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Medicamentos comúnmente recetados para Enuresis nocturna en niños
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de tomar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 5 mgPrincipio activo: solifenacinaFabricante: Hec Pharm GmbhRequiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 10 mgPrincipio activo: solifenacinaFabricante: Tecnimede España Industria Farmaceutica S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 5 mgPrincipio activo: solifenacinaFabricante: Towa Pharmaceutical S.A.Requiere receta
La enuresis nocturna es la emisión de orina durante el sueño en un niño que, por su edad, ya podría despertarse seco. La sábana mojada a mitad de la noche agota a toda la familia: lavadoras, sueño roto, renuncia a dormir en casa de los abuelos o de un amigo, lágrimas por la mañana. Y los padres suelen pensar que se trata del carácter, de pereza o de algo que ellos han hecho mal. Casi nunca es así. Aquí se explica hasta qué edad las noches mojadas se consideran normales, qué hay detrás en realidad, qué ayuda y qué solo gasta energía, y en qué casos hay que consultar sin demora.
Hasta qué edad es algo corriente
Mantenerse seco por la noche es una destreza que madura sola, igual que caminar, y en cada niño llega en un momento distinto. De día casi todos avisan mucho antes que de noche, porque el control nocturno exige tres cosas a la vez: que los riñones produzcan menos orina al llegar la noche, que la vejiga retenga lo acumulado durante varias horas y que el cerebro dormido capte la señal de llenado y despierte. Las tres piezas no encajan al mismo tiempo.
Hasta los cinco años aproximadamente, las noches mojadas ni siquiera se consideran un trastorno: es una destreza que todavía no ha madurado. A partir de ahí se habla de enuresis, y tampoco eso es una sentencia. Cada año una parte importante de los niños deja de mojar la cama por sí sola, sin ningún tratamiento, y muy pocos llegan así a la adolescencia. Dicho de otro modo, el tiempo juega a favor. No es motivo para quedarse de brazos cruzados si el niño lo está pasando mal, pero sí para no alarmarse.
Hay otro dato que tranquiliza a las familias: la enuresis se repite con frecuencia dentro de la misma familia. Si uno de los padres tardó en dejar de mojar la cama, la probabilidad en el hijo es claramente mayor. Es un rasgo heredado de la maduración, no una mala costumbre que el niño haya copiado de alguien.
El niño no tiene la culpa ni lo hace a propósito
Por la noche el niño no controla la micción, porque está dormido. Conviene decirlo con todas las letras, porque todavía hoy se riñe, se avergüenza y se castiga por esto. El niño no es perezoso, no se venga, no busca llamar la atención y no «podría si quisiera». Los castigos, quedarse sin dibujos, la comparación con el hermano pequeño y el «no te da vergüenza» no aceleran nada, pero sí consiguen dos cosas: que el niño esconda la ropa mojada y que deje de contar lo que le pasa.
El daño real aquí es la vergüenza, no la cama mojada. Los niños con enuresis renuncian más a los campamentos, a las excursiones y a dormir fuera, se encierran en sí mismos y se consideran peores que los demás, y la intensidad de ese sufrimiento apenas depende de cuántas noches por semana ocurra. Por eso lo primero, antes que cualquier tratamiento, es quitarle la culpa al niño. Dígale que le pasa a mucha gente, que se le va a pasar y que usted no está enfadado. Organice la casa de forma que el accidente nocturno cueste los menos nervios posibles: funda impermeable en el colchón, pijama seco y sábana de repuesto a mano, una luz encendida y el camino al baño despejado. Un niño mayor puede cambiar él mismo la ropa de cama: no como castigo, sino para no sentirse indefenso.
Qué hay realmente detrás
Casi siempre coinciden varias causas, y todas tienen que ver con la maduración, no con la conducta:
- por la noche se produce demasiada orina. En el adulto, al caer la noche el organismo libera una hormona que reduce la formación de orina; en algunos niños ese ritmo se establece más tarde y la vejiga se llena dos veces en una noche;
- la vejiga retiene poco. Entonces suelen notarse también señales diurnas: va al baño muchas veces, sale corriendo «ahora mismo», y a veces no llega;
- la señal de llenado no despierta. Son niños con un sueño muy profundo, difíciles de despertar de madrugada;
- el estreñimiento, del que se habla aparte más abajo;
- el estrés y los cambios: una mudanza, un colegio nuevo, una separación, el nacimiento de un hermano, el acoso escolar. No son caprichos: el niño no dispone de ninguna forma de anular por voluntad la reacción de su cuerpo.
Con menos frecuencia detrás hay una enfermedad: infección urinaria, diabetes, apnea del sueño, un estreñimiento de larga evolución o, en casos raros, problemas neurológicos y urológicos. Precisamente eso es lo que el médico descarta primero, y por eso conviene la revisión aunque usted esté convencido de que el niño «solo necesita tiempo».
El estreñimiento, lo primero que se busca
Es la causa más frecuente y a la vez la más fácil de corregir, y casi ningún padre piensa en ella. Un recto lleno queda pegado a la vejiga, la comprime y le impide llenarse y vaciarse con normalidad. El niño empieza a mojar la cama de noche y a veces también a tener escapes de día. Resuelto el estreñimiento, en una parte de los niños las noches mojadas desaparecen solas, sin alarma y sin medicamentos.
La dificultad es que el estreñimiento puede pasar desapercibido. Un niño puede ir al baño todos los días y aun así estar lleno: sale poca cantidad cada vez y la masa dura permanece dentro. Deben llamar la atención las deposiciones escasas o muy duras, el dolor al defecar, un volumen enorme que atasca el inodoro, las manchas de heces en la ropa interior, el dolor de barriga y la falta de apetito. Cuéntelo en la primera consulta aunque no se lo pregunten: muchas veces el médico palpa el abdomen precisamente por eso.
