Erupciones en bebés y niños
Una erupción en un niño casi siempre asusta más de lo que merece: la inmensa mayoría son inofensivas y se van solas.
En esta página
- La erupción que no se borra al presionar con un vaso
- Cuándo pedir ayuda aunque no haya erupción
- Labios y lengua hinchados con urticaria: eso es anafilaxia
- Erupciones de las primeras semanas de vida
- Dermatitis atópica y la piel bajo el pañal
- Erupciones víricas: roséola, quinta enfermedad, varicela
- Escarlatina, sarampión y enfermedad de Kawasaki
- Impétigo, sarna y cuándo el niño no puede ir a la guardería
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente recetados para Erupciones en bebés y niños
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de tomar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: BARNIZ DE UÑAS, 80 mg / gPrincipio activo: ciclopiroxFabricante: Pierre Fabre Iberica S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: CHAMPU, 15 MG/GPrincipio activo: ciclopiroxFabricante: Qualix Pharma S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: CHAMPU, 1,5 %Principio activo: ciclopiroxFabricante: Laboratorio Reig Jofre, S.A.Requiere receta
Una erupción en un niño casi siempre asusta más de lo que merece: la inmensa mayoría son inofensivas y se van solas. Pero hay unas pocas situaciones en las que el aspecto de la piel o el estado del niño significan «ahora mismo», y conviene conocerlas antes de que ocurran. Por eso esta página empieza por lo que no admite espera y deja para después lo frecuente y lo benigno.
La erupción que no se borra al presionar con un vaso
Coja un vaso transparente y presiónelo con firmeza contra la erupción. Una erupción corriente palidece bajo el cristal y casi desaparece. Si las manchas siguen viéndose, no es una erupción en la piel sino sangre debajo de la piel: puntitos como pinchazos de alfiler, o pequeños moratones que no se han aclarado.
Una erupción que no palidece bajo el vaso en un niño enfermo es motivo para llamar a una ambulancia de inmediato, al 112. Así se manifiesta la infección meningocócica, que evoluciona en horas. Dígalo tal cual a quien atienda la llamada: «la erupción no se borra».
Y ahora lo esencial, la razón de que esta sección vaya primero. Esa erupción aparece tarde, y en una parte de los niños no aparece nunca. Es una señal de las últimas horas, no de las primeras. No se puede esperar a ella como confirmación: si el niño está claramente mal, se llama a la ambulancia sin ninguna erupción. La pausa de «a ver si se aclara» es la causa más frecuente de que en esta infección se llegue tarde.
En la piel morena el color cuesta más de ver, así que mire donde la piel es más clara: palmas, plantas, abdomen, cara interna de los párpados, labios y lengua. La sangre bajo la piel tiene también causas menos urgentes, pero distinguirlas es trabajo del médico. En ese momento el papel de los padres es uno solo: pedir ayuda.
Cuándo pedir ayuda aunque no haya erupción
El estado del niño dice más que su piel. Llame al 112 con erupción o sin ella si el niño:
- está apagado, flácido, cuesta despertarlo o no responde como de costumbre;
- gime de forma monótona, llora con un tono agudo desacostumbrado, no le reconoce;
- respira rápido, con dificultad, con quejido, hundiendo los espacios entre las costillas y por debajo, o hace pausas al respirar;
- está pálido, grisáceo, azulado o con la piel moteada: en la piel morena se nota mejor en palmas, plantas y labios;
- tiene las manos y los pies fríos con el cuerpo caliente;
- ha tenido una convulsión;
- no puede doblar el cuello, le molesta la luz o, si es un bebé, tiene la fontanela abombada;
- no bebe, el pañal sigue seco durante muchas horas, llora sin lágrimas.
Aparte: cualquier fiebre en un recién nacido de las primeras semanas obliga a buscar atención el mismo día, incluso si parece tranquilo.
