Las náuseas disminuyen si no se empieza demasiado atrás ni justo después de comer.
- Beber suficiente agua a lo largo del día para que la boca no se reseque.
- Cepillar la prótesis a diario y dejarla fuera por la noche.
- Ir al dentista con regularidad y no solo cuando duele algo: el sarro únicamente se quita en la consulta, y nadie ve por sí mismo sus caries ni sus bolsas.
El resultado se valora a las dos o tres semanas de hacerlo así. Si el olor sigue, el problema no es de esfuerzo sino de una causa que hay que buscar.
Enjuagues, chicles y caramelos de menta
Merecen un apartado propio, porque son lo que más dinero se lleva y menos resuelve.
El enjuague no sustituye a la limpieza. El perfume tapa el olor media hora mientras la placa sigue exactamente donde estaba. Las fórmulas antibacterianas sí ayudan de verdad, pero como complemento de la limpieza mecánica y normalmente durante un tiempo limitado, no durante años. Los enjuagues con alcohol empeoran la boca seca, porque resecan aún más la mucosa. Si ya tiene la boca seca, elija un producto sin alcohol.
El chicle y los caramelos funcionan porque estimulan la saliva, así que no son inútiles, pero solo sin azúcar: el azúcar alimenta a esas mismas bacterias y estropea los dientes. Recurrir a ellos en lugar de resolver el problema es una forma de no verlo durante años.
Lo que se suele olvidar
- Medicamentos que secan la boca. La lista es larga: antihistamínicos, muchos fármacos para la tensión y diuréticos, antidepresivos, medicamentos para la incontinencia, remedios para el mareo. Si el olor y la sequedad aparecieron poco después de una receta nueva, dígalo: a menudo se puede encontrar una alternativa.
- Respirar por la boca. Nariz taponada, tabique desviado, vegetaciones en un niño, roncar con la boca abierta: la boca se seca durante la noche y el aliento matutino se vuelve fuerte y persistente.
- Tabaco y vapeadores. Tienen olor propio, resecan la mucosa y elevan de forma clara el riesgo de enfermedad de las encías, que es a su vez la causa de un olor mucho más intenso.
- Ayuno y dietas bajas en hidratos. El cuerpo pasa a quemar grasa y aparece un olor dulzón, a acetona. No tiene nada que ver con la higiene: cepillarse no lo quita, y desaparece cuando vuelven los hidratos de carbono a la dieta.
- El alcohol reseca la boca, y el olor a bebida sale por los pulmones, así que enjuagarse no le afecta.
- La edad y la deshidratación. Con los años se produce menos saliva, y la sequedad empeora tras una enfermedad con fiebre, con calor y en ambientes secos.
Cuando la causa no está en la boca
Si los dientes y las encías están bien y la higiene es correcta pero el olor sigue, hay que mirar más allá, empezando por la nariz y la garganta.
- Tapones amigdalinos: grumos blanquecinos y quebradizos en las criptas de las amígdalas, con un olor pútrido muy característico. Frecuentes y casi siempre pasados por alto.
- Amigdalitis crónica, y en un niño también un cuerpo extraño en la nariz que no va a contar: entonces el olor se acompaña de secreción por un solo lado.
- Sinusitis y goteo retronasal: el moco baja por la pared posterior de la faringe y sirve de alimento a las bacterias.
- Reflujo gastroesofágico. El contenido ácido del estómago sube al esófago y a la faringe; suele haber además ardor, sabor ácido, ronquera matutina y tos. Los simples «problemas de estómago», al contrario de lo que se cree, no dan mal aliento: el esófago está cerrado en condiciones normales.
Rara vez el olor apunta a una enfermedad general, y entonces es bastante característico: dulzón y afrutado o a acetona en la diabetes descompensada, amoniacal en la enfermedad renal grave, dulzón y rancio en la enfermedad hepática grave. En todos estos casos el aliento nunca es la única queja: al lado hay sed, pérdida de peso, debilidad, hinchazón o color amarillento. Aparte, conviene recordar un tumor ulcerado de la boca o la faringe, que se anuncia con una llaga que no cura, un bulto, dolor al tragar o ronquera de más de tres semanas.
El propio aliento no se huele, y también pasa lo contrario
Uno se acostumbra a su propio olor y deja de percibirlo, así que comprobarlo por cuenta propia es casi imposible. Lo de la palma de la mano no funciona. Dos cosas sí sirven: preguntar directamente a alguien de confianza, o pasar una cuchara limpia por el dorso de la lengua, dejarla secar medio minuto y olerla.
También ocurre lo contrario: la persona está convencida de que huele, quienes la rodean no lo confirman, el dentista no encuentra nada y aun así se tapa la boca, evita hablar de cerca y mastica chicle sin parar. Es la halitofobia, un miedo obsesivo al propio aliento. Resulta angustiosa y estrecha mucho la vida, pero responde bien a la ayuda, y pedirla aquí es tan razonable como ante cualquier otra causa. Los enjuagues interminables y las pastas nuevas no la tocan.
Cuándo consultar
Acuda al dentista si el olor persiste varias semanas con una higiene correcta; si las encías sangran, están hinchadas o duelen; si hay dolor de muelas, dientes que se mueven, un diente astillado o destruido; o si una prótesis roza o huele por sí misma.
Acuda a su médico de cabecera si el olor se acompaña de dolor de garganta persistente, tapones en las amígdalas, nariz taponada y secreción por un solo lado; de ardor y sabor ácido; o de sed intensa, pérdida de peso, debilidad o hinchazón. No lo demore si hay en la boca una llaga o un bulto que no cura en tres semanas, si tragar se ha vuelto difícil o doloroso, o si le ha cambiado la voz.
Consulta en línea
El médico en línea puede ayudarle a decidir adónde ir: al dentista, al otorrinolaringólogo o a su médico de cabecera. Repasará cuándo aparece exactamente el olor y con qué se acompaña, revisará su lista de medicamentos en busca de los que secan la boca y valorará con usted si algo puede cambiarse. Sopesará los signos que obligan a estudiar el caso y le indicará qué análisis conviene hacer. Y si de lo que se trata es del miedo a un olor que no existe, también con eso puede ayudar.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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