Lo que sí funciona
Si las noches mojadas le complican la vida al niño, no hay obligación de esperar. Existen dos recursos con eficacia demostrada, y los dos los indica el médico.
- La alarma de enuresis. Un pequeño sensor colocado en la ropa interior o en la sábana detecta las primeras gotas y activa un sonido o una vibración. La idea no es levantar al niño para llevarlo al baño, sino que el cerebro vaya asociando el llenado de la vejiga con el despertar. Exige paciencia: las primeras semanas los padres se despiertan con el niño, el efecto no es inmediato y el tratamiento dura semanas o meses. A cambio, el resultado suele mantenerse cuando se retira, y esa es su gran ventaja.
- La desmopresina. Es un análogo de esa misma hormona que reduce la producción nocturna de orina. Actúa deprisa, ayuda a muchos niños y resulta muy práctica cuando se necesita una noche seca en una fecha concreta: un viaje, un campamento, dormir en casa de un amigo. Pero al suspenderla las noches mojadas suelen volver, así que se pauta en ciclos o para ocasiones puntuales. Es un medicamento con receta y tiene una condición de uso importante que no se puede saltar: limitar los líquidos por la tarde y la noche. La dosis y la pauta las decide el médico.
A veces ambos recursos se combinan y, si hay síntomas diurnos y signos de vejiga hiperactiva, se añade otro tratamiento. Cuando nada da resultado, se deriva al niño al urólogo o al nefrólogo infantil.
Ayuda también un diario sencillo: durante unas semanas, anotar las noches secas y las mojadas, cuánto bebe el niño, cuántas veces va al baño de día y si ha hecho deposición. Es aburrido, pero es ese registro el que le enseña al médico el cuadro completo y permite ver una mejoría que dentro de casa no se aprecia a simple vista.
Lo que no sirve y lo que perjudica
Alrededor de la enuresis se ha acumulado un repertorio de medidas que pasan de generación en generación y no aportan nada:
- restringir la bebida durante el día es perjudicial. Un niño deshidratado rinde peor y se estriñe más, y una vejiga acostumbrada a volúmenes pequeños pierde capacidad de retención, con lo que de día empeora. Hay que beber con normalidad a lo largo del día, también en el colegio;
- en cambio, sí tiene sentido dejar los refrescos con gas, el té, el café, el cacao y las bebidas energéticas por la tarde. La cafeína aumenta la producción de orina: es la única restricción razonable de todas las que afectan a la bebida. Lo lógico es concentrar el grueso de los líquidos en la primera mitad del día, sin prohibirle beber si tiene sed;
- despertarlo de noche y llevarlo al baño no sirve. El niño orina medio dormido, no aprende nada y, en cuanto se dejan de hacer esos despertares, todo vuelve como estaba. Los padres, mientras tanto, llevan meses sin dormir;
- el pañal a partir de cierta edad ni estropea ni cura nada por sí mismo: es una cuestión de comodidad y de cómo lo viva el propio niño;
- los castigos y las privaciones «para motivar» no funcionan en absoluto. Los premios tienen sentido solo por aquello que el niño puede hacer de verdad —ir al baño antes de acostarse, ayudar a cambiar las sábanas—, nunca por una noche seca, porque la noche seca no depende de él.
Cuándo consultar sin demora
Conviene consultar si un niño mayor de cinco años sigue mojando la cama y eso le molesta a él o a la familia: no hace falta esperar a que «se le pase con la edad». Pero hay señales ante las que no se debe aplazar la consulta, porque detrás no está la maduración sino una enfermedad:
- el niño llevaba medio año o más seco y ha vuelto a mojar la cama. Es la enuresis secundaria, y siempre exige una explicación: se busca infección urinaria, diabetes, estreñimiento, apnea del sueño y acontecimientos difíciles en la vida del niño;
- escapes de orina de día, ropa interior mojada, urgencia repentina e incontrolable, ir al baño demasiadas veces o, al contrario, muy pocas;
- dolor o escozor al orinar, orina turbia o maloliente, fiebre, dolor lumbar o abdominal: así se manifiesta la infección urinaria, y se trata de inmediato;
- mucha sed, el niño bebe y orina en gran cantidad, adelgaza y está apagado: puede ser una diabetes que debuta. Aquí hace falta médico el mismo día y, si aparecen somnolencia, vómitos y aliento con olor a acetona, una ambulancia;
- ronquido fuerte con pausas de la respiración, respiración por la boca durante el sueño, sueño inquieto y somnolencia diurna. La apnea del sueño infantil se manifiesta a menudo justamente como noches mojadas, y la trata el otorrinolaringólogo;
- chorro débil, esfuerzo para orinar, sensación de vaciado incompleto, goteo continuo de orina;
- manchas de heces en la ropa interior, dolor de barriga, deposiciones menos de tres veces por semana: son señales de ese estreñimiento que conviene corregir antes que nada;
- el niño está triste, se ha encerrado en sí mismo, rechaza el colegio y a los amigos por culpa de la enuresis. También esto es motivo de consulta, y no menos importante que lo anterior.
Consulta en línea
En línea el médico repasa la situación con detalle: cuántas noches mojadas hay, si existen síntomas diurnos, cómo va el tránsito intestinal, qué se ha probado ya y cómo lo está viviendo el niño. Indica si hace falta un análisis de orina y una exploración presencial, explica cómo funciona la alarma de enuresis y si encaja en su familia, y qué hacer después si no ha dado resultado. Ayuda a distinguir una maduración simplemente tardía de las señales que obligan a estudiar el caso y, no menos importante, quita a los padres la sensación de estar haciendo algo mal.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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