La temperatura se mide mejor con un termómetro digital; sin él, fíjese en la espalda y el pecho calientes, el sudor y los escalofríos. Pero recuerde la regla inversa: la ausencia de fiebre no garantiza nada. Una infección grave, sobre todo en un lactante, puede cursar con temperatura normal e incluso baja.
Y lo último. Usted conoce a su hijo mejor que cualquier manual. Si no se parece al que era en ninguna enfermedad anterior, eso basta para pedir ayuda.
Labios y lengua hinchados con urticaria: eso es anafilaxia
La urticaria son habones abultados de distintos tamaños. Pican, se desplazan de un sitio a otro y suelen desaparecer en unas horas. Por sí misma la urticaria infantil es casi siempre inofensiva: la provocan infecciones recientes, alimentos, medicamentos, picaduras, el frío y el calor.
Se vuelve peligrosa cuando se le suma hinchazón. Llame a una ambulancia si el niño:
- tiene los labios, la lengua o la cara hinchados, o nota un bulto en la garganta;
- se ha quedado ronco o le cuesta tragar;
- respira con ruido, con pitos o con dificultad;
- se pone muy pálido, se queda flácido, somnoliento o se desvanece;
- ha empezado a vomitar sin parar, con dolor abdominal, justo después de comer o de tomar un medicamento.
Eso es anafilaxia. Mientras llega la ambulancia, tumbe al niño y levántele las piernas; si le cuesta respirar, siéntelo. No lo ponga de pie ni lo lleve caminando: un cambio brusco de postura durante una anafilaxia es peligroso. Si tiene prescrito un autoinyector de adrenalina, úselo enseguida en la cara externa del muslo, sin esperar a que empeore; a veces hace falta una segunda dosis. Y aunque todo se pase después de la adrenalina, el niño va al hospital: la reacción puede volver unas horas más tarde.
La urticaria sin hinchazón ni dificultad para respirar se maneja más fácil: compresa fría, ropa holgada, retirar la causa y un antihistamínico adecuado a su edad.
Erupciones de las primeras semanas de vida
En el recién nacido la piel se está reorganizando, y casi todo lo que aparece en ella no necesita nada más que paciencia.
- Millium. Puntitos blancos diminutos en la nariz y las mejillas. Salen en los primeros días y se van en unas semanas. No apretarlos.
- Eritema tóxico del recién nacido. El nombre asusta y el cuadro es completamente benigno: manchas rojizas con un pequeño grano blanco en el centro, en el tronco, la cara y los hombros; van y vienen y se resuelven solas en un par de semanas.
- Sudamina. Una siembra de granitos donde la piel suda más: el cuello, los pliegues, la zona del pañal. La causa es una sola: el niño tiene calor y va demasiado abrigado. No la arregla una crema sino el frescor: menos capas, algodón ligero, un baño templado. No se contagia.
Y ahora la advertencia más importante de toda la lista. Todo lo anterior vale para un niño que come bien, duerme tranquilo y se despierta con normalidad. En un lactante de las primeras semanas, una erupción junto con fiebre, rechazo del alimento, somnolencia inusual o ampollas en la piel no entra en «esperemos»: a ese niño se le lleva al médico el mismo día.
Dermatitis atópica y la piel bajo el pañal
La dermatitis atópica es la erupción duradera más frecuente de la infancia. Zonas secas, rugosas y con picor: en el bebé en las mejillas y en la cara externa de brazos y piernas, más tarde en los pliegues de los codos y las rodillas, en el cuello y las manos. Va por brotes. Lo peor no es el aspecto sino el picor: por él el niño no duerme y se rasca hasta hacerse heridas.
La base del cuidado no es un medicamento sino la hidratación. El emoliente sin perfume se aplica generosamente y con regularidad, también cuando la piel parece tranquila; el jabón y el gel de baño se cambian por un limpiador emoliente; las uñas se llevan cortas. En los brotes se pauta una crema con corticoide, y su potencia y duración las decide el médico. Hay que llevar al niño si la piel empieza a supurar, se cubre de costras amarillas o de vesículas, si no duerme por el picor o si el cuidado habitual ha dejado de funcionar.
La dermatitis del pañal tiene otro aspecto: enrojecimiento en las zonas prominentes que roza el pañal, mientras el fondo de los pliegues suele quedar limpio. Ayudan cambiar el pañal a menudo, dejar ratos sin él, lavar con agua o con toallitas sin alcohol ni perfume y una capa fina de crema barrera. El jabón, los polvos de talco y los antisépticos solo irritan.
Si el enrojecimiento se mete en el fondo de los pliegues, se vuelve intenso, con un borde festoneado y manchitas sueltas alrededor, o si el cuidado habitual no sirve, lo más probable es que se haya añadido una candidiasis, y hace falta una crema antifúngica. En la boca el muguet se ve como una placa blanca en la lengua y los carrillos que no se quita bien, y el bebé mama con menos ganas. A la madre que amamanta y al bebé se los trata a la vez, porque si no se lo pasan el uno al otro.
Erupciones víricas: roséola, quinta enfermedad, varicela
La mayoría de las erupciones infantiles las causan virus y se van solas. Unas cuantas son reconocibles.
Roséola. Un niño de menos de dos años tiene tres días de fiebre alta sin parecer gravemente enfermo; la fiebre baja y solo entonces salen en el cuello y el tronco unas manchitas rosadas. La erupción significa que la enfermedad ha terminado. Fíjese: tres de los cuatro días no hay erupción alguna, así que al niño con fiebre hay que juzgarlo por su estado y no por su piel.
La quinta enfermedad, o eritema infeccioso, empieza con las mejillas rojo intenso, como si le hubieran dado una bofetada. Uno o dos días después sale en brazos y tronco una erupción reticulada, como de encaje, que durante semanas palidece y reaparece con el calor. A esas alturas el niño ya suele estar bien y no contagia. Una excepción que conviene recordar: la infección es peligrosa para las embarazadas y para quien tiene una anemia crónica o las defensas bajas, así que a esas personas hay que avisarlas del contacto.
La varicela brota por oleadas: las manchas se vuelven vesículas y las vesículas costras, y en la piel coexisten las tres fases. Las manchas pueden salir en cualquier parte, incluidos el cuero cabelludo y la boca. Ayudan un baño templado, los emolientes, un antihistamínico, las uñas bien cortas y unos calcetines en las manos del pequeño por la noche; para el malestar se da paracetamol. A los niños y adolescentes no se les da aspirina. El ibuprofeno también se evita habitualmente en la varicela. Al niño se le mantiene lejos de los recién nacidos, de las embarazadas que no la han pasado y de las personas con las defensas bajas. Al médico: si las vesículas se ponen calientes y dolorosas con un enrojecimiento vivo alrededor, si tras dejar de salir manchas el niño va a peor, si camina inestable o le entra un sueño irresistible.
Escarlatina, sarampión y enfermedad de Kawasaki
La escarlatina no empieza por la piel sino por la garganta: dolor al tragar, fiebre, ganglios del cuello aumentados. Uno o dos días después brotan granitos finos y duros, primero en el pecho y el abdomen. No se reconoce con la vista sino con la mano: en la escarlatina la piel se vuelve áspera, como papel de lija fino. Esto importa: en la piel morena el cambio de color puede no verse, pero la aspereza se nota siempre. La cara queda libre de erupción, aunque las mejillas arden, y la lengua pasa de estar cubierta de blanco a roja y rugosa. Es una de las pocas erupciones infantiles que se tratan de verdad: hacen falta un médico y un antibiótico.
El sarampión empieza como un catarro fuerte: fiebre alta, tos, ojos rojos y llorosos, molestia con la luz. Después aparecen puntos blancos en la cara interna de los carrillos y solo entonces una erupción moteada que baja desde la cara y detrás de las orejas por todo el cuerpo. Con sarampión el niño está de verdad enfermo, no simplemente «lleno de manchas». El sarampión se previene con la vacuna del calendario nacional. Antes de acudir a la consulta, llame por teléfono: el sarampión se transmite con extrema facilidad.
La enfermedad de Kawasaki es rara, pero hay que nombrarla. Todo empieza con una fiebre que dura cinco días o más y no cede con las medidas habituales. A ella se suman varios signos: erupción, a menudo también en la zona del pañal; labios rojos y agrietados y lengua roja y rugosa; ojos rojos sin legaña; manos y pies rojos e hinchados y, más tarde, descamación de las puntas de los dedos; un ganglio aumentado en el cuello. Al niño suele ser imposible calmarlo. Sin tratamiento la enfermedad daña las arterias del corazón, y el tratamiento iniciado en los primeros días lo evita. Por eso una fiebre en su quinto día sin causa clara es motivo para volver a consultar, aunque ya hayan visto al niño.
Impétigo, sarna y cuándo el niño no puede ir a la guardería
El impétigo es una infección cutánea contagiosa, sobre todo alrededor de la nariz y la boca. Empieza con llagas rojas o ampollas que se rompen enseguida y se secan formando costras de color miel, parecidas a copos pegados. Pica y se traslada con facilidad, de la mano del niño, a otras zonas de su piel y a otros niños. Se trata con una pomada antibiótica y, si está extendido, con medicación por boca. Mientras dura: toalla y ropa de cama propias, lavado frecuente de manos, uñas cortas y no arrancar las costras.
La sarna no empieza por el aspecto sino por el picor: intenso, que empeora de noche y despierta al niño. Después se ven granitos y surcos finos y sinuosos entre los dedos, en las muñecas, las axilas y alrededor de la cintura. En bebés y niños pequeños, a diferencia de los adultos, se afectan además las palmas, las plantas, la cara y la cabeza. Se trata con una crema o loción que se aplica en todo el cuerpo y se repite alrededor de una semana después; a la vez se trata a todos los convivientes, incluso sin síntomas. El picor puede persistir varias semanas después de un tratamiento eficaz, y eso no es señal de fracaso.
Lo que decide sobre la guardería no son las manchas de la piel, sino tres cosas: cómo se encuentra el niño, si tiene fiebre y si la enfermedad se transmite. Se queda en casa con varicela, hasta que todas las vesículas hayan formado costra; con escarlatina, hasta iniciar el tratamiento y quedarse sin fiebre; con sarampión, unos días después de que salga la erupción; con impétigo, hasta que las costras se secan o el tratamiento hace efecto. No exigen aislamiento la dermatitis atópica, la sudamina, la dermatitis del pañal, la roséola ni la quinta enfermedad una vez que ha salido la erupción. Los plazos exactos varían un poco de un país y de un centro a otro, así que se confirman con el médico y en la propia guardería.
Consulta en línea
La consulta en línea no sirve para lo que cuentan las tres primeras secciones: ante una erupción que no palidece bajo el vaso, un niño apagado, dificultad para respirar o labios hinchados hace falta una ambulancia, no un mensaje. Para todo lo demás resulta cómoda, porque la erupción es justamente aquello que se ve en una fotografía.
El médico ayudará a identificar qué tiene delante, dirá si hace falta una exploración presencial y con qué urgencia, repasará el cuidado de la dermatitis atópica y de la del pañal, elegirá productos adecuados a la edad, explicará cómo no pasar por alto una deshidratación y responderá a la pregunta de la guardería.
Para que la conversación sea útil, prepárela: fotografíe la erupción con luz de día y sin flash, de cerca y en plano general, y vuelva a fotografiarla si cambia. Apunte cuándo empezó todo, qué temperatura hubo, qué ha comido el niño y qué medicamentos ha tomado, y si hubo contacto con alguien enfermo. Y diga sin rodeos todo lo que a usted misma le inquieta.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Erupciones en bebés y niños
Habla sobre tus síntomas y los posibles próximos pasos para Erupciones en bebés y niños con un médico online.